Magnus (español)

Sylvie Germain · Capítulo 3 de 63

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Magnus (español)

Obertura

 

De una esquirla de meteorito se pueden extraer unos cuantos pequeños secretos sobre el estado original del universo. De un fragmento de hueso se puede deducir la estructura y el aspecto de un animal prehistórico, de un fósil vegetal o incluso la remota presencia de una flora exuberante en una región hoy desierta. Lo inmemorial está repleto de huellas ínfimas y pertinaces.

De un trozo de papiro o de un pedacito de cerámica es posible remontarse a una civilización desaparecida hace milenios. A partir de la raíz de una palabra se puede recorrer una constelación de vocablos y sentidos. Los restos, los núcleos conservan siempre un infrangible grano de vigor.

En cualquier caso, la imaginación y la intuición son indispensables para descifrar los enigmas.

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De un hombre con la memoria parcelada, que ha estado taponada de mentiras durante años, deformada por el tiempo, acechada por incertidumbres, y que un día, de repente, algo o alguien vuelve incandescente, ¿qué historia se puede escribir?

Un bosquejo de retrato, un relato desordenado, puntuado con espacios en blanco, huecos, ecos escandidos, y que al final se desfleca.

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Qué importa el desorden, la cronología de una vida humana no es tan lineal como se cree. En cuanto a los espacios en blanco, a los huecos, a los ecos y a los flecos, son parte integrante de la escritura, como lo son de la memoria. Las palabras de un libro no son monolíticas, tampoco los días de una vida humana, por abundantes que sean esas palabras y esos días; solo dibujan un archipiélago inagotable de frases, de sugerencias, de posibilidades sobre un vasto fondo de silencio. Y este silencio no es puro ni amable, un rumor de murmullos se oye continuamente. Un rumor que llega de los confines del pasado y se mezcla al que afluye de todas las regiones del presente. Un viento de voces, una polifonía de respiraciones.

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En cada uno de nosotros la voz de un apuntador murmura en voz baja, de incógnito: voz apócrifa, que con solo escucharla puede traer insospechadas noticias del mundo, de los demás, de uno mismo.

Escribir es bajar a la fosa del apuntador para aprender a escuchar cómo respira el lenguaje, en el silencio, entre las palabras, alrededor de las palabras y, a veces, en el corazón de las palabras.

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