Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Varias Autoras · Capítulo 16 de 35

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Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Cap�tulo 14

Capítulo 14

LA MOTO estaba en el sitio donde la habían dejado. Theo se subió primero y esperó a que Helena se subiera detrás. Ella lo rodeó por la cintura y apoyó la mejilla en su espalda. Él cerró los ojos y saboreó el calor de su cuerpo. Sería la última vez que lo hiciera.

Cuando llegaron a casa él se dirigió a la terraza. Elli había dejado una botella de ouzo, una jarra de agua con hielo, dos vasos bajos y dos vasos altos, tal y como él le había pedido.

–¿Quieres beber algo?

–Agua, por favor –sonrió ella, sentándose en una silla–. Creo que he bebido suficiente alcohol por el fin de semana.

The le sirvió agua y se sirvió un vaso de ouzo para él. Después levantó el vaso para brindar.

Ella chocó su vaso contra el de él y preguntó.

–¿Por qué brindamos?

–Por la exitosa finalización de los planos.

–¿De veras?

– Nai. Todo es exactamente como imaginaba –todo era exactamente como lo habían soñado hacía tres años. La casa perfecta en la que criar una familia perfecta con todo tipo de lujo.

Ella dejó el vaso de agua sobre la mesa y se sirvió uno de ouzo.

Él la observó mientras bebía un trago y ponía una mueca.

–Me alegro de que te guste.

–Has cumplido con tu parte. Enviaré el resto del pago a tu cuenta y a la cuenta de la empresa.

–Todavía tengo que terminar los planos finales.

–Los de prueba son perfectos. El modelo 3D que has hecho hace que cobren vida.

–Sí, pero todavía tengo que enviárselos a Savina para…

–No será necesario –Theo no quería torturarse más al prolongar su despedida.

–Es completamente necesario.

Theo cerró los ojos y bebió un largo trago de ouzo.

–He cambiado de opinión. La casa no se va a construir.

Nunca podría vivir en ella sin la mujer que amaba.

Le regalaría la casa pequeña a Elli y Natassa y construiría una morada más pequeña para su abuela, por si decidía ir a pasar una temporada.

El tiempo parecía haberse detenido. Helena lo miraba, agarrando el vaso con fuerza.

–¿Lo dices en serio? –preguntó por fin.

–Está demasiado lejos de mi trabajo. No sería práctico.

–¿Desde cuándo te preocupas por si las cosas son prácticas o no?

–Es mucho dinero para gastarse en un lugar que apenas se usará para alguna fiesta.

Ella soltó una carcajada.

–¿Desde cuándo te preocupas por el dinero? Tienes propiedades donde no has pasado ni una noche.

–Son propiedades que algún día tendrán un propósito.

Helena permaneció en silencio unos instantes.

–Disculpa si soy pesada, pero no comprendo por qué te has gastado todo ese dinero en algo que de pronto decides que no vas a hacer. Y no me refiero solo al dinero que me has pagado a mí o a la empresa, también a la nivelación del terreno, a las esculturas, al dinero que le debes a Savina�

–Savina se verá recompensada. Nadie sufrirá económicamente por mi cambio de opinión.

–Bien. ¿Y tu abuela? ¿Le has contado que la casa que prometiste construir en la tierra que te regaló no se va a hacer?

–Le explicaré la situación. Lo entenderá.

–Me alegro de que sea así, pero me temo que yo no lo comprendo.

Hemos pasado semanas trabajando en esto y ¿ahora me dices que ha sido para nada?

–Lo siento. Entiendo que sea frustrante saber que tus planos no van a ver la luz, pero debes estar orgullosa del trabajo que has hecho. Es espectacular. Tienes toda una carrera por delante.

–¿Y ahora qué pasará?

–Iremos a Agon por la mañana. Lo organizaré para que te lleven a Londres en mi avión privado. Llévate los planos contigo. Son tuyos.

Añádelos a tu portfolio.

–Eres muy amable –se bebió el agua y lo miró fijamente–. Quizá también seas lo bastante amable como para decirme si alguna vez tuviste la intención de construir la casa.

–Sí –cuando el ansia de venganza no le permitía pensar con claridad.

–Y quizá también seas lo bastante amable como para decirme si quieres volver a verme. O si tu idea de mandarme a Londres mañana implica una despedida.

–Helena…

–Ya vuelves a llamarme Helena, ¿no? Bueno, si eso no contesta mi pregunta nada lo hará, pero tengo una más… ¿Cuando me contrataste, tu intención era seducirme, hacer que me enamorara de ti otra vez y abandonarme después? De eso se trata, ¿verdad? La venganza por haber cometido la temeridad de dejarte plantado. Sabía que tenías un plan, pero pensé que era ver cómo me retorcía mientras diseñaba la casa en la que una vez planeamos vivir juntos. Pensé que querías que me diera cuenta de todo lo que había perdido, pero era algo más, ¿no es así?

–Sí.

Su palabra provocó que se le hiciera un nudo en el estómago.

–¿Sí? –repitió ella.

Theo se masajeó la frente y la miró.

–Sí. Todo lo que has dicho es correcto. Te traje aquí para vengarme de ti. Quería seducirte, que te enamoraras de mí, mostrarte al mundo y abandonarte.

Ella sintió un escalofrío.

–Nunca me di cuenta de que me odiaras tanto.

–Pensaba que te odiaba. Íbamos a casarnos y de pronto te marchaste.

Me sacaste de tu vida como si no valiera nada, como si nunca hubiese significado nada para ti.

–¿Y tú no me sacaste de tu vida? No me llamaste ni una sola vez. A las pocas semanas, ya tenías a una mujer en tu cama. Mientras yo me volvía loca, echándote de menos, tú seguías con tu vida como si yo nunca hubiera formado parte de ella. ¿Para qué te has tomado todas estas molestias para vengarte? Nunca me amaste. ¿Cómo podías haberme amado si te empezaste

a acostar con otras mujeres muy poco después de que me marchara? Yo ni siquiera he podido besar a otro hombre en todos estos años.

–¿Crees que yo continué con mi vida? No. Lo intenté, pero me resultó imposible. Eras como un fantasma en mi cabeza.

–¿Y esta es la manera de superarlo? ¿Hacer que me enamore de ti y dejarme caer desde más altura para que me haga más daño?

–Sí. Lo siento. He sido cruel�

–Es una manera de decirlo. Para ti, la vida es un juego, ¿no? –Helena empezó a temblar con fuerza–. Pensé que habías cambiado, pero sigues siendo el mismo bastardo mimado de siempre. Todo ha de ser a tu manera y odias perder a nada. Enhorabuena, ¡has ganado!

–No he ganado nada� Sé que me merezco tu rabia, pero el hecho de que me dejaras me destrozó. No te ibas a casar con una estatua. Te ibas a casar con un hombre que te amaba y quería hacerte feliz. Tú lo estropeaste, Helena. No yo. ¿Y para qué? Lo único que veo es que tienes una vida delante de un ordenador�

–No te atrevas a aconsejarme sobre cómo vivir mi vida.

–Te prometo que no puedes odiarme más de lo que yo me odio a mí mismo.

–Odio no es la descripción de lo que siento. ¿Por qué terminas así las cosas? ¿Dónde está la gran final que has planeado? Me has tenido donde querías tenerme. Podías haber disfrutado de mí unos días más, podías haberme llevado a un par de sitios de alta sociedad para conseguir tu objetivo. ¿O es que consideras que el amor que siento por ti, ya es bastante castigo?

–Helena…

–No vuelvas a pronunciar mi nombre –gritó ella, y se tapó los oídos–.

Todo ha sido una gran mentira. Querías hacerme daño y lo has conseguido, más de lo que te imaginas. También me has confirmado que hice lo correcto al no casarme contigo, ¡canalla narcisista!

Incapaz de mirarlo, Helena se puso en pie y se marchó. Necesitaba alejarse de Theo cuanto antes.

Corriendo lo más deprisa posible, se alejó de la casa y se adentró en la oscuridad. No le importaba. Nada podía ser peor que el dolor que sentía.

Al llegar al puerto, pensó en saltar al barco de remo y navegar hasta Sidiro.

No quería volver a verlo. No podía.

No sabía cuánto tiempo llevaba corriendo cuando la falta de aire la hizo detener. Se agachó y colocó las manos sobre las rodillas para tratar de recuperar la respiración.

–¡Helena!

Él la había seguido.

Ella respiró hondo para continuar.

–¡Helena! –se vio una luz en la oscuridad–. Por favor, matia mou, vuelve aquí. Está demasiado oscuro. No es seguro.

–¡Déjame sola!

–Helena… Lo siento. Ojalá pudiera decirte que no tenía intención de hacerte daño, pero no es cierto. Quería herirte igual que tú me heriste a mí –

le dijo, cuando llegó a su lado–. Creías que había continuado con mi vida�

No ha habido nadie más. No fui capaz. Estaba impotente. Te culpaba por haber hecho que al entregarte mi corazón mi cuerpo no reaccionara ante nadie más. Todas esas mujeres con las que me has visto eran pura apariencia. Nunca he dejado de quererte. Te he echado de menos cada minuto de los que hemos estado separados.

Ella se tapó los oídos con fuerza. No quería oír aquello. No más mentiras. No podía soportarlo.

–Me has preguntado por qué no he continuado con mi plan para humillarte. No podía. Por mucho que me duela admitirlo, matia mou, tenías motivos para dejarme. Contigo, me vuelvo un controlador. Incluso los años que estuvimos separados seguía de cerca tu carrera. Traté de convencerme de que estaba buscando la oportunidad perfecta para atracar, pero lo hacía porque necesitaba asegurarme de que estabas bien. Que estabas a salvo –

susurró.

Se hizo un silencio. Y cuando él volvió a hablar, Helena se dio cuenta de que había bajado las manos.

–Eres la única persona que he permitido llegar hasta mi corazón desde la muerte de mis padres. Estaba tan asustado de perderte, como los perdí a ellos, que te agobié. Estaba desesperado por hacerte mía y atarte a mi lado para siempre que te presioné para la boda. Me negué a creer que te habías marchado. Permanecí en al altar esperándote, aunque sabía muy bien que habías vuelto a Inglaterra. Cuando por fin asimilé la realidad, me volví loco.

Ahora me doy cuenta.

Theo tomó aire y continuó.

–Por favor, no creas que son excusas o que culpo a mis padres por mis acciones. Aunque estuvieran vivos sería posesivo hacia ti. Asumo la responsabilidad. Todo es cosa mía. Quiero que sepas todo esto porque mereces saber la verdad. Te lo debo –dejó la linterna en el suelo–. Voy a regresar a casa –dijo él–. Te dejaré mi teléfono para que puedas ver el camino de vuelta.

Dio unos pasos y se detuvo otra vez.

–Me he portado fatal. No espero que me perdones, pero de veras, lo siento, matia mou. Prometo que dejaré que sigas con tu vida en paz, pero, por favor te lo pido, vívela.

Cuando dejó de oír los pasos de Theo, Helena se sentó en el suelo. Se acurrucó formando una bola en el camino y lloró hasta que se le secaron las lágrimas.

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