Tarántula

Bob Dylan · Capítulo 59 de 95

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Tarántula

Estruendo hostil en la negra noche

 

 

En este tejado abandonado o taburete de pagoda te ponen y oyes voces diciendo cosas como «Mantenlos a raya, Joe. Ponlos en su sitio», y entonces Orion con mala cara te pasa un trapo y te mantiene limpito y el mismo Rostro Familiar: «He oído que te has comido unos huevos, ¿es eso verdad?», y Orion se chupa la carne y el blues de las inquietudes y sombras de boca de incendios… TÚ —la boca de incendio y Bella Gesta, una boca de incendio— fallas completamente y te vas andando hacia Gibraltar tratando de encontrar tu energía. Te diviertes y te entrenas a puñetazos con tu idioma… Fausto del jardín, Ana Emancipación, que parece un ciervo húngaro, y Tonto, con un cerebro como un iceberg, todos imitando a África… Amante Muerto que hace autostop y fanfarronea y dice que se va a ir a Cartago y no deja de repetir «cuando me muera», pero entonces la mente se le pone morada y eructa mantequilla metodista, y Payaso Centelleante, con una inscripción árabe en la frente, quiere que todo el mundo sepa lo que es su miedo. «¡Tienes que vivir mi miedo para ser mi amiga!», le dice a Lucy Tunia, cuyas piernas vegetarianas brillan como caoba y consuela a Payaso Centelleante en sus ataques cuando no tiene ningún harén… Silbido y Orion tartamudea y tose y SHAZAMMM, el fantasma del opio bajo la rueda del ferri, al lado de la carretera; donde nadie puede pararse, donde no puede molestar a nadie, donde debe seguir el espectáculo… Ahí es donde ÉL quiere morirse. ÉL quiere morirse en medio de las campanas de la catedral. ÉL quiere morirse cuando el tornado golpee los tejados y los taburetes. «Tanto por la muerte», dirá cuando se muera.

El chico que reparte los periódicos entra

por la puerta trasera. El dedo gordo le

asoma por el zapato. Lleva un trozo de

peladura con un número. Llama

por teléfono, y se suena la nariz.