Luces, cámaras, ¡corazón!

Shirin Klaus · Capítulo 16 de 50

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Luces, cámaras, ¡corazón!

Capítulo 16

—¿Y no me vais a hacer una prueba ni nada?

—¿Una prueba?

—Los actores suelen pasar por un casting para demostrar sus aptitudes interpretativas, ¿no?

—A ya te he visto actuar; de hecho, me hiciste pensar que eras otra persona dis nta, por lo

que sé que puedes hacerlo maravillosamente, y las pruebas de imagen ya las hiciste en la sesión

fotográfica el año pasado. Eres nuestra Emily, Emma, no necesito un cas ng para asegurarme

porque ya lo sé.

Cuando finalmente se despidieron, Emma llevaba bajo el brazo el guión de la película y el

contrato.

—El lunes por la mañana necesitaría una respuesta, Emma. Y te digo de corazón que espero que

sea afirmativa —le dijo Sean a modo de despedida.

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Emma llevaba varias horas en su cama, leyendo el guión de la película con detenimiento. Nunca

había leído un guión cinematográfico antes y pensaba que podría leerlo en algo menos de empo

que le llevaría ver la película, pero entre los encabezados, las descripciones, las acotaciones y todos

los demás elementos picos de un guión la lectura se le estaba haciendo bastante larga. Por

suerte, se estaba divir endo bastante. Llegó incluso a coger el libro original, que tenía en uno de

los estantes de su habitación, y a comparar las frases del libro con las del guión. Eran las siete y

media de la tarde cuando, sin endo que necesitaba hablar con alguien sobre el tema, no se le

ocurrió nadie mejor a quien telefonear que a James. Buscó su número en la tarjeta de visita de

Sean y lo marcó desde su móvil.

—¿Sí, dígame?

—¿James? Soy Emma.

—¡Emma, hola!

—¿Te pillo mal?

—No, no. Estoy ahora mismo en un descanso de la grabación. Dime, ¿qué querías?

—Estoy leyendo el guión de la segunda parte de la peli.

—¿En serio? Eso es genial. Sean me ha llamado en cuanto has salido de su despacho para

hacerme saber que al final sí habíais ido. Estaba más ilusionado que un niño pequeño. —Se rió al

otro lado de la línea—. Yo siento no haber podido estar allí como te dije, se me ha complicado el

trabajo.

—No importa, tranquilo. ¿Tú has leído ya el guión?

—No, todavía no. Estoy liado con otros trabajos, pero bueno, he leído el libro, así que sé por

dónde van a ir las cosas, ¿no crees?

—¡Pues yo estoy emocionadísima leyendo el guión! —confesó Emma.

—¿Pero entonces ya has dicho que sí? ¿Serás mi Emily?

Emma sintió que se derretía por dentro con aquello de «¿serás mi Emily?».

—¡Suena a propuesta indecente!

—Lo es, sobre todo si le suben un par de grados a la escena de sexo que hay en el libro.

A Emma se le aceleró el corazón. ¡Era verdad! Se le había olvidado, pero al final del libro Emily y

O’Connor se acostaban. No se describía demasiado el acto, por supuesto, pues era una novela

juvenil, pero en el set de grabación la cosa seguro que se ponía caliente, caliente. ¡Y más entre

ellos dos!

—Pues… —dijo, procurando no mostrar toda la emoción y el deseo que sen a dentro—, todavía

no he llegado a esa parte del guión.

Pasó las hojas del documento hasta encontrar la escena en cues ón. James, al otro lado del

teléfono, no decía nada, hasta que de pronto comentó:

—Has ido a leer la escena, ¿ehhhh?

—¡Cómo me conoces!

Por el altavoz se oyeron risas y después silencio durante unos segundos.

—¿Y…?

—¿Y, qué?

—Que cómo es la escena.

—¡Ya la leerás!

—¿Me vas a dejar así, mujer?

—Venga, vale. Te leo una frase. O’Connor y Emily se miran a los ojos y se van acercando

lentamente.

—Sigue.

—Se besan. Emily dice «Te quiero»; O’Connor dice, «Dilo otra vez»; Emily dice, «Te quiero,

O’Connor».

—Pero hay tema o no hay tema —se impacientó James.

—Mmm… si por «tema» te refieres a tetas o culos, obviamente no, no hay tema.

—Psssss. Tengo que empezar a hacer películas para mayores, ¿eh?

—Tú sabrás lo que quieres hacer con tu carrera.