El paciente

Michael Palmer · Capítulo 38 de 47

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El paciente

Capítulo 35

Había algo extraño en la voz de Naehring…

Jessie se estiró para poder ver mejor, cuando el hombre, ya con la bata puesta, se volvió hacia ella.

«¡Alex!»

35

Cuando Alex reemplazó a Emily en la mesa de operaciones, Jessie continuaba diseccionando con ultrasonidos y aspirando el tumor de Claude Malloche.

–Me alegra que haya podido venir, doctor Naehring -dijo Jessie, preguntando con los ojos una docena de cosas a la vez.

–Mark lo hará bien -contestó Alex.

–Bien, Mark. Me alegro de que esté aquí. Holly, ¿va todo bien?

Jessie hizo la pregunta para asegurarse de que Alex se hallaba al tanto de que estaban siendo controlados por un monitor.

–Todo va bien -dijo la técnica-. ¿Por qué?

–Las imágenes tienen un poco de grano, eso es todo.

–Voy a ver qué pasa.

Jessie apagó el micrófono.

–El micrófono está apagado -susurró mientras seguía trabajando con ARTIE

en el tumor de Malloche-. Pero no lo puedo tener así por mucho tiempo. La mujer detrás de mí es uno de ellos.

–Lo sé.

Jessie volvió a encender el micrófono, enderezó la espalda y movió el cuello para relajarlo. Además de tener los músculos contraídos, sentía que su control sobre ARTIE comenzaba a ser un poco torpe. Y a pesar de que el álbum de Marley hacía más fácil la comunicación, la música estaba empezando a irritarla.

«Tranquila -se dijo-. Relájate, mantente atenta. No lo eches a perder.»

–Holly, estamos llegando al centro del meollo -dijo-. ¿Y si cambiamos a Rhapsody in Blue?

-Rhapsody in Blue marchando.

Jessie esperó el cambio de música y volvió a apagar el micrófono.

–¿Me puedes decir qué diablos estás haciendo?

–Naehring estaba en una conferencia en Maui. Pasé toda la noche intentando localizarlo. En cuanto supe lo que hacía me di cuenta de lo buena que era tu idea.

–¿Y qué tiene de bueno eso?

–Me dijo dónde encontrar su poción y cómo usarla.

–¿Por teléfono?

–Y estoy, mmm, bastante entrenado.

Por el rabillo del ojo, Jessie se dio cuenta de que Grace se había acercado

unos centímetros.

–Michelle -llamó, encendiendo de nuevo el micrófono-, todo va maravillosamente. ¿Algún problema?

–Ninguno. Le estoy explicando algunos de los puntos más delicados de la anestesia a la enfermera DelGreco.

«Los puntos más delicados de la anestesia. Difícil de creer», pensó Jessie.

El concepto en sí tenía tanto sentido como si ella se pusiera a explicar los puntos más delicados de la neurocirugía, así sin más. Lo que Michelle le estaba diciendo era que Emily había encontrado la manera de comunicarle algo más sobre la situación sin llamar la atención de los demás. Excelente.

–Bueno, Mark -dijo Jessie-, la disección va muy bien por el momento.

Hans, ¿puedes poner en la pantalla la imagen en preoperatoria? Bien. Mark, el trazo amarillo es el meningioma antes de empezar. Ahora, volvamos a la pantalla actual, Hans…Y esto es lo que queda del tumor en este momento.

–Buen trabajo -observó Alex-. Muy bueno. Este es un tío con suerte.

Le dio unas palmaditas a Malloche en la cabeza como si fuera un cachorro.

La mirada de Jessie se dirigió hacia el techo, advirtiéndolo de la presencia de la cámara que controlaba el campo quirúrgico para Derrick y los demás.

–Michelle -anunció-, dentro de unos siete minutos lo vamos a despertar.

–Estamos listos, doctora. Este tema de Gershwin es buenísimo. No recuerdo que lo hayas puesto nunca.

Micrófono apagado.

–La mujer que está detrás de mí, Grace, y el tipo que está afuera, Derrick, están armados -murmuró Jessie-. Malloche mandó fabricar una pistola antimagnética para ella.

–Este tipo es realmente un genio -respondió Alex-. Tamika interrumpió la conexión. ¿Está bien?

–Por ahora. Pero han roto su ordenador.

Micrófono encendido.

Jessie continuaba guiando a ARTIE, reduciendo el tumor de Malloche con ultrasonidos y aspirando las células derretidas y los restos con la terminal de succión del robot. La mayor parte del tumor, de un sesenta a un setenta por ciento, había desaparecido. Estaban en aguas desconocidas. El éxito de Gilbride con el sencillo tumor superficial de Marci Sheprow iba más allá que el trabajo de Jessie con ARTIE en el cadáver de Pete Roslanski o que la desafortunada operación que Carl efectuó en Rolf Hermann. La complejidad de la disección que ARTIE estaba llevando a cabo justificaba los cientos de horas que Jessie había pasado en la mesa de diseño y el laboratorio. Si al menos su paciente fuera alguien a quien realmente quisiese curar.

–Bien, pandilla -dijo-, ha llegado la hora de prepararse para lo más difícil.

Michelle, por favor, comienza a despertar al señor Tolliver. Tenemos un setenta por ciento del tumor. El treinta por ciento restante nos va a llevar un rato. Mark, vamos a tomarnos nuestro tiempo.

Micrófono apagado.

–¿Estás seguro? – le preguntó.

–Claro que no. Pero Naehring pasó casi una hora al teléfono conmigo. Lo que voy a usar viene de su consulta. Estaba ya mezclado: cuatro drogas en las proporciones justas.

–¿Qué son?

–Escopolamina, pentotal, creo… No recuerdo las otras dos. Jessie, he estado estropeándolo todo desde que supe que Gilbride estaba usando este

robot aquí. Esto no lo voy a fastidiar.

–Buena suerte, Alex.

Micrófono encendido.

–Michelle -dijo Alex-, si no le importa prefiero encargarme de la medicación yo mismo desde aquí.

–Hay un acceso a la vía bajo la sábana al lado de su mano derecha, doctor -

contestó la anestesista-. Es estéril, si hay algo que puedo hacer, dígamelo.

Jessie dio un paso atrás, fuera de los toroides, y se volvió hacia Grace.

–Todo va bien por ahora.

–Ya lo veo -respondió Grace-. Fantástico.

Jessie se colocó tapando con su cuerpo a la joven asesina, de manera que no pudiera ver ni a Malloche ni a Alex.

–Doctor Naehring, todo suyo -anunció Jessie-. Por el momento, ARTIE y yo vamos a diseccionar alrededor del córtex motor izquierdo. Necesito que el paciente continúe moviendo la mano y el pie derecho. Michelle, ¿puedes ver los pies?

–Aquí están.

–Perfecto. Mark, ¿prefieres música o no?

–Música, sin duda alguna. La que hay está bien. Lo quiero bien despierto, Michelle. Luego yo mismo lo haré dormir.

Jessie le sonrió con la mirada. Claude Malloche, el mítico Niebla, asesino de tanta gente, despierto y con la cabeza inmovilizada, con un tubo de un centímetro y medio subiendo por la nariz hasta el cerebro. No era la

completa venganza que Alex quería, pero sí un dulce adelanto.

–Señor Tolliver -le dijo Jessie-. Soy la doctora Copeland. ¿Me escucha?

–Sí -respondió Malloche.

–Hemos hecho tres cuartas partes de la operación y todo va a la perfección.

–Bien.

–Como le dije, lo hemos inmovilizado para que no mueva la cabeza. Pero puede mover las manos y los pies. Sacuda su mano derecha, por favor…

Bien, bien. Ahora la izquierda… excelente. ¿Su pie derecho?

–Este dedito fue a comprar… -bromeó Michelle.

–Ahora su pie izquierdo.

–Este dedito compró un huevito…

–Muy bien. El tubo que siente en la nariz es ARTIE, el diminuto robot.

¿Comprende?

–Sí.

–Puede sentir movimiento o vibración al adentrarse el robot en el tumor.

Vamos a medicarlo un poquito más para poder seguir trabajando sin causarle molestias. Va a escuchar órdenes mías y del doctor Mark Naehring, que está ahí al otro lado. Haga todo lo que le diga. Algunas órdenes se darán en voz alta y otras en voz más baja. Le pediremos que haga algunas cosas varias veces. Así voy a poder controlarlo todo si estoy trabajando en una zona vital.

–Entiendo -respondió Malloche.

–Va muy bien, señor Tolliver. Muy bien. ¿Preparado, Mark?

–Listo. ¿Me puede dar cinco centímetros de la mezcla en la ampolla número uno, por favor?

–Cinco centímetros -dijo la enfermera auxiliar pasándole la jeringuilla.

–Medio centímetro y luego espera un minuto -le pidió Alex-. Señor Tolliver, levante el brazo derecho. Bien. De nuevo. Otra vez.

Se acercó al oído de Malloche y le hizo una señal a Jessie para que cortara el micrófono.

–¿Cómo te llamas?… -susurró bruscamente-. ¡Tu nombre!

–Claude… Paul… Malloche.

Jessie miró hacia atrás para ver si Grace había escuchado. Estaba moviendo la cabeza al ritmo de la música.

–Mueva su pie derecho -le ordenó Jessie tras encender el micrófono.

–Bien -anunció Michelle.

Jessie cortó el micro y asintió con la cabeza a Alex. Estuvo comprobando la dosis a base de preguntas sobre el lugar donde había nacido y el nombre de sus padres. A la cuarta vuelta sin micrófono ya estaba listo.

–Soman -le dijo-. ¿Sabes de qué te hablo, Claude?

–Sí… lo sé.

–¿Cuántos frascos hay escondidos en Boston?

–Tres… cuatro.

–¿Cuántos, tres o cuatro?

–Tres… Cuatro.

Jessie indicó a Alex con la cabeza que parase para observar a Grace otra vez.

–Todo va muy bien -anunció Jessie por encima del hombro.

–Que siga así -contestó Grace.

«Claro. ¡Ya verás como sí!»

–Tómate tu tiempo, Mark -dijo Jessie.

Continuó con su disección y volvió a hacer la señal indicando que el micrófono estaba apagado.

–¿Dónde están los frascos de soman, Claude? – preguntó Alex-. ¿Dónde están?

–Rotonda… Quincy… Market…

Uno.

–Sigue. ¿Dónde más? – Alex le inyectó más hipnótico-. ¿Claude? Malloche parecía inconsciente.

«¡Demasiado! – expresó Jessie con la mirada-. ¡Le has dado demasiado!»

–Línea verde… metro… Government Centre… -murmuró Malloche de pronto.

Dos.

Jessie puso el micrófono y tuvo una conversación muy sosa con Hans Pfeffer, dejando al radiólogo perplejo. Cualquier cosa con tal de distraer a

Grace y Derrick. La disección ya estaba completa en un ochenta por ciento.

Solo quedaba disolver algunos fragmentos del tumor. Parecía que Malloche se iba a poder curar.

De hecho, Alex había inyectado demasiado hipnótico. La respiración de Malloche se hizo más lenta y perdió la conciencia. Jessie temía tener que parar la operación para ponerle un tubo de respiración. Cuando estaba a punto de hacerlo, Malloche tosió y murmuró algo ininteligible. Un minuto después dio la tercera respuesta: subterráneo de los grandes almacenes Filene's.

–Puede que eso sea todo -dijo Alex mientras Jessie volvía a encender el micrófono.

Levantó la mano mostrando tres dedos en una mano y cuatro en la otra.

«¿Cuántos?», preguntaron sus ojos.

Alex encogió los hombros y agitó la cabeza.

Preocupada por haberle hecho demasiadas preguntas a Malloche, Jessie le pidió que hiciera varias maniobras innecesarias con los pies.

Pie derecho arriba… abajo… ahora la izquierda… y abajo.

Ya era la hora. Alex le inyectó otros cinco centímetros del hipnótico.

–Claude, el último frasco. Quincy Market, el metro de Government Centre, Filene's y… ¿Dónde más?

–No lo sé… -respondió Malloche adormilado.

–¿Hay una cuarta ampolla de soman?

Jessie, nerviosa, se puso un dedo sobre los labios indicándole a Alex que bajara la voz. Otra vez, desde el rabillo del ojo, podía ver que Grace

cambiaba de posición para tener un ángulo mejor. Estaba claro que el tiempo se les acababa.

–No lo sé… -dijo Malloche de nuevo-. No lo sé… no lo sé.

–Parece confundido -susurró Jessie-. Tal vez el cuarto frasco era el del laboratorio. Tenemos que parar.

–Naehring dijo que había que darle una inyección de dos centímetros al final. Supuestamente así no recordará nada.

–Intenta no matarlo.

Jessie volvió a encender el micrófono y le dio algunas órdenes a Malloche hasta que ya estaba claro que no podía responder. Al otro lado de la sala, por encima del hombro de Alex podía ver a Derrick. Se había colocado en un extremo de la consola y desde ahí se inclinaba hacia delante mirando fijamente a través de la ventana de observación. Sospechaba algo. Jessie estaba segura. Gracias a Dios, habían terminado con el interrogatorio.

–Bien, Mark -dijo-. Ha hecho un trabajo fantástico. Michelle, Emily, hemos llegado al noventa por ciento de la disección. Podemos dejarlo aquí, ya que dudo que el tumor tenga suficiente riego sanguíneo como para sobrevivir.

Pero quiero que esto quede perfecto, así es que sigamos trabajando.

Michelle, si puedes mantenerlo en el mundo de los sueños, podríamos recogerlo todo en unos cuarenta y cinco minutos. Em, ¿quieres venir aquí y reemplazar a este genio?

–Para mí sus deseos son órdenes.

–Gracias, doctor Naehring.

–Me encantaría volver a trabajar con usted, doctora Copeland -respondió Alex.

Cuando Alex pasó al lado de Emily, Jessie vio como esta rápidamente le