Tarántula

Bob Dylan · Capítulo 15 de 95

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Tarántula

Preludio al punteo plano

 

Mamá, aunque no tengo ninguna intención de descalificar tu sombrío mal humor. Mamá con el afligido pastor a tu hombro. El diamante de veinte céntimos en tu dedo. Ya no juego con mi alma como si fuera un juguetito. / Ahora tengo ojos de camello y duermo en un gancho… glorificar las duras pruebas por las que has pasado sería lo más sencillo, pero tú no eres la reina. El sonido es la reina; tú eres la princesa… y yo he sido tu dulce tierra. Tú has sido mi huésped y no te castigaré.

«¿Alguna pregunta?» inquiere

el instructor. Un chico

rubio de la primera fila

levanta la mano y pregunta:

«¿Cuánto para México?».

Pobre musa óptica conocida como tío y lleva un fardo de viento y árboles de la pradera y la clase de tío que dice «santa magia» con un tibio susurro encuentra al granjero que dice «Mira. Tengo un poco de hambre para ti». Y pone un poco de su magnífico trabajo en su nauseabundo regazo. / La cámara de comercio intenta decirle a la pobre musa que Minnesota Fats era de Kansas y no tan gordo, solo notablemente pesado pero que están construyendo un supermercado en la pradera y que debería cuidar al granjero.

«¿Hay alguien que quiera ser algo

fuera de lo normal?», pregunta

el instructor. El chico más listo

de la clase, que llega a la escuela

borracho, levanta la mano y dice:

«Sí, señor. A mí me gustaría ser

un dólar, señor».

El hombre del tiempo dadá sale de la biblioteca después de que un puñado de matones le haya dado una paliza, / abre el buzón, se mete dentro y se acuesta. / Los matones salen / aunque no lo saben, un puñado de fanáticos religiosos se ha infiltrado en el grupo… Toda la pandilla mira alrededor buscando una presa fácil… Se deciden por un acomodador de cine que está sin trabajo y lleva una gorra de piloto y una manta / falta un segundo para el Cuatro de Julio y no se defiende / el hombre del tiempo dada es enviado por correo a Monaco. Grace Kelly tiene otro chico y todos los matones se convierten en hombres de negocios borrachos.

«¿Quién puede decirme el nombre del

tercer presidente de los

Estados Unidos?» Una chica con

la espalda llena de tinta levanta

la mano y dice: «Ernest Tubb».

Más pastillas azules, padre, y trágate las curiosas pastillitas, / estos efusivos cisnes, rituales y gallinas en tu sueño, a los que se ha dado el visto bueno y la loca orden de registro sí y tú, el famoso Vikingo, robando la bomba de relojería de la boquilla de Sophia, te tomas unos Jack Daniels y sales a encontrarte con james Cagney… un armadillo marchoso para tu amiga, tu fiel pandilla y Mona Lisa detrás de ti… Dios mamá, los zagales lo están asando y cómo me gustaría tranquilizarlo y honrarle con paz en las venas. Hacer que se calmara. Todopoderoso y acabar con el horrible hipopótamo de su pesadilla, pero no puedo adoptar el nombre de ningún mártir ni dormirme en ninguna ráfaga de calabozo y estoy harto de caries… Ridículo, el ángel muerto, monopolizando mis cuerdas vocales, llevando hacia delante a su oveja madre y a casa hasta el obituario. Es hostil. Es antigua… Aretha, dulce dorado, / cuya desnudez es algo que te atraviesa, es como una parra. Tu afortunada lengua no me pudrirá.

«¿Hay alguien en clase que

pueda decirme la hora exacta

en que su padre no está en casa?»,

pregunta el instructor. De pronto

todos tiran los lápices

y salen corriendo por la puerta, todos menos

evidentemente el chico de la última

fila con gafas y

una manzana.

¡Rosas jugosas para manos con tos que se juntan y arrancan himnos nacionales! ¡Viva! El campo de fútbol reluce con palomas y callejones por donde los autostopistas vagan y pegan fuego a sus bol sillos resonando con las monjas y los vagabundos y se deshacen de los enclenques sirios, olas de media razón rompientes, los chicos y las chicas y Miguel de cera del solar eclesiástico, que lloran en la flor de la vida y son un chiste de sus gemelos… barcos vacíos en el desierto y polis de tráfico montados en escobas y llorando y colgados de almádenas que enseñan los dientes y todos los trombones se hacen pedazos, los xilófonos se resquebrajan y los flautistas pierden a sus íntimos… mientras toda la banda gime derrochando medidas y latidos de corazón mientras valdría la pena saber quiénes son tus amigos pero también valdría la pena saber que no tienes amigos… Igual que valdría la pena saber lo que no tienen tus amigos. Es más agradable tener aquello por lo que has pagado.

A la mierda, Sam. A la mierda

también tus respuestas. Hitler no cambió

la historia. Hitler ERA la historia. / Claro

que se puede enseñar a la gente a ser hermosa,

pero sabes que hay una fuerza

mayor que uno mismo que enseña

a la gente a ser simplona, y se llama

la fuerza del problema; asignan

los problemas de cada uno. / Tu problema consiste

en que quieres una palabra mejor para mundo…

No puedes matar algo que está vivo y esperar

que nadie se dé cuenta. La historia está viva,

respira; así que corta con esa chorrada,

vete a contar la pasta. Yo tengo que irme. He de ver

a alguien que va a domar mi fierecilla. Espero que

la extirpación de tu pulmón fuera bien. Saluda

a tu hermana.

Te quiere,

Debilucho, Tu

Amigo Pirata