Ready Player Two
Capítulo 0000
Mi visión se oscureció durante unos instantes. Los auriculares ordenaron a mi cerebro que sumiera mi cuerpo en un inofensivo estado de somnolencia mientras mi mente consciente quedaba activa dentro de lo que venía a ser un sueño lúcido controlado por un ordenador. Al cabo, OASIS se materializó poco a poco a mi alrededor, y me encontré de pie en el estudio de Anorak, el lugar en el que estaba antes de desconectarme la última vez.
Todo tenía el mismo aspecto que antes, pero daba la impresión de ser del todo diferente. Yo estaba ahí de verdad, físicamente dentro de OASIS. Ya no sentía que estuviese usando un avatar. Ahora me sentía como si fuese ese mismo avatar. No llevaba visor en el rostro ni sentía esa opresión y entumecimiento tenues que notaba siempre que llevaba un traje o guantes hápticos. Ni siquiera sentía los auriculares ONI que llevaba mi cuerpo de verdad. El dispositivo no estaba allí cuando extendí la mano para rascarme la cabeza.
Una ligera brisa sopló a través de la ventana abierta del estudio, y la sentí en la piel, la cara y el pelo. Noté los pies en el suelo de piedra, metidos dentro de las botas que llevaba mi avatar.
Me di cuenta de que también era capaz de oler lo que había a mi alrededor. Respiré el rancio aroma de los antiguos libros de hechizos que cubrían las paredes mezclado con el humo de las velas que ardían en la estancia.
Me acerqué a una mesa de trabajo para tocarla. Noté las muescas en la madera al pasar los dedos por la superficie. Después vi un enorme cuenco lleno de fruta, uno que antes no se encontraba allí. Cogí una manzana y sentí en mi mano su peso y su suave firmeza. La apreté con las cinco puntas de los dedos y dejé cinco pequeños cráteres llenos de pulpa en la piel de la fruta.
Me sorprendió la perfección con la que se replicaban los estímulos sensoriales. Eran matices y sensaciones sutiles que nunca podrían haberse recreado o simulado con un par de guantes hápticos.
Llevé la manzana a los labios de mi avatar, que ahora sentía como si fuesen míos, y le di un mordisco con lo que también parecían ser mis dientes. Sabía como una manzana de verdad. Era la más perfecta y deliciosa que me había comido jamás.
Un usuario de OASIS siempre podía comer y beber cosas con su avatar, pero comer potenciadores en forma de comida y beber una poción de curación siempre habían sido pantomimas sin sentido que se hacían con los guantes hápticos. Nunca sentías nada en los labios y, definitivamente, tampoco saboreabas nada con la lengua.
Ahora, gracias al ONI, podía hacerlo. Y lo hice.
Empecé a probar el resto de las frutas del cuenco. La naranja, el plátano, las uvas y la papaya sabían igual de deliciosas cuando les di un mordisco a cada una. Sentí cómo me bajaban por el esófago hasta el estómago. ¡Hasta noté cómo se me llenaba la panza!
—¡Dios mío! —grité en la estancia vacía—. ¡Esto es increíble, joder!
Pero las palabras se entremezclaron a causa de los pedazos de papaya que aún masticaba. Sentí el zumo derramándoseme por la barbilla. Me lo limpié con la manga y después empecé a correr por el estudio, emocionado y tocando superficies y objetos diferentes para ver lo que sentía. ¿Y qué sentí? Pues que todo parecía real. Eso es lo que sentí. Todo parecía real.
Cuando mi entusiasmo inicial empezó a remitir, empecé a preguntarme si el ONI también simulaba el dolor. Si el dolor se sentía con la misma fidelidad con la que se saboreaba la fruta, iba a doler. Y mucho.
Para probar, me mordí un poco la lengua. Sentí la presión de cada uno de los dientes contra la superficie y también los bultos de las papilas gustativas al raspar los incisivos contra ellas. Pero no noté dolor alguno, sin importar lo fuerte que mordiese. Como sospechaba, Halliday había puesto un sistema de seguridad para prevenir el dolor.
Saqué una de mis pistolas bláster y me disparé en el pie derecho. Sufrí varios puntos de daño y sentí una ligera sacudida de dolor, pero se pareció más a un pellizcón fuerte que a un disparo.
Se me escapó una risilla de emoción mientras volvía a enfundar el bláster. Después corrí unos metros hacia la ventana y me lancé por ella para volar como Superman. La túnica se me agitó al viento como si fuese una capa mientras salía despedido hacia las nubes. Sentí que volaba de verdad.
En ese instante también sentí que todo era posible. Y lo cierto es que ahora lo era.
Era el paso definitivo, la evolución final e inevitable de los videojuegos y la realidad virtual. La simulación se había vuelto indistinguible de la vida real.
Sabía que Samantha no iba a estar de acuerdo, pero estaba demasiado emocionado como para pararme a pensar en ello. Quería más. Y el ONI tenía muchas más cosas en la recámara para mí. Muchísimas.
Volé de vuelta al estudio de Anorak y continué experimentando con las capacidades del ONI. En ese momento descubrí un nuevo menú desplegable en la pantalla de datos de mi avatar, uno que se llamaba «ONI». Al seleccionarlo, vi una lista con decenas de archivos grandes que ya se habían descargado a mi cuenta. Todos tenían la extensión .oni y nombres simples y provocativos como CARRERAS, SURF, PARACAIDISMO o COMBATE DE KUNG-FU.
Elegí SURF, y de repente me encontré a lomos de una tabla y surfeando en la pared de una ola gigante que estaba a punto de romper en la costa de una isla tropical. Pero cuando intenté moverme conscientemente para mantener el equilibrio, me di cuenta de que no podía hacerlo. Era una experiencia pasiva. Solo tenía que dejarme llevar. En cierta manera, también era una sensación diferente a la que acababa de experimentar en el estudio de Anorak: mientras que la anterior había sido tranquila y precisa, esta era más intensa, pero también estremecedora y discordante.
Me miré el cuerpo y descubrí que ya no era Parzival, sino otra persona. Era alguien más pequeño, esbelto, con la piel oscura y con mechones de pelo largo y negro que se agitaban frente a su rostro. Llevaba un biquini. Y tenía pechos. ¡Era una mujer! Y también una surfista excelente. No era un avatar, sino una persona de verdad que había grabado su experiencia. Estaba viviendo un pedacito de la vida de otra persona.
No tenía el control de mis movimientos, pero veía, oía, olía y sentía todo, todas las sensaciones que experimentaba la mujer que había hecho la grabación. Hasta sentía los auriculares ONI en mi… en su cabeza, y también el dispositivo de almacenamiento portátil que estaba conectado y resguardado en una carcasa resistente al agua que llevaba atada al brazo derecho.
Eso también explicaba la diferencia de las sensaciones. Ya no estaba experimentando unos estímulos simulados y creados para mí por los servidores de OASIS, lo que sentía en ese momento era el mundo tal y como lo había sentido el cuerpo de la surfista, segundo a segundo, y a través de sus sinapsis. Eran datos neuronales en bruto de un cerebro que no era el mío.
El vídeo de experiencia terminó al romper la ola unos segundos después, y volví a encontrarme en la piel de mi avatar, de pie en el estudio de Anorak.
Abrí el siguiente vídeo, y luego el siguiente. Conduje un coche de carreras, hice paracaidismo, luché con técnicas de kungfu, buceé en aguas profundas y monté a caballo, todo en solo media hora.
Reproduje todos los archivos .oni de la lista, uno detrás del otro, fui de uno a otro lugar, de uno a otro cuerpo y de una a otra experiencia.
Me detuve cuando llegué a una serie de archivos con nombres como SEXO-H-M.oni, SEXO-M-M.oni y SEXO-Nobinario.oni. No estaba listo para esa clase de cosas. Estaba locamente enamorado de verdad de Samantha y emocionado por haber perdido la virginidad con ella unos días antes. No quería serle infiel. Llegué a la conclusión de que engañarla era engañarla, ya fuese en la vida real o de cualquier otra manera.
Me desconecté de OASIS y volví a controlar mi cuerpo. El proceso tardó unos minutos. Después me quité los auriculares ONI y abrí los ojos. Eché un vistazo por mi despacho. Miré el reloj. Llevaba conectado una hora, que era más o menos lo que esperaba.
Aferré los reposabrazos de la silla y después me llevé las manos a la cara. La realidad no parecía mucho más real que la experiencia que acababa de tener en OASIS. Mis sentidos eran incapaces de distinguir entre ambas sensaciones.
Halliday tenía razón. El ONI iba a cambiar el mundo.
—¿Cómo cojones había conseguido Halliday hacer algo así? ¿Cómo había inventado en secreto un dispositivo tan complejo? El hardware ni siquiera era su especialidad.
La respuesta se encontraba en la documentación que me había enviado. Leí el resto y descubrí que Halliday llevaba trabajando en el ONI desde hacía más de veinticinco años, con un laboratorio lleno de neurocientíficos que ocultaban el secreto a plena vista.
Unos meses después de que GSS lanzara OASIS, Halliday creó en la empresa una división de I+D llamada Laboratorio de Investigación para la Accesibilidad. Aparentemente, su cometido era crear una línea de hardware neuroprotésico que permitiese a las personas con discapacidades físicas graves usar OASIS con más facilidad. Halliday contrató a las mentes más brillantes del campo de la neurociencia para trabajar en el LIA y les dio la financiación necesaria para llevar a cabo la investigación.
El trabajo que realizó el LIA durante las décadas siguientes no se ocultó. Al contrario, sus descubrimientos crearon una nueva línea de implantes médicos que empezaron a usarse en muchos ámbitos. Leí sobre varios de ellos en mis libros de texto del instituto. Primero, desarrollaron un nuevo tipo de implante coclear que permitía a los que decidían usarlo percibir los sonidos con perfecta nitidez, tanto en el mundo real como dentro de OASIS. Unos años después, desvelaron un nuevo implante de retina que permitía a todas las personas ciegas que quisieran «ver» a la perfección dentro de OASIS. Y conectando dos minicámaras al mismo implante, también podían llegar a recuperar la visión en el mundo real.
El siguiente invento del LIA fue un implante cerebral que permitió a los parapléjicos controlar los movimientos de su avatar de OASIS usando sus pensamientos. Funcionaba en combinación con otro implante que les permitía sentir estímulos sensoriales simulados. Y dichos implantes otorgaron a esas personas la capacidad de recuperar el control de sus extremidades inferiores y el sentido del tacto. También permitió a los amputados controlar las extremidades robóticas y recibir estímulos sensoriales de ellas.
Para conseguirlo, los investigadores desarrollaron un método de «grabación» de la información sensorial que el sistema nervioso enviaba al cerebro al percibir todo tipo de estímulos externos. Después las recopilaron en una inmensa biblioteca digital de sensaciones que podía «volver a reproducirlas» dentro de OASIS para simular a la perfección cualquier cosa que pudiese llegar a experimentar una persona a través de su sentido del tacto, del gusto, de la vista, del olfato o del oído; el equilibrio, la temperatura, vibraciones… Lo que fuese.
GSS patentó todos los inventos del Laboratorio de Investigación para la Accesibilidad, pero Halliday nunca intentó sacar beneficios de ellos. En lugar de eso, creó un programa para regalar esos implantes neuroprotésicos a cualquier usuario de OASIS que los necesitase. Y la empresa hasta subvencionó el coste de la cirugía necesaria. El programa hizo que esas herramientas tan potentes estuviesen a disposición de todos los discapacitados físicos que decidiesen usarlas, pero también proporcionó al LIA un suministro ilimitado de conejillos de Indias con los que llevar a cabo sus experimentos.
Crecí leyendo titulares sobre los descubrimientos del LIA en el campo de los implantes cerebrales, pero ni yo ni nadie les prestamos demasiada atención porque la tecnología solo estaba disponible para los que tenían discapacidades físicas graves y estaban dispuestos a someterse a una cirugía cerebral invasiva (y puede que hasta mortal).
Pero mientras hacía todos esos descubrimientos maravillosos, el Laboratorio de Investigación para la Accesibilidad también pasó esas décadas desarrollando otra tecnología secreta, una que terminaría por convertirse en el descubrimiento definitivo del LIA: una interfaz cerebro-ordenador que podía llevar a cabo lo mismo que todos sus implantes sin necesidad de cirugía alguna. El laboratorio desarrolló una manera de leer las ondas cerebrales y transmitirlas a través del contacto dérmico gracias a la enorme cantidad de datos que había conseguido reunir después de trabajar con la mente humana y a una elaborada combinación de tecnologías EEG, fMRI y SQUID. Halliday compartimentó cada una de las facetas del proyecto, por lo que todos los equipos de científicos o ingenieros trabajaron aislados de los demás. Él era el único que sabía cómo iba a encajar todo.
Se gastaron miles de millones de dólares y pasaron décadas de trabajo antes de que consiguieran crear un prototipo funcional de la Interfaz Neural de OASIS. Pero tan pronto como terminaron las últimas pruebas de seguridad, Halliday echó el cierre al proyecto ONI y lo consideró un fracaso. Una semana después, cerró el Laboratorio de Investigación para la Accesibilidad y despidió a todo el personal. Les dio una indemnización por despido que les aseguraba no tener que volver a trabajar en toda su vida a cambio de respetar los acuerdos de confidencialidad que habían firmado en el contrato.
Así fue como Halliday creo la primera interfaz informática cerebral no invasiva sin que el mundo lo supiese.
Y ahora, mis amigos y yo habíamos heredado el invento. Era nuestro, para enterrarlo o revelarlo al mundo entero.
No tomamos la decisión a la ligera. Sopesamos todos los pros y los contras. Más tarde, tras un acalorado debate, votamos los cuatro. Ganaron los síes. Y de esa manera cambiamos para siempre el curso de la historia de la humanidad.
Después de otra serie de pruebas de seguridad, GSS patentó la tecnología de la Interfaz Neural de OASIS y empezó a producir en masa los auriculares. Los pusimos a la venta al precio más bajo posible para asegurarnos de que la mayoría de la gente podía permitirse experimentarlo.
Vendimos un millón de unidades el primer día. Y cuando los auriculares llegaron a las tiendas, la línea de gafas virtuales y equipo háptico de IOI quedó obsoleta en un abrir y cerrar de ojos. Por primera vez en la historia, GSS se convirtió en el fabricante de hardware de OASIS líder en el mercado. Y cuando las capacidades del ONI empezaron a ser más conocidas gracias al boca a boca, las ventas se incrementaron de manera exponencial.
Y unos días después, ocurrió; el acontecimiento que puso en marcha toda esta historia.
Unos segundos después de que los servidores de OASIS alcanzasen 7.777.777 usuarios simultáneos, apareció un mensaje en la página web abandonada de Halliday, el lugar en el antes se encontraba el Marcador del concurso:
Los siete fragmentos del alma de la sirena
Busca en los siete mundos donde intervino
Para conseguir que vuelva a estar entera
Tributos mi heredero pagará por su sino
Empezó a conocerse como el Acertijo de los Fragmentos y lo primero en lo que repararon los gunters de la vieja escuela fue que la rima y el número de sílabas era igual al acertijo «Ocultas, las tres llaves, puertas secretas abren», el que había usado Halliday para anunciar su famosa Cacería.
La gente dio por hecho que el Acertijo de los Fragmentos no era más que un engaño publicitario muy elaborado pergeñado por los nuevos propietarios de GSS para ayudar a promocionar el lanzamiento de nuestros auriculares ONI. Y nunca hicimos nada para negar o desalentar los rumores, ya que ayudaban a promover la idea de que ahora OASIS estaba bajo nuestro control. Pero los cuatro conocíamos la inquietante verdad. No teníamos ni idea de lo que estaba pasando.
El Acertijo de los Fragmentos parecía anunciar la presencia de un segundo Huevo de Pascua, otro objeto escondido en algún lugar del interior de OASIS por su excéntrico creador en algún momento anterior a su muerte. Y el momento en el que había aparecido el acertijo tampoco podía tratarse de una coincidencia. Sin duda, la decisión de lanzar al mercado la Interfaz Neural de OASIS era lo que lo había hecho aparecer.
Teniendo eso en cuenta, ¿qué era lo que Halliday pretendía decirnos?
El término «sirena» parecía ser una referencia a Kira Morrow, la esposa fallecida de Og y el amor no correspondido de Halliday. En el pasado, cuando todos iban al mismo instituto en Ohio, Kira le había puesto a uno de sus personajes de Dungeons & Dragons el nombre de Leucosia, en referencia a una de las sirenas de la mitología griega. Muchos años después, Kira había usado ese nombre para su avatar de OASIS. Después de su muerte, Halliday lo había recuperado como contraseña, la misma que yo había tenido que adivinar para superar el desafío final de su concurso.
No estaba claro qué ocurriría cuando alguien reuniese los siete fragmentos y consiguiera que «vuelva a estar entera», pero empecé a buscarlos de todas maneras. Halliday había vuelto a lanzarme el guante, y yo no pude evitar recogerlo.
Y no estaba solo. La aparición del acertijo pareció generar toda una nueva generación de gunters que empezó a explorar OASIS en busca de los siete fragmentos. Pero a diferencia del Huevo de Halliday, en este caso no se había anunciado recompensa alguna por encontrar el alma de la sirena, por lo que nadie sabía exactamente qué era lo que buscaba ni por qué.
Pasó todo un año en un abrir y cerrar de ojos.
Conseguimos vender tres mil millones de unidades. Después cuatro mil.
No tardó en descubrirse que nuestros auriculares de interfaz informática cerebral también contaban con una gran cantidad de aplicaciones no relacionadas con OASIS en medicina, aviación, fabricación y conflictos armados. Las acciones de Innovative Online Industries no dejaron de desplomarse. Cuando bajaron lo suficiente de precio, orquestamos una compra agresiva de la empresa. GSS absorbió IOI y todo su negocio, lo que nos transformó en una megacorporación imparable con el monopolio global de la mayor plataforma de entretenimiento, educación y comunicación del mundo. Para celebrarlo, liberamos a todos los reclutas de IOI y les perdonamos sus deudas pendientes.
Pasó otro año. OASIS alcanzó un nuevo hito: se conectaban cinco mil millones de usuarios cada día. Después seis. Dos tercios de las personas de nuestro superpoblado y recalentado planetita. Y más del noventa y nueve por ciento de los usuarios que accedían a OASIS lo hacía usando uno de los nuevos auriculares de interfaz neural.
Tal y como Halliday había predicho, la nueva tecnología empezó a tener un gran impacto en el día a día de las personas, y la civilización humana al completo. Todos los días había nuevas experiencias que descargar. Todo lo que te pudieses imaginar. Podías ir a cualquier parte, hacer cualquier cosa y ser cualquiera. Era el pasatiempo más adictivo imaginable, mucho más de lo que lo había sido OASIS en el pasado, que ya era decir.
Otras empresas intentaron hacer ingeniería inversa con los auriculares ONI y robar la tecnología de interfaz neural, pero el software y la potencia de procesamiento necesario para que funcionase dicha tecnología formaba parte intrínseca de OASIS. Las experiencias se podían grabar en un archivo .oni cuando estabas desconectado, o incluso en archivos ilegales, pero dichos archivos solo podían reproducirse subiéndolos a OASIS. Eso nos permitió deshacernos de grabaciones ilegales o de mal gusto antes de que se pudieran compartir con otros usuarios. También nos posibilitó mantener el monopolio de lo que se estaba convirtiendo vertiginosamente en la forma de entretenimiento más popular de la historia de la humanidad.
GSS lanzó la ONI-net, una red social cuyo cometido era compartir archivos .oni. Permitía a los usuarios buscar, comprar, descargar, puntuar y reseñar las experiencias ONI grabadas por miles de millones de personas alrededor del mundo. También les permitía subir sus propias experiencias y venderlas al resto de OASIS.
Las «simus» eran grabaciones que se creaban dentro de OASIS y las «grabas» eran las que se llevaban a cabo en la realidad. Pero los niños habían dejado de llamarla «realidad». Ahora la llamaban «virreal» (término derivado del acrónimo IRL, «in real life», «en la vida real»). Y «enoa» era el término que se usaba para decir «en OASIS». Por lo que las grabas se hacían en la virreal y las simus en enoa.
Ahora, en lugar de seguir a su celebridad favorita en las redes sociales, los usuarios de ONI se convertían en su celebridad favorita durante unos minutos cada día. Se metían en su piel. Eran fragmentos reales y preparados a conciencia de vidas mucho más sofisticadas.
La gente ya no veía películas ni series de televisión, sino que las vivían. El espectador ya no formaba parte del público, sino que era el protagonista. En lugar de ver un concierto de rock frente al escenario, ahora podías experimentar el concierto como cada uno de los miembros de tu banda favorita y ser cualquiera de ellos mientras interpretaban tu canción preferida.
Todo el que tenía unos auriculares ONI y un dispositivo de almacenamiento de datos vacío podía grabar una experiencia en la vida real, subirla a OASIS y venderla a miles de millones de personas de todo el mundo. Ganabas dinero por cada descarga, y GSS solo se quedaba con un veinte por ciento por haberlo hecho posible. Si uno de tus vídeos se hacía viral, los beneficios podían hacerte rico de la noche a la mañana. Las estrellas de cine, del rock, del porno y del streaming se afanaron por aprovecharse de esta nueva fuente de ingresos.
Por menos de lo que costaba un latte helado, podías experimentar con seguridad cualquier cosa que estuviese a disposición de los demás. Podías consumir cualquier droga, comer cualquier comida, practicar cualquier tipo de sexo, y todo sin preocuparte de la adicción, de las calorías o de las consecuencias. Podías revivir experiencias reales sin censurar o jugar aventuras guionizadas interactivas dentro de OASIS. Y gracias al ONI, parecían del todo reales.
El ONI hizo que la vida de las personas pobres de todo el mundo fuese mucho más llevadera… y disfrutable. A la gente no le importaba sobrevivir a base de algas deshidratadas y proteína de soja si luego podía conectarse a la ONI-net y descargar un delicioso menú de cinco platos en cualquier momento. Podía probar la cocina de cualquier parte del mundo, preparada por los mejores chefs y que se la sirviesen en una mansión, en la cima de una montaña, en un restaurante con vistas o en un autojet de camino a París. Y, por si fuese poco, también podías experimentar esas comidas en el cuerpo de un comensal que tuviese unas papilas gustativas particularmente sensibles. O como un famoso que cenase con otros famosos, servidos por camareros que en realidad fuesen exfamosos. Lo que te diese la real gana.
Moderar todo ese contenido creado por los usuarios era un desafío, y también una gran responsabilidad. GSS implementó el CenSoft, un férreo software personalizado de censura por IA que escaneaba todas las grabaciones .oni antes de que se lanzaran y detectaba contenido sospechoso para que luego los revisase un humano. Los empleados de GSS examinaban el material cuestionable y decidían si era seguro ponerlo en circulación. Cuando se encontraban con comportamientos criminales, enviaban los vídeos a los agentes de las fuerzas de seguridad del país o la región de la persona que lo había subido.
La tecnología ONI siempre daba pie a nuevas utilidades. Por ejemplo, se puso de moda que las madres jóvenes grabasen un vídeo para el ONI mientras daban a luz a sus hijos, para que unas décadas después el joven pudiese reproducir la grabación y experimentar de primera mano lo que era ser «la madre que te parió».
¿Y yo?
Todos mis sueños se habían hecho realidad. Era absurdamente rico y famoso. Me había enamorado de la chica de mis sueños y ella también se había enamorado de mí. No había razón para no ser feliz, ¿verdad?
Pues no fue así del todo, tal y como paso a relatar a continuación. Me vi sobrepasado tanto personal como profesionalmente, por lo que no tardé en volver a echar mi vida a perder. Y, cuando lo hice, volví a buscar consuelo en el más antiguo de mis amigos: OASIS.
Ya había hecho frente a la adicción a OASIS antes del lanzamiento del ONI, pero conectarme ahora a la simulación era como inyectarse heroína mejorada químicamente. No tardé en volver a convertirme en adicto. Cuando no estaba reproduciendo grabaciones ONI, me dedicaba a buscar en la ONI-net y añadirlas a la cola de mi lista de reproducción.
Mientras, no dejé de buscar los siete fragmentos del alma de la sirena. Podía teletransportarme a cualquier lugar de OASIS, comprar cualquier cosa y matar a cualquiera que se interpusiese en mi camino. Pero no fui capaz de progresar en la búsqueda. Y no entendía la razón.
Al fin, con una mezcla de repulsa e indignación, ofrecí mil millones de dólares a quienquiera que me diese información sobre cómo localizar la ubicación de solo uno de los siete fragmentos. Anuncié la recompensa con un corto muy bien hecho que grabé con Invitación de Anorak en mente. Esperé que pareciese un curioso homenaje al concurso de Halliday en lugar de una petición de ayuda desesperada. Y, al parecer, funcionó.
La cacería del fragmento del millón de dólares causó mucha agitación dentro de OASIS. El número de gunters que los buscaban se cuadruplicó de la noche a la mañana. Pero ninguno consiguió mi recompensa. (Durante un breve espacio de tiempo, los jóvenes e idealistas cazadores de fragmentos empezaron a llamarse «fragters» para diferenciarse de sus homólogos mayores, pero cambiaron de idea cuando todo el mundo empezó a llamarlos «frustraters» y terminaron por volver a llamarse «gunters». Era un apodo que aún les iba como anillo al dedo. Los siete fragmentos eran huevos de pascua que Halliday había escondido y que ellos tenían que cazar).
Pasó otro año.
Y, unas pocas semanas después del tercer aniversario del lanzamiento de ONI, por fin pasó algo. Un joven gunter con iniciativa me llevó hasta el primer fragmento. Y, cuando lo cogí, puse en marcha una serie de acontecimientos que darían un vuelco al destino de la especie humana.
Como uno de los testigos de esos acontecimientos históricos, me he sentido obligado a dar mi visión de los hechos tal y como ocurrieron para mí, para que las generaciones futuras (si es que las hay) los tengan a su disposición cuando decidan juzgar mis acciones.