Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Varias Autoras · Capítulo 26 de 35

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Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Cap�tulo Ocho

Capítulo Ocho

Cuando Damian despertó a la mañana siguiente, excitado, Mia no estaba a su lado. Y aunque al instante oyó correr el agua del baño de invitados, se quedó decepcionado por no haberla encontrado en la cama con él.

Miró el reloj y vio que apenas eran las siete y media. ¿Sería Mia una de esas mujeres que madrugaban para arreglarse porque no les gustaba que las vieran recién levantadas? No lo creía, pero, por otro lado, estaba en el negocio de la moda, donde las apariencias lo eran todo.

Volvió a recostarse sobre la almohada, se estiró y cruzó los brazos detrás de la cabeza. Lo que habían compartido la noche anterior había sido una pasada, y si esa mañana ella hubiera seguido a su lado, lo habrían retomado donde lo habían dejado.

Mia y él se habían acostado. Su ya de por sí trepidante vida había alcanzado nuevas cotas.

Estaba claro que sentía debilidad por ella. Sus anteriores relaciones habían sido breves porque había estado mucho más centrado en las exigencias de su negocio. Ayer, en cambio, al saltar a defenderla ante su familia, no había pensado ni en el negocio ni en la satisfacción de ver a los Serenghetti frente a un Musil que había logrado más éxito que ellos.

Joder, las cosas no podían complicarse más. Era conocido por su imperturbabilidad en la sala de juntas y había confiado en que ese rasgo también lo acompañara mientras durara el acuerdo al que había llegado con Mia y del que ambos salían beneficiados. Pero al final había resultado que se había llevado más de lo que había negociado.

Y todavía quería más.

Con un gruñido de frustración sexual, bajó los brazos y apartó las sábanas. Se ducho, se vistió y fue a la cocina a preparar el desayuno y a responder unos correos del trabajo.

Cuando Mia apareció un rato después, vestía un mono amarillo que, aunque no revelaba mucho, se aferraba a sus curvas. Verla fue como ver el sol salir tras una tormenta.

Le invadió la lujuria, pero refrenó su deseo. Después, con una mirada de disculpa, dijo:

–Todo congelado.

–Seguro que está delicioso –respondió ella con tono alegre.

Él habría preferido darse un banquete con ella.

–¿Tienes prisa? –preguntó al verla con la bolsa de viaje en la mano.

–Quería tenerlo todo listo para el viaje de vuelta –dijo al soltar la bolsa–. No estaba acicalándome, por si te lo preguntabas.

–¿Por qué iba a pensar eso si eres una superestrella de la moda?

–Aspirante.

–Tienes que soñarlo antes de vivirlo.

–¿Así que ese es tu mantra, eh? –preguntó Mia acercándose.

Él sirvió el café mientras ella inhalaba el aroma y sonreía.

–Me ha funcionado.

De pie junto a la encimera de la cocina, se tomaron los sándwiches de huevo.

–Espera, tienes una miga –dijo él acercándole el pulgar a un extremo de la boca.

Ella se quedó quieta y él le rozó los labios con los suyos.

–Así mejor.

–No des por hecho que esto significa más de lo que es en realidad –dijo Mia tras un incómodo silencio.

–¿Qué? ¿Quitarte un trozo de comida de los labios?

–Ya sabes a qué me refiero.

–¿No es esa la típica frase que suele decir el chico? ¿Sin ataduras?

–Aunque haya pasado, no me van los encuentros casuales.

–A mí tampoco.

–Y, además, estoy demasiado ocupada con mi trabajo.

–Claro.

–Pero soy adulta y madura, así que sé que estas cosas pasan.

–¿Y si se repite? ¿Qué me dices de salir juntos?

Mia abrió los ojos como platos.

–¿Nosotros? No, olvídalo.

–¿Por qué no?

–Ya sabes el porqué y empieza por nuestros apellidos.

–Los Bensen creen que somos pareja, así que tenemos que seguir con el juego.

–Hasta que consigas el contrato…

–Y Katie te consiga un contacto con alguna firma.

Por un momento, ella pareció decepcionada.

–Sí, cierto.

–Venga, no querrás que Carl piense que lo nuestro ha sido solo una relación fugaz por despecho –dijo Damian medio en broma–. Ahora mismo cree que has pasado de página con su antiguo jefe.

Por alguna razón, el comentario no la animó.

–Y no olvidemos por qué hemos acabado en la cama.

–Por la tormenta…

–Por tu rebeldía. Admítelo, soy tu mayor acto de rebeldía hasta la fecha.

–Esta mañana estoy más lúcida.

–Pero sigues estando preciosa.

–Mis diseños deberían sacar lo mejor de una mujer.

–Sí, ya me he imaginado que el mono sexy es una de tus creaciones.

Ella se humedeció los labios, pero dio un paso atrás, como si no se fiara de sí misma.

Damian se puso serio.

–Tengo que parar un momento en un sitio antes de que salgamos para Nueva York.

Mia ladeó la cabeza como preguntándole.

–Tengo que ir a Construcciones JM. Mi padre me ha pedido que me pase por allí y… –se encogió de hombros– nos pilla de paso.

–Bueno, ya hemos tenido nuestro momento con los Serenghetti, así que supongo que es justo.

–¿Una Serenghetti queriendo ser justa con un Musil? Nunca digas de esta agua no beberé.

Veinte minutos después, cruzaban el aparcamiento en dirección al coche.

–Puede que sea una conversación extensa, así que a lo mejor quieres entrar conmigo –dijo Damian mientras guardaba las bolsas en el maletero.

–Imagino que esta vez serás tú el que me proteja de tu familia –

respondió ella poniéndose las gafas de sol.

Damian contuvo una carcajada y dijo:

–No necesitarás protección.

–¿Porque soy una chica dura?

–Sí, y porque estarán demasiado ocupados atacándome a mí.

–Con una Serenghetti en el edificio, ¿no les preocupará el espionaje corporativo?

Él sonrió.

–Vamos, podrás juzgarlo por ti misma.

Construcciones JM estaba ubicada en una anodina zona comercial junto a una de las carreteras que salían de Welsdale. De adolescente Mia había pasado por delante muchas veces sin prestarle demasiada atención al lugar excepto para preguntarse si Damian estaría allí.

En ocasiones él había trabajado allí durante el verano, al igual que sus hermanos lo habían hecho para Construcciones Serenghetti, y había un episodio en particular que se le había quedado grabado en la memoria: ella se dirigía al local de yogures helados para reunirse con unas amigas del instituto y Damian estaba descargando material de la parte trasera de la camioneta. Sus miradas se habían topado; después, él la había mirado de arriba abajo y había esbozado una sonrisa casi imperceptible, y ella se había apartado el pelo del hombro y había seguido andando como si no lo hubiera visto. Sin embargo, por dentro Mia había bullido. De rabia. O eso se había dicho.

Y ahora, años después, habían pasado la noche juntos.

Se había despertado dos veces; la primera, había encontrado a Damian con un brazo echado sobre ella, y la segunda, se había encontrado a sí misma acurrucada a él. Cuando había salido el sol, se había levantado y en puntillas había ido a la habitación de invitados a darse una ducha y a aclararse las ideas.

Los Musil y los Serenghetti no salían juntos ni se acostaban los unos con los otros. Damian y ella se habían ceñido a un acuerdo provechoso para ambos que al final se había complicado, pero aún había tiempo para reconducir la situación. Era una cuestión de negocios.

Cuando entraron por la puerta principal de Construcciones JM, Mia miró a su alrededor. Todo se parecía bastante a Construcciones Serenghetti o, mejor dicho, a lo que había sido la empresa familiar cuando ella era pequeña. La empresa de los Musil seguía siendo pequeña y rudimentaria, aunque era un oponente que les pisaba los talones.

No estaba muy segura de qué se había esperado al entrar allí, tal vez algo más inquietante e imponente o la melodía de Darth Vader sonando de fondo.

Damian le indicó que lo siguiera y doblaron una esquina en dirección a los despachos situados al fondo. Reconoció a Jakob Musil al instante. Esa versión en mayor de Damian se encontraba en el pasillo charlando con un joven. Cuando este último se giró, Mia lo reconoció también. Era Valentin, el hermano pequeño de Damian.

–Damian, por fin llegas –dijo Jakob bruscamente.

–Papá, ella es Mia Serenghetti –dijo Damian ignorando la crítica implícita en el saludo de su padre.

Mia se preparó para lo que pudiera pasar, pero si Jakob o Valentin se quedaron impactados o sorprendidos, no lo demostraron.

–Ah, Mia Serenghetti. Me acuerdo de cuando eras… –comenzó a decir, indicando con la mano una altura inferior a metro y medio.

–Encantada de verle, señor Musil.

–¿Has venido como emisaria de la familia para negociar el concurso por la adquisición de Construcciones Tevil?

–No sé nada de eso, señor Musil. Ahora es mi hermano Cole el que se ocupa de la empresa.

Gracias a Jordan sabía que Construcciones Tevil era el último motivo de rivalidad entre los Musil y los Serenghetti.

–Pero sigues siendo una Serenghetti, ¿no? Y la hija de Serg.

–Sí, pero…

–Papá, Mia ha venido porque ayer otra pareja nos invitó a jugar una partida de golf.

–Interesante –comentó Valentin.

–Nos pidieron que formáramos pareja para jugar –añadió rápidamente Mia encogiéndose de hombros–. En las partidas de golf se hacen muchos negocios.

Damian le lanzó una mirada de diversión y ella apretó los labios.

Perplejo, Jakob la miró.

–¿Entonces mi hijo y tú estáis en el mismo equipo?

–No exactamente.

–Claro, ¿quién iba a creer que un Musil…? –señaló Valentin.

–Fue una cita de negocios –aclaró Mia.

–Normal, porque todos sabemos que Damian y tú no estáis al mismo nivel –contestó el joven.

Mia enfureció. ¿Estaba sugiriendo que Damian no era suficiente para ella o al revés?

–Nosotros tampoco estamos al mismo nivel –comentó Jakob.

–Papá… –dijo Damian con gesto tenso.

–¿Entonces por qué vienes tan poco? Ese piso tuyo está acumulando polvo.

«Pues anoche no, precisamente».

De pronto, Mia sintió la inexplicable necesidad de defender a Damian.

Después de todo, podía identificarse con él y entendía lo que era no querer caer en una dinámica familiar desalentadora, entre otras cosas. Sin embargo, mantuvo la boca cerrada.

–He estado ocupado.

–Sí, con el nuevo imperio Musil. ¿Es que no podías haber levantado lo que tenemos aquí? Nos habría venido bien contar con tu título de Dirección de Empresas –añadió Valentin con sequedad.

–La construcción nunca ha sido lo mío.

–¿Te parece anticuada? ¿No te gusta trabajar con las manos y ensuciarte?

Mia empezaba a sentirse incómoda. La conversación estaba dando paso a una discusión, igual que había pasado con su familia.

Damian suspiró como si fuera una conversación que hubieran tenido ya.

–No es por eso.

–No olvides –dijo Jakob señalando a su alrededor– que este negocio ha pagado tu educación –y dirigiéndose a Mia añadió–: ¿Tú qué opinas?

–Yo…

–Vamos a dejar a Mia al margen.

–¿Por qué? Si la has traído aquí, está claro que es importante. Y además es una Serenghetti. Seguro que tiene algo que opinar al respecto.

–La verdad es que yo también me marché a Nueva York, así que mi opinión sería algo parcial.

–¿Pero visitas a tu familia? –insistió Jakob.

–Bueno, yo…

Jakob se rio.

–Y no nos guardas rencor a los Musil porque no tienes nada que ver con Construcciones Serenghetti.

–Bueno, para ser justos, sí que sé que mi familia y usted comparten una historia.

–¿Qué historia?

–El incidente con el ejecutivo de Kenable, papá –señaló Damian–.

Empecemos por ahí ya que vamos a revivirlo todo.

–¿Qué pasa con eso? –preguntó Jakob mirando a Damian y bajando las cejas.

Esa mirada le era familiar a Mia. La había visto en Serg Serenghetti. Se preguntó qué pensaría su padre sobre la similitud con su enemigo y rival.

Valentin suspiró y se apoyó en la pared del pasillo.

–Vamos allá.

–Papá, se llevó una casa de invitados gratis –dijo Damian.

–Eso pasó una vez dejó de trabajar en la promotora del centro comercial.

–Pero lo hablaste con él antes de conseguir el contrato.

–Surgió en una conversación. De todos modos, ¿qué más da? –preguntó Jakob con impaciencia–. Construcciones JM era la mejor opción para ese trabajo.

–Y él se llevó una casa de invitados nueva por conseguirte el negocio.

Jakob negó con la cabeza.

–No, él pagó los materiales y nosotros le proporcionamos la mano de obra. Era un proyecto pequeño y ahora es amigo mío. ¿Qué tiene de malo hacerle un favor a un amigo?

Damian suspiró.

–Papá, llevamos años con el mismo asunto. Asumamos que nunca vamos a ponernos de acuerdo.

–¿Crees que es fácil levantar un negocio nuevo y cuidar de tu familia?

Y luego perdí a mi esposa. Hice lo que tuve que hacer para sobrevivir. A lo mejor ahora no volvería a tomar la misma decisión.

A Mia se le partió el corazón.

–Señor Musil, lo entiendo.

Los tres hombres se quedaron quietos y la miraron. No sabía a quién había sorprendido más.

–¿Ah, sí? –preguntó Jakob.

–Sí. A veces no importan los hechos, sino cómo elijamos interpretarlos e interpretar nuestras opciones en el momento en cuestión –tal vez Construcciones JM había cometido algunos deslices, sobre todo al principio, pero las empresas cambiaban. Las personas podían cambiar.

Lo entendía porque ella también estaba intentando levantar su propia marca. Siempre se había concienciado para no perder la integridad, pero la competencia era dura, al igual que en cualquier otro negocio, y la tentación podía estar acechando en cualquier esquina.

El padre de Damian se relajó un poco.

–Llámame Jakob. Y eso que has dicho explícaselo a tu hermano Cole.

–No puedo. Ahora mismo no nos llevamos muy bien precisamente.

Jakob miró a su hijo y miró a Mia.

–No voy a preguntar por qué.

Damian murmuró algo, pero en general pareció como si la tensión se hubiera disipado.

–Papá, ¿por qué querías que pasara por aquí? –preguntó Damian con tono paciente.

De pronto Jakob se rio y se le iluminó el rostro.

–Tengo algo que darte –miró a Mia y añadió–: Y me parece que es el momento perfecto.

Lo siguieron hasta su despacho y, una vez allí, Jakob sacó una caja roja pequeña y se la entregó a Damian.

–Toma. Tu madre quería que lo tuvieras. Son parte de sus pertenencias personales que quería dividir entre tu hermano y tú cuando ambos tuvierais treinta años. Como no estabas en Welsdale en el cumpleaños de Valentin, te lo doy ahora que estás aquí. Esto es para ti.

–Gracias.

–No tienes que abrirlo ahora.

–Sí, creo que Mia ya ha visto suficiente drama por hoy.

Mia respiró hondo. Había sido un fin de semana intenso. Primero su familia y ahora los Musil, y eso sin contar el pequeño interludio con

Damian. Por Dios, había dormido con el enemigo y ahora le costaba recordar que lo era.

Después, todo pasó muy rápido. Jakob los invitó a quedarse a tomar un café y enseguida Mia comprobó que los Musil estaban marcados por la pérdida y por una historia intensa. Cuando finalmente Jakob y Valentin tuvieron que volver al trabajo, Damian y ella se pusieron en marcha.

Fue entonces cuando Mia cayó en la cuenta de que tenía por delante un largo camino de vuelta a Nueva York confinada con él en un coche.

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