Luces, cámaras, ¡corazón!

Shirin Klaus · Capítulo 31 de 50

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Luces, cámaras, ¡corazón!

Capítulo 31

—Acaban de retirar la alerta de tornado —dijo alguien de pronto con el móvil en la mano.

—¿Entonces podemos salir ya? —interrogó otra voz.

—Sí.

Los más cercanos a la puerta comenzaron a ascender hacia la salida del refugio mientras que

Emma se acercaba al chico de la guitarra para devolvérsela.

—¿Sois cantantes o algo? —le preguntó el chico.

—No.

—Gracias —una mujer con un niño de pocos meses en los brazos se acercó de pronto a Emma y

le cogió la mano con cariño—. Muchas gracias, de verdad.

La joven no pudo por menos que sonreírle.

—Hemos sido todos.

—Que Dios te bendiga. A ti y a tu novio.

Emma no creyó necesario sacarla de su error. Mientras James y ella salían del refugio juntos, él

le susurró a la oreja:

—Eres una persona increíble.

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El tornado no fue tan grave ni tan devastador como su sonido en el refugio hacía prever. Los

vientos no superaron los 250 kilómetros hora y tan solo algunos tejados y caravanas sufrieron

daños severos, por lo que se lo clasificó como un F2. El equipo de rodaje pudo terminar al día

siguiente de rodar las escenas en las calles de Indianápolis y el rodaje de la segunda película se dio

por terminado. Emma comenzaba sus vacaciones de verano y James se fue a casa unos días antes

de meterse de lleno en la grabación de una nueva película. Llevaba dos años trabajando como un

loco, sin apenas vacaciones, pero no le importaba porque sabía que si no aprovechaba el rón su

carrera podría terminar sin haber llegado a despegar. Emma y él se despidieron en el aeropuerto

con un fuerte abrazo.

Emma voló de vuelta a Los Ángeles, pero no permaneció allí mucho empo, pues tuvo dos días

para hacer las maletas y despedirse de sus amigos antes de volver a embarcar en un vuelo, en este

caso con destino a Madrid. Su familia siempre pasaba las vacaciones de verano en el cortijo que sus

abuelos tenían en Andalucía. El año anterior Emma no había podido ir porque había tenido las

prác cas en la empresa farmacéu ca pero aquel año nadie iba a impedirle disfrutar de lo que ella

consideraba un paraíso, una erra de Nunca Jamás donde siempre se sen a como una niña. Su

amplia familia se reunía allí en verano, os, primos, hermanos, abuelos… los veranos en aquella

casa la teletransportaban a la infancia y para Emma no había lugar mejor que aquel.

No obstante, cuando ya llevaba casi una semana dorándose al borde de la piscina y haciendo

largas caminatas por la serranía, descubrió que sus primos Leandro y Olivia no llegarían hasta

quince días después porque habían organizado un Interrail con el que recorrerían varias ciudades

de Europa. Molesta y celosa porque sus primos del alma no le hubieran comentado nada del viaje,

no lo dudó y les telefoneó. Tras una llamada en la que Emma se hizo la despechada y Olivia

bromeó con que una superestrella del cine como ella no podía recorrer Europa en un tren y

hospedarse en albergues, la joven actriz reservó un vuelo a Bruselas para el día siguiente, pues era

desde aquella ciudad desde la que sus primos franceses habían planeado comenzar su viaje.

En cuanto Emma se reencontró con los dos hermanos gemelos con los que había hecho mil y

una gamberradas en su infancia, y pese a que llevaban casi dos años sin verse y prác camente se

habían olvidado de ella en aquel viaje, la confianza y camaradería que solía exis r entre ellos no

tardó ni un par de minutos en conver rlos de nuevo en el Trío Calavera.

Juntos recorrieron,

mochila al hombro, Bruselas, Berlín, Praga, Viena y Budapest. La cámara réflex que Leandro llevaba

consigo echó humo en aquel viaje.

Emma se encontraba posando para una foto en el Bas ón de los Pescadores, en la colina de

Buda, cuando su móvil vibró. No leyó el mensaje en aquel momento, pues estaba demasiado

ocupada admirando la peculiar arquitectura del edificio y, después, de las vistas del Parlamento de

Budapest que se divisaban desde el Bas ón. Fue a la hora de la comida, cuando pararon para

tomarse el bocadillo que se habían preparado, cuando su corazón aleteó al ver que James le había

mandado un mensaje.

En aquellas semanas que llevaban sin verse había pensado muchas veces en llamarle, y al darse

cuenta de que aquello era demasiado, había barajado la posibilidad de mandarle un mensaje, pero

se había contenido, porque no quería parecer demasiado interesada. Porque lo estaba, estaba

interesada en James, y cada día que pasaba a su lado se sen a más y más prendada de él. Pero

claro, no podía dejar que él sospechara nada y cuando estaban juntos tenía que escudarse en la

amistad, pues sabía que si hablaba de cualquier otro po de relación, James saldría corriendo. Así

que había decidido no mandarle ningún mensaje para no asustarle, pues a Raúl por ejemplo no le

había mandado nada desde que se despidieran en Los Ángeles. ¿Por qué debía comportarse de

manera distinta con James?

Pero había sido él quien había acabado escribiéndole. ¡Él! Agarró con tanta fuera el móvil y puso

una cara de tal felicidad que hasta sus primos supieron que algo le pasaba.

El mensaje de James era una foto en la que salía su cara de cerca y sus dedos pulgar e índice

sosteniendo una moneda. De fondo se podía ver la espectacular Fontana De Trevi. El mensaje que

acompañaba la foto decía «¿te pido un deseo?»

—¿Quién es ese bombón? —interrogó Olivia con tono exagerado. Había espiado la foto en el

móvil por encima del hombro de Emma.

—Es… es… un compañero de rodaje.

—Pues está para mojar pan.

—Y está en Italia —apuntó Leandro.

—¡Qué cerca! —comentó Olivia, que eclipsada por el rostro de James no se había dado cuenta

del famoso monumento—. Podríamos hacerle una visita.

—¡Cerca! ¿Sabes algo de geografía?

—¿Y tú, hermanito? Roma está más cerca que España.

—Pero aún hay que coger un avión.

—¿Y qué? Esa carita —dijo señalando el móvil— bien se merece coger un avión y presentarse en

Roma. ¿Y sabes lo que le diría cuando estuviera allí? ¡Aquí llega tu deseo!

Emma se rió ante aquello, pero lo cierto es que su prima le había dado en qué pensar. ¿Y si iba a

Roma? ¿Y si iba a verle? Se sin ó nerviosa con solo pensarlo. Le contestó a aquel mensaje y

durante el resto del día estuvieron intercambiando mensajitos. Estaban a punto de acostarse a

dormir cuando Emma, que en toda la tarde no se había separado del móvil, comenzó a dar saltos

por la habitación.

—¡Síiii! ¡Síiiiii! ¡Toma!

—¿Qué te ha dicho el chico mono? —le preguntó Olivia.

—Me ha dicho que por qué no voy a verle a Roma. Sabe que estoy en Budapest y que mañana

termina nuestro viaje y me ha propuesto que cambie el vuelo a España por el vuelo a Roma.