Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Varias Autoras · Capítulo 18 de 35

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Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Ep�logo

Epílogo

HELENA miró por la ventana de la cocina y vio a su marido en la celebración que tenía lugar en el jardín. Se terminó el vaso de agua, agarró un canapé y salió a reunirse con los invitados. La abuela de Theo sonreía de felicidad en la casa que por fin habían construido en la península.

Theo la miró con un brillo en los ojos.

–Iba a mandar a alguien a buscarte –la rodeó por la cintura.

–Solo me he ido cinco minutos –sonrió ella.

–Ha venido Takis.

–Muy bien –Helena no sabía por qué aquello debía ser importante para ella.

–Tengo una sorpresa para ti.

Helena se acarició el vientre abultado.

–Seguro que no es tan grande como esto.

Él se rio y la besó en la cabeza.

–Casi.

Se habían casado en la pequeña iglesia de Sidiro dos semanas después de reencontrarse. Un mes después, Helena había dejado de tomar la píldora y ambos estaban felices de que se hubiera quedado embarazada. Después, nació Freya, y cuatro meses más tarde, Helena se quedó embarazada otra vez.

Al pensar en Freya, Helena buscó a su madre con la mirada y vio que estaba hablando mientras sostenía a la pequeña en brazos. Su madre había ido a Agon para el nacimiento de Freya y nunca había regresado a casa. Ver a su hija en una relación de igualdad y rodeada de amor había sido la chispa para terminar con el sufrimiento de su vida. Desde entonces, vivía en la zona de invitados de la casa nueva. Theo y Helena estaban en proceso de construirle una casa para ella, diseñada por Helena.

El padre de Helena continuó viviendo en la ciudad y contrató a una ama de llaves para que cuidara de él. Era una ironía que su marido pagara a alguien por hacer el trabajo que su madre se había visto obligada a hacer durante años. Él solo había visto a Freya una vez, cuando se enteró de que Helena iba a abrir su propio estudio de arquitectura y trabajaría desde casa, compartiendo despacho con Theo. El padre había aconsejado a Theo sobre la mejor manera de neutralizar los deseos de independencia de Helena, y Theo se había reído en su cara.

Takis apareció con cuatro jóvenes que llevaban una escultura en un palé con ruedas. Detrás, otros tres chicos cargaban un pedestal.

Los invitados se callaron para observar.

Theo había colocado uno de los bancos de mármol que Takis había hecho en el viñedo del jardín. Los hombres colocaron el pedestal allí cerca y, después, la estatua encima.

Cuando terminaron, Theo le guiñó un ojo a Helena y se acercó a la estatua. Al mismo tiempo, las camareras que habían contratado para el evento repartieron copas de champán.

Theo llamó la atención de los presentes.

–Muchas gracias a todos por venir y por los maravillosos regalos que nos habéis hecho� –miró a Helena y ella contuvo la respiración–. Sobre todo, quiero dar las gracias a mi esposa. Todos sabéis que adoro la tierra que pisa, y creo que ha llegado el momento de que en el jardín que ella ha creado haya un monumento para adorarla si algún día se separa de mí cinco minutos.

Los invitados comenzaron a reír.

Theo miró a Takis y asintió.

Takis retiró la sábana.

Hubo un suspiro colectivo, pero el de Helena fue el que más se oyó.

La estatua era idéntica a la estatua de Artemisa que había en los jardines del palacio de Agon, junto a la que ella se había sentado el día que conoció a Theo. No obstante, esa Artemisa tenía el rostro de Helena.

Ella le acarició el rostro y sintió el frío del mármol en las yemas de los dedos.

–¿Qué te parece? –susurró Theo, desde detrás de ella.

–Que eres un demonio tramposo y muy atractivo, y que te quiero. Es maravillosa.

–Me parecía que encajaba. Y que cerraba el círculo.

Helena se volvió para abrazarlo.

–Gracias. Me encanta. Y te quiero.

–Yo también te quiero.

Ella lo miró.

–¿Sabes lo que creo?

Él negó con la cabeza.

–Que, si Artemisa te hubiera conocido, también habría renunciado a su promesa de no casarse contigo jamás.

Él sonrió con brillo en la mirada. Y la besó.

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