Tan cerca
59. Elder
¡No, no, no, no, no!, suplica Shelby.
Las palabras giran dentro de mi cabeza. Sé que nunca saldrán de ahí.
Amy me besa.
No, no, no, no, no.
Me dice que alguien ha hecho esto por unas palabras estúpidas que Orion grabó cuando tenía mi edad. Que quien lo ha hecho quería asegurarse de que nadie abandona la nave jamás.
No, no, no, no, no.
Me conduce al tubo gravitacional, me lleva al nivel de alimentación, me muestra la puerta camuflada y me habla de las escaleras que se ocultan al otro lado.
No, no, no, no, no.
La puerta se abre con un chirrido, pero yo solo oigo una voz.
No, no, no…
¡BUM!
Una nueva explosión sacude el suelo y hace que se estremezca el hospital. Algunas tejas de la parte superior se desmoronan y rebotan por las paredes hasta hacerse añicos contra el suelo. La puerta se abre y por ella sale un torrente de personas envueltas en humo denso y oscuro. De las ventanas superiores salen varias escalas de emergencia por las que empiezan a bajar personas; cuando están cerca del suelo, se dejan caer y salen disparados hacia el archivo.
—¿Qué frexo pasa aquí? —exclamo mientras Amy me agarra del brazo. El suelo todavía se agita bajo nuestros pies.
—¿Qué sentido tiene poner una bomba en el hospital? —dice.
Solo sale humo de las ventanas de la planta baja. No se ven llamas por ninguna parte.
Miro a Amy: nunca la había visto tan pálida.
—Dios, Elder. La bomba no estaba en el hospital…
—… sino en el nivel de criopreservación —remato.
—Mis padres —susurra con la mirada extraviada—. Elder, hay una escalera que baja… Estoy segura de que lleva al nivel inferior. Sé dónde está. Puedo…
—Ve —digo. La agarro de los hombros y la miro a los ojos hasta que noto que vuelve a la realidad—. Ve con ellos, Amy, pero ten cuidado. Puede que quien ha hecho esto siga allí abajo.
Ella traga saliva.
—No creo que la explosión haya podido destruir por completo el nivel de criopreservación, Amy. No, seguro que no. Ya verás cómo tus padres están bien.
Empieza apartarse, pero sus dedos no sueltan la manga de mi túnica.
—Vete, Amy —insisto con voz suave—. Puedo arreglármelas solo. Ocúpate de tus padres y deja que yo me ocupe de la nave. Eso sí… —hago una pausa—. Amy, si ahí abajo ves algo o alguien extraño… Si crees que corres peligro, vuelve conmigo de inmediato.
Ella asiente con un cabeceo breve y echa a correr sin despedirse.
Yo me vuelvo hacia la nave.