Tarántula

Bob Dylan · Capítulo 89 de 95

Páginas del PDF

Tarántula

Los vándalos tomaron las riendas (una ópera)

LOS VÁNDALOS TOMARON LAS RIENDAS

 

(UNA ÓPERA)

 

Al condado de la Duquesa del Sur llegan Ellos y el Tonto de Woolworth y la triunfante Alice Toklas, el Banco Nacional en manga corta y los regulares — los sinceros regulares—, la Casa con su última diversión, aún criando y un sótano lleno de imaginarias campesinas rusas sosteniendo triángulos; los triángulos son de verdad; la Casa en la Doomstown, una academia; un cura con sus ganancias de Reno llega en un paracaídas… «¡integra la casa!». «Solo si quieres vivir donde no eres bienvenido.» «Entonces ¡bombardea la casa!» «Solo si quieres vivir ahí solo.» «¿Qué sugieres entonces?» «Es una casa inútil. Déjala en paz. No es feliz en sí misma. Engendra el desastre, te fuerza a aprender cosas que no tienen ninguna relación con el mundo exterior y después te pone de patitas en la calle. La casa no te necesita. ¿Por qué tendrías que caer tan bajo como para necesitarla? Déjala. Aléjate de la casa.» «No, amigo mío, tu manera de pensar se llama rendirse.» «Haz lo que quieras, pero lo tuyo se llama perder, ni siquiera es una manera de pensar.» El cura se marcha con la mirada baja; está examinando las piedras pero se olvida de que su paracaídas ya ha sido usado. Alice Toklas está estirada sobre un montículo de hierba y bendice una flor. «¡Oh el enemigo —cuidado con el enemigo—, el enemigo es Santa Claus!» La flor no la necesita; la flor necesita lluvia.

Nos sentamos en una habitación donde Harold, que se llama a sí mismo

«Señor de los animales muertos», estaba bajando por una escalera y dijo: «¿Amigo o enemigo? ¿Amigo o enemigo?», llevaba un chal negro y alguien dijo que había experimentado la profundidad de los espejos. Poncho estaba muy asustado y gritó: «¡Yo te daré un amigo o un enemigo, esperpento!», y le hice una llave de yudo y metí su cabeza entre la escalera. «No tenías que haberlo hecho», dijo una chica muy viril que bajó por la chimenea. «Es muy huraño pero es un buen tipo. ¿Quiere alguien un trozo de pan?» Poncho dijo que quería un trozo de riñón. Yo dije que quería un trozo de aparte. La chica empezó a llorar.

En las fotos se ve la arena de Niza y Tánger y todos los hechiceros con

aspecto elegante, y entonces llegan los esclavos del radar. Cada uno quiere ser un apóstol y llevan los electrogramas; los llamamos Empleo y cada uno dice cosas como «Llévatelos de aquí» y «Tíralos, Johnny» y «¡No me gusta Harry James en absoluto!» y Hefty Latoso, un deshecho horrible de la generación beat y dudoso friki saludable dice a su desconcertada chicapájaro, Ñita Ñita la Dyke: «Oh venga, no te cuesta nada decirle a todo el mundo que soy el tío más enrollado que has conocido en tu vida. Venga, ¡yo hago un montón de cosas por ti!» y Ñita Ñita dice: «Pero yo nunca veo a nadie. ¡Nunca me dejas ver a nadie!». Y entonces Olivia, que en una ocasión provocó una pelea callejera por los ojos de Carl Perkins y ahora hace máquinas de la risa para ricos demócratas, trae el equipo y de pronto te ves arrastrado por un estrecho puente donde cientos de turistas siguen y te tiran pesados discos a los pies y te meten en una gigantesca bocina de autobús y las voces gritan «¡Yo quiero ese! ¡Yo quiero ese!». Madam Recuerda aparece y se lleva tus fotos y lo único que queda del mundo exterior es tu mano; pequeñas criaturas la muerden y las madres gritan GRITAN: «Sí, tendrá mi voto. Votaré por él un día de estos». Ahora eres una vena de plástico; has desaparecido dentro de un perfecto mensaje; históricas llamadas por teléfono llegan a tu vientre y curiosos tabernáculos avanzan lentamente por tu cabeza, haciendo autostop, haciendo autostop sin vergüenza por las boberías de tu cerebro. Tus ideales han desaparecido y lo único que queda son las fotos recortadas en las que estás en el supermercado. El autobús aún funciona pero ahora coges taxis con los chicos de la selva… Egoísta te enseña su diario y dice: «He aprendido a estar callado», y tú dices: «No has aprendido nada. Acabas de decir algo».

Las buenas personas de aquí tienen muchas preguntas; matan a los

elefantes a golpes con palos de caramelo. «Un oso blanco es un oso loco», dicen los ladrones que en realidad no son ladrones sino gente llana que espera que sus amigos no se pongan enfermos y así necesitarlos. Hay una enfermedad en la montaña y un lirio de la polio salió de un monedero verde el pasado do mingo. Hay una peligrosa moneda de cinco céntimos en la plaza del pueblo. Todo el mundo está esperando a ver quién la coge… BUSCAR ES DESCUIDAR Y LA SUERTE VIOLENTA ES ESTAMPIDA y por aquí somos un montón pero solo cogemos dólares.

Aquí yace Bob Dylan,

asesinado

por la espalda

por carne temblorosa

que, después de ser rechazada por Lázaro,

saltó encima de él

por soledad,

pero quedó maravillada al descubrir

que él era ya

un tranvía y

ese fue exactamente el fin

de Bob Dylan.

Ahora yace en el salón de belleza

de la Srta. Realmente.

que descanse en paz

su alma y su grosería.

Dos hermanos

y el chico de una tía desnuda

que se parece a Jesucristo

pueden compartir ahora los restos

de su enfermedad

y sus números de teléfono.

No hay fuerza

para dar.

Ahora todo el mundo

puede recuperarla.

Aquí yace Bob Dylan,

molido por la cortesía de Viena,

que ahora se atribuirá haberlo inventado

y la gente enrollada

podrá escribir Fugas sobre él

y Cupido podrá dar una patada a su lámpara de petróleo. Bob Dylan, asesinado por un Edipo que fue rechazado que se dio la vuelta

para investigar a un fantasma

y descubrió que

el fantasma también

era más que una persona.

El Distrito de la Duquesa del Sur importa pirámides y carro ñeros a carretadas y Primo Marimacho se marcha para ganar tres dólares la noche hablando de platillos volantes. Un belicista, Antonio, trabajando noche y día en un garaje, pasa de contrabando candados a los nadadores olímpicos y alquila mu jeres a los jugadores de béisbol. Es muy callado y está siempre al tanto de la moda. Conoce su geografía religiosa, prepara a su hijo para ser gorila y después lo alquilará para los roperos de la gente. Dice que su mano derecha sostiene la guerra pero que su mano izquierda sostiene una húmeda sonrisa paranoica. El belicista Roach, la última vez que fue visto, estaba persiguiendo un tren; dice que su mano derecha sostiene la paz pero que su mano izquierda fue vista sosteniendo el pomo de una puerta y una escarpia… El Distrito de la Duquesa del Sur con vendas y la pequeña lady Bronceada tratando de analizar a los terroristas Albinos… El Distrito de la Duquesa del Sur —puro como las visiones y sin educación— sobrevivirá a los mortales complementos, a la falta de vacaciones y a todo lo posible.

No puedes engañarme, soy demasiado listo. Tú

estabas en el metro cuando apuñalaron a aquel

chico, estabas allí sentado, estabas en la calle

cuando el coche negro se paró y lanzó un bulto

al río. Te diste la vuelta y fuiste hacia un teléfono

y fingiste hacer una llamada. También estabas

allí cuando castraron a aquel pobre chico en público.

No puedes engañarme, no eres tan duro. Sin duda,

adoptaste una actitud firme contra la delincuencia

juvenil. Dijiste que había que echar a todos los matones

de la ciudad. Oh eres tan valiente. Claro, dices

que eres un patriota, dices que no tienes miedo

de lanzar una bomba H y enseñar a todos que hablas

en serio pero lo único que dices es que no tienes

miedo de tirar una bomba H. ¿Cómo puedes decir

que mis chicos tienen que aprender de un buen

ejemplo? También pueden aprender de un mal

ejemplo, pueden aprender tanto de ti como de mí.

Ya no me tienes bajo tu poder, y no porque

yo sea escurridizo sino porque tus manos son

de agua… Cuando quieras hablar conmigo, dímelo

con bastante tiempo. Tendré un cubo esperando…

y el hecho de que tu mujer esté embarazada no te da

derecho a inmiscuirte en mis asuntos ni en los de mi

amigos. Pregúntale a tu esposa si me recuerda.

Sinceramente tuyo,

Simon Dord

P. D. Quizá me recuerdes como Julius el Bocinas.