Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Varias Autoras · Capítulo 20 de 35

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Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Cap�tulo Dos

Capítulo Dos

Era el hombre más exasperante que había conocido en su vida, y eso era decir mucho teniendo en cuenta que tenía tres hermanos mayores.

Se apartó el pelo de la cara y miró a su alrededor. Se encontraba en su pequeño taller de diseño con su prima Gia, que se había pasado por allí y estaba sentada en un taburete respondiendo un mensaje.

De pronto se dio cuenta de que, una vez más, tenía los dedos sobre la boca; el recuerdo del beso era difícil de borrar. Rápidamente, bajó la mano.

Toda esa situación la estaba volviendo loca.

Gia guardó el teléfono y retomó la conversación donde la habían dejado.

–¿Estás loca?

Mia admitió que no tenía una buena respuesta y que el caótico entorno tampoco ayudaba a mantener la cordura. Había rollos de tela amontonados contra la pared y una máquina de coser en una esquina junto a una tabla de planchar, y apenas había sitio para sentarse. Los botones que acababa de comprar aún seguían en la caja y sabía que tendría que hacer un viaje más a Telas Mood. Por otro lado, era afortunada. Probablemente los diseñadores novatos trabajaban desde sus casas, pero ella al menos había podido alquilarse un taller unas plantas más abajo de su apartamento en el barrio conocido como el Distrito de la Moda.

–Sé que pedirle a Sam que cambie la fecha de su viaje de negocios a Singapur es un acto de desesperación…

Justo en ese momento le vibró el teléfono y lo levantó de la mesa. Leyó el mensaje de Sam y se encogió de hombros.

–Bueno, al menos tenía que intentarlo.

Gia se cruzó de brazos mirándola con cara de «ya te lo dije».

Mia suspiró. Al final Sam había acudido a la fiesta de cumpleaños del sábado, pero antes de que ella hubiera podido sacar el tema del Ruby Ball, él le había dicho que estaría fuera del país dos semanas.

–Sam no puede cambiar la fecha del viaje. Al parecer, quiere aprovechar para reunirse en Japón con uno de sus compañeros de fraternidad.

–Y tú no puedes permitirte a un chico que esté de viaje en plan Resacón en Las Vegas –señaló Gia–. Tú ya tienes un resacón.

–No tengo un resacón. Tengo dolor de cabeza –y se agudizaría mucho más si no encontraba pronto una pareja.

Su prima asintió.

–Y eso demuestra que eres una adicta al trabajo. Deberías estar divirtiéndote para ser fiel al mensaje de empoderamiento femenino que predica tu marca de ropa.

–A lo mejor podría contratar a un acompañante…

–Por Dios bendito, no. ¿Por qué no buscas un modelo con el que ir?

¿No es el típico truco para atraer publicidad?

–El Ruby Ball es un evento de la industria de la moda y seguro que alguien lo reconocería de alguna sesión de fotos y, además, no necesito un acompañante cualquiera. Lo que necesito es alguien… que cause impresión.

En cierto modo Sam había sido apropiado porque, a pesar de ser un productor musical de nivel medio, provenía de una familia bien relacionada que había hecho fortuna en la banca tres generaciones atrás.

Mierda. Había creado Diseños MS para la mujer moderna y dispuesta a triunfar y arrollar, pero gracias a Carl parecía todo lo contrario.

–¿Y algún jugador de hockey que conozcan tus hermanos?

–Lo último que haría sería pedirles que me ayuden a encontrar pareja –

sería una experiencia humillante no solo por las burlas de sus hermanos, sino porque llevaba tiempo queriendo declararse independiente de su familia–. De todos modos, el equipo de Jordan no está en la ciudad la noche del baile.

–Bueno, pues entonces dale una oportunidad a Damian. Es perfecto para lo que buscas y se ha ofrecido voluntario. Pídeselo. Además, de todos modos tu familia no presta atención a las noticias sobre el mundo de la moda.

De pronto Mia lamentó haberle contado a su prima los detalles de su encuentro con Damian, pero estaban muy unidas y eran como hermanas.

–A lo mejor deberías crear un club de fans de Damian Musil.

–Pues a Alex le cae bien –respondió Gia.

El marido de Gia era un millonario que se dedicaba a la tecnología y, por supuesto, conocía a Damian.

–Aunque, claro, él no tiene la historia que tenemos los Serenghetti con los Musil –añadió Gia echándose atrás su melena oscura recién alisada.

–Eso es. De todos modos, no sé si tomarme en serio la oferta de Damian. Puede que solo haya estado burlándose de mí. Además, ¿te imaginas cómo reaccionaría mi familia si se enteraran de que he ido por ahí con él como pareja?

–¿Y cuándo has dejado que eso te frene? ¿Tu segundo nombre no era

«rebelde»?

Cierto. Los Serenghetti de Welsdale, Massachusetts, estaban relacionados con el mundo de la construcción y el del hockey, y últimamente también con Hollywood gracias a su hermano Rick y a su esposa Chiara Feran, que era estrella de cine. Así que Mia se había marchado a Nueva York a estudiar y a trabajar en diseño de moda porque desde pequeña había tenido una vena muy rebelde que había ido más allá de hacerse tres agujeros en las orejas.

Volvió a suspirar. Podría haber intentado ir con un amigo, pero había hecho un repaso y ahora mismo no tenía ninguno que estuviera libre. Pero Damian…

–Por otro lado, en el Ruby Ball te verá mucha gente –dijo Gia preocupada.

–Pero lo dejaría plantado al día siguiente –añadió Mia bromeando.

Y entonces se detuvo y abrió los ojos como platos.

–¿En qué estás pensando? –preguntó Gia.

La idea de salir con Damian y después hacer que pareciera que lo había dejado plantado estaba cobrando fuerza. A lo mejor, después de todo, el plan de ir con él al Ruby Ball no era tan arriesgado…

–¿Sabes? –dijo pensativa–. La idea tiene cierto atractivo.

Gia abrió los ojos como si de pronto lo hubiera entendido todo.

–Si alguien pregunta, nuestra relación tuvo un final rápido y desdichado.

–¿Quién va a preguntar?

–No sé, pero por si alguna vez surge la pregunta.

Algo que, con suerte, no pasaría. Aun así, no pudo evitar pensar en los tópicos a los que solían recurrir los famosos, como por ejemplo «nos hemos

separado, pero le deseo lo mejor» o «las relaciones pasadas me han enseñado lo que de verdad busco y necesito en una pareja». Desde luego, tenía que dejar de leer webs de cotilleos, aunque, por otro lado, ¿no era precisamente eso lo que pretendía con su firma de moda? ¿Animar a las mujeres a tomar el poder?

–Bueno, ¿y qué vamos a hacer con tu familia si se enteran? Porque se van a quedar impactados.

«Horrorizados, mejor dicho», pensó Mia.

–Y también aliviados de que la relación haya terminado en un abrir y cerrar de ojos. Se preocuparían más si Damian siguiera en mi vida.

–Bueno, en ese caso me alegro de que hayas visto que tal vez tu mejor opción para el Ruby Ball sea Damian. Pero, en cuanto a todo lo demás, creo que la cosa podría salir mal.

–¿Es que ahora te está entrando el miedo?

–Considérame tu conciencia viviente haciéndote replantearte las cosas.

–Ya, como cuando te propuse colarnos en el backstage en aquel concierto –murmuró Mia. El recuerdo seguía fresco incluso veinte años después.

–Oye, te dije que era mala idea.

–Cuando lo dijiste, los de seguridad ya no estaban persiguiendo por el túnel de acceso restringido del estadio.

–Bueno, pero valía la pena intentarlo para conocer a los Backstreet Boys –contestó Gia.

–Supongo que en eso tienes razón. El que no arriesga, no gana.

Aun así, ¿salir con Damian Musil?

Ser tu propio jefe tenía ventajas, pero no hoy.

Damian se rascó la nuca y se recostó en la silla del despacho.

Asintiendo con gesto ausente saludó a uno de sus gerentes, que pasó por delante del muro de cristal de su despacho y le devolvió el saludo alzando el vaso de café que llevaba en la mano.

Entonces Victor se detuvo un instante y asomó la cabeza por la puerta.

–Nos vemos en la reunión de las once.

–Allí estaré –respondió Damian.

En realidad, ahora mismo la reunión supondría una buena distracción.

Por un lado tenía que contratar a un ejecutivo nuevo para dirigir FanvaTV, su servicio de video streaming, y por el otro, su aplicación de mensajería, que era la esencia de su empresa CyberSilver, estaba pasando por ciertos problemas de programación que había que solucionar.

Y eso era solo lo relacionado con su vida laboral.

No dejaba de preguntarse si Mia habría acabado encontrándose con el misterioso Sam el sábado por la noche.

Se le tensó la mandíbula y se giró hacia la ventana. Pensativo, posó la mirada en el Madison Square Park, que tenía debajo.

Los árboles se estaban cubriendo de hojas y los cerezos añadían toques de contraste al manto verde que se veía desde arriba. Todo se estaba preparando para un nuevo comienzo, tal como él mismo había hecho una vez.

Diez años atrás, cuando había recibido una pequeña herencia de su madre y se había mudado a Nueva York para abrir su negocio, había imaginado poder estar justo ahí, y lo había logrado tras mucho esfuerzo y trabajo. Ahora que tenía una empresa próspera, a algunos podría extrañarles que estuviera interesado en adquirir una vieja cadena de televisión local.

Sin embargo, para él comprar esa cadena privada del oeste de Massachusetts supondría la validación definitiva de su éxito. Sí, había dejado el negocio de la construcción en manos de su padre y su hermano, pero volver a entrar en el mercado de Massachusetts a lo grande haría que se asociara al apellido Musil con algo más que con Construcciones JM.

Comprar la cadena de televisión era algo personal para él, y eso que nunca dejaba que las emociones interfirieran en sus decisiones empresariales. Pero la satisfacción de ser el propietario de WBEN-TV, y del par de cadenas de Nueva Inglaterra incluidas, no era algo que pudiera ignorar fácilmente. Ojalá el propietario se la vendiera.

Larry Bensen quería jubilarse, pero solo si dejaba la empresa en buenas manos, ya que nadie de su familia estaba interesado en dirigirla. Quería un comprador que cuidara la empresa como si de una herencia familiar se tratara, pero teniendo en cuenta que Damian venía de una familia rota y que no tenía visos de formar la suya propia, porque ni siquiera estaba saliendo con nadie, ese requisito lo situaba en una posición de desventaja. Estaba demasiado vinculado a su trabajo como para tener mucha vida social, y no era precisamente un símbolo de la vida doméstica y familiar.

Agarró el ratón del ordenador y volvió a abrir el mensaje que le había enviado Larry esa misma mañana.

Estaré en NY la semana que viene para el Ruby Ball. Katie va a cubrir el evento para la revista Brilliance y Allison quiere ir. Veámonos si estás en la ciudad.

Sin duda, la vida de Larry giraba en torno a la familia. Incluso su sociedad se llamaba Alley Kat Media por los nombres de Allison y Katie, su esposa y su hija. Y ahora iría a la ciudad porque su hija trabajaba para una revista de moda y su mujer, una exmodelo, tenía interés en asistir.

Volvió a girarse hacia la ventana y arrugó los labios. Era la segunda vez en una sola semana que el Ruby Ball surgía como tema de conversación en su vida. Unos días atrás se había burlado de Mia al ofrecerse a acompañarla al evento y ella, por supuesto, lo había rechazado porque la habían educado para desconfiar de los Musil y despreciarlos.

Pero a él le bullía el cuerpo desde ese último encuentro en el que por fin, ¡por fin!, había podido saborear sus labios. Además, el beso había sido más ardiente y mejor de lo que había imaginado nunca.

Era una mujer preciosa, de lo cual ya se había percatado durante la época en la que aún vivía en Welsdale. Sin embargo, últimamente, cada vez que sus caminos se habían cruzado, Damian la había encontrado más atractiva y fascinante todavía.

De pronto Damian vio un interés empresarial en asistir al Ruby Ball. No había podido sacarse a Mia de la cabeza, y menos desde el beso del sábado, pero ahora además Larry estaría en la ciudad y tenía que aprovechar la oportunidad. El sentido del negocio que había aprendido de su familia le había beneficiado; tenía más poder y más dinero de los que había soñado jamás.

Además, tal vez había llegado el momento de poner en duda todo lo negativo que Mia había oído sobre los Musil durante años y de hacer que le debiera un favor. En cierto modo, ni aposta las cosas podrían haber surgido mejor.

Parecía que Mia y él iban a tener otro encuentro… aunque, claro, para eso primero tenía que librarse del misterioso Sam.

Pensó en dónde había coincidido con Mia por última vez antes de la fiesta de disfraces. Conocía un local de moda al que solían acudir algunos de sus amigos comunes. Probaría primero allí el viernes por la noche.

Y con eso en mente, se dispuso a responder el mensaje de Larry.

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