Luces, cámaras, ¡corazón!
Capítulo 4
—¿La perseguiste por el local?
—Sí, insistía en cambiarse de mesa en el reservado del restaurante.
John se rió al imaginarse la escena.
—¡Anda que haberme perdido eso!
—Ahora tendré la prueba de fuego de si mis palabras le hicieron mella o no.
—¿Y eso?
—Antes de que se fuera le pedí que hoy se tomara un chicle o un caramelo porque ayer le
apestaba la boca.
—¡Con un par!
James no pudo evitar reírse por el entusiasmo de su amigo, pero tenía que admi r que la
conversación de la noche anterior lo había dejado completamente descolocado.
4
—¡Venga, James! Ponle algo más de pasión.
James no aguantó más y se separó de Sue con cara de autén co asco. La chica no le había hecho
caso a su pe ción y el aliento le olía (y sabía, que era lo más asqueroso) peor todavía que el día
anterior.
—Tengo que parar un momento —pidió, rodando por la cama y poniéndose en pie.
Una de las ayudantes corrió a darle su camiseta, pues estaba desnudo de cintura para arriba.
—¡Y yo quiero irme, no te jode! —Oyó que decía la voz de Sue detrás de él.
Puso los ojos en blanco y se dirigió hacia Sean, el director.
—Necesito algo para matar el aliento de Sue —le dijo a Sean en voz baja al llegar a su lado—. Un
chicle, un caramelo, lejía, lo que sea.
El director, de unos cuarenta años, le dio una palmada comprensiva en el hombro a James, pues
él también odiaba a la actriz protagonista que los productores le habían endosado.
—¡Paramos durante cinco minutos! —anunció.
—¡No, de eso ni hablar! —se negó Sue—. He quedado esta noche y no pienso llegar tarde
porque este macho man de poca monta no sepa besar.
—¿Has quedado esta noche? —interrogó Sean—. Pues como lo siento, pero te recuerdo que
tenemos varias entrevistas una vez terminemos de rodar.
—¿¡Qué!?
Durante las úl mas semanas James había llegado a odiar el tono de voz que Sue u lizaba en sus
exigencias y acusaciones. ¡La muy niñata! Vio que Sean abría la boca para decir algo, pero lo retuvo