No mientas
Capítulo 77
77
3 de octubre del 2019. Londres, Inglaterra.
Maggie Jones se despidió de la detective Wood con un nudo en el estómago, revolver en el pasado la había dejado temblando. Cerró la puerta y apoyó la espalda en ella; de pronto sentía el cuerpo plomizo, lo había vuelto a cargar con una tonelada de pesar y soportar la carga le mermaba las fuerzas. La tristeza le arrancó una lágrima que surcó despacio por su mejilla y cayó a sus pies. Sarah y Tommy habían sido secuestrados y era incapaz de imaginar quién lo había hecho ni con qué intención. Descartaba el móvil económico. No era policía, pero sí lo bastante lista para deducir que, de lo contrario, la detective no habría ido a hablar con ella y estaría negociando la entrega. Pero si la razón era desenmascarar a Sarah, tampoco era necesario elaborar un plan tan taimado y sinuoso. Entonces, ¿cuál era la causa?
Los recuerdos se hacinaron en su cabeza y por primera vez en mucho tiempo no trató de espantarlos. Durante años se castigó por haber sido permisiva, porque si ella hubiera sacado aquella absurda idea de la cabeza de Sarah, nada habría ocurrido. Se reprochaba no haberla hecho entrar en razón. Pero por suerte no había mal que cien años durase, y dando tiempo al tiempo la culpa se posó igual que la arena en un charco. Pero revolver el pasado había enturbiado el agua al levantar el cieno en el fondo, por eso la pesadumbre de Maggie era tan fangosa como maloliente.
Maggie echó a andar arrastrando los pies, llegó al sofá y se dejó caer a plomo en él. No podía con su alma. No entendía cómo era posible padecer
esa debilidad tan repentina y fuerte. No sospechaba que el arrepentimiento la estaba presionando como una pesada roca: aplastando sus sentimientos y triturando todo a su paso, sin ningún miramiento y en un mero pestañeo.
Consumida por esa lasitud que atrapó hasta la última molécula de su cuerpo, rememoró el día que Sarah le contó aquel plan digno de telenovela y ella no pudo dar crédito a lo que escuchaba.
•
—¿Cómo que te vas a hacer pasar por tu hermana para acostarte con Harry? ¿Tú estás loca? —Maggie puso el grito en el cielo.
—Zoe me lo ha pedido de rodillas, me lo ha suplicado —contestó Sarah en su defensa, distorsionando la verdad.
—¿Y qué? Si tu hermana te dice que te tires al tren, ¿lo haces? —la pregunta estaba teñida de reprobación.
—Quiero ayudarla, solo eso. Ha vivido muchos años apartada de nosotros, lo pasó fatal durante esa época y aun así no le ha importado sacrificarse para salvar a la empresa y a la familia —alegó, parapetándose con una mentira.
—¡Oh, por favor, no te pongas melodramática! —replicó su amiga—.
Zoe se casó con Harry porque le dio la gana y sobre todo para destacar.
Vivimos en el siglo XXI, quedarse embarazada ya no es una excusa para pasar por el altar.
—Pero ella lo hizo por nosotros, así que ahora tampoco pasará nada porque yo me sacrifique un poco para ayudarla.
—Oye, ¿tú te has fumado un porro antes de hablar conmigo?
—No tiene gracia, Maggie, me estoy sincerando contigo.
—No, desde luego que no tiene gracia, ninguna. —Zarandeó la cabeza
—. No puedes hacerlo. —Siseó.
—¿Por qué? ¿Porque tú lo dices? —preguntó de forma retadora.
—Porque te gusta Harry —contestó.
—¿Y qué? Pues así mejor para mí —declaró con gesto chulesco.
—No hablas en serio, ¿verdad?
—Completamente —respondió tajante.
—Te quedarás más pillada por él, Sarah —la increpó, observándola anonadada.
—Puede. Pero no todo el mundo tiene la oportunidad que a mí se me ofrece, Maggie.
—¡¿Oportunidad?! —formuló desconcertada.
—Sí, oportunidad. —Asintió—. Porque da igual que el hombre del que estoy enamorada esté casado, puedo acostarme con él con el beneplácito de su esposa. ¿No es una ventaja?
—Bromeas, ¿no? —No podía salir de su asombro.
—Te estás repitiendo mucho, Maggie, ya te he dicho que no —habló seria.
—¿Y el beneplácito de Harry? ¿Has meditado si a él le gustará el juego que las dos habéis planeado a sus espaldas? ¿Ni siquiera lo has pensado? Y
si descubre que no eres Zoe, ¿qué ocurrirá? ¿Crees que se molestara? Dime,
¿acaso has pensado en los sentimientos ajenos?
—No sospechará nada, no se enterará de nada, y no hay nada que pensar porque nunca lo sabrá.
—Lo dicho, estás loca.
—Si no te gustan mis respuestas, deja de preguntarme —entonó con mal genio—. He tomado una decisión y es irrevocable.
—Entonces, ¿por qué me lo cuentas? —demandó molesta.
—Porque somos amigas y siempre nos lo contamos todo —respondió mintiendo, nunca le había hablado de su pérfido secreto—. Porque creí que me apoyarías. Pero me da igual lo que pienses, me voy a ir este fin de semana con Harry a Stirling y espero quedarme embarazada para que Zoe y él tengan el hijo que tanto desea mi hermana. Fin de la discusión —
concluyó, estirando su orgullo.
—Tú misma, haz lo que quieras —dijo Maggie, y se marchó de casa de Sarah dando un portazo al salir.
•
De vuelta a la realidad, las lágrimas habían cubierto las mejillas de Maggie, el sentimiento de culpa necesitaba escapar por sus ojos. Pensó que el argumento de su amiga le fue comiendo terreno y ella se cansó de lidiar.
Se deshinchó cual globo y dejó de obstaculizar, de replicar, y lo consintió todo. Maggie no imaginaba que nunca habría podido impedir lo sucedido, que el chantaje de Zoe fue lo único que condujo a Sarah a cumplir los deseos de su hermana. Acabar en la cama con Harry no era una opción para ella, sino su obligación, un deber que Zoe compró con su silencio, aunque se volvió en su contra.
Maggie se tumbó en el sofá, se encogió hasta hacerse un ovillo y dejó que los recuerdos de su vida siguieran desprendiéndose de su memoria.
Imploró al Señor. Rezó por Sarah y por Tommy, y terminó rezando por ella.
Dios debía apiadarse de su alma.
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