Luces, cámaras, ¡corazón!
Capítulo 15
—¿Dejó de preocuparse? —se rió Emma. Le resultaba imposible creerse aquello.
—Sí, lo creas o no, dejó de preocuparse tanto. No estaba del todo contenta con que hicieras de
Sue, porque te obligaba a controlar mucho tu peso y a salir más de la cuenta, pero créeme cuando
te digo que una vez se dio cuenta de que seguías siendo su pequeña Emma, a mí dejó de
torturarme con que te tuviera controlada por si algo te pasaba.
Las dos hermanas se miraron durante varios segundos y después Sarah le sonrió:
—Haz que mamá vea que das lo mejor de en tu trabajo, sea cual sea, y ella será feliz. Se
quejará, preocupará y te aleccionará, pero eso es lo que hacen las madres.
15
El martes a las once y dos minutos, Emma se encontraba en la recepción de un edificio de
oficinas. Le había dado su nombre a la recepcionista y le había dicho que quería ver a Sean. Esta,
tras hacer una llamada, le dijo que esperara un momento, que Sean bajaba en seguida. Apenas tres
minutos después, Sean aparecía en el ascensor y se dirigía hacia Emma con una radiante sonrisa en
su cara.
—No sabes cómo me alegro de verte —le dijo cuando estuvo lo suficientemente cerca, y en lugar
de estrecharle la mano le dio un beso en la mejilla—. James estaba convencido de que vendrías,
pero yo no estaba tan seguro.
—James me dijo que viniendo no me comprome a a nada. Solo me diríais algunas cosas más de
esta locura que me estáis proponiendo. Así que tampoco perdía nada por escucharos, ¿no?
—Qué listo que es James. Aunque bueno, yo también podría haberte dicho eso si te hubieras
dignado a contestar mis llamadas.
Pese a sus palabras, no parecía enojado sino divertido, y Emma hizo una mueca.
—¡Ups! Me has pillado. Aunque en mi defensa diré que no sabía que eras tú quien llamaba.
—¿No? ¿En serio? Porque diría que Amanda se presentó bastante bien como trabajadora de
Emotive Pictures.
—Pensaba que te llamabas Sean, no Amanda ni Emotive Pictures.
Sean se rió, a la vez que con un gesto la invitaba a montarse en el ascensor con él.
—Tienes razón, con el interés que tenía en captarte debería haberte llamado yo directamente,
aunque al menos hice bien llamando a James para que te hiciera una visita cuando vi que no dabas
señales de vida.
—¿Dónde está James, por cierto? Me dijo que estaría aquí.
—Ha tenido que quedarse en Nueva York por cues ones de trabajo, así que no podrá estar hoy
aquí. Pero tranquila que yo podré solucionarte todas tus dudas, que supongo tendrás muchas.
—De hecho, solo tengo una duda que me atormenta.
—¡Vaya! Pues esto entonces va a ser mucho más fácil de lo que pensaba.
Ya habían salido del ascensor y habían llegado hasta una puerta del lado derecho del pasillo.
Sean la abrió con una llave y ambos entraron a un despacho amplio y bastante luminoso donde
todo era blanco, desde la moqueta a los muebles, pasando por los asientos y hasta la pantalla de
ordenador que había sobre la mesa.
—Siéntate, por favor —le pidió Sean—, y cuéntame cuál es esa duda que te atormenta.
—Sue.
—¿Sue? De ella no tienes que preocuparte, Emma.
—Por supuesto que sí. ¿No crees que se cabreará bastante cuando le digan que se va a hacer
una segunda película y que en lugar de a ella van a coger a su doble para hacer la película?
Sean se encogió de hombros.
—Se cabreará igual que cuando a una actriz la descartan de un casting y cogen a otra.
—Pero me queréis a mí porque queréis mantener su imagen en pantalla pero sin que ella salga
realmente.
—No queremos mantener su imagen en pantalla, Emma, queremos mantener la imagen de Emily
que ya habíamos creado en la anterior película para que a los espectadores no les cause rechazo el
cambio. La película ha conseguido sacar adelante la segunda parte por muy poco, pero con ese
poco estamos hablando de millones de espectadores, Emma, y a varios cientos de miles de esos
espectadores les ha gustado la adaptación e irán a ver la segunda parte, por lo que te necesitamos
a para agradar tanto a los que disfrutaron con la primera parte, como a los que nos van a dar a
regañadientes una segunda oportunidad con la secuela.
—Eso no evita que Sue vaya a cabrearse.
—No le tengas miedo a Sue, Emma. Si decides firmar el contrato, que espero que sí, contarás con
todo el apoyo y protección de la productora. Pondremos a tu disposición abogados, especialistas
en marke ng e imagen… Todo lo que necesites. Juntos conseguiremos que cualquier cosa que Sue
pueda hacer o decir no llegue ni a tocarte. Además, la productora y todo el equipo de la película
intentarán quedar en buenos términos con Sue, por lo que si es razonable, ella no hará nada
contra ti.
—¿Y sus fans? Me odiarán.
—¿Qué es una estrella de Hollywood sin gente que la odie?
—No es eso precisamente lo que quería oír —dijo Emma, aunque no pudo evitar reírse.
—Haremos que esto funcione, Emma —dijo él con seriedad—. Te lo prometo. No debes
preocuparte ni por Sue ni por sus seguidoras porque estás con nosotros y nosotros te
protegeremos y te ayudaremos. Además, dudo seriamente que Sue Johnson pueda suponer una
amenaza para en su estado, tanto sico como cinematográfico. Las crí cas contra ella han
terminado de hundir su carrera y no se sabe cuándo saldrá de rehabilitación.
—Quizá tengas razón.
Sean sonrió ampliamente y después buscó algo en el primer cajón de su mesa.
—Mira, este sería tu contrato. No sé si has visto alguna vez un contrato de actor.
—No —negó Emma —lo que firmé para trabajar como doble de Sue puede que se pareciera,
pero no creo que fuera igual.
—Bien, pues aquí enes un autén co contrato de actor. Tranquila, no quiero que lo firmes
ahora, solo que lo tengas. En él aparece, por ejemplo, el dinero que recibirías por hacer de Emily en
la película —abrió el contrato por la segunda hoja y le señaló una cláusula donde aparecía una
cifra con cuatro ceros.
A Emma se le abrió la boca del pasmo al ver cuánto iba a ganar, aunque antes de alzar la mirada
del contrato para mirar a Sean adoptó una expresión entre socarrona y desafiante.
—¿Crees que puedes comprarme, Sean?
—Espero que sí.
Se rieron ante aquello y con nuaron hablando, largo y tendido, sobre la película. Emma tuvo
oportunidad de preguntarle a Sean muchas otras dudas que tenía, y aunque estas no le
preocupaban tanto como las relacionadas con Sue, las respuestas que Sean le dio consiguieron
tranquilizarla y calmar inquietudes que ni siquiera era consciente que tenía.