Pack Bianca y Deseo octubre 2021
Cap�tulo Trece
Capítulo Trece
Con aprensión, o tal vez horror, Mia vio a su madre bajar del taxi y al conductor entregarle su maleta. Después, la mujer se acercó a ellos con una mezcla de sorpresa y preocupación.
–Qué… sorpresa –dijo Mia.
Su madre esbozó una amplia sonrisa, demasiado amplia. Como si Damian no estuviera allí.
–Quería venir a Nueva York a probar algunos restaurantes.
Damian sonrió.
–Claro que sí. ¿Qué tal el Per Se? Justo acabo de mencionárselo a Mia.
–Nunca he estado, pero me gustaría probarlo.
Mia miró a Damian como si estuviera loco, pero él le guiñó un ojo.
–Es complicado conseguir una reserva, pero dejádmelo a mí.
«Cómo no», pensó Mia. Era una de las ventajas de tener una cuenta de nueve cifras en el banco.
¿Damian y ella iban a llevar a su madre a cenar? De eso nada.
–Ya que va a quedarse con Mia, déjeme subirle la maleta.
A regañadientes, Mia le dio las llaves.
–Estaba pensando en ir a almorzar a Eataly… –dijo Camilla.
Mia hizo pasar a Camilla al taller y encendió las luces. El olor a café flotaba por el aire. Le encantaba la máquina de café automática y con temporizador que le había regalado su madre. Ahora asociaba ese aroma con el comienzo de la jornada.
Antes de poder preparar dos tazas, la puerta se abrió y Damian alargó la mano con las llaves. Mia corrió a recogerlas y cerró la puerta.
Fue un detalle por su parte no entrar y no meterse en lo que prometía ser una incómoda charla familiar. Parecía que Damian estaba aprendido y cada vez le encajaba más en el papel de novio.
Respiró hondo y se giró hacia su madre, que estaba dando un trago de café.
–Al menos no tiene las llaves de tu apartamento.
–Mamá, no te mentí cuando te hablé de él, pero últimamente las cosas han… cambiado.
–Claro –tras una pausa, Camilla añadió–: Y las madres siempre somos las últimas en enterarnos de las cosas. Estoy confundida. La última vez me dijiste que Damian y tú no erais pareja.
Cuando su madre soltó la taza, ella le agarró las manos.
–¿Recuerdas cuando me contaste que papá quería conquistarte y que por eso se alojó más tiempo en el albergo?
Camilla abrió los ojos de par en par.
–Sí, y te dije que se alojó en un hotel, no en mi apartamento.
–Esto es solo una versión actualizada de lo mismo, mamá.
Camilla suspiró y la miró a los ojos.
–¿Y sientes algo por él?
–Sí –«lo quiero».
Se había enamorado de Damian Musil. No sabía exactamente cuándo, pero se le había colado en el corazón. Una vez hubo dejado de luchar contra su atracción tras la cena benéfica y de intentar mantener las distancias, había descubierto a su alma gemela.
Emprendedor. Inconformista. Arriesgado. La había tentado y seducido hasta que ella había acabado viendo que lo prefería como amante y amigo antes que como enemigo.
–Siempre he deseado ser la madre de la novia, pero esto es complicado.
Una situazione delicata.
–Mamá, Damian no me ha pedido matrimonio.
–Lo hará –dijo Camilla con los ojos vidriosos–. O podrías hacerlo tú.
Sí, podría, porque siempre se había enorgullecido de su carácter independiente y de su actitud progresista. Siempre se había visto capaz de hacer lo mismo que podían hacer sus hermanos, aunque nunca se le había pasado por la cabeza proponerle matrimonio a nadie.
De pronto sintió un ataque de pánico porque acababa de darse cuenta de lo que sentía mientras que Damian, en cambio, en ningún momento había dado señales de…
–Veo cómo te mira, Mia.
Mia se aclaró la voz.
–Sí, bueno… Ya veremos cómo va todo, ¿de acuerdo? –dijo lo más animada que pudo–. Y ahora, dime, ¿qué tal os va a papá y a ti? ¿Cómo está el sumiller en ciernes?
A su madre le cambió la cara de pronto.
–La figura televisiva está bien. Quería venir conmigo, pero cuando le dije que era un fin de semana de chicas, lo entendió.
Menos mal que no habían sido los dos los que la habían sorprendido con Damian esa mañana.
–¿Qué te parece si dejamos el asunto de Damian de lado y asumes el papel de la madre de la fashionista? Voy a escribir a Gia. Le encantará verte.
Unos días eran más duros que otros y te hacían desear salir corriendo a tomarte un margarita. Mientras veía el suelo del taller lleno de restos de tela e hilos, agradeció que fuera viernes.
Al final en la cena en el Per Se solo habían estado su madre y ella, ya que Damian había tenido que quedarse en la oficina, y al día siguiente las dos habían salido a almorzar con Gia.
Camilla había vuelto a Welsdale a mitad de semana tras el acuerdo tácito de no mencionar que había visto a Damian e intentar aplacar la postura de su marido y sus hijos en lo que respectaba a la relación de Mia con un Musil.
Justo ahora, gracias a Katie, Mia tenía que enviar más muestras de sus mejores diseños a Brilliance y todo era un caos. Tenía que llamar a uno de sus proveedores para que todo el material llegara a la vez a fábrica, tenía que hablar con una pequeña cadena de boutiques de la Costa Oeste que vendía sus diseños y además al día siguiente tenía una reunión con su contable para la que aún no se había preparado.
Anhelaba los días en los que podía concentrarse en bosquejar y diseñar y mirar por la ventana en busca de inspiración. Ahora, en cambio, tenía que ocuparse de más tareas y muchas de ellas estaban más relacionadas con la parte comercial que con la creativa.
Por otro lado, al menos así no tenía tiempo de pensar en lo que estaría pasando en Welsdale. ¿Habría tenido su madre la oportunidad de sacar el tema de Damian?
Fuera como fuese, esa noche se reuniría con él. Solo de pensarlo la recorrió un cosquilleo. Damian era todo lo que había buscado aunque no lo hubiera sabido en un principio y decidió que, pasara lo que pasara con sus familias, no permitiría que nada interfiriera en su relación, que era cada vez más profunda.
Sí, desde luego sería genial que tanto los Serenghetti como los Musil aprobaran la relación, pero al fin y al cabo, los que importaban eran Damian y ella. Habían construido sus vidas en Nueva York y ahora esas vidas se habían cruzado.
Por otro lado, Damian no había dicho que la amara. No habían hablado de compromiso a pesar de que su relación avanzaba rápidamente. Las dudas la invadieron, pero decidió ignorarlas.
Cuando de pronto sonó el teléfono y vio que era su madre, se contuvo para no gruñir. Había estado deseando saber si Camilla habría sacado el asunto de Damian en Welsdale, pero justo ahora tenía demasiado de lo que ocuparse como para añadirle noticias potencialmente malas.
–Hola, mamá. ¿Qué pasa?
–Mia, me han cancelado el programa –dijo Camilla angustiada y sin preámbulos.
Mia se quedó atónita.
–¿Qué? ¿Cómo puede ser?
–Han vendido la cadena y el nuevo propietario quiere darle otro enfoque.
–Lo siento, mamá.
–El nuevo propietario es Damian.
–¿Qué? –impactada, alzó la voz–. ¿Damian?
–Sí.
–Mamá, tiene que ser un error.
«Me lo habría dicho. Yo lo habría sabido».
No lo había visto ni mientras su madre había estado en la ciudad ni después. Damian había estado de viaje y luego había tenido que quedarse trabajando hasta tarde algunos días. Aun así, una bomba como esa habría merecido al menos una llamada de teléfono.
–No hay ningún error, Mia. Damian es el dueño de Alley Kat Media.
–Pero tu cadena de Welsdale es la WBEN-TV.
–Que es propiedad de Alley Kat Media.
Mia resopló. Había evitado hacer demasiadas preguntas a Damian sobre su asociación con Larry Bensen porque, dada la rivalidad con su familia, no había querido que pensara que estaba en misión de reconocimiento para reunir información para los Serenghetti.
Cerró los ojos con un suspiro. ¿No había mencionado Larry algo sobre trabajar en el negocio de la televisión? Aun así, ella nunca le había dicho su apellido, solo a Katie, así que el hombre no habría podido relacionarla con su madre.
Se sintió como una idiota por no haber atado cabos.
Frunció el ceño. Una cosa era que sus familias estuvieran enfrentadas por los negocios y otra muy distinta era que Damian cancelara el programa de televisión de su madre. ¿Cómo había podido?
Sabía que Sabores de Italia era como el bebé de su madre, que, al igual que ella, se había labrado una profesión alejada del negocio familiar.
Y Damian, más que nadie, debería saber lo importante que era hacer realidad un sueño así, ¿o no? Mia había luchado tanto por hacer realidad los suyos que no soportaba pensar que Damian hubiera pisoteado los de su madre. ¿Lo habría hecho a propósito para vengarse de los Serenghetti? Se le encogió el corazón.
–Me faltan dos episodios más por grabar –dijo Camilla–, y después, finito.
–Mamá, esto es solo el principio de un nuevo capítulo –respondió Mia para reconfortarla, aunque por dentro estaba rabiosa.
–Mia, tengo más de sesenta años.
–Mamá, esto es un contratiempo, pero es temporal. Hablaré con Damian. Estoy segura de que se puede solucionar.
Tenía que haber una explicación racional. No quería pensar que ella hubiera servido de instrumento a los Musil en su última batalla contra los Serenghetti. Había ayudado a Damian a ganarse a los Bensen para poder convertirse en el nuevo propietario de la WBEN-TV.
–Tu padre está muy disgustado. Su programa también se cancela…
–Por culpa de un Musil –dijo Mia estremeciéndose por dentro.
¡Y ella que se había ilusionado con que a su familia acabara gustándole Damian! Había sido una ingenua al pensar que los dos podrían dejar atrás las disputas de sus familias.
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