Luces, cámaras, ¡corazón!

Shirin Klaus · Capítulo 9 de 50

Páginas del PDF

Luces, cámaras, ¡corazón!

Capítulo 9

—De acuerdo, pero la gente de Sue tiene que darme permiso.

Justo en aquel momento el teléfono de James comenzó a sonar y éste se apresuró a responder.

Con una radiante sonrisa, escuchó las buenas no cias que Sean le daba desde el otro lado de la

línea.

—Ya enes tu permiso —anunció al colgar—. Vamos, Miss Potato, ponte tu redecilla y tu peluca

que nos vamos a los estudios.

—¿Ya mismo?

—Claro, tengo mi coche esperándonos en la puerta.

—¿Tengo que maquillarme, ponerme alguna ropa especial o algo?

—No hace falta que te maquilles porque ya se encargarán las chicas de maquillaje. Y la ropa… no

hace falta que te cambies porque allí te darán también las prendas que enes que llevar, pero la

verdad es que no me imagino a Sue con lo que llevas ahora mismo puesto y en el estudio nadie

sabrá que no eres ella salvo el director y yo.

—De acuerdo —dijo ella asintiendo—. Dame diez minutos y me convierto en Sue.

9

En cuanto entraron en el estudio de grabación, James localizó a Sean esperándolos y lo saludó

con la mano. El director avanzó hacia ellos también y se encontraron a mitad de camino. Los ojos

del hombre estaban fijos en Emma, que se sen a algo incómoda con el escru nio. Pese a que

James le había dicho que no hacía falta que se maquillara, había dedicado algunos minutos a

transformar su rostro, y no solo su pelo, en el de Sue Johnson. Sin algunos toques de iluminador y

corrector sabía que no se parecía tanto a Sue como debería. El efecto, sin duda, convenció a Sean.

—Cuando James me dijo que Sue tenía una doble, pensé que sería la pica doble de rodaje.

Cuando me dijo que no, que era igualita que ella y me contó que eras tú la que había estado en la

conferencia, no le creí tampoco. Y la verdad es que ahora sigo sin creérmelo. ¡Es impresionante!

¿Seguro que no eres Sue?

—Emma —replicó esta, extendiendo la mano para estrechársela.

Algunos minutos después Emma se encontraba en un camerino, desvis éndose para ponerse las

prendas que una ayudante del director le había señalado. Éstas estaban colgadas en una larga

barra llena de ropa y la joven se preguntó si tendría que probarse todos aquellos modelos. Una vez

se hubo puesto las prendas, se miró al espejo y una sonrisa se dibujó en su boca. ¡Era Emily! Se

miró desde todas las perspec vas en el espejo y después, sin poder resis rse, sacó su móvil del

bolso y se echó una foto. Sean, que en aquel momento abría la puerta del camerino, la avisó:

—Esa foto no puedes hacerla pública, lo sabes, ¿verdad?

—Sí, claro. No pensaba… Es solo que… ¡guau, soy Emily! —dijo mirando una vez más su reflejo.

—¿Te gusta la saga?

—¡Me encanta! Me he leído todos los libros un par de veces y cuando mismo salga el cuarto, me

lo compraré.

—Pues entonces cuando te veas en Internet y en las portadas de las revistas, vas a alucinar.

—¿Cómo que en Internet y en las revistas?

—Sí, ¿para qué crees que es esta sesión de fotos? Para los pósteres de la película, y cuando los

publiquemos van a correr como la pólvora por Internet y las revistas.

Emma sintió que se le desencajaba la mandíbula.

—¿No te lo había dicho James? —sospechó Sean.

—Pues no. Pero… ¿está seguro de que puedo hacerlo? Quiero decir…

¿daré el pego?

El director sonrió ampliamente y se acercó a la chica por detrás, posando las manos sus

antebrazos. Se miraron a través del espejo.

—Van a quedar genial las fotos, ya verás. Y tutéame, por favor.

Media hora después, las chicas de maquillaje ya se habían encargado de ella. A la peluquera que

la atendió justo antes de empezar la sesión de maquillaje tuvieron que contarle el secreto de que

ella no era la autén ca Sue después de que a la pobre mujer casi le diera un infarto cuando se

quedó con el pelo de falsa Sue en la mano.

—Guau —comentó Emma, admirada, cuando la llevaron hasta el set de grabación, donde

reunidos en apenas 200 metros cuadrados estaban los escenarios principales de la película. Ver

aquello era el sueño de toda fan.

—Miss Pe —oyó la voz de James a su lado. Se giró para verlo caracterizado como O’Connor y

tuvo que tragar saliva al verlo con aquella camiseta negra ajustada que marcaba los músculos de

sus brazos y aquel tatuaje falso trepándole por el cuello.

—¿Miss Pe? —interrogó cuando se repuso de la sorpresa.

—Creo que la gente me miraría raro si te llamara Miss Potato, así que mejor Miss Pe que es más

discreto.

—De acuerdo, Mister Te.

—¡James, Sue! —los llamó Sean, que estaba junto a otro hombre, el fotógrafo de la sesión—.

Vamos a empezar, si podéis poneros aquí, frente a este escenario.

—¿Crees que voy bien? —le preguntó Emma a James mientras caminaban juntos hacia donde

Sean les había indicado.

—Estupenda. Y tranquila que aquí no enes nada que temer. Nadie va a atacarte como el día de

la conferencia.

—¡Sí!, qué cabrones los periodistas, ¿eh? Qué mal lo pasé.

—Pues diría que con tus respuestas quedaste como una reina. Tienes una mano izquierda que

no veas.

—Gracias —sonrió ella.

Se ubicaron en una zona con un panel verde detrás y alguien encendió unos potentes focos,

dejando momentáneamente cegada a Emma. El fotógrafo comenzó a darles órdenes sobre cómo

debían colocarse y cuando tanto Emma como James estuvieron en la posición que quería, empezó

con la sesión. Durante media hora les fue diciendo cosas del es lo de

«James, pon cara de duro. No

tanto. Así, perfecto» y «Sue, mira hacia la derecha y crúzate de brazos.

Ahora deja caer los brazos a

cada lado. Crúzalos una vez más». Después, dijo:

—Ahora poneos mirando el uno hacia el otro y Sue, rodéale el cuello con las manos.

Emma se giró hacia James y sonrió nerviosa mientras pasaba sus manos por detrás del cuello del

chico. Él le sonrió también, transmi éndole tranquilidad y confianza. ¡Pero qué sexy estaba el

jodido! Con aquella sonrisa ella no podía tranquilizarse.

—Sue, posa tus manos en él, que parece que le tengas miedo —pidió el fotógrafo, y Emma relajó

sus brazos hasta que sus muñecas descansaron sobre los hombros de él.

Entrelazó los dedos en su

nuca, sintiendo el corazón acelerado.

—Tranquila —le susurró James.

—Para ti es fácil decirlo. Estás acostumbrado.

—James, posa tus manos en la cintura de ella —pidió el fotógrafo, ajeno a su conversación.

Él obedeció y Emma sin ó un cosquilleo allí donde la estaba tocando. Se humedeció los labios

aun a riesgo de estropear el pintalabios.

—¿Acostumbrado a esto?

—Abrazas y besas a chicas por trabajo.

—¿Soy un gigoló? —sonrió James.

—Eres actor, que es peor, porque encima enes público —replicó Emma, también sonriendo.

Captó por el rabillo del ojo que el fotógrafo se había acercado y se giró un poco para mirarlo.

—No me mires. Seguid a lo vuestro —ordenó el fotógrafo.

—¿Seguimos hablando? —se sorprendió Emma.

—Seguid haciendo lo que estabais haciendo.

—Si te sirve de consuelo —le susurró James, atrayendo su atención—, esto para mí no hubiera

sido nada agradable si hubiera tenido que hacerlo con Miss Dibujos Animados.

—¿Miss Dibujos Animados?

—Así la llamamos, sí.

Emma se rió ante aquello.

—James, acércala un poco más a —dijo el fotógrafo, y éste le hizo caso, atrayendo a Emma

hasta que sus rostros estuvieron a apenas unos cen metros y sus cuerpos se rozaban desde el

pecho a la cintura.

El fotógrafo estaba tan cerca que podían oír perfectamente el sonido que hacía el obturador al

cerrarse de manera incesante. Los ojos de Emma lo miraron por el rabillo del ojo.

—Eh, ignóralo. Mírame a mí —atrajo su atención James. Sus manos habían cambiado de posición

y en lugar de sujetarla por la cintura le rodeaba la espalda.

Emma sen a que no podía respirar con normalidad, teniéndolo tan cerca y sin endo sus fuertes

brazos en torno a ella. Era tan masculino con aquella barba incipiente y aquel mentón cuadrado.

Sus labios gruesos le resultaban tan tentadores… Y aquellos ojos, que no dejaban de mirarla con

una intensidad que la derretía. ¡Por Dios! Si hasta estaba temblando.

Muchos chicos guapos habían intentado ligar con ella cuando aparecía en un lugar público con la

apariencia de Sue, pero Emma nunca les había seguido el juego más de lo necesario, pues sabía

que a quienes miraban ellos era a Sue, no a ella, y no podía soportar la idea de liarse con alguien

fingiendo ser quien no era. Pero James… oh, Dios, James la veía a ella y no a Sue Johnson.

—Chicos, acercaos como si fuerais a besaros.

Los labios de Emma se descolgaron al oír aquello. ¿Qué? ¿Cómo?

«Acercaos como si fuerais a

besaros» resonaba la voz del fotógrafo en su cabeza. No se movió ni un cen metro, sus brazos

todavía rodeando el cuello de James, pero éste sí que obedeció al fotógrafo y acercó su rostro al de

ella, entreabriendo también los labios e inclinándose ligeramente hacia un lado para que sus

narices no chocaran.

Emma estaba completamente paralizada, mirándolo acercarse sin saber qué hacer.

—Cierra los ojos, Sue, cariño —le pidió el fotógrafo.

Ella obedeció, sin endo el corazón la r a mil por hora. Al dejar de ver, el resto de sus sen dos

se agudizaron y sin ó el cálido aliento de James contra sus labios. ¡Estaba tan cerca! El corazón le

bombeaba alocado en el pecho. Sintió que los labios de él rozaban ligerísimamente los suyos.

—Parad ahí —les ordenó el fotógrafo, y después, hablándole a alguien más, añadió—:

Acercadme aquel foco más. Quiero más luz.

Emma aprovechó para parpadear un par de veces y mirar a James. Estaba tan cerca que no podía

verle bien la cara, pero le pareció que tenía los ojos cerrados. Durante varios segundos, mientras el

fotógrafo les echaba fotos con la nueva luz del foco, estuvieron así, está cos en aquella posición

donde sus labios se rozaban como si fueran ligeras alas de mariposa.

—Sue, deja el brazo derecho donde lo enes y el izquierdo pásaselo por debajo del brazo hasta

posar tu mano en su omoplato. James, sujétala por la espalda con un brazo y pon tu otra mano en

su cintura, atrayéndola hacia ti.

Durante unos segundos separaron sus caras para coger la postura que el fotógrafo les decía y

Emma, que aprovechaba para tragar dificultosamente saliva, vio que el rostro de James estaba

serio y su mirada tranquilizadora había desaparecido.

—Bien, así, volved a juntad vuestras bocas —les animó el cámara cuando estuvieron en la

postura que él quería.

James acercó sus labios a los de ella durante unos segundos. En esta ocasión, puesto que ella no

se había quedado boquiabierta por la sorpresa como en la ocasión anterior, no pudo simular el

casi beso encajando sus labios donde ella había dejado espacio y en su lugar tuvo que posar sus

labios contra los de ella. La tenía tan pegada contra él que pudo sen r cómo el corazón de Emma

galopaba. Aguantó uno, dos, tres, cuatro segundos, y después, sin poder resis rse, separó sus

labios y atrapó los de ella con los suyos. No supo si fue por la sorpresa o por un acto voluntario,

pero los labios de Emma se abrieron para él y aquello lo animó a besarla con más intensidad a la

vez que sus brazos la atraían para pegarla más a sí.

¡Díos! Emma olía y sabía muy bien. Nada que ver con Sue. Su fragancia era embriagadora, su

calor de lo más atrayente. Dejándose llevar por el ins nto, usó su lengua para acariciar los labios

de Emma.

—¡Chicos, chicos, chicos! —los interrumpió de pronto la voz de Sean—.

Que esto es una película

para todos los públicos, como sigáis así nos ponen tres rombos.

James se separó de la boca de Emma rápidamente, recordando de golpe dónde estaban. La miró

a los ojos y vio una mezcla de confusión, sorpresa y deseo. Intentó controlar su respiración para

que no viera lo agitado que estaba y la soltó, dando un paso hacia atrás.

—Tomaos un descanso de cinco minutos mientras revisamos las fotos —

dijo el fotógrafo, y se

alejó de ambos hacia unos ordenadores que tenían preparados muy cerca de allí.

Emma no sabía dónde meterse. Se cruzó de brazos, sin endo todavía los rápidos la dos de su

corazón. Algunas personas en la sala los miraban con una sonrisa en la boca y aquello la incomodó

todavía más.

—Vamos, ¿quieres beber algo? —le dijo James, y al mirarlo, se dio cuenta de que él estaba tan

tranquilo, como si no acabara de ocurrir nada, y aquello la hizo sen r todavía peor, aunque le

agradeció que intentara distraerla, pues no sabía qué podía hacer durante aquellos cinco minutos

de parón.

—Sí, estaría bien.

Juntos fueron hasta unas mesas donde había varias hileras de botellas de agua. Cada uno se

cogió una botella y bebieron en silencio.

—¿Y esa mesa con fruta pelada? —interrogó Emma, viendo unos metros más allá una mesa con

varias bandejas de fruta pelada y perfectamente alineada.

—Cosas de Sue —le explicó James, lo suficientemente bajo como para que nadie les oyera—.

Allá donde va tiene que tener una bandeja de fruta pelada esperándola.

—¿En serio?

—Sí, aunque la mitad de las veces no come más que un trozo. Cosas de famosa. ¿Quieres venir a

ver qué tal han salido las fotos? —interrogó, señalando con su botellín a Sean y al fotógrafo, que

con las cabezas muy juntas, miraban un monitor.

—No —negó Emma. Defini vamente no quería revivir el beso viendo las fotogra as—. Voy a ver

si como un poco de fruta ya que está ahí para mi falsa yo.