Luces, cámaras, ¡corazón!
Capítulo 18
verse una foto de una chica joven sacando la lengua y el nombre de
«Susan».
—Mi hermana —se disculpó James, separándose de Emma para hablar. Un minuto después
volvía a su lado—. Lo siento, pero tengo que marcharme corriendo. Mi hermana se ha hecho un
esguince de muñeca jugando al baloncesto y voy a ir a recogerla para llevarla a casa.
—Vaya, espero que se ponga bien pronto.
—Seguro que sí. Por cierto, me has preguntado si voy a estar grabando más días aquí en Nueva
York y te he dicho que no, pero eso no quiere decir que no vaya a estar aquí.
Voy a tomarme
algunos días libres y me quedaré aquí con mi familia. Si quieres que quedemos o cualquier cosa,
solo tienes que mandarme un mensaje, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
James alzó un brazo para llamar la atención de un taxi que pasaba cerca de ellos en ese
momento y, cuando vio que se detenía, se despidió de Emma con un beso.
18
—¿Cómo que te han ofrecido un trabajo como actriz? ¿Y cómo que vas a decir que sí? —en el
tono de su madre sin duda había sorpresa, pero no de la buena. Parecía cabreada.
—Es que quiero decir que sí, mamá. Me apetece hacerlo.
—¿Cómo que te apetece? ¿Y tu trabajo, cariño? ¡Habías encontrado un puesto en lo que te
gustaba!
—Tampoco me gustaba tanto, la verdad. El tema de la farmacología no es ni remotamente lo
que me imaginaba.
—¡Pero era en lo tuyo!
—¿A qué vienen estas voces? —interrogó en aquel momento su padre, entrando en el salón.
—¡Tu hija, que ha dejado el trabajo y dice que va a ser actriz!
—¿Emma? —preguntó Óscar a la vez que se sentaba junto a su mujer, mirando a su hija para
que se explicara.
Óscar y Julie eran, según Emma, la pareja perfecta. Tenían 56 y 54 años respec vamente y la
impetuosidad de su madre se veía domada por la paciencia y diplomacia de su padre, que no se
alteraba bajo ninguna circunstancia. Él tenía el pelo blanco, pues había renunciado a ntárselo
hacía muchos años, y ella tenía una larga melena negra igual que la de su hija. O quizá fuera más
apropiado decir que Emma tenía una melena como la de su madre.
—Me han ofrecido un puesto como actriz y voy a decir que sí —explicó la joven, mirando a su
padre.
—¿Pero y tu trabajo?
—¡Dice que no era lo que esperaba! —intervino Julie—. ¡Se ha sacado una carrera para descubrir
que la química no es lo que esperaba!
—Julie, cariño, déjala que se explique —intentó tranquilizarla su marido.
Emma miró a sus progenitores y supo que el único modo que vieran bien aquel cambio en su
vida era haciéndoles ver que no había vuelta atrás, que no podía regresar a su trabajo. Se estrujó
los dedos, nerviosa.
—Veréis, mi jefe… Bueno, digamos que no era… digamos… bueno.
—¿A qué te refieres?
—Él… —la joven se sen a avergonzada contando aquello—. Digamos que ya le han dado más de
un toque de atención por cómo trata a sus empleadas. Y todo apuntaba a que yo iba a ser la
siguiente.
Durante los segundos de silencio que siguieron, sus padres procesaron lo que acababa de
insinuar la chica.
—¡Emma, hija! —su madre se levantó y se sentó junto a ella en el sofá, sujetándola entre sus
brazos como si quisiera cerciorarse de que su hija estaba bien—. No te habrá hecho nada.
—No dejé que llegara a eso, mamá —negó la joven, reconfortada entre los brazos de Julie.
Óscar chascó la lengua con cara de disgusto. Se puso en pie y fue hasta el minibar, donde se
sirvió un dedo de whisky y se lo bebió de un trago.
—¿No denunciaste? —interrogó.
—No, porque como os he dicho, no llegó a nada denunciable. Solo insinuaciones y amenazas
veladas del es lo de «sal a cenar conmigo y hablemos de tu futuro en la empresa». Pero las
grabaciones que hice se las pasé a una compañera de trabajo antes de irme, por si las necesitaran.
—Ay, mi niña. —Julie la besó en la sien.
—Uno no puede fiarse de nadie —suspiró su padre, sentándose de nuevo en el sofá, frente a su
mujer y su hija.
Emma se quedó callada. Pensó que quizá con aquella bomba se hubieran olvidado de lo del
tema de la película y ella no iba a insistir en ese momento, pero no tuvo suerte.
—¿Y vas a pasar de una empresa con un jefe perver do a la industria de la perversión por
excelencia? —interrogó su padre.
—¡El cine no es perversión, papá!
—¿Ah, no? Fiestas, drogas… la mayoría de los actores ni han terminado su educación básica.
—¡Eso no es verdad! Hay gente muy inteligente en el cine, incluidos actores. Esta mañana por
ejemplo he estado con un compañero de rodaje y es muy buena persona y muy listo. ¡Incluso ene
la carrera de Filosofía!
—¿Filosofía? ¿Un actor?
Para otras muchas personas aquel po de estudios podría no haber significado nada, pero para
el padre de Emma eran todo un punto a favor de James, pues él había estudiado Ciencias Polí cas
en la época en la que Filoso a, Filología y otras ramas de humanidades formaban un extraño
aglomerado en las asignaturas de Ciencias Políticas.
—Sí. Y es muy buena persona, te lo prometo. Lleva varios años dedicándose al cine y a las series
y no es un drogadicto ni un alcohólico… ¡es una persona normal!
—¿Pero cómo se te ha ocurrido lo de que quieres ser actriz, hija mía? —
interrogó Julie al ver que
su marido no decía nada.
—No se me ha ocurrido a mí. Me lo propusieron.
—¿A ti? ¿Por qué? ¿Quién?
—El año pasado hice de Sue Johnson en varias entrevistas y reportajes fotográficos. El director
de la película me conoció y me quiere en la segunda parte.
—¡Oh, no! —Julie se puso en pie. La preocupación por su hija había desaparecido, absorbida por
algo mucho más importante—. Sabes que odio a Sue Johnson. Si este trabajo ene algo que ver
con ella…
—Me lo han dado por mi trabajo como doble de Sue, pero ella ya no ene nada que ver. Yo
entro en la película porque a Sue la han echado.
Pero su madre no quería entrar en razón y negaba con la cabeza mientras se paseaba por el
salón sobre sus zapatos de tacón.
—Esa chica no me gusta nada. Y tu trabajo para ella me gustaba todavía menos.
—Ya no voy a trabajar para ella, mamá. Ahora trabajaré para Emo ve Pictures, una productora
solvente, seria y profesional. Ya conozco también al director, se llama Sean y es atento y muy
profesional. Seguro que habéis visto algunas películas suyas.
Emma dijo tres tulos de películas que Sean había dirigido y su padre asin ó leventemente,
reconociéndolas. Su madre, no obstante, seguía paseándose por el salón.
—Quiero que invites a tu amigo ese, a tu compañero de rodaje, a cenar.
—¿Qué invite a James a cenar? ¿Para qué?
—Para conocerle.
—¿Para conocerle? ¡Ni que yo estuviera en la secundaria y él fuera el chico que me va a llevar al
baile!
—Emma —intervino su padre, alargando la mano y cogiendo la de su mujer para frenar así su
paseo infinito por el salón; la hizo sentarse a su lado—, tu madre y yo nos quedaríamos mucho
más tranquilos si pudiéramos conocer a ese actor, a… —hizo memoria—
James.
—No creo que él quiera venir a cenar con mis padres, la verdad. ¡Qué situación tan incómoda!
—¿Incómoda, por qué? No nos comemos a nadie.
—No, solo vais a hacerle un montón de preguntas.
—Por favor, Emma.
La joven resopló, pensando en cómo iba a convencer a James de que cenara con ella y sus
padres.