Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Varias Autoras · Capítulo 33 de 35

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Pack Bianca y Deseo octubre 2021

Cap�tulo Quince

Capítulo Quince

–Es un hombre turbio y deshonesto y yo debería haber escuchado a mi familia.

–Jamás pensé que esas palabras pudieran salir de tu boca –dijo Gia.

–¿Cuáles? ¿Que es turbio y deshonesto?

–No, que deberías haber escuchado a tu familia.

–¿Cómo he podido ser tan tonta?

–Deja de fustigarte. Está claro que vuestra relación es complicada por los apellidos que tenéis.

–No tenemos ninguna relación –Mia cerró los ojos y respiró hondo–. No he hablado con Damian desde que me enfrenté a él en su despacho y él ni siquiera ha intentado ponerse en contacto conmigo.

Habían pasado dos días enteros desde el viernes, cuando se había comunicado en la WBEN-TV que Damian era el nuevo propietario y que los programas quedaban cancelados.

Lo único que estaba evitando que se metiera bajo las sábanas para no salir nunca era esa cena que estaba tomando con Gia. Había lavado las sábanas, pero la esencia de Damian flotaba por todo su apartamento.

Mierda.

Estaba claro que Damian había tenido todo el fin de semana para pensar y que, aun así, no había recapacitado.

–Venga…

–No, Gia, en serio. Teníamos una relación que nos beneficiaba a los dos desde el punto de vista laboral.

–Ya, ya.

–¿De qué lado estás? Creía que del mío.

–Los dos os gustáis. Cualquiera puede verlo.

–Gracias. Da gusto saber que soy tan transparente. Ropa transparente, a lo mejor es el nicho de mercado que se me ha estado escapando.

Su prima se rio.

–No lo humanices. Es una bestia.

–¿Dentro o fuera de la cama? –preguntó Gia con picardía.

Mia se sonrojó.

–He sido víctima de una gran estafa.

–Él no sabía que estaba cancelando los programas de tus padres.

–Pero cuando se enteró intentó justificarlo diciendo que era un asunto empresarial

¿Era eso lo que su relación había sido para él? ¿Un asunto de negocios?

A Mia le vibró el teléfono y, al levantarlo, vio que era otro mensaje de sus hermanos, esta vez de Cole. Lo ignoró y metió el móvil en el bolso.

–Oye, ¿no crees que estás reaccionado así porque ves esto como una traición personal?

–¿Qué?

–Si le importaras a Damian, ignoraría los planes de la cadena de televisión.

–Tú no te muerdes la lengua, ¿eh, Gia?

Se le encogió el corazón. Su prima tenía razón. Estaba enamorada de Damian y ahora tenía la prueba de que a él le importaba un comino.

Por otro lado, una vocecita dentro de su cabeza le decía que si tanto lo amaba, ¿no debería apoyarlo para que hiciera lo mejor para su negocio incluso a expensas de su familia?

Qué follón. No podía acusar a Damian de no valorar su relación sin resultar una hipócrita.

Por otro lado, el programa de su madre era fantástico. Ojalá Damian pudiera verlo por sí mismo.

Abrumada por la mezcla de emociones dijo con decisión:

–Tengo que ayudar a mi madre.

–Pues no sé qué podrás hacer aparte de chantajear a Damian.

–Soy la única de mis hermanos que no ha salido en el programa de mi madre últimamente y ahora el programa se ha terminado.

–¿No le queda ninguno por grabar?

–Uno o dos.

–Pues entonces vete a Welsdale y aplaca tu sentimiento de culpa.

Gia acababa de ponerle voz a una idea que había empezado a germinarle en la cabeza.

–Tienes razón. Puede que esto no cambie nada, pero…

–Al menos así tendrás un recuerdo maravilloso con tu madre.

Sí. Aunque todos lo que había vivido con Damian quedarían ya en el pasado, incluso aunque su aparición en el programa de su madre lo convenciera para mantenerlo en antena.

No le había costado localizar a Rick Serenghetti. Con unas cuantas llamadas había averiguado que el hermano de Mia estaba en Nueva York en viaje de negocios.

Aunque había estado dispuesto a volar hasta Los Ángeles de haber sido necesario, parecía que, al menos esta vez, lo había acompañado la suerte.

Y ahora, por fin, se había reunido con el mediano de los chicos Serenghetti en el vestíbulo de un ostentoso hotel del centro.

–¿Sabes? –dijo Rick desde el otro lado de la mesa–, he dudado si venir o no.

–Te agradezco tu tiempo.

–Pero entonces he pensado que podía darme la satisfacción de ser el primero de mis hermanos en machacarte.

Damian no podía culparlo cuando les había quitado el programa sus padres y había roto con su hermana en la misma semana. Si se hubiera tratado de Cole, habría sido más probable que se produjera un altercado físico, pero Rick estaba sereno.

–Chiara me ha convencido para que viniera. Cree que tienes ciertas virtudes.

–Me alegra saber que la familia política de los Serenghetti no es tan…

–¿Hostil como los hermanos de Mia? –Rick se recostó y apoyó los brazos en el respaldo del banco acolchado–. He oído que Mia evitó que Cole y Jordan te pusieran de patitas en la calle en Welsdale.

–Pero los Musil y los Serenghetti ya no compiten por Construcciones Tevil, así que hemos dado dos pasos adelante para mejorar la relación entre las familias.

–Dos pasos muy pequeños, y ahora has dado uno muy grande hacia atrás.

–Lo voy a rectificar.

Rick enarcó las cejas, intrigado.

Para prepararse para esa reunión, Damian había hecho un maratón de viejos episodios de Sabores de Italia y estaba claro que el programa era

muy atrayente además de muy familiar. Camilla había llevado como invitados a varios familiares… hasta que él había sacado el cuchillo de carnicero y había cortado el resto de entregas.

Aun así, haber visto el programa había sido un buen modo de conocer a los Serenghetti. Se había divertido mucho viendo pasar por allí a Cole, Rick y Jordan con sus respectivas parejas, y sin despegar la mirada de la pantalla había devorado los episodios en los que había aparecido Mia, tan comestible y apetecible como la crema italiana que estaba ayudando a preparar.

Pero antes de poder contarle su plan a Rick, vio entrar a una atractiva mujer que llevaba de la mano a un niño pequeño. Incluso ataviada con un sencillo vestido de tirantes de rayas y con las gafas de sol cubriéndole la mirada, reconoció a la actriz Chiara Feran. Había visto la noticia de su romance con Rick cuando había salido a la luz años atrás.

Rick se levantó y él hizo lo mismo.

–Vincent quiere dar un paseo –dijo Chiara con una sonrisa–, así que vamos un rato al parque.

–La nueva generación de Serenghetti es una monada –comentó Damian.

–¿Así que ya conoces a Dahlia? –comentó Chiara con una sonrisa.

–Digamos que en aquella ocasión fue la más amable de la familia.

Mientras Chiara se reía, él extendió la mano.

–Soy Damian Musil.

–Chiara Feran –dijo ella estrechándosela–. He oído hablar mucho de ti.

–¿En serio Vincent quería salir a dar un paseo? –preguntó Rick metiéndose las manos en los bolsillos.

Chiara miró a su marido con gesto de diversión.

–Solo queríamos pasar a despedirnos antes de irnos.

–Como puedes ver, Musil sigue de una pieza –dijo Rick.

Damian supuso que a Chiara debía de haberle costado mucho convencer a Rick de que esa reunión merecería la pena. Por la razón que fuera, la cuñada de Mia estaba dispuesta a echarle una mano.

Al parecer, solo mujeres tan fuertes como Mia eran capaces de manejar a los hermanos Serenghetti.

Rick despeinó a su hijo con cariño.

–Bueno, entonces nos vamos –dijo Chiara.

Rick la besó en los labios.

–Estás genial y es un vestido muy apropiado para el calor que hace.

–Me alegro de que te guste –y mirando a Damian, Chiara añadió–: Es un diseño de Mia. A que es fantástico.

Tenía un diseño perfecto.

–Disfrutad… de la charla –añadió la mujer antes de marcharse con su hijo.

Cuando volvieron a sentarse, Rick dijo:

–Bueno, ¿a qué viene esta reunión?

–Tengo una propuesta y necesito tu ayuda.

–Y yo tengo una primicia que darte –respondió Rick con sequedad–.

Los Serenghetti y los Musil no se ayudan entre sí.

–Y tampoco salen juntos.

–Mi hermana tuvo un desliz, pero, por lo que he oído, lo ha enmendado.

–Entonces, ¿por qué has accedido a verme?

–No debería decir esto, pero Mia está destrozada. Se culpa por lo que ha pasado con mis padres.

–Quiero arreglarlo.

–No creo que sea posible. Una vez que mi hermana toma una decisión, es difícil, si no imposible, hacer que la cambie.

–Lo sé.

–Entonces o eres un iluso o…

–Me importa –«no puedo dejar de pensar en ella. Quiero estar con ella».

Rick se quedó mirándolo en silencio y finalmente suspiró y dijo:

–Venga, dispara.

–Quiero ayudar a tu madre a crear su propia productora. Quiero seguir emitiendo Sabores de Italia pero con un toque más fresco. El objetivo es subir la audiencia y mantener el nombre del programa.

–¿Sabes? He estado planteándome que nosotros mismos produjéramos el programa. Tengo una productora, aunque de momento solo producimos películas. Lo ideal sería que mi madre tuviera la suya propia.

Genial. Si Camilla tenía una nueva productora, el problema estaría resuelto o medio resuelto. Del resto ya se ocuparía él.

–¿Pero para qué te necesitamos? Mi madre podría hacer que emitieran su programa en cualquier parte.

–Imagino que tu madre valorará la oportunidad de poder seguir en la cadena local, en el mismo canal en el que empezó.

–Y esa es precisamente la cadena de la que ahora eres propietario. Dato que, por cierto, no compartiste con mi hermana.

–No sabía que el programa era de los Serenghetti. Y tampoco soy mucho de ver programas de cocina.

–Si sigues con mi hermana más tiempo, acabarás viéndolos.

«Es lo que pretendo».

–Bueno, al menos estamos de acuerdo en una cosa. Mi madre necesita su propia productora.

Ahora Damian necesitaba que Rick convenciera al resto de la familia.

Había llegado el momento de sellar el acuerdo.

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