Tarántula

Bob Dylan · Capítulo 57 de 95

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Tarántula

Estruendo en la negra noche

 

Aretha en las dunas del blues. Pluto con la estridente risa del crack y ambulante Aretha, una amenaza para el presidente cuando le dicen de cachondeo ¡venga!, ¡hala!, y el complejo de senectud inhibiéndote… Lear mirando dentro de la peligrosa ventana y arrastrando una montaña y dices: « No, yo soy muda» y él dice: «No, yo no les he dicho a los otros que tú eras Charlie Chaplin y ahora debes estar a la altura de las circunstancias. ¡Es tu deber!». Y Aretha dice: «Ábrete, Lear, ninguno de nosotros tiene agallas para el infinito. Coge el volante y ábrete…» y lo próximo de Aretha — tiene cien Ángeles Extranjeros que pasan por allí diciendo: «Yo seré tu Shakti y tu chico forajido. Elígeme. Elígeme, por favor. Ah, venga, elígeme a mí», y Aretha fingiendo su negra alma intestinal a través de todas las fértiles burbujas y caprichos y alcohólicos escandalosos, Jinx. Poeta Nulo y Plaf de Miedo, todos saltando al infierno con sus conejitos donde la comida es más barata y más caliente y Beethoven Nuclear grita: «Oh, Aretha, yo seré tu muñeco vudú. Pínchame. Vamos a hacerle daño a alguien. ¡Úsame como te plazca! ¡Ay, guapa, por favor! Mi cuerpo bastardo, mi baboso yo, ¡penetra en mí, en mí!». Erudito, su cuerpo sujeto con chicles, judías crudas y esclavos de días pasados, entra desde la carretera armando gran estruendo, con lo que queda del tubo de escape: «¡A ver si miras! Eructa de realidad», pero no está hablando con nadie. Una mariposa nocturna sale volando de su bolsillo y Nulo, la increíble desintegración, te recuerda una vez más a América con la línea de puntos —inútil motivo—, la moral sobrevenida y hombres de pelo plateado escondiéndose en fundas de violines… En un montón de fósforos y éxito permanece la voluptuosa águila coyote, sujetando medio dólar. Un ancla oscila sobre sus hombros. «¡Bien!», dice Beethoven Nuclear, «qué bien saber que hay pájaros de verdad por aquí». «¡No es un pájaro, es un ladrón, se está haciendo un cobertizo con la lechuga que roba!», señala Aretha. Sonido del Sonido, y le importan un rábano los pájaros de verdad, los cobertizos o los Beethoven Nucleares. Aprobaciones, quejas y explicaciones, todo eso le asusta. Su trompeta no tiene taras; sabe que el sol no es cosa suya.

El reparador de audio tropieza en

la puerta con «El sonido es sagrado;

así que entra y habla con nosotros», escrito

en el dorso de su camiseta.