Ready Player Two

Ernest Cline · Capítulo 16 de 35

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Ready Player Two

Capítulo 0013

 

 

Og aparentaba unos dieciséis años, la misma edad que tenía al conocer a Kira en unos recreativos de la zona cuando ella se mudó a Middletown en verano de 1988.

Ahora sabía por qué el lugar y el ambiente me resultaban tan familiares. Lo había leído hacía siete u ocho años en la autobiografía superventas de Ogden Morrow, titulada Og. A diferencia del blog y las entradas de diario de Halliday en el Almanaque de Anorak, las memorias de Og eran exasperantemente parcas en detalles, pero en el segundo o tercer capítulo del libro detallaba la primera vez que había visto a la que se convertiría en su futura esposa, el último día de verano antes de su primer año en el instituto. La describió como «una chica preciosa e increíble que tenía el pelo corto y oscuro y unos bonitos ojos azules» que deambulaba por «uno de los recreativos de la zona» y decía que había observado desde la distancia como «se pasaba uno de los juegos más difíciles del lugar con solo una moneda de veinticinco centavos».

Pero Og nunca se había molestado en especificar el nombre de los recreativos ni del juego al que había jugado Kira, y otros escritos sobre el momento aportaban información contradictoria al respecto. Ahora yo sabía que había conocido a Kira en Happytime Pizza. Y que el juego que había visto pasarse con una moneda de veinticinco centavos era Sega Ninja, también conocido como Ninja Princess.

Estaba reviviendo el primer encuentro entre Ogden y Kira Morrow.

Si recordaba bien el libro de Og, se había acercado para felicitarla después de que se pasase el juego. Pero en ese momento, su sombra inadaptada social, Halliday, los había interrumpido para pedirle a Og que lo llevase a casa. Siempre esperaba hasta el último momento posible antes de regresar a su conflictivo hogar, por lo que Og sabía que, de hecho, Halliday no quería marcharse aún y lo que estaba haciendo en realidad era interponerse entre la chica y él. Era algo que sorprendió y resultó curioso a Og, porque Halliday nunca se había mostrado celoso por una chica. Solo por componentes informáticos.

—Hola —dijo el Og adolescente cuando al fin se armó de valor para mirarme directo a los ojos—. Me llamo Og y… ¡eres increíble! ¡No me puedo creer que te hayas pasado Sega Ninja con veinticinco centavos! Es la primera vez que vemos a alguien hacerlo aquí. ¡Qué pasada!

Og levantó la mano derecha con torpeza. Tardé un segundo en darme cuenta de que me ofrecía chocar los cinco, pero después se los choqué. Puso un gran gesto de alivio cuando vio que lo hacía.

Volvió a mirarme, y yo noté que el corazón se me aceleraba cada vez más. Empecé a sentir un hormigueo en la piel, como si me la recorriesen unos tentáculos eléctricos invisibles. Era una sensación familiar, ya que yo me sentía igual cada vez que veía a Samantha en el mundo real.

No era capaz de imaginarme cómo se había sentido el Ogden Morrow de hoy en día al tener que enfrentarse a este desafío. Por suerte, seguro que había usado un equipo háptico convencional (ya que nunca usaba el ONI y no lo llevaba puesto en ese vídeo que Anorak nos había enseñado para chantajearnos), por lo que al menos se había librado de sentir todas las sensaciones físicas del momento. Pero rememorar ese instante desde la perspectiva de Kira tuvo que haber sido una experiencia desgarradora para él.

—Gracias, Og —me oí decir con la voz y el acento británico de Kira—. Soy Karen Underwood, pero mis amigos me llaman Kira. —Sentí cómo señalaba con la cabeza en dirección al mueble de Sega Ninja que tenía detrás —. Tenían este juego en una de las tiendas que hay cerca del apartamento de mis padres en Londres, pero allí se llama Ninja Princess, no Sega Ninja. — Sentí cómo levantaba un poco las comisuras de los labios en una sonrisilla, y luego añadí—: Supongo que a los chicos estadounidenses no les gusta jugar con las chicas.

—¡Sí que nos gusta! —dijo Og de inmediato. Después empezó a ponerse rojo y a tartamudear—. O sea, no tenemos nada en contra de jugar con ellas, quiero decir… ¡A videojuegos! A videojuegos con una protagonista femenina, como este de aquí.

Og acarició con torpeza el mueble de la recreativa, como si fuese un perro labrador que pasase por allí. Después se llevó las manos a los bolsillos y me sonrió como un idiota enamorado. Me dio la impresión de que sus pupilas iban a convertirse en corazones en cualquier momento, como en los dibujos animados.

Abrió la boca para decir algo más, pero justo en ese instante apareció otro adolescente que me resultaba muy familiar y nos interrumpió. Lo reconocí de inmediato. Era James Halliday con diecisiete años. Llevaba las gafas de pasta gruesas, un par de vaqueros desteñidos, unas zapatillas Nike y una de sus queridas camisetas de Space Invaders.

Cuando apareció, la gramola cambió de repente de Jessie’s Girl a Obsession de Animotion. Sabía que no podía tratarse de una coincidencia.

—Tengo que irme a casa —dijo el joven Halliday a Og sin mirarlo ni a él ni a mí—. Me estoy quedando sin monedas, así que… Necesito que alguien me lleve a casa.

Og lo miró durante unos instantes con incredulidad mientras Halliday mantenía la vista fija en la moqueta. Og me dedicó una sonrisa avergonzada y luego se giró hacia Halliday.

—Un momento —dijo al fin—. Puedes esperarme en mi coche hasta que esté listo para irme. También puedes… —Pescó un billete de dólar arrugado del bolsillo delantero de sus vaqueros desteñidos—. Está demasiado arrugado para la máquina, pero te lo cambiarán en la ventanilla.

Og tiró el billete a Halliday y se volvió de nuevo hacia Kira sin esperar respuesta alguna. El dinero golpeó a Halliday en el pecho y luego cayó al suelo en silencio.

—¡No! —gritó Halliday, rabioso de repente y dando un pisotón con el pie derecho como un bebé que está a punto de tener un berrinche. Cuando el calzado entró en contacto con el suelo, Og y el resto de los PNJ desaparecieron y me quedé a solas con el Halliday de diecisiete años.

Y, en ese instante, también cambió todo lo que nos rodeaba.

La sala de juegos de Happytime Pizza quedó reemplazada por un salón del trono que se parecía mucho a una versión realista de la de 8-bits de la última fase de Ninja Princess. El Halliday adolescente se transformó en el ninja enmascarado y ataviado de negro llamado Kazamaru, que era idéntico a Shô Kosugi en La venganza del ninja de 1983.

Bajé la vista hacia mi avatar y vi que mi apariencia también había cambiado. Aún era una chica, pero ahora estaba vestida con una túnica holgada hecha de seda roja con bordados dorados y un dragón chino en cada manga.

También sostenía una espada en la mano derecha, y en la superficie espejada de la hoja vi que mi rostro ya no era el de Kira Underwood. Mi avatar había cambiado para convertirse en una versión real de la princesa Kurumi, y el creador de esta simulación había decidido que fuese igual a Elsa Yeung en Challenge of the Lady Ninja, también de 1983.

—«Cuando recuperes su castillo, te enfrentarás al impostor» —recitó Shoto—. ¡Eso es! ¡Dale una buena tunda, princesa!

Asentí y luego me abalancé hacia el enemigo para seguir las órdenes de Shoto y darle una buena tunda a Kazamaru.

Por suerte, las mecánicas de los combates ONI eran más o menos idénticas a las de los viejos equipos hápticos. No tenías que realizar ninguno de los complicados movimientos especiales ni técnicas del avatar por ti mismo a menos que quisieses hacerlo. En lugar de eso, podías limitarte a hacer un simple gesto con la mano o pronunciar un comando de voz para que tu avatar ejecutase un movimiento o un ataque. La única diferencia era que cuando usabas el ONI sentías los movimientos del cuerpo de tu avatar como si tú llevases a cabo las acciones, por lo que por unos instantes sentí que me movía en piloto automático.

Estaba preparado para un combate brutal, pero quienquiera que hubiese programado el desafío había hecho que la princesa Kurumi fuese mucho más fuerte que su versión falsa masculina, que casi ni podía luchar. Solo consiguió darme uno o dos golpes antes de que le bajase la barra de vida con una andanada de dagas voladoras.

Cuando reduje a un uno por ciento su barra, las palabras FINISH HIM aparecieron flotando en el aire entre nosotros durante unos instantes. Desaparecieron, y golpeé a Kazamaru en la cabeza con una patada circular definitiva. Lo que le quedaba en la barra de vida se puso rojo, pero no murió. En lugar de eso, el maestro ninja de ropajes negros cayó de rodillas de repente y empezó a llorar para luego desaparecer en una nube de humo unos segundos después.

El humo no tardó en disiparse, y vi el segundo fragmento flotando frente a mí.

Extendí la mano para tocarlo y me pregunté si estaría a punto de experimentar otro de esos recuerdos de Kira. Cuando lo rodeé con los dedos…

 

Volví a encontrarme dentro del cuerpo de una Kira Underwood de diecisiete años, y el Ogden Morrow adolescente estaba ahora frente a mí y me cogía de las manos. Estaba oscuro, y nos encontrábamos en una colina cubierta de hierba a la luz de la luna, con el pequeño skyline de Middletown en la distancia. Og me había dejado un collar de plata en las manos, el mismo collar del joyero de Kira que luego se había transformado en el primer fragmento. Al hacerlo, me susurró las palabras «te quiero». Supuse que esa era la primera vez que lo hacía.

Og también había escrito sobre ese momento en su autobiografía, pero no lo había hecho al detalle ni dicho cuándo ni dónde había ocurrido.

Sentí que el cuerpo me empezaba a temblar. Era la reacción de Kira a lo que le acababa de decir su futuro marido.

 

Y luego volví a encontrarme en la piel de mi avatar. Volvía a estar en Kodama, junto a Hache y Shoto, frente al portal del Ninja Princess. Era como si mi avatar acabase de salir despedido de él. Cuando bajé la vista, vi que tenía el segundo fragmento en mi palma abierta. Era otro cristal azul y multifacetado, casi idéntico al primero en tamaño y apariencia.

Shoto y Hache se abalanzaron hacia mí para abrazarme.

—No —dije—. Lo hemos conseguido juntos. No podría haberlo hecho sin vuestra ayuda.

Extendí ambos brazos con el puño cerrado, choqué los puños con ambos y luego asentí en silencio.

—Ese desafío final ha sido una locura, ¿verdad? —dijo Shoto—. ¿Por qué iba a querer Halliday que mataras a su versión adolescente?

—Tiene que ser un reflejo de su autodesprecio, supongo —comentó Hache—. Quizá al fin se llegó a dar cuenta de lo capullo que había sido con Kira y con Og.

No fui capaz de concentrarme en lo que decía. Aún le daba vueltas al flashback que acababa de experimentar. Otro de los recuerdos privados de Kira Underwood reproducidos con un detalle e intensidad que deberían de haber sido imposibles. Por Crom, ¿a qué venía todo eso?

No tuve tiempo de detenerme a sopesar las posibilidades. Teníamos más fragmentos que recuperar y nada de tiempo que perder.

Bajé la vista hacia el segundo fragmento que tenía en la mano, y después lo alcé para examinarlo con Hache y Shoto. Cuando lo giré, vimos que tenía una inscripción tallada en la superficie de cristal, como el primero. Hache la leyó en voz alta.

—«Cambia al patoso, restaura su final. El primer destino de Andie deberás enmendar».

—«El primer destino de Andie» —repitió Shoto—. ¿Andie no era el nombre del personaje de Kerri Green en Los Goonies?

—No —dije al tiempo que negaba con la cabeza—. El nombre se escribía con una i griega al final, no con i latina y e.

—A-N-D-I-E —deletreó Hache al tiempo que cerraba los ojos para imaginarse mejor el nombre. ¿Como Andie MacDowell? Se giró hacia Shoto y lo agarró por el hombro—. ¡Joder! Quizá el próximo fragmento esté en el planeta Punxsutawney, ¿no? Solía ir allí todos los Días de la Marmota para…

—¡Un momento! —gritó Shoto para interrumpirla. Abrió una ventana de navegador frente a su avatar y empezó a leer—. Andie MacDowell también protagonizó Greystroke: la leyenda de Tarzán, el rey de los monos en 1984. Pero el director contrató a Glenn Close para regrabar todos sus diálogos porque no le gustaba el acento sureño. ¿Creéis que lo de «cambia al patoso» podría ser por eso? Quizá la película tenga un final alternativo…

—Un momento. ¿Estamos hablando de la película en la que Connor MacLeod interpreta a Tarzán? —preguntó Hache—. ¿La dirigida por el mismo tipo que hizo Carros de fuego?

—¡Esa! —dijo Shoto—. Tiene que haber algún Flicksync sobre ella en alguna parte… —Abrió el atlas de OASIS en otra ventana—. ¿Quizá en Lambert? O uno de los planetas con temática de Edgar Rice Burroughs del Sector Veinte. Si conseguimos…

—¡Chicos! —grité al tiempo que gesticulaba con las manos—. Venga ya. Os estáis extralimitando. ¿De verdad creéis que el tercer fragmento está relacionado de alguna manera con Andie MacDowell? ¿O con Tarzán? No se menciona ninguna de esas cosas ni en el Almanaque ni en ninguno de los libros que he leído sobre la vida de Kira.

Hache se encogió de hombros.

—Pues a lo mejor era fan de Andie MacDowell, quién sabe —dijo—. Nunca investigué demasiado sobre las aficiones de Kira. Según Og, Halliday nunca se molestó en conocerla bien.

—Tiene que haberla conocido mucho mejor de lo que creía todo el mundo —dije mientras pensaba en los flashbacks de los fragmentos. Parecían grabas, no simus. Las diferencias eran sutiles, pero las simus no tenían esa mezcla de extrañeza, incertidumbre e intensidad con la que contaban las grabaciones de la vida real. Los sabía porque había probado miles.

Pero tampoco podían ser grabas porque tenía muy claro que los auriculares ONI no existían en Middletown en otoño de 1988.

¿Qué acababa de experimentar entonces?

Aún seguía dándole vueltas, pero en ese momento mi cerebro consiguió relacionar el nombre de Andie con algo de las recónditas profundidades de mi memoria. Abrí una ventana de navegador frente a mí e hice una búsqueda rápida en la red para asegurarme de que estaba en lo cierto.

—¡Andie Walsh! —grité—. Con i latina y e. ¡Era el nombre del personaje de Molly Ringwald en La chica de rosa!

Hache y Shoto gruñeron y pusieron los ojos en blanco. Ninguno era muy fan de John Hughes, pero sabían que Art3mis y yo adorábamos sus películas. Durante la competición de Halliday, Art3mis había publicado en su blog una gran cantidad de entradas relacionadas con las películas de Hughes en las que analizaba con minuciosidad todas las escenas. Su conocimiento enciclopédico del tema no había servido para encontrar el huevo de Halliday, pero puede que ahora sí pudiese ponerlo en práctica. A menos que yo consiguiese encontrar el fragmento antes de que ella volviese a conectarse. Y así impresionarla y quedar como el más guay.

—La chica de rosa tendría sentido —continué—. Kira y Og también eran muy fans de John Hughes. Y ayudaron a programar algunas de las primeras misiones de Shermer.

—¿Crees que Shermer es el siguiente planeta al que tenemos que ir? — preguntó Hache—. ¡Arty va a volverse loca!

—Vale —dijo Shoto al tiempo que volvía a leer la pista—. Si es Andie de La chica de rosa, ¿a qué viene entonces lo de «cambia al patoso, restaura su final»?

—La chica de rosa tuvo un final diferente en un primer momento — respondió—. Uno en el que Andie terminaba con Duckie, en lugar de con Blane. Arty… Samantha publicó un artículo al respecto en Misivas de Arty hace mucho tiempo.

—Claro que sí —dijo Hache—. Está más obsesionada que tú y todo.

La ignoré e intenté no perder el hilo de mis pensamientos.

—Creo que decidieron cambiar el final de la película después de unas proyecciones de prueba en las que no tuvo mucho éxito…

Art3mis apareció junto a nosotros en el momento justo.

—¡Hablando del rey de Roma, por la puerta asoma! —dijo Hache al tiempo que la saludaba con un choque de puños—. ¿Ya estás a salvo, Arty?

Arty asintió y luego se llevó el dedo índice a los labios un momento.

—Siento haber estado desaparecida tanto tiempo —dijo—. Echaba mucho de menos cambiarme de ropa, la verdad.

Sonrió y admiró nuestros atuendos clásicos de gunter. Después chasqueó los dedos y giró sobre sí misma. La ropa de su avatar quedó reemplazada por la armadura metálica y azul que llevaba durante la competición, así como las pistolas bláster que colgaban de las fundas bien sueltas que llevaba a la cadera y una larga y curvada espada élfica amarrada a la espalda. Hasta se había puesto los mitones tipo Mad Max.

Verla vestida así de nuevo me hizo rememorar unos sentimientos y recuerdos que creía olvidados. Sentí un leve mareo y un dolor en el pecho.

—¡Esa es nuestra chica! ¡Ya ha vuelto a ponerse su modelito! —dijo Hache mientras levantaba ambas manos para chocarlas con ella.

—¡Maravilloso, equipo! —dijo Art3mis—. No me puedo creer que ya hayáis encontrado el segundo fragmento. ¡Qué pasada de rápido!

—Sí que ha sido rápido, sí —dijo Shoto—. Pero porque llevé a Zeta de la manita para que lo consiguiese y…

—Y yo lo llevé de la otra manita —dijo Hache mientras reía—. Y ahora que Arty vuelve a estar en la pandilla, seguro que seremos imparables, tíos. ¡El alma de la sirena será nuestra, compadres!

Art3mis y Shoto se unieron a su alborozo, pero yo me limité a levantar el puño sin mucha decisión y luego carraspeé.

—No es por interrumpir la celebración, pero creo que deberíamos descubrir qué es el alma de la sirena y por qué Og se niega a que Anorak la tenga.

Las sonrisas se desvanecieron de sus rostros y luego se giraron para contemplarme con expectación.

—Vale —dije—. Primero, dejad que os haga una pregunta. ¿Por qué creéis que Halliday lo llamó el «alma de la sirena»?

—Porque Kira le puso el nombre Leucosia a su personaje de D&D — respondió Shoto—. El mismo que una de las sirenas de la mitología griega.

—Correcto —dije—. Por lo que si Kira es la «sirena» y los siete fragmentos son las «partes» de su «alma», ¿qué da por hecho Anorak que ocurrirá cuando los juntemos? ¿Cuándo consigamos que «vuelva a estar entera»?

Art3mis me miró.

—Joder, Wade —murmuró—. ¿No creerás que…?

Asentí.

—Anorak no cree que el alma de la sirena sea un artefacto mágico con el nombre de Kira —dije—. Cree que es ella. Una copia en IA de Kira. Igual que él es una copia de Halliday.

Art3mis no dijo nada, pero parecía horrorizada.

—Venga ya, Zeta —dijo Hache—. Eso es imposible.

—Eso creía yo —respondí—, pero no hay otra explicación para lo que he estado experimentando.

Art3mis frunció el ceño.

—¿A qué te refieres? —preguntó mientras se inclinaba hacia delante—. ¿Qué has estado experimentando exactamente?

Les conté lo de los flashbacks y puse al día a Art3mis con todo lo que se había perdido.

—Es una broma, ¿verdad? —murmuró ella mientras negaba con la cabeza —. ¿Los primeros dos desafíos requerían tener un conocimiento detallado de The Smiths y Ninja Princess?

Asentí.

—Son cosas que no se mencionan en el Almanaque de Anorak —dije—. ¿Y los dos flashbacks que experimenté? Parecían grabaciones de ONI de momentos reales. Eran demasiado detallados como para ser simulaciones.

—¿Cómo puedes estar seguro de eso? —preguntó Art3mis—. Todo puede simularse de manera convincente si solo dura unos segundos.

Hache negó con la cabeza.

—Ni de coña, Arty —dijo—. Tú no sabes cómo es una reproducción en el ONI. La diferencia se nota. Además, James Donovan Halliday era un diseñador de videojuegos y programador brillante. Pero no sabía nada de mujeres, y menos de Kira. No hay forma de que pudiese haber recreado de manera tan convincente sus recuerdos. Era un sociópata egocéntrico incapaz de sentir empatía por otra persona. Y menos por ella…

Tuve que morderme la lengua para evitar saltar en defensa de Halliday. No es que fuese un hombre perfecto, pero era quien nos había dado muchas de las cosas que disfrutábamos.

—Lo de sociópata no es que me parezca inadecuado, sino que ya roza la blasfemia y todo.

—Pero lo que sugieres no puede ser posible, Zeta —dijo Shoto—. La Interfaz Neural de OASIS no existía en los años ochenta cuando Kira era adolescente. GSS no construyó el primer prototipo del todo funcional de los auriculares ONI hasta 2036, dos años después de la muerte de Kira Morrow.

—Lo sé —respondí—. No cuadra con la cronología oficial, pero sabemos que a Halliday se le daba muy bien guardar secretos… —Respiré hondo—. Creo que tenemos que pensar en la posibilidad de que, de alguna manera, Halliday hiciese una copia de la conciencia de Kira Morrow antes de que ella muriera. Usando la misma tecnología que usó para copiar su mente y crear a Anorak.

Los tres se quedaron mirándome en pasmado silencio. Después Art3mis agitó la cabeza.

—Kira nunca permitiría que Halliday hiciese eso —dijo—. Tampoco Og.

—Es por eso por lo que quizá Halliday encontró la manera de escanear el cerebro de Kira sin que ninguno de ellos se diese cuenta. —Tragué saliva mientras sopesaba lo que estaba a punto de decir—. Halliday estaba obsesionado. Sabía que nunca conseguiría estar con la Kira de verdad, por lo que decidió hacer una copia para él.

—Un momento —interrumpió Hache—. Kira estaba locamente enamorada de Og. ¿Para qué hacer una copia de ella? Si fuese una copia de verdad, seguiría estándolo.

—Lo sé —dije—, pero la copia no envejecería ni moriría —añadí—. Quizá Halliday creyó que podía convencerla para… terminar por enamorarse de él con el tiempo…

—Dios —murmuró Hache mientras negaba con la cabeza—. Si estuvieses en lo cierto… es la movida más retorcida en la que nos hemos metido jamás, gente.

Asentí. También empezaba a tener el estómago revuelto. Acababa de enterarme de que mi ídolo y héroe de la infancia había sido maquiavélico como un asesino en serie en su tiempo libre.

Razón más que suficiente para no darle el alma de la sirena a Anorak. Y también para no confiar en su palabra.

Pero el alma de la sirena parecía ser su única debilidad. Cuando la tuviésemos, quizá pudiéramos negociar con él. O atraerlo a una trampa.

—Aún nos quedan cinco fragmentos por encontrar —dije—. Tenemos que seguir.

—¿Sabemos algo del siguiente? —preguntó Art3mis.

—Sí, señora —dije al tiempo que sonreía con orgullo—. Sí que lo sabemos.

—Y qué suerte tenerte por aquí, Arty —añadió Shoto—, porque vamos a necesitar tu ayuda con este.

La sonrisa de Art3mis se borró de su rostro, reemplazada por el fruncimiento de ceño propio de la competitividad que recordaba de la época de la competición. Lo llamaba «ponerse la máscara de jugar».

—Bueno —dijo al tiempo que se giraba hacia mí—. Tú dirás, máquina. ¿Adónde vamos?

—A un sitio en el que seguro estarás como en casa —dije—. A Shermer, Illinois.