Pack Bianca y Deseo octubre 2021
Cap�tulo Cuatro
Capítulo Cuatro
Esa noche había decidido ser atrevida y llamar la atención empezando por su atuendo. El top rosa con forma de chaqueta de traje tenía una pronunciada V en la parte delantera que dejaba ver lo que parecía ser la parte superior de un corpiño rojo pero en realidad era el cuerpo del vestido.
Bajo la cintura, una falda de satén rosa se abría por delante en forma de V
invertida revelando unas piernas largas y torneadas enfundadas en satén rojo. El conjunto al completo resaltaba su melena caoba oscura y su tez bronceada.
Si quería llamar la atención, mejor ir a por todas, ¿no? Ella misma había diseñado y confeccionado el vestido a pesar de que Diseños MS se centraba, al menos de momento, en ropa prêt-a-porter y no en alta costura.
Ya que estaba soñando a lo grande, de nada servía promocionar los diseños de otros en lugar de los suyos propios. Además, si a su familia le llegaba la noticia de su asistencia al Ruby Ball, tal vez el atrevido vestido desviaría la atención y no se darían cuenta de a quién había llevado como pareja. Tal vez.
Aun así, la valentía la abandonó casi por completo cuando Damian cerró la puerta de la limusina y ella dio un paso sobre el pavimento.
Y cuando la miró con intensidad, se le aceleró el pulso y un cosquilleo danzó sobre su piel.
Automáticamente, se tocó el rubí que llevaba sobre el escote. Damian la había citado en una discreta y exclusiva tienda del Upper East Side para que le prestaran unas joyas a juego. Si no hubiera sido por él, jamás habría podido tener acceso a esas piezas y, a pesar de un cierto recelo inicial, al final no había podido resistirse.
Además, Damian, que también se había vestido para impactar, había producido en ella un efecto para el que no había estado preparada y el breve trayecto desde su apartamento, donde la había recogido, hasta la mansión no había hecho más que intensificar esa reacción.
Estaba guapísimo, moderno y atrevido con un esmoquin impecablemente confeccionado, corbata y camisa negra de satén. Y aunque en los días previos al evento se habían comunicado por mensajes y ella le había dado algún dato sobre su atuendo, Mia no se había preparado para un resultado final tan impactante.
Una cosa era coincidir con él en una fiesta o un bar y otra muy distinta acudir juntos a un evento público.
Damian le puso una mano en la parte baja de la espalda para indicarle que pasara delante de él y el roce provocó una oleada de calidez que la arrastró hacia… «Céntrate».
Mia se puso derecha y sonrió cuando se acercaron a la entrada. La Mansión Vanderman era un lugar de referencia que solía albergar eventos y algunas de las fiestas más lujosas de la ciudad.
–Relájate –murmuró Damian–. Estás impresionante.
Ella lo miró de soslayo.
–Resulta increíble que puedas decir eso mientras sonríes. ¿Dónde has aprendido ventriloquía?
Él sonrió aún más.
–En la sala de juntas. Nunca se sabe cuándo te vas a topar con alguien que puede leer los labios cuando estás negociando un acuerdo empresarial.
–¿Así que ese es el secreto de los Musil?
–Hay otros.
Una vez superado el reto de pasar juntos por la zona de recepción, entraron en la sala del evento, donde vestidos de lentejuelas y lámparas de cristal, competían por ver qué brillaba más.
Damian agarró dos copas de champán aprovechando que un camarero pasaba delante de ellos.
–Salud –dijo chocando la copa con la de ella–. Lo has logrado.
Mia respiró hondo y dio un trago.
–Un diseño muy original, por cierto –añadió él haciendo que el cumplido sonara tanto indiferente como incendiario.
Mia contuvo las ganas de resoplar para refrescarse la cara.
–Lo he hecho yo. Diseños MS.
–Claro. El rojo te sienta bien.
Ella se ahorró tener que responderle cuando una pareja se les acercó y el hombre le dio una palmada en el hombro a Damian.
–Me alegro de verte. Creo que no estás en tu hábitat, pero me alegro de que hayas venido.
–¿Cómo iba a perderme la oportunidad de asistir al Ruby Ball? –
respondió Damian con amabilidad.
Mia, la única que podía captar la ironía del comentario, se sonrojó.
Damian se giró hacia ella y le presentó a Larry Bensen y a su esposa, Allison.
–Mia es diseñadora de su propia firma. Diseños MS.
–Debe de ser emocionante tener tu propia firma –le dijo Allison–.
Cuando era joven trabajé como modelo y siempre me fascinó el diseño, aunque nunca pasé de unos cuantos bosquejos.
Mia sonrió.
–Espero que aún los guarde. En moda todo vuelve.
Allison se rio.
–Ahora la única artista de la familia es nuestra hija. Por eso estamos aquí esta noche. Katie está cubriendo el evento para la revista Brilliance.
–No, estamos aquí porque nunca has perdido el amor por la moda –la corrigió su esposo con mirada indulgente–. Y ya te dije que tu chaqueta tipo bolero era la elección correcta para esta noche.
Allison sonrió a su marido y se tiró de la solapa de la chaqueta de satén color jade que llevaba sobre un vestido bordado con cuentas.
–Después de más de treinta años de matrimonio, te has convertido en un experto.
Larry se rio.
–Sí, pero también porque leo los ejemplares de la revista Brilliance que hay por toda la casa.
Damian miró a su alrededor.
–Por cierto, ¿dónde está Katie?
–Entrevistando a invitados sobre los modelos que llevan.
–Entonces debería entrevistar a Mia –dijo Damian sonriendo.
Mia se sonrojó otra vez.
–Eso es…
–Una idea excelente –apuntó Allison antes de mirar a su alrededor en busca de su hija.
–A Allison le gusta ejercer de asistente personal de Katie –bromeó Larry–. Bueno, Damian, supongo entonces que tú también tienes contacto
con el mundo de la moda.
Para sorpresa de Mia, Damian la rodeó por la cintura y la acercó a sí.
–Mia me tiene al tanto.
–Me gusta que salgas de la oficina –dijo Larry, y mirando a su esposa con amor, añadió–: Allison me curó de mi adicción al trabajo hace mucho tiempo y mi médico dice que gracias a ella he evitado otro infarto al corazón.
–Nos mantenemos activos. Jugamos al golf con otra pareja los fines de semana. ¿Tú juegas, Mia?
–Eh… sí –su manera de jugar al golf era pasable, aunque había aprendido algunas cosas durante su breve temporada en el equipo de golf del instituto.
–Damian y tú deberíais venir a jugar un fin de semana –dijo Larry–. No hay nada como una competición amistosa, ¿verdad?
Mia parpadeó con la sonrisa fija. ¿Quedar para jugar al golf? Damian y ella terminarían su relación fingida cuando pasara esa misma noche.
–Mia proviene de una familia de atletas –comentó Damian–. Yo no desestimaría sus habilidades en un campo de golf.
Justo en ese momento una joven menuda se acercó corriendo.
–Katie, me gustaría presentarte a alguien –dijo Allison–. Damian es socio de tu padre y Mia es diseñadora de moda.
Katie la saludó con simpatía.
–¿Vives en Nueva York, Mia?
Mia carraspeó antes de responder:
–Sí, y tengo mi propia firma. Diseños MS.
–Mmm…, me parece que he oído hablar de ella.
–He hecho algunos desfiles.
–Más que algunos –señaló Damian.
Mia lo miró asombrada. ¿Había estado al tanto de su carrera? Costaba creerlo.
–Tu vestido es fantástico. Es original, y el corte y la confección son estupendos. ¿Es uno de tus diseños?
–Sí, pero ahora estoy haciendo ropa más informal.
–¿Por qué no me llamas algún día? Sé que en Brilliance siempre están buscando nombres nuevos que prometan.
Mia sonrió.
–Fantástico.
Se relajó cuando Katie se giró para charlar con sus padres.
Al instante, Damian le puso la mano en la espalda y se acercó para decirle:
–Buen trabajo. El primer contacto de la noche.
Durante un momento de locura, Mia se pensó que se estaba refiriendo al hecho de que le estuviera tocando la espalda, pero después entró en razón.
–Puede que sea el único.
–No te subestimes nunca.
Esa conversación privada entre los dos terminó cuando Katie volvió a perderse entre la multitud y Larry retomó la charla con Damian.
Ella observó su delicado perfil, que contrastaba con el tono oscuro del esmoquin.
El consejo que Damian acababa de darle podía aplicarlo también a su relación con él porque no sería inteligente subestimar a Damian Musil.
*
Debería haber imaginado que Larry podía complicar las cosas.
Y ahí estaba ahora, esperando a Mia en una cafetería tras haberle pedido que se reuniera con él.
Inquieto, se movió en la silla y dio un trago de café.
Cuando había vuelto a casa la noche anterior, la cabeza le había bullido con pensamientos y fantasías sobre Mia. Qué bien le había sentado el vestido y cuánto le había enloquecido ese escote. Cuánto había deseado deslizar las manos y la boca sobre esos pechos preciosos.
De pronto recordó un fragmento de la conversación que tuvieron al final de la noche.
–¿Estás segura de que no necesitas ayuda para quitarte el vestido?
–Soy diseñadora de moda. Me conozco todos los trucos.
–Qué pena que no haya nada que yo pueda enseñarte.
Y justo entonces, como si la hubiera invocado con el pensamiento, levantó la mirada y vio a Mia en la puerta del local.
Entró algo sonrojada y con el pelo revuelto por el viento. Tenía los labios rosados y la chaqueta ajustada que llevaba acentuaba las curvas de su cuerpo. Los leggings y las botas hasta la rodilla hacían que fuera vestida acorde al día, más fresco y ventoso que el anterior.
Cuando se sentó frente a él en la pequeña mesa, Damian le acercó una taza.
–He pedido por ti mientras esperaba. Una manzanilla con aroma de limón, pero si prefieres otra cosa, dímelo y te lo pido.
Ella lo miró sorprendida.
–Anoche me fijé en que pediste una.
–Qué observador.
Damian se preguntó qué diría Mia si supiera que se había fijado en todo de ella. En la fiesta de disfraces, incluso en la penumbra, había visto que sus ojos tenían una sutil mezcla de tonos verdes y que su aroma había sido suave pero seductor. Nunca antes le había prestado atención al perfume de una mujer ni se le había colado en el pensamiento de esa manera.
Mia dio un trago pequeño a la infusión, suspiró y lo miró.
Sus miradas se quedaron enganchadas un instante y ella debió de ver algo en los ojos de él porque separó los labios y tomó aire, pero entonces desvió la mirada y agarró la pequeña bolsa de papel que había dejado a su lado al sentarse.
–Antes de que se me olvide –dijo dándole la bolsa–, gracias por las joyas. Las habría devuelto yo misma, pero la tienda cierra los domingos.
El collar de rubíes y diamantes y los pendientes largos le habían sentado de maravilla. Mia había tenido un gusto impecable y muy buen ojo al elegirlos.
–De nada –respondió él–. Pero no te he pedido que nos viéramos por lo de las joyas. ¿Qué vamos a hacer con la invitación de los Bensen?
–Pues muy sencillo. Uno de los dos fingirá estar enfermo.
–Creo que a los dos nos beneficiaría ir a jugar al golf con ellos.
–¿Cerca de Springfield? Está a escasos kilómetros de Welsdale. ¿Es que pretendes que agravemos el conflicto entre los Serenghetti y los Musil?
–No, al menos por mi parte.
–¿No dijimos que asistiríamos juntos al Ruby Ball y nada más? No quiero crear más problemas entre nuestras familias. ¿Es que a ti no te importa?
Él se recostó en la silla y sus rodillas chocaron con las de Mia.
–Me marché de Welsdale hace años y tú también.
–Por si no lo sabías, ahora mismo los Serenghetti y los Musil están compitiendo por la misma empresa de construcción.
–No sé nada de eso. Ya te dije que no tengo nada que ver con Construcciones JM.
–Pero tu familia sí.
–Y tú, para estar llevando una vida libre e independiente en Nueva York, pareces preocuparte mucho por lo que pueda pensar la tuya.
Por un momento, ella pareció desconcertada y él aprovechó para insistir más.
–Los dos salimos ganando al aceptar la invitación de los Bensen. Tú te ganas el favor de los padres de una periodista especializada en moda y yo hago feliz a un socio potencial.
–Ya conocí a Katie Bensen anoche. Eres tú el que tiene más de lo que beneficiarse.
–Un buen empresario no se deja afectar por las emociones y eso sería lo que haríamos si ahora nos separáramos, sobre todo cuando siguiendo juntos ganamos más.
–¿Y qué pasa con la satisfacción que me produciría dejarte plantado?
Por detrás de Mia, Damian vio a Carl entrar en la cafetería y maldijo para sí.
Mia le siguió la mirada y abrió los ojos como platos. Después se volvió hacia él y preguntó:
–¿Lo tenías planeado?
–No.
¿Qué narices hacía Carl ahí? Antes de que Damian pudiera decidir qué hacer, Carl los vio y, tras un instante de confusión y sorpresa, fue hacia ellos.
Damian suspiró y se levantó sonriendo. Mia se levantó también.
–Carl.
–Damian. Mia. ¡Vaya sorpresa!
–Lo mismo estaba pensando yo –respondió Damian rodeando a Mia por la cintura. La sintió tensarse, pero ella no se apartó.
Carl los miró a los dos y sacudió la cabeza desconcertado.
–Yo me caso y vosotros acabáis juntos. ¿Quién lo iba a decir? Supongo que al final todos acabamos contentos, ¿no? Sobre todo ahora que ya no soy un obstáculo para que todo se aclare.
Cuando Mia abrió la boca para contestar, Damian la interrumpió.
–Mia y yo íbamos a tomar un té.
–Bueno, entonces me marcho. Solo he pasado a por unos cafés –los miró a los dos de nuevo y añadió–: Me alegro de veros.
Cuando se marchó, volvieron a sentarse y ninguno dijo nada durante unos minutos. Mia dio un trago a su té y Damian se quedó mirando por la ventana.
Y solo después de que Carl se hubiera marchado con sus cafés, Mia enarcó las cejas y miró fijamente a Damian.
–¿Te lo puedes creer?
–Si hubierais tenido una relación seria, Carl habría tenido otra reacción ahora mismo.
–O a lo mejor es que por fin ha encontrado a la persona adecuada.
–Sí, eso también. De cualquier modo, nunca habría funcionado.
–Bueno, lo que importa es que, además de Larry y Allison, ahora Carl también cree que somos pareja.
–No me digas que no te produce un poco de satisfacción que piense que has seguido adelante con tu vida.
–Está claro que lo piensa porque me has agarrado por la cintura.
–Y tú no te has apartado.
Ella lo miró exasperada.
–Eres una mujer apasionada y Carl es un tipo tranquilo y un poco despistado.
–¿No como tú?
–Yo estoy dispuesto a aprender.
–¿En un campo de golf?
–Si es necesario, sí –respondió él sonriendo.
–Lo tienes todo pensado, ¿verdad?
OceanofPDF.com