No mientas

Eva Zamora · Capítulo 35 de 99

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No mientas

Capítulo 33

33

1 de octubre del 2019. Newhaven.

Charlie seguía observando el mar, aunque en realidad estaba sumido en sus pensamientos, centrado en Tommy y en Lily. Las ráfagas del viento le revolvían el cabello y a veces los mechones le sacudían el rostro, molestándolo, pero ni por esas sacaba sus manos de los bolsillos del pantalón para apartarlo. No se movía, permanecía igual que una estatua, totalmente estático y sumido en una profunda meditación. Trataba de encontrar una respuesta a la machacante pregunta que le trituraba el cerebro: ¿Por qué el secuestrador todavía no se había puesto en contacto con él?

Le asaltó un escalofrío al sopesar las posibilidades que desde hacía unas horas no dejaban de pulular por sus pensamientos. Ese hombre podía haber tenido un accidente, estar hospitalizado, en coma, o peor, muerto. Si Tommy y Lily estaban retenidos y el único que conocía su paradero moría,

¿cómo iban a encontrarlos?, ¿dónde buscarían? El corazón se le encogió al contemplar el peor escenario posible. Y continuó haciéndose preguntas:

¿qué pasaría si nunca los localizaban?, ¿cómo iba él a poder vivir con esa perpetua angustia? El móvil sonó y Charlie botó del susto. En ese momento su mente estaba muy alejada de su cuerpo, desconectada de él. Sin detenerse a observar quién llamaba, descolgó.

—Sí —dijo Charlie con voz grave.

—¿Todavía no hay noticias? —preguntó de inmediato Rose, la socia de Lily.

—No, el secuestrador sigue sin contactar. —Exhaló un golpe de aliento.

—¿Y no es muy extraño?

—Desde luego que sí —contestó, y su nueva hipótesis le machacó el corazón.

—No he pegado ojo en toda la noche pensando en ellos —gimoteó.

—Yo tampoco. —Se le anudó la garganta, pero contuvo su emoción con estoicismo.

—Quería que me dieras permiso para hacer unos carteles con sus fotos y repartirlos por los municipios de alrededor.

—Por supuesto, toda ayuda será bien recibida, pero no puedes mencionar el secuestro, el caso se va a tratar como una desaparición.

—¿Por qué? —demandó confusa.

—Según la detective, es mucho mejor hacerlo así, Rose. Ella es la especialista y debemos hacerle caso.

Reinaron unos segundos de silencio.

—Esa detective parece eficaz. Al menos fue la impresión que me dio anoche tras su interrogatorio.

—Sí, parece buena —confirmó convencido, y añadió—: Ha pedido a la prensa que publiquen las fotografías de Lily y de Tommy para forzar al secuestrador a dar señales de vida.

—¿Y van a salir en todos los periódicos?

—De momento en el The Guardian. Luego ya veremos qué ocurre.

—Todavía no puedo creerme que los hayan secuestrado, no lo entiendo.

—La mujer terminó sollozando.

Charlie tuvo que tragarse el nudo que lo estrangulaba para poder hablar.

—Yo tampoco lo entiendo, pero ha sucedido. Quiero recuperarlos sanos y salvos lo antes posibles, y confío en Scotland Yard para conseguirlo —

enunció con todo la mesura que pudo reunir.

—Yo voy a dedicarme todo el día a repartir carteles.

—Muchas gracias, Rose.

—Hoy no abriré el salón, Charlie, quiero que lo sepas.

—Tranquila.

—Sabes que me tienes para todo lo que necesites —dijo con la voz algo turbada—. Yo quiero a Tommy muchísimo, igual que a Lily.

—Lo sé, Rose, lo sé. —Charlie alzó la cabeza, miró hacia el grisáceo cielo y apretó los labios. Las lágrimas parecían empeñarse en saltar a su rostro, pero él no lo iba a permitir. De repente oyó unas pisadas a su espalda y se giró, tenía compañía—. Tengo que dejarte, Rose, estamos en contacto.

—Por supuesto, Charlie.

El jefe Rider guardó el móvil mientras veía acercarse a él a un hombre negro, alto y fuerte, ataviado con su uniforme, señal de que estaba de servicio.

—¿Qué tal estás, Charlie?

Taylor y él se dieron un abrazo. No eran meros compañeros, eran amigos.

—Aguantando el tipo como buenamente puedo —dijo separándose de él, haciendo malabares para controlar su lagrimal, empeñado en descargar como un nubarrón gris preñado de agua.

—Vale, esa es la versión oficial, ¿y la extraoficial?

—Estoy muy jodido, esa es la realidad, Taylor. —Soltó una fuerte bocanada de aire.

—Bueno, yo te traigo una noticia. Han encontrado el coche de Lily —

avisó sin más dilación.

—¿Dónde? ¿Cuándo? —demandó Charlie de inmediato, alterado e inquieto.

—Estaba en Peacehaven, cerca del monolito del meridiano.

—¿En Peacehaven? —preguntó sorprendido—. Pero si Lily quedó con el secuestrador en Brighton —comentó confuso.

—Pues el vehículo ha aparecido allí, Charlie. No se aprecia signo alguno de violencia en él, y eso es bueno. —Asintió—. Están examinándolo cuidadosamente en busca de alguna huella o rastro, y los compañeros ya están haciendo batidas por la zona, tanto a pie como en coche. De momento se van a peinar más de treinta kilómetros a la redonda.

—Voy a decírselo a la detective Wood. —Arrancó a andar.

—Tranquilo, Charlie, ya lo sabe —le advirtió, sujetándolo por el brazo para detenerlo—. Es la que ha dado la orden para realizar el examen y para

comenzar la búsqueda, yo solo le he pedido que me dejase darte la noticia.

—Gracias, Taylor.

—Los vamos a encontrar, Charlie, y pronto, ya lo veras —le animó, posando las manos sobre sus hombros.

—Seguro que sí. —Asintió nervioso, alejado de la realidad, dudando de si todo lo que estaba ocurriendo era real o un mal sueño.

—Charlie, ¿te encuentras bien? —preguntó su compañero preocupado, zarandeándolo.

—Sí, claro, son buenas noticias.

—Te has quedado abstraído. —Taylor apartó sus manos de él.

—Esto está siendo muy duro, joder. —Resopló.

—Te diría que me lo imagino, pero es imposible imaginárselo. La espera y la inquietud deben de ser horribles y despedazadoras, pero todo va a salir bien, ya lo verás. —De nuevo trató de alentarlo.

—Gracias, amigo. —De un manotazo, retiró la lágrima que acababa de saltar al vacío. No iba a volver a llorar delante de nadie.

—Yo… tengo una hipótesis, Charlie —avisó Taylor.

—Se barajan varias. Dime la tuya —le pidió.

—La verdad es que no entiendo esto, ni yo ni ningún compañero. Es muy raro.

—En eso todos coincidimos —aseveró.

—Yo creo que esto va contra ti, Charlie. Quienquiera que sea el secuestrador actúa con la intención de dañarte —declaró sin andarse con paños calientes—. ¿No lo has pensado? Ha secuestrado a las dos personas más importantes de tu vida y ni siquiera contacta contigo para decir qué quiere. Es como si ya tuviera lo que buscaba.

—Puede ser, lo tendremos en cuenta. —Asintió tragando saliva.

—Entonces, ¿sospechas de alguien? ¿Alguien que te odie? ¿Algún enemigo?

—No sé qué decir. —El vello se le puso de punta al recordar a Brian—.

No sé de nadie que me odie tanto como para querer dañarme así, al menos que yo sepa, claro.

—Pues piensa en ello, por favor.

—Lo haré. —Guardó unos segundos de silencio y añadió—: Taylor, las fotografías de Tommy y de Lily van a salir en el The Guardian.

—Sí, lo sé, la detective Wood me lo ha dicho. También dice que el asunto se va a tratar como una desaparición y me ha explicado el porqué.

—Bien. Y ya sabes lo que eso supondrá, ¿verdad?

—Que en breve tendrás a la prensa en las puertas de casa.

—Exacto. —Asintió—. Y entonces los vecinos también comenzarán a acercase por aquí, y querrán saber, y querrán preguntarme, y no me gustaría que entre unos y otros se armara un revuelo.

—Puedo controlar a los vecinos, pero no será lo mismo con la prensa.

The Guardian es un periódico serio, pero ya sabes que la prensa amarilla está al acecho de cualquier noticia llamativa, y esta lo será.

—Ya lo he pensado y cuento con ello, aunque no me guste lo más mínimo, pero con el resto haz lo que puedas, Taylor.

—Por supuesto, jefe Rider —enunció, sabía que era una orden—. Y

ahora me voy, me uno a las batidas. Espero que pronto pueda volver a darte noticias, y mejores.

—Gracias, Taylor. —Charlie se despidió y se encaminó a casa.

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