Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Varias Autoras · Capítulo 29 de 35

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Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Cap�tulo Once

Capítulo Once

–He indicado a mis abogados que lo tengan todo en orden para la fecha que acordamos –dijo Larry Bensen por teléfono con tono agradable y relajado.

Damian se reclinó en la silla del despacho.

–Genial. Lo estoy deseando. ¿Cómo te sientes ahora que casi todo está arreglado?

–Como si me hubiera quitado un peso de encima.

–La empresa estará en buenas manos, Larry.

–Cuento con ello.

–Soy de Welsdale. Para mí es importante ayudar a preservar el pueblo y mantenerme conectado a él –nunca había hecho un comentario tan personal en un acuerdo de negocios.

–Me lo imaginaba.

Estuvieron charlando un rato más, y cuando la llamada terminó, Damian se frotó la nuca.

El acuerdo con Larry estaba cerrado. Ahora solo hacía falta que los abogados terminaran de redactar los documentos de adquisición.

Pronto, muy pronto, Damian sería el nuevo propietario de una cadena de televisión local de Welsdale. El apellido Musil se relacionaría con un nuevo negocio, así que podía decirse que había hecho mucho por ensalzar el apellido familiar.

De pronto pensó en Mia, porque era en lo que pensaba constantemente.

La entrevista con Katie había ido genial. Sí, cierto, tal vez él se había dejado llevar un poco, pero tampoco podía decirse que hubiera mentido.

Porque su relación con Mia ya no dependía únicamente de un acuerdo con Larry Bensen, sino que en algún momento sus motivaciones habían cambiado.

Lo cierto era que llevaban años revoloteando el uno alrededor del otro porque se habían visto envueltos en las rivalidades familiares, y ahora

parecía que esa rivalidad había cobrado fuerza de nuevo y amenazaba con destruirlo todo porque Construcciones JM y Construcciones Serenghetti luchaban por comprar la misma compañía.

Girando en la silla, de pronto pensó en Alex McDonough. Había pensado ya en él antes incluso de la llamada de Larry.

Era el marido de Gia, la prima de Mia. En los últimos años se había cruzado con él en algunos congresos y lo respetaba. Pero sobre todo había pensado en Alex porque, por un lado, sabía que Mia y Gia estaban muy unidas y, por el otro, ahora tenía que ocupar el resto de asientos de la mesa que había adquirido para la cena benéfica.

Le envió un correo electrónico a Alex y después se recostó en la silla, satisfecho. O casi.

A continuación llamó a su padre.

–Bueno –dijo cuando llevaban unos minutos charlando–, ¿qué tal va la compra de Construcciones Tevil?

–Ya no está en venta.

Tras un momento de silencio, Damian dijo:

–¿Entonces se han decantado por la oferta de los Serenghetti?

–Yo no he dicho eso –respondió Jakob refunfuñando–. Ellos mismos se han retirado del mercado. La empresa ya no está en venta.

Damian resopló.

–Pues eso soluciona el problema.

–Tal vez para ti sí, pero no para mí. Construcciones JM necesita crecer.

–¿Tal vez para mí? ¿Estás sugiriendo…?

–Si hubiera ganado el concurso para la compra de Construcciones Tevil, eso habría complicado lo tuyo con Mia Serenghetti.

–No hay mal que por bien no venga, ¿no?

–Últimamente te veo muy sensato.

Damian ignoró el tono de sarcasmo.

–Papá, tienes sesenta y dos años. A lo mejor es hora de que empieces a tomarte las cosas con calma en lugar de intentar expandir el negocio.

–¿Qué?

–Serg Serenghetti ya se ha jubilado.

–Es mayor que yo y tuvo un infarto. Además, Serg tiene un hijo que ahora le lleva la empresa.

–Tú tienes a Valentin.

–Acaba de subir a bordo y sin muchas ganas por cierto.

Damian sabía que su hermano se había recorrido los bares de Welsdale, Springfield y pueblos de alrededor tocando con su banda y viviendo como un roquero.

–Escucha, papá, tal vez lo de Tevil al final no te habría dado más que problemas. Deberías estar preparándote para disfrutar de tus años dorados.

–¿Así que primero te desentiendes de la empresa y ahora quieres aconsejarme sobre cómo dirigirla?

–¿Estás seguro de que lo de comprar esa empresa no era solo por la satisfacción de competir con los Serenghetti y vencerlos?

–¿Quién te ha metido esa tontería en la cabeza? ¿Mia?

–No, se me ha ocurrido a mí solito.

Su padre se rio a carcajadas.

–Tengo una buena noticia que darte –dijo Damian seguro de que su padre se animaría al oírlo–. Voy a comprar la cadena de televisión local.

–¿Qué? ¿Cuál?

–La WBEN-TV.

–No veo mucho la tele. Estoy demasiado ocupado con el trabajo.

«Pues eso es justo lo que te decía antes». No había duda de que la ética del trabajo la había heredado de su padre.

–Entonces, ahora volverás a Welsdale.

–Tal vez no del modo que esperas, pero sí.

–Siempre he sabido que volverías –dijo su padre riéndose aliviado.

Damian sonrió.

–Así que los Musil metidos en el negocio de la televisión.

–Eso parece, papá.

–¿Abriste la caja que te di? –preguntó Jakob cambiado de tema.

–Sí –ahora ya no le resultaba tan doloroso pensar en su madre. Es más, últimamente los recuerdos le traían tanta alegría como tristeza.

–Tu madre quería que lo tuvieras cuando te casaras… o cuando tanto Valentin como tú hubierais cumplido los treinta.

A su madre le habría gustado Mia.

Damian suspiró y respondió:

–Ya no me pongo triste cuando pienso en mamá. Tal vez por eso voy a volver. Por eso y para hacer que se sienta orgullosa.

–Yo estoy orgulloso de ti.

–No podría haberlo hecho sin ti, papá.

–Me alegra oírlo –respondió Jakob con voz ronca.

–Tienes que salvarme –dijo Mia.

Después dio un trago al vino que se había llevado al aseo de mujeres y miró a su prima a través del espejo.

–Mmm –murmuró Gia mientras se retocaba el pintalabios.

Al otro lado de la elegante zona de aseos, cientos de personas cenaban en mesas cuyo precio por plato sería desorbitado. Gotham Hall, con sus más de ochocientos metros cuadrados coronados por una cúpula de cristal, era uno de los espacios para eventos más destacados de la ciudad. Su imponente fachada neoclásica era un lugar de referencia en Broadway.

Estar ahí esa noche debía de costar una barbaridad, aunque desconocía el precio exacto porque había sido Damian el que lo había organizado todo.

Tanto era así que se había llevado una buena sorpresa al llegar allí y encontrarse a Gia y a Alex sentados en la misma mesa.

Ella se había limitado a hacer acto de presencia en un pacto con el diablo.

O, al menos, intentaba convencerse de que había sido así. Porque cuanto más pretendía alejarse de lo que la ataba a Damian, más enredada acababa con él. Era seductor y tentador.

Tocó el delicado collar de diamantes que llevaba a juego con los pendientes. «Otro préstamo de los joyeros», había dicho Damian. Se los habían llevado a casa por mensajero después de que Damian le hubiera enviado un mensaje preguntándole de qué color iría esa noche. Ella había supuesto que quería saberlo para coordinar sus atuendos, no para elegirle unas piedras preciosas.

Por supuesto, desde que lo conocía mejor, había llegado a respetarlo y a… apreciarlo. El apellido que tenía no lo convertía en un mal tipo, aunque tampoco podía decirse que ella hubiera pensado eso de él nunca.

Sin embargo, sentir algo más por Damian era demasiado peligroso, era… demasiado en general. Podían limitarse a seguir viéndose de vez en cuando o a ser amigos incluso. De pronto, al imaginarlo saliendo con otra mujer, se puso tensa, pero se obligó a ignorar esa sensación.

Gia se guardó el maquillaje en el bolso.

–Creo que las cosas están marchando bien.

–¿Estás de coña? –respondió Mia–. La noche acaba de empezar y entre Damian y yo ya están saltando chispas.

–¿Sabes? Me sorprendí mucho cuando Alex me dijo que Damian nos había ofrecido asientos en su mesa para este evento, sobre todo teniendo en cuenta que soy una Serenghetti y que lo sé todo sobre la enemistad entre su familia y la tuya.

–¿Os ofreció asientos?

–¿No habrás pensado que ha sido una coincidencia que Alex y yo estemos aquí esta noche, verdad? No, no hemos pagado nuestros asientos.

Pero, ¿por qué no me dijiste que ibas a venir?

–¿Por qué no me lo dijiste tú? –contestó Mia sonrojada–. Además, de todos modos, tú estabas de viaje fuera del país, así que no era fácil contactar contigo.

–Y en cambio Damian sí que pudo enviarle un correo a Alex mientras estábamos en Japón.

¡Pillada!

Había estado guardando silencio sobre su relación con Damian, pero no porque no confiara en su prima, sino porque hablar del asunto generaría preguntas que no estaba preparada a contestar. Además, ni siquiera estaba segura de que tuviera todas las respuestas.

–Y entonces entendí que tal vez nos había invitado precisamente porque soy una Serenghetti.

–¿Qué quieres decir?

–Mia, ese tipo está loco por ti, pero sabe que tu familia desconfía de él.

Está claro que Alex y yo estamos aquí para ayudar a limar asperezas. Con nosotros aquí puede que tú te sientas más cómoda y Damian puede intentar ganarse a dos de tus parientes.

Mia se quedó anonadada. Había dado por hecho que, ya que se trataba de un evento tan importante para la industria tecnológica, Alex había decidido acudir y Gia lo había acompañado. ¿En serio Damian se había tomado tantas molestias por ella…?

–Ya veo que seguiste mi consejo cuando te dije que merecería la pena tener más de una cita con Damian.

–¿De qué lado estás?

–Del tuyo, por supuesto. ¿Sabes? La verdad es que nunca me gustó Carl.

–¿Y me lo dices ahora? –preguntó Mia mirándola con gesto crítico a través del espejo–. Al lado de Damian es como un gatito domesticado.

–Exacto. Carl era demasiado dócil para ti.

–¿Y se buscó a otra con la que poder huir del gato salvaje?

Gia sonrió.

–¿Eso es lo que Damian opina de ti?

Mia se sonrojó.

–¿Quién? ¿Damian el domador?

Gia se rio.

–Tiene un nombre muy apropiado. No es un nombre aburrido.

«Como el de Carl, por ejemplo». Aunque Gia no dijo nada, Mia sabía que lo había pensado.

–A lo mejor tiene el temperamento adecuado para una sala de juntas, pero se equivoca si lo que pretende es domar a una Serenghetti.

–Por cómo te miraba en la cena –murmuró Gia–, no es lo que tiene en mente. Más bien te quiere comer.

Mia se giró hacia Gia.

–Así es, y esto tiene que parar.

–¿Por qué?

–Porque es un Musil –«y por muchas otras razones». La desestabilizaba.

–¿Entonces no deberías confiar en él pero quieres… eh… hacerlo con él?

Ya lo había hecho con él… y había sido espectacular. Y, por lo que parecía, Damian quería repetir.

–Es… impredecible.

–Creo –dijo Gia mirando el vestido de Mia– que en este caso la reacción de Damian es muy predecible gracias a tus habilidades para diseñar ropa.

–¿Qué? ¿Lo dices por esto? –preguntó tirando de la falda del vestido–.

Lo diseñé hace años para mi proyecto de grado en Parsons.

Esa noche precisamente no se había tomado muchas molestias para complacer a Damian.

–¿Cómo olvidarlo? –respondió su prima con tono alegre–. Pero el escote nunca pasa de moda.

Bien, de acuerdo, el diseño era muy atrevido, pero esa había sido su intención para intentar sacar una nota alta en Parsons. En aquel momento

era una joven ingenua de veintidós años que estaba terminando una carrera de cuatro años en la ciudad de Nueva York.

El cuello del vestido se hundía entre sus pechos y bajaba aún más por detrás. El cuerpo era de terciopelo azul intenso y la falda larga y de tul con tonos en degradé que terminaban con un color agua muy suave. Había necesitado cinta textil de doble cara para recomponerlo ya que en los últimos años se había vuelto más curvilínea.

–Pareces una sirena saliendo de entre las olas.

–Gracias por recordarme el tema de mi tesis –comentó Mia con brusquedad–. ¿Pero hacía falta que se lo mencionaras también a Damian?

Gia sonrió con picardía.

–Solo lo he dicho por hablar de algo. Y, por cierto, parece que le ha gustado mucho tu obra.

–Además, se supone que aquí la alborotadora soy yo, no tú.

Gia se rio.

–¿Qué quieres que te diga? El matrimonio me sienta bien. He empezado a vivir fuera de las tiras de cómic que dibujo. ¿Sabes? Deberías probarlo.

Se quedó boquiabierta.

–¿El qué? ¿El matrimonio?

–No, el sexo con un tipo que arde por dentro solo con mirarte.

Mia cerró la boca de golpe. Si su prima supiera… No era solo que Damian ardiera por dentro, sino que también la hacía arder a ella por todas partes. ¿Dónde estaba el agua para aplacar las llamas cuando se la necesitaba?

Cuando al rato volvieron a la mesa, Damian le lanzó una mirada ardiente y ella dio otro trago de vino. Su prima esbozó una sonrisita desde el otro lado de la mesa y ella respondió frunciendo el ceño. Entonces miró a su alrededor y vio a Carl y a su mujer hablando con otros invitados.

¡Genial! Como si la situación no fuera ya lo bastante incómoda.

Se plantó una sonrisa en la cara y se inclinó hacia Damian. Él se giró en su dirección y le acercó la oreja a la cara. Estar tan cerca de él le produjo un cosquilleo en los pechos.

–No sabía que Carl vendría –murmuró Mia.

–Yo tampoco. ¿Supone un problema?

«No, qué va».

–Mira, ahí vienen –dijo Damian.

Al instante, él echó el brazo sobre el respaldo de su silla y empezó a acariciarle la zona de la espalda que tenía expuesta.

Cuando Carl llegó a la mesa, Damian se levantó y Mia lo siguió a regañadientes. Entonces él la rodeó con un brazo en señal de… ¿apoyo?

¿Afecto?

Al ver la expresión de interés de Gia, Mia supo que su prima estaba disfrutando del espectáculo.

Damian y Carl se dieron la mano y por primera vez Mia pudo ver detenidamente a la esposa de Carl. La mujer que había creído que sería una femme fatale era en realidad una versión femenina de Carl.

–Laura, te presento a Mia Serenghetti –dijo Carl algo avergonzado–.

Eh…

Laura salvó la incómoda situación estrechándole la mano a Mia con las dos manos y diciéndole con una sonrisa sincera:

–Encantada de conocerte.

Mia no captó ningún tipo de engreimiento o arrogancia en el saludo, solo un sincero interés.

–Igualmente –respondió.

–Estábamos haciendo una ronda… eh… por las mesas y… bueno, se nos ha ocurrido… venir a saludar –dijo Carl.

–Soy una gran admiradora de tu trabajo –comentó Laura aún estrechándole la mano.

–¿Sí? –preguntó Mia sorprendida.

Laura asintió y finalmente le soltó la mano.

–Sí. Estuve en un desfile tuyo hace dos años. Tengo un mono de aquella colección.

–¡No me digas! –Mia se sintió halagada. Al parecer, Laura sabía de ella desde antes incluso de haber conocido a Carl.

–Cuando Carl me dijo que había estado saliendo contigo, no me lo podía creer –dijo Laura con los ojos brillándole tras las gafas.

A pesar de lo sucedido con Carl, en ese momento Mia supo que la mejor opción era el perdón.

–Deberías pasarte por mi taller a por otro mono –y guiñándole un ojo añadió–: Considéralo un regalo de boda.

Carl pareció aliviado y Damian la miró con diversión.

–No puedo aceptarlo. Conozco una boutique en el Midtown que vende tus diseños…

–Pronto les mandaré los de la próxima temporada, pero te los enseñaré a ti primero cuando vengas.

Laura asintió.

–¡Claro! Lo mencionaste en la revista Brilliance.

–¿La lees?

Se suponía que el artículo con su entrevista no salía hasta…

–Han puesto un avance en la página web.

Mia se quedó asombrada. Tendría que comprobarlo con el móvil.

Carl y Damian charlaron unos minutos más y después Carl dijo:

–Bueno, ha sido genial veros. Vamos a seguir saludando.

Carl y Damian se estrecharon la mano y después la pareja se marchó.

Una vez Damian y Mia volvieron a la mesa, ella sacó el móvil y encontró la mención a la entrevista en la web de la revista.

–Bien hecho, por cierto –le dijo Damian–. Es mucho más difícil guardar rencor cuando conoces al enemigo y resulta ser así de agradable, ¿no?

–Sí –Mia levantó el teléfono–. Y hablando de enemigos, gracias a la entrevista de Katie, todo el mundo cree que los Serenghetti y los Musil somos amantes en lugar de rivales.

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