Tarántula
Sobre romper la barrera del sonido
El agujero del Fa del dobro de neón dio un tañido y alcanzó el clímax por una letra decepcionante de colchón fugitivo calle arriba mientras manoseaba trofeos de visitante y acomodaba al vagabundo en la cama con la bolsa en la cabeza junto a un pariente cercano a la desnuda sombra, un corazón chismoso y lobo de inevitable llovizna plateada amenazando un útero con la apertura de un charco oxidado, sin fondo, un rudo despertar y ya se ha ido helado con nebulosos sueños del día de su nacimiento. / En un muelle tristemente sin vela sentado y dependiendo de un guía sucio, no te sientes tan flagrantemente importante / éxito, gimen los orificios de su nariz. Las fábulas más viejas y los reyes caídos e inhalan modales de furiosa proporción, los exhalan contra un lodo cristalino… hasta horrorizarse de la misería de carros anegados de agua, grotescos y vomitando en las flores de auxilio adicional a la futura traición y contando horribles historias de la influencia del ayer. / Ojalá estas voces se unan con agonía y las campanas y se derritan ahora sus mil sonetos mientras la mujer en bolas de naftalina, blanca, tan dulce, se encoge sobre su radiador, muy lejos y mira dentro con su telescopio. / Te sentarás enfermo de frío y en un armario sin encanto, siendo solo aliviado por tu oscuro amigo jamaicano; dibujarás una boca en la bombilla para que se ría más libremente.
Olvida adonde vas.
Vas a un fantástico hexagrama
de tres octavas. Ya lo verás.
No te preocupes. No vas
a coger flores silvestres… Como
te dije, vas a un titánico tantagrama
de tres octavas.
Tu pequeña ardilla.
Pety el Espiga