Ready Player Two
Capítulo 0006
L0hengrin se quedó de piedra y, cuando fijo los ojos en mí, me dio la impresión de que eran el doble de grandes. Después hizo una reverencia y se golpeó a la altura del corazón con el puño mientras se arrodillaba.
—Mi señor —dijo con voz temblorosa sin apartar la vista del suelo—. Me llamo L0hengrin. Vuestra humilde servidora. Y una gran fan, señor. De verdad.
—L0hengrin, levanta, por favor —dije—. Yo también soy muy fan de lo que haces.
Ella se levantó y alzó los ojos muy despacio hasta volver a mirar los míos.
—Señor Parzival —dijo. La cabeza le temblaba de la emoción—. Sois vos de verdad.
—Soy yo de verdad, sí —respondí—. Es un honor conocerte, L0hengrin.
—El honor es todo mío —dijo—. Y, por favor, llámeme L0. Todos mis amigos lo hacen.
—Muy bien, L0. —Le ofrecí la mano, y ella la estrechó—. Mis amigos me llaman Zeta.
—Lo sé —dijo al tiempo que me dedicaba una sonrisa avergonzada—. He leído todos los libros que se han escrito sobre ti los últimos años, incluida tu autobiografía, que ya habré leído dos docenas de veces. Me sé de memoria todo lo que hay que saber sobre ti. Todo lo que se ha hecho público, al menos. Se podría decir que estoy un poco obsesionada contigo…
Se quedó en silencio de repente, y se le torció el gesto en una mueca de vergüenza. Después se dio varios golpecitos con el puño en la frente antes de volver a mirarme.
Las mejillas se le habían ruborizado un poco, indicativo de que no había desconectado la reacción de sonrojo de su avatar. Era muy probable que tampoco lo hubiese hecho con el resto de las reacciones emocionales involuntarias. Los usuarios más jóvenes del ONI lo hacían aposta. Lo llamaban «ir de real».
Pobre L0. Su nerviosismo al conocer a su ídolo me recordó a mí mismo. Intenté acelerar un poco la situación, con la esperanza de tranquilizarla pero también porque estaba impaciente por saber lo que había descubierto.
—Tengo ganas de ver lo que has encontrado —dije—. ¿Te importaría enseñármelo?
—¡Claro que no! —respondió—. ¿Ahora mismo?
Asentí.
—No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
—Muy bien. —Dedicó una mirada nerviosa a las ventanas del sótano y bajó la voz—. Pero primero me gustaría mostrarte cómo lo encontré, para que puedas repetirlo. Esa es la razón por la que te estaba esperando aquí en lugar de en la casa de Kira.
—De acuerdo. Adelante.
L0hengrin dio unos pasos inseguros hacia el otro extremo del sótano antes de detenerse y girarse hacia mí.
—A ver, señor Watts —dijo sin levantar la vista del suelo—. No quiero sonar irrespetuosa, pero ¿te importaría confirmarme verbalmente que la recompensa sigue siendo mil millones de dólares estadounidenses?
—Claro —dijo—. Si lo que me cuentas me ayuda a localizar uno de los siete fragmentos del alma de la sirena, transferiré de inmediato mil millones de dólares a tu cuenta de OASIS. Todo está escrito en el contrato que firmaste cuando me enviaste la pista.
Antes de que alguien me enviara información para localizar los fragmentos, tenía que firmar un «contrato de comunicación de pista de los fragmentos» que mis abogados habían esbozado. Busqué la copia que había firmado L0hengrin y la abrí en una ventana frente a ella. La letra era demasiado pequeña como para leerla sin entornar los ojos, y el texto se extendía a lo largo de varias páginas.
—Este contrato afirma, entre otras cosas, que la información que me vas a dar es válida y accedes a no compartirla con nadie durante un período de tres años. También aceptas que no revelarás a nadie los detalles de nuestra transacción, ni siquiera a los medios de comunicación. De hacerlo, renunciarás a la recompensa y podré recuperarla al completo…
—Ah, sí. He leído el contrato —dijo ella, con una sonrisa pero aún sin mirarme a la cara—. Unos miles de veces. Lo siento, no quería ofenderte. Es que… son muchos zenis.
Reí.
—No te preocupes, L0. Si me ayudas a encontrar uno de los siete fragmentos, el dinero es todo tuyo. Lo prometo.
Ella asintió y respiró hondo. La mirada de histérica expectación de su rostro hizo que mi corazón también empezase a latir desbocado. Si esta chica estaba mintiendo y no había encontrado uno de los fragmentos, se merecía un Óscar por la interpretación.
L0hengrin se dio la vuelta y caminó hacia las estanterías que cubrían la pared del fondo del sótano. Estaban llenas de libros de bolsillo de ciencia ficción y fantasía, suplementos de juegos de rol y números antiguos de varias revistas clásicas de juegos, como la Dragón y la The Space Gamer. L0 empezó a rebuscar entre la gran colección de viejos módulos de Dungeons & Dragons, al parecer en busca de uno en particular.
Yo había revisado esa misma estantería hacía siete años, durante los primeros días de la competición de Halliday. Y había leído por encima la mayoría de los módulos y revistas, pero no todos. Los títulos que me faltaban aún seguían en mi lista de pendientes cuando gané el concurso, momento en el que me olvidé por completo de ellos. Ahora no dejaba de arrepentirme ni de preguntarme qué se me había pasado.
—He estado los últimos años rebuscando en Middletown para encontrar la manera de cambiar el período temporal de la simulación —dijo L0—. Ya sabes. Por el pareado.
—¿El pareado?
L0 dejó de buscar y se giró para mirar.
—El de la lápida de Kira.
—Ah, sí —dije—. Ese pareado.
No tenía ni idea de lo que estaba hablando, y sin duda L0hengrin se había percatado de ello al verme la cara. Abrió los ojos, sorprendida.
—Dios. Ni siquiera sabes lo del pareado, ¿verdad?
—No —confesé al tiempo que levantaba ambas manos—. Supongo que no.
Ella frunció el ceño y negó con la cabeza, como si dijese: «Qué bajo has caído».
—¿Sabes esa escena de la adaptación de Las dos torres de Peter Jackson en la que el rey Théoden coloca una simbelmynë sobre la tumba de Théodred? —preguntó.
Asentí.
—Pues si visitas la recreación de la tumba de Kira que hay en la TTierra y colocas una simbelmynë cogida en Arda, aparece un pareado en la lápida — explicó L0—. Es posible que haya otras flores oriundas de la Tierra Media que causen el mismo efecto. No estoy segura, pero tampoco lo he probado.
Me sentí como un auténtico imbécil. Había visitado la tumba de Kira en la TTierra varias veces en busca de pistas, pero nunca se me había ocurrido algo así. Al menos, fui capaz de ocultar el bochorno, ya que yo no «iba de real».
L0hengrin abrió una ventana de navegador delante de su avatar y luego la giró para que yo la viese. En ella aparecía una captura de pantalla de la lápida de Kira en la TTierra. Bajo su nombre y las fechas de nacimiento y muerte había una inscripción: AMADA ESPOSA, HIJA Y AMIGA. Debajo de ella había dos líneas adicionales de texto que no aparecían en su tumba del mundo real:
En el cubil de la sirena encontrarás el primer fragmento
Por lo que la pregunta no es dónde, sino cuándo en el tiempo
Eso era. Después de todos estos años, al fin veía una pista de verdad. Me daba la impresión de que L0hengrin era la primera y única persona que la había descubierto por el momento, ya que nadie me había enviado por correo algo parecido para hacerse con la recompensa.
—Cuando encontré el pareado —continuó L0—, creí que el «cubil de la sirena» tenía que ser el lugar en el que Kira había creado a Leucosia, su viejo dormitorio de invitados en Middletown. Pero el período de la simulación estaba fijado en 1986. Kira solo vivió en Middletown durante el primer año de instituto, de otoño de 1988 a verano de 1989, por lo que para llegar al cubil de la sirena tenía que averiguar la manera de cambiar el período temporal de la simulación a un «cuándo» diferente. Intenté todo lo que se me ocurrió, hasta viajar en el tiempo. —Levantó un objeto que parecía a un reloj de bolsillo sobredimensionado, un dispositivo cronodesplazador poco habitual y llamado Omni—. Pero no hubo manera. Aquí no funcionan las máquinas temporales, no como en otros planetas, como el Zemeckis.
Era algo que yo ya sabía. Había traído hasta aquí el ECTO88, mi máquina del tiempo, para intentar lo mismo. Había mejorado el coche con un condensador de fluzo funcional (y carísimo), que me permitía cronodesplazarme en los planetas en los que era posible. Por ejemplo, en la TTierra podía viajar hasta 2012, el año en el que OASIS se había puesto a la venta y GSS había empezado a crear copias de seguridad de la simulación en los servidores. Pero el condensador de fluzo no había funcionado en Middletown, por lo que había dado por hecho que viajar en el tiempo no era una opción allí.
—Pero ese acertijo me había dejado claro que cambiar el período temporal tenía que ser parte de la solución —continuó L0—, por lo que seguí buscando otra manera de hacerlo…
Se dio la vuelta y siguió rebuscando entre los módulos de D&D de los estantes.
—Entonces, a principio de semana me topé con algo muy extraño mientras rebuscaba en la antigua biblioteca de juegos de Og.
Localizó al fin lo que buscaba y me lo acercó. Era un antiguo calendario del año 1989 envuelto en plástico y en el que se apreciaban las obras de un artista de fantasía llamado Boris Vallejo. La de la cubierta era una de las valkirias cabalgando hacia la batalla.
Abrí los ojos de par en par y salí corriendo hacia el calendario que ya estaba colgado en la pared del sótano. También era uno de ilustraciones de Boris Vallejo, pero de 1986 en este caso. Estaba abierto por el mes de octubre, y en él aparecía la imagen de una guerrera con biquini de batalla a lomos de un corcel negro y empuñando un anillo mágico dirigido a una bandada de dragones que se abalanzaban sobre ella desde los cielos. Había buscado el nombre de la ilustración por curiosidad en una ocasión. Se llamaba Anillo mágico y también se había usado como cubierta de una novela de fantasía de 1985 llamada Warrior Witch of Hel.
Al igual que el resto de los elementos decorativos que adornaban las paredes del sótano de Og, el calendario no podía quitarse ni romperse. Y no se podía cambiar de página para pasar a otro mes.
—Halliday programó la simulación para recrear su ciudad natal durante el año 1986, ¿verdad? —dijo L0—. Entonces ¿cómo es que aquí hay un calendario de 1989?
—Buena pregunta —dije al tiempo que miraba el calendario de la pared y el que ella tenía en la mano—. Pero los gunters de todo el mundo se han pasado años analizando el contenido de esta estancia. ¿Cómo es que ninguno lo ha encontrado?
—Porque no estaba aquí —dijo L0 con una sonrisa de oreja a oreja—. He buscado en la Gunterpedia. Hay un inventario de todos y cada uno de los objetos de este sótano. El único calendario que aparece en dicha lista es el que cuelga de la pared. —Alzó el calendario de 1989—. Así que o no vieron este de aquí o…
—Apareció en la estantería después de que terminase la competición de Halliday —comenté.
L0hengrin asintió y me extendió el calendario de 1989.
—Ahora intenta cambiarlo por el que está en la pared.
Cogí el calendario que me ofrecía L0hengrin y, con la otra mano, quité el que estaba colgado. Para mi sorpresa, pude sacarlo del clavo. Después coloqué con cuidado el de 1989 y lo abrí por el mes de enero.
Tan pronto como lo solté, las páginas empezaron a levantarse por su cuenta hasta llegar al mes de abril. El cielo del exterior cambió rápidamente entre el día y la noche mientras pasaban las páginas, lo que sumió la estancia en un efecto de luz estroboscópico por unos instantes. La simulación de Middletown al completo se pasaba hacia delante a nuestro alrededor, como una película proyectada a cámara rápida.
Cuando terminó el efecto lumínico, me di cuenta de que lo que nos rodeaba había cambiado. Los sofás del sótano de Og estaban colocados de otra manera y había dos estanterías más en la pared del fondo, ambas llenas con más suplementos de juegos. También había pósteres nuevos en las paredes. Pero la diferencia más llamativa era la hora del día. Se había hecho de noche en el exterior. Las farolas estaban encendidas y había luna llena.
—Vaya —me oí susurrar.
Miré el reloj despertador digital que había en lo alto de una de las estanterías. La pantalla brillaba en azul y marcaba la 1:07 de la madrugada.
Me di la vuelta hacia L0hengrin. Estaba henchida de orgullo.
—Cambiar los calendarios cambia el período temporal de la simulación de Middletown desde octubre de 1986 hasta abril de 1989 —explicó—. Pero esta es la única copia que ha cambiado. Las otras doscientas cincuenta y cinco Middletown que hay por el planeta siguen ancladas en 1986. Lo he comprobado.
—Si estamos en abril de 1989 —dije—, ¿qué ocurre si vamos ahora al dormitorio vacío de la residencia Barnett?
L0 sonrió.
—Antes de ir, es necesario encontrar un objeto que se encuentra en esta habitación. Una cinta de casete que Kira le regaló tanto a Halliday como a Og…
Se quedó mirándome para comprobar mi reacción.
—¿Estás poniendo a prueba mis conocimientos o qué? —pregunté.
L0 asintió y se cruzó de brazos. La expresión dubitativa de su rostro me hizo estallar en carcajadas.
—Se llamaba el Mix de Leucosia —dije—. Oscar Miller la menciona en sus memorias, El gremio de aventureros de Middletown, pero no indica cuál es la lista de canciones completa. Solo menciona una canción de la cinta: There Is a Light That Never Goes Out de The Smiths.
L0 asintió.
—Perfecto —dijo—. Y ahora que hemos llegado a 1989, hay dos copias del Mix de Leucosia en la simulación de Middletown. Una en el walkman de Halliday que hay en su dormitorio, y otra aquí.
Se acercó a la ventana que daba al suelo que había al otro lado del sótano y que se abría al patio trasero de los Morrow iluminado por la luna. El radiocasete de Og se encontraba en el alféizar. Pulsó el botón para abrir la pletina y sacó la cinta.
—Según el libro de Miller, Kira hizo dos copias —dijo al tiempo que la alzaba—. Le dio una a Og y otra a Halliday unos meses antes de que terminase el curso de intercambio y tuviese que regresar a Londres.
Me tiró la cinta y yo la alcé para leer la pegatina que tenía en la cara A: MIX DE LEUCOSIA estaba escrito en cursiva sobre una lista de canciones anotadas con la misma letra.
—Gracias —dije al tiempo que añadía la cinta a mi inventario.
L0 ya había empezado a subir corriendo por las escaleras del sótano.
—La casa de Kira está solo a unas manzanas de aquí —gritó por encima del hombro—. ¡Sígueme!
Cuando llegamos a la residencia Barnett unos minutos después, L0hengrin se detuvo en la acera oscura que llevaba a ella. Después señaló la ventana de la habitación de Kira, que se encontraba en el segundo piso. Era la única habitación de la casa con la luz encendida. De hecho, al observar la calle de arriba abajo me di cuenta de que era la única ventana iluminada de toda la manzana.
L0hengrin vio que me daba cuenta y asintió con aprobación. Pero no dijo nada.
Reflexioné unos instantes y luego saqué la copia del Mix de Leucosia del inventario para examinar la lista de canciones. Ahí estaba, la séptima canción de la cara A. There Is a Light That Never Goes Out de The Smiths. Una de las favoritas de Kira.
Me giré para comentárselo a L0hengrin, pero ya había salido corriendo hacia la casa. La seguí al interior.
L0hengrin me esperaba dentro de la habitación de invitados. En mis visitas anteriores, la estancia estaba casi vacía y sin decorar, con una cama, una cómoda y un pequeño escritorio de madera. Ahora había libros de bolsillo de fantasía y ciencia ficción apilados por todas partes y pósteres que cubrían las paredes. Cristal oscuro. El último unicornio. Purple Rain. The Smiths. También collages de imágenes y personajes de videojuegos hechos con recortes de revistas.
Había hojas de papel cuadriculado amontonadas por todas partes, llenas de los meticulosos dibujos que Kira hacía de personajes, objetos y paisajes de videojuegos de rol clásicos, como Bard’s Tale o Might and Magic. Una vez leí que Kira pasaba cientos de horas copiando píxeles de la pantalla con papel cuadriculado, coloreándolos a mano uno a uno para así descubrir cómo los diferentes artistas conseguían dar esos efectos y mejoraban sus técnicas. Más tarde, cuando empezó a trabajar en GSS, se hizo famosa por crear ilustraciones que llevaban al límite las capacidades del hardware de la época. Og siempre decía con tono orgulloso que su mujer «tenía facilidad para dar vida a los píxeles».
Me di la vuelta despacio para contemplar tantos detalles como fuese posible. No había fotos de familia en ninguna parte, pero sí que tenía varias fotografías pegadas con cinta alrededor del espejo en las que salían ella y su grupo de amigos frikis: Halliday, Og y los otros inadaptados sociales que formaban parte del Gremio de Aventureros de Middletown. Varios de ellos escribirían más adelante libros reveladores sobre cómo había sido crecer con Halliday y Og, y como todo buen gunter que se preciase, me los había leído de cabo a rabo en busca de detalles que me ayudasen a averiguar las soluciones a los rompecabezas y acertijos que Halliday había dejado tras de sí. Los había vuelto a leer hacía unos años para, en esta ocasión, fijarme más en los detalles sobre la vida de Kira, por lo que sabía que en ninguno de ellos se describía el interior de su habitación en la residencia Barnett. Nunca había permitido que entrase en ella ningún hombre, por lo que los chicos del gremio no habían visto el lugar, ni siquiera Og ni Halliday. Pero me apuesto lo que sea a que ambos habían pasado mucho tiempo intentando imaginarse cómo era. De hecho, quizá lo que estaba viendo ahora no era más que eso: una simulación de cómo Halliday se había imaginado que podría ser la habitación de Kira en la época.
En el escritorio de Kira había un pequeño televisor a color con un ordenador Dragon 64 conectado. Verlo me hizo sonreír. El Dragon 64 era un PC británico con el mismo hardware que el TRS-80 Color Computer 2, el primer ordenador que Halliday había tenido jamás. Según una de las entradas de su diario que había incluido en el Almanaque de Anorak, cuando descubrió que Kira y él tenían ordenadores personales, Halliday se lo tomó como la prueba definitiva de que estaban destinados a estar juntos. Estaba equivocado, claro.
Kira también tenía una impresora matricial conectada al ordenador, y el tablón de corcho enorme que estaba colgado sobre el escritorio albergaba páginas impresas de antiguas imágenes ASCII y ANSI. Muchos dragones, unicornios, elfos, hobbits y castillos, todos pixelados. Los había visto reimpresos en recopilaciones de las ilustraciones de Kira, pero al verlos ahí me sorprendió el detalle y los matices que había sido capaz de crear con tan pocos píxeles y una paleta de colores tan limitada.
L0hengrin atravesó la habitación hasta llegar a la cómoda de Kira, que tenía un pequeño sistema estéreo Aiwa encima. Pulsó el botón para sacar la cinta de la pletina y la señaló.
—Venga —dijo—. Haz los honores…
Me acerqué, metí el Mix de Leucosia en la pletina vacía y pasé la cinta hasta llegar al final de la sexta canción de la primera cara (Jessie’s Girl de Rick Springfield). Cuando pulsé el botón para reproducirla, oí unos segundos de siseo analógico antes de que empezase la canción y oyese la voz grave de Morrissey: Take me out tonight…
Eché un vistazo por la habitación. No pasó nada. Miré a L0hengrin. Ella alzó una mano y articuló la palabra «espera» con los labios.
Y esperamos. Esperamos tres minutos de canción, hasta cuando Morrissey empieza a repetir el título una y otra vez.
There is a light and it never goes out…
Cuando pronunció la palabra «light» por primera vez, se abrió la tapa de un joyero de madera que había junto al equipo estéreo y un collar salió flotando del interior, como si lo levantase una mano invisible. Era de plata y tenía una piedra preciosa azul. Reconocí que era uno de los que Kira llevaba en la foto del anuario del instituto Middletown de 1989. Según su autobiografía, se lo había regalado Og la primera vez que le había dicho que la quería.
Cuando terminó la canción de The Smiths, la estancia quedó inundada con un destello de luz. Cuando se desvaneció, el collar flotante se había transformado en un cristal enorme y azul con forma de lágrima que giraba frente a nosotros a la altura de los ojos.
Ahí estaba. Al fin. Uno de los siete fragmentos del alma de la sirena.