Magnus (español)

Sylvie Germain · Capítulo 4 de 63

Páginas del PDF

Magnus (español)

Fragmento 2

 

Fija en cada cosa, en cada persona, en sus padres inclusive, una mirada llena de candor y asombro, examina todo con minuciosidad. Es la mirada de un convaleciente que ha estado a punto de morir y aprende nuevamente a ver, a hablar, a nombrar las cosas y la gente. A vivir. A los cinco años de edad enfermó de gravedad y la fiebre le consumió todas las palabras, todos los conocimientos recientemente adquiridos. No le queda ningún recuerdo, su memoria está tan vacía como el día en que nació. No obstante, a veces la recorren sombras que no sabe de dónde provienen.

Su madre, Thea Dunkeltal, dedica su tiempo a reeducar a su hijo, olvidadizo y aquejado de mutismo. Le enseña de nuevo su idioma y le restituye su pasado contándole uno a uno los episodios que se le han perdido, como un serial cuyo protagonista es él y ella la reina buena que lo cuida. Lo trae al mundo por segunda vez, por la magia de las palabras.

*

En ese serial en forma de cuento que lo fascina, pues, como todos los cuentos, mezcla lo terrible con lo maravilloso, cada miembro de la familia tiene estatura de héroe: él, como víctima de una fiebre voraz que, no obstante, ha conseguido vencer; su madre, como el hada benefactora; su padre como el gran médico. Al trío se suman otras dos figuras, aún más valientes y admirables: los jóvenes hermanos de su madre, muertos en la guerra, por quienes él debe sentirse orgulloso y manifestarles eterna gratitud. Porque ellos se sacrificaron por él al ir a combatir a tierras lejanas, donde los hombres son tan crueles como el clima, para que él crezca en un país glorioso y poderoso. Y el niño, para quien la palabra «enemigo» equivale a la palabra «enfermedad», se imagina que sus tíos guerreros han muerto peleando contra su enfermedad, muertos de frío y extenuados por el esfuerzo de obligar al adversario-fiebre a retroceder a una tierra glacial a fin de apagar el fuego. Con docilidad se deja transformar en el mausoleo viviente de los dos héroes cuyos nombres de pila lleva.

*

Por muy seductora que sea la epopeya familiar, llena de nobleza y tristeza, tiene, sin embargo, un defecto, aparentemente pequeño pero que entristece mucho al niño: la madre no le da a Magnus ningún papel en ella, y además lo trata con desprecio, con repugnancia incluso. Pero Magnus y él, Franz-Georg, son inseparables. Entonces introduce clandestinamente a su compañero en la leyenda, inventa escenas que le susurra junto a la oreja (la que tiene la marca de una quemadura, para consolarla) cuando están solos los dos, escenas en las que Magnus tiene un papel tan importante como el suyo.

OceanofPDF.com