Luces, cámaras, ¡corazón!

Shirin Klaus · Capítulo 5 de 50

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Luces, cámaras, ¡corazón!

Capítulo 5

posando una mano sobre su brazo.

—Tú graba, y por Dios, que esta sea buena —le suplicó, con cara de pocos amigos.

Se giró hacia Sue, se quitó la camiseta y avanzó con decisión hacia ella. La odiosa actriz se quedó

paralizada sobre la cama, mirándolo con ojos agrandados por la impresión.

En aquel momento

James supo con certeza que a Sue le gustaban los chicos malos.

5

Aquella noche, James se pidió una bebida bastante fuerte para matar el sabor que el beso (o los

besos, pues habían tenido que repe r la escena muchas más veces de las que le habría gustado) de

Sue le había dejado. Tenía la sensación de haber comido algo asqueroso y todavía no había tenido

la oportunidad de lavarse los dientes ya que del estudio directamente los habían llevado a aquella

discoteca como si fueran ovejitas que siguen a su pastor. La productora les había conseguido

varias entrevistas con la prensa en aquella discoteca de moda y allí estaba ahora, en la barra del

bar soñando con un cepillo de dientes mientras esperaba que los reporteros de la tercera

entrevista estuvieran listos. Miró hacia la entrada de la zona VIP para ver si alguien lo llamaba y

descubrió que Sue salía a toda prisa de la sala.

La miró con curiosidad y cierto odio, removiendo en su boca la bebida como si fuera un

colutorio. Pasó cerca de él sin darse cuenta de su presencia y se dirigió hacia la zona de los baños.

James apuró el contenido de su vaso y la siguió. Tenía ganas de hablar un ratito con ella.

La discoteca no estaba muy llena, pues aún era temprano. De hecho, habían quedado

precisamente a esa hora para poder hacer las entrevistas con mayor tranquilidad. Por ello, la zona

de los baños estaba tranquila y no había una cola kilométrica de chicas, como seguro habría unas

horas después. Llegó hasta la puerta que tenía un monigote de chica con falda y abrió sin pedir

permiso.

—¡Oye!

Escuchó que gritaba la voz de Sue y fue a decir algo mordaz, pero entonces sus ojos procesaron

lo que estaba viendo y se quedó paralizado. Dios mío, su peor pesadilla.

¡Dos Sue Johnson! El

mundo iba a acabarse allí y ahora.

—Ah, pero si eres tú —dijo una de las dos Sue.

James seguía sin poder decir palabra. Miraba a la Sue que pensaba que él no era nadie

importante y después a la otra Sue, que lo observaba con una cara de estupor idén ca a la que él

debía tener ahora mismo.

—Venga, pásame tu chaqueta ya —exigió la Sue número uno a la vez que se quitaba su propia

chaqueta.

La otra Sue pareció reaccionar y se quitó la cazadora que llevaba, pasándosela a la otra chica y

cogiendo la prenda que esta le tendía. Ante los atónitos ojos de James, se intercambiaron la ropa

hasta que la Sue de la izquierda acabó ves da como la actriz que había hecho la entrevista con él

hacía un rato.

—¿Qué haces ahí mirando? —le espetó la Sue que ahora llevaba el pelo recogido en una coleta y

una gorra puesta—. ¿Nunca has visto a una doble?

—No tan parecidas.

—¡Bah! —despreció la joven, y sin despedirse de nadie, pasó junto a James y salió del baño.

El actor y la doble de Sue se miraron durante varios segundos sin saber qué decir. Al final, él

consiguió preguntar:

—¿Acaba de largarse?

—Sí, ¿por qué?

—Aún nos queda una entrevista más.

La cara de la chica se descompuso.

—¿Cómo que queda una entrevista? ¡Me ha dicho que ya habíais terminado!

—No, están cambiando el equipo pero aún no hemos terminado.

—¡Mierda!

La Sue farsante salió corriendo del cuarto de baño y James no pudo hacer otra cosa que seguirla.

La vio buscar con la mirada a la autén ca Sue entre la gente que había en la discoteca, pero no

parecía haber ni rastro de ella. Juntos, se dirigieron hacia la salida y le preguntaron al portero si

una chica con gorra y gafas de sol acababa de pasar. Éste les dijo que sí, que la chica a la que

buscaban acababa de parar un taxi justo delante de la discoteca.

—¡Joder! Esta a es tonta —exclamó la falsa Sue una vez dentro de la discoteca mientras

rebuscaba en su bolso.

Con aquellas cinco palabras consiguió ganarse la simpa a de James, aunque este se quedó

parado a su lado sin saber qué decirle exactamente. La miró con todo el detenimiento que pudo

bajo la luz algo escasa del local. Si no hubiera visto a la autén ca Sue salir de la discoteca, diría que

la tenía delante. De pronto, lo supo:

—Tú eras la de ayer, ¿no? La del restaurante.

La falsa Sue lo miró, colgando el teléfono al no recibir respuesta desde el otro lado de la línea.

Volvió a marcar antes de decirle, con cara de pocos amigos:

—Testosterona.

—¡Vaya! Siento todo lo que te dije. Pensaba… bueno, ya sabes, pensaba que eras Sue.

—Sí, eso me pareció. —Suspiró sonoramente, colgando una vez más el teléfono—. Qué mierda,

no me contesta.

—¿A quién llamas?

—A mi contacto con Sue. Y antes a Sue, pero ninguna contesta.

—¡Aquí estáis! —exclamó de pronto la voz de Sean a espaldas de la falsa Sue. El director les

estaba acompañando en aquellas entrevistas y había ido a buscarles, preocupado al no ver a

ninguno de sus dos protagonistas—. Venga, venid que ya está todo listo.

La farsante se giró hacia Sean y le sonrió forzadamente. Después, cuando este comenzó a andar

hacia la zona VIP, miró a James suplicándole ayuda.

—Hazte la enferma —le sugirió este.

Ella no lo escuchó bien y le hizo una mueca rara. James se llevó dos dedos a la boca, simulando

el gesto de «vomi vo» para que entendiera que su única vía de escape era hacerse la enferma.

Pero la falsa Sue se tomó el gesto al pie de la letra y, ni corta ni perezosa, se llevó los dedos a la

boca y se los me ó hasta provocarse una arcada. Y después otra, hasta que su cena trepó hasta la

boca de su estómago y salió disparada de entre sus labios, con tan mala suerte que cayó

directamente sobre los zapatos de Sean, que al oír la primera arcada se había girado a ver qué

ocurría.

—¡Oh, lo siento mucho! —se disculpó la doble al ver el estropicio y oír maldecir a Sean.

Sintió unos brazos entorno a ella, enderezándola, y una voz le dijo al oído:

—No te disculpes.

Cierto, Sue Johnson no se habría disculpado por vomitarle a alguien encima. ¡Que Sue Johnson

vomitara a alguien era un honor!

—¿Te encuentras bien? —interrogó Sean, entre preocupado y asqueado.

—No, la verdad es que no —negó ella sin necesidad de men r. Siempre que vomitaba su cuerpo

se cubría de una capa de sudor y su cara perdía todo el color.

—La llevaré al baño —se ofreció James—. Tú entretén a los periodistas.

—De acuerdo, pero no tardéis mucho.

Guiada por James, la falsa Sue llegó hasta el cuarto de baño, donde seguía sin haber nadie. Se

apoyó en uno de los lavabos y se echó agua sobre la frente y la nuca a pequeños golpes.

—Eres una bruta —se le escapó a James al verla tan desmejorada, aunque por suerte iba

ganando color rápidamente.

—¿Qué?

—¿Cómo se te ocurre ponerte a vomitar en medio de la discoteca?

—¡Me lo has dicho tú!

—Que te hicieras la enferma, no que vomitaras.

—Hiciste esto —se llevó dos dedos a la boca, imitando el gesto de él—.

Eso para mí es vomitar.

—Reina de la mímica, ¿y cómo habrías dicho tú «hazte la enferma»?

—Pues obviamente… —y se llevó una mano a la frente, fingiendo un desmayo al es lo de las

mujeres más teatreras.

James tuvo que admitir que el gesto era bastante adecuado, aunque dijo:

—Si te llego a hacer ese gesto, finges un desmayo y me toca sacarte en brazos del local.

La Sue de mentira no respondió a aquello. En su lugar, interrogó:

—¿Qué vamos a hacer? No puedo hacer la entrevista.

—Le diré a Sean que te encuentras mal y que no puedes hacer la entrevista.

—¿No protestará?

—Se quejará, pero no creo que le importe. De hecho, creo que será un alivio para él: he visto sus

caras con cada respuesta que daba Sue en las anteriores entrevistas.

La chica que tenía frente a él no dijo nada ante aquella clara muestra de que el director de la

película odiaba a su doble.

—¿Te quedas aquí y me esperas? —no era una pregunta, sino más bien una propuesta.

—Lo más lógico sería que pidiera un taxi y me largara, ¿no? Ya que estoy indispuesta.

—La verdad es que me gustaría hablar contigo.

—¿Conmigo, para qué?

—Pues… no sé, todavía estoy en estado de shock por… bueno… —la señaló con un gesto—. Eres

calcada a ella. Es impresionante.

—De acuerdo, te esperaré aquí. Si te preguntan, no puedo despegarme del váter.

—Sí, buena idea —asin ó James, y sabiendo que le esperaban, se dirigió hacia la puerta, aunque

antes de salir, se giró hacia ella—. Por cierto, ¿cómo te llamas? Que en mi mente te estoy diciendo

«la falsa Sue».

—Emma, mi nombre es Emma.

—Estupendo, pues ahora vuelvo, Emma. No te vayas.

James se dirigió hacia la zona VIP y al encontrarse con Sean, le contó que Sue no se encontraba

en condiciones de responder a la entrevista. Éste maldijo la poca profesionalidad de aquella

niñata, pues obviamente se había emborrachado entre entrevista y entrevista, pero apremió a

James a entrar en el reservado donde los periodistas tuvieron que conformarse con entrevistar al

protagonista masculino de la película y al director. Durante casi diez minutos contestaron

preguntas sobre el rodaje y los personajes, además de algunas cues ones personales. Cuando le

preguntaron qué tal se llevaba con su compañera de reparto, la conocida Sue Johnson, James

pensó inmediatamente en Emma, que le esperaba en el baño, y después, forzando una sonrisa que

le salió muy creíble dijo que era muy interesante trabajar con alguien como ella.

Cuando terminó la entrevista y se despidieron de los periodistas, James solicitó en la barra que

le pidieran un taxi y después se dirigió al baño para encontrarse con Emma y sacarla de allí