Luces, cámaras, ¡corazón!
Capítulo 1
En la puerta de atrás del set de grabación un numeroso grupo de fans y paparazzi estaba
esperando a la famosa actriz Sue Johnson, conocida en sus orígenes en el mundillo por ser la
estrella de varias películas infan les y juveniles, aunque ahora los fotógrafos y periodistas de la
peor calaña la seguían por sus coqueteos con las drogas, sus numerosos ligues y sus escándalos en
pubs nocturnos.
En cuanto la joven empujó la barra que abría la puerta de emergencia, comenzó a oír los gritos
de las fans y los comentarios de los paparazzi. Sue dibujó la mejor de sus sonrisas y salió entre el
gen o protegida por dos guardias de seguridad, firmando autógrafos, posando para fotos y
respondiendo a preguntas tanto de seguidoras como de periodistas mientras avanzaba, lenta pero
inexorablemente, hacia la limusina que estaba esperándola.
Pese a todo lo que se decían de ella en la prensa e Internet, Sue Johnson pasaba por un
momento rela vamente bueno en su carrera pues habían fichado por ella para una importante
película que prome a ser un autén co bombazo. Estaba basada en una saga de libros que había
sido un best seller del New York Times y todo apuntaba a que sería la nueva gran franquicia
adolescente. Además, para asegurarse del éxito, los productores habían decidido contratar a Sue
para arrastrar todavía a más adolescentes al fenómeno literario y cinematográfico. No solo querían
lectores sentados en las butacas del cine, sino que también buscaban adolescentes que lo único
que leían eran revistas del corazón pensadas especialmente para su edad. Y
por eso estaba ahí Sue,
la reina de las películas adolescentes, aunque ella ya había dejado de ser una adolescente hacía
varios años.
La actriz oyó gritos entusiastas por detrás de ella pero no se giró para ver qué los había
mo vado. Siguió avanzando entre la gente, con una resplandeciente sonrisa en su cara. Tras firmar
varias decenas de fotos con posados suyos y oír diez veces la manida frase de «soy tu mayor fan»,
consiguió llegar a la puerta de la limusina que la esperaba y la abrió, no sin problemas por la gente
que se agolpaba a su alrededor. Se giró para despedirse con una sonrisa y un movimiento de la
mano de los allí congregados y de pronto se encontró con James, su compañero de reparto, justo
delante de ella, escabulléndose de las fans como podía. Uno de los de seguridad se había quedado
atrás para poder protegerlo a él también del gen o. La chica que había junto a la puerta de la
limusina, deslumbrada por la presencia del actor, dejó de empujar la puerta del coche en sen do
contrario y Sue consiguió meterse en el vehículo. Antes de que pudiera cerrar la puerta, James se
coló a su lado sin pedirle permiso.
—Socorro —dijo por todo saludo a la vez que cerraba la puerta.
Aquello, pero sobre todo su ropa, algo descolocada por el agarre de las fans, hicieron que Sue
no pudiera evitar reirse.
—¿Necesitas ayuda para salir de aquí?
—Desde luego, no pienso esperar a mi taxi ahí en medio.
Ella sonrió, aunque sabía que James no debería haber entrado en el coche con ella. Se acercó
hasta la parte de delante de la limusina y golpeó el cristal.
—Podemos irnos —le dijo al conductor.
—Sí, señorita.
Se giró hacia James, que miraba por la ventanilla cómo dejaban atrás a las chicas que habían
estado esperándoles a la salida. No sabía qué decirle, pero tenía que pensar algo. Él se le adelantó:
—¿Siempre es así?
—¿El qué?
—Las fans, los gritos, el que casi te desnuden en medio de la calle —
comentó abotonándose la
camisa.
—Creo que lo de acabar desnudos solo les pasa a los hombres, al menos cuando las fans son en
su mayoría chicas, que es mi caso. Cuando los fan son chicos… bueno, no sabría decirte. Eso
tendrás que preguntárselo a una animadora o algo.
Él la miró durante un par de segundos, su boca curvándose en una ligera sonrisa. Después dijo:
—Y yo que salí por la puerta de atrás porque me habían dicho que delante se había reunido
demasiada gente…
—¿Dónde quieres que te dejemos? —interrogó Sue con una punzada de arrepen miento, pues
sabía que el grupo se había reunido allí atrás por ella.
—Pues… —él miró su reloj de muñeca—. ¿Te apetece si cenamos juntos?
La joven, que se había quedado en la parte delantera del coche, a casi metro y medio de
distancia de él, se quedó paralizada y sin saber qué decir durante varios segundos. ¿Cenar juntos?
No estaba segura de si debían. El hecho de que él se hubiera montado en su limusina y los
objetivos de las cámaras hubieran capturado el instante ya la ponía un poco en tensión.
—Creo que estaría bien conocernos un poco más, ¿sabes? —insis ó él ante su mu smo—. Ya
solo quedan unas semanas del rodaje de esta película, pero quedan otras tres por rodar. Vamos a
tener que vernos las caras bastante y estaría bien que supiéramos algo más el uno del otro.
Además, me gustaría que me dieras algunos consejos, de famosa a actor desconocido.
Sue lo miró durante varios segundos, sin saber qué decir. Sabía muchas cosas de James, o al
menos lo que se decía en Internet de él. Sabía que no tenía novia conocida, sabía que tenía 29
años, sabía que había nacido en Nueva York, sabía que le gustaba prac car beisbol. Sabía todo lo
que una fan podía saber de él, pero no sabía lo necesario para mantener una conversación de tú a
tú, para darle consejos, para fingir que llevaba trabajando con él varios meses. Y es que Sue
Johnson tenía una doble, una doble que esa noche había ido hasta los estudios de grabación para
salir por la puerta de atrás previo chivatazo a la prensa y así captar toda la atención mientras la
autén ca Sue salía a hurtadillas para hacer Dios sabía qué sin el acoso de la prensa y las fans. Pero
en el plan no estaba que James también saliera tras ella, ni que se montara en la limusina y mucho
menos que le pidiera cenar juntos.
Tragó saliva, intentando pensar rápido. Ganó tiempo con una coletilla:
—Verás…
No podía decirle que era una farsante, una chica que parecía un calco de la famosa actriz pero
que realmente no era ella. Pero le pagaban por dar la mejor imagen de Sue Johnson que podía, por
ser mejor persona que la original, por tener paciencia a la hora de firmar autógrafos, por sonreír
incansable a todos los fans, por contestar a la prensa cosas polí camente correctas. ¿Se podía
incluir en su labor como representante de la mejor imagen de Sue Johnson el quedar bien con un
compañero de rodaje? Se dijo que sí. Sobre todo si la cena era con un hombre tan guapo y
rebosante de masculinidad como él. Pero no, no podía. La pillaría, y eso iba en contra de su
contrato.
—Verás —repi ó, y esta vez con nuó rápido—, estoy cansada por el rodaje y creo que me iré
directamente a cenar a mi casa y a acostarme. —Antes de que él pudiera preguntar nada más,
interrogó—: ¿Dónde quieres que te dejemos?
—En mi hotel estaría bien —claudicó James, y le dio la dirección al conductor de la limusina.
La falsa Sue le dio a un botón para encender la música y la subió lo suficiente como para frenar
cualquier po de conversación. Fijó su vista en la ventanilla, rezando porque él no le dijera nada
más. Era fácil engañar a la prensa y a los fans, pues ellos solo sabían la vida pública de la actriz,
vida que la propia Emma (sí, así era como se llamaba la joven farsante) se estudiaba a diario para
actuar acorde a ella, pero no podía saber nada de lo que pasaba entre la autén ca Sue y sus
compañeros de rodaje. El guapísimo James, si tenía tanto cerebro como músculo (lo cual,
sorprendentemente, parecía que era cierto, pues según había leído tenía una licenciatura en
filosofía) podría descubrirla en cuanto abriera la boca.
No obstante, por el rabillo del ojo no pudo evitar lanzarle miradas curiosas.
¡Era guapísimo! De
esos os que solo se le acercaban cuando hacía de Sue Johnson. Como buena fan de los libros que
ahora mismo él y Sue estaban rodando, al principio había pensado que él no pegaba para el papel,
pues en su cabeza se lo había imaginado de otra forma, pero ahora, tras haber visto varias
imágenes de él caracterizado, no podía imaginarse al personaje con otra cara y otro cuerpo que no
fueran el suyo.
En una de las ocasiones en que le lanzó una mirada rápida, lo sorprendió mirándola, y no
precisamente con buenos ojos. Su expresión era bastante sería, elucubradora, y aquello la asustó
tanto que, tras ajustarse la peluca para asegurarse de que estaba donde debía estar, posó su
mirada de nuevo en la ventanilla y ya no la volvió a apartar.
Quince minutos después, la limusina se detuvo delante del hotel de él y James se bajó tras
despedirse escuetamente. Al verlo bajarse tan serio, Emma rezó porque su desapego y su mu smo
no le hubieran hecho sospechar ni le hubieran molestado. ¿Y si se suponía que entre los dos había
buen rollito? Suspiró. Los actores, especialmente los del po de Sue Johnson, eran bastante
bipolares. Lo más seguro era que James achacara su comportamiento al cansancio de todo un día
de rodaje.
—Señorita, ¿la llevo a su casa o al restaurante donde me han dicho que debía llevarla? —