Ready Player Two
Capítulo 0026
Revisé las coordenadas en el atlas de OASIS y después me teletransporté directamente al pico más alto de las montañas Xyxarian, que se encontraban en el continente Xyxaria en el hemisferio sur de Chthonia.
Había sobrevolado las montañas varias veces de camino a explorar otras partes del mundo de Halliday, pero nunca había estado en ellas. No tenía razón para hacerlo, ya que era un lugar desolado. La cordillera al completo era una zona hueca, un lugar despoblado y generado procedimentalmente en el que no existían PNJ ni misiones que completar. Miles de gunters habían explorado las montañas palmo a palmo y todos confirmaban que no encontraron nada de interés en el lugar.
Pero cuando mi avatar se volvió a materializar en lo alto de la montaña, sí que vi algo: el Santuario de Leucosia. Un círculo de piedras como Stonehenge que contaba con siete pilares de granito y un altar que destacaba en el centro.
Sabía que la estructura acababa de aparecer. Alguien se habría dado cuenta de haber estado antes allí. Joder, es que seguro que hasta yo la hubiese visto alguna de las muchas veces que había sobrevolado las montañas.
Entré en el santuario y me acerqué al altar. Después saqué el cuaderno de Kira y lo abrí. Pasé las páginas hasta que encontré la ilustración a carboncillo del santuario. El lugar que tenía frente a mí era igual al del dibujo. Una estatua de piedra de Leucosia, su avatar, se alzaba sobre el altar. En la mano derecha sostenía un escudo redondo adornado con el símbolo de su personaje. Tenía el brazo izquierdo extendido y la mano vacía, con la palma abierta hacia el cielo plomizo que se extendía por el paisaje. Debajo de la estatua y grabadas en la superficie de piedra del altar se leían las palabras siguientes:
Los siete fragmentos del alma de la sirena
Busca en los siete mundos donde intervino
Para conseguir que vuelva a estar entera
Tributos mi heredero pagará por su sino
Debajo de la inscripción y también grabado en la superficie del altar había seis cavidades idénticas.
Me resultó obvio lo que tenía que hacer a continuación.
Saqué los seis fragmentos del inventario de mi avatar y los coloqué en las seis cavidades de la superficie. Cada uno de ellos comenzó a brillar en azul cuando los encajé en la hendidura. Cuando había colocado los seis, una luz cegadora empezó a relucir sobre mí. Cuando dejé de estar encandilado, vi que el séptimo y último fragmento había aparecido en la mano abierta de la estatua. Brillaba azul, como el resto.
Saqué los seis fragmentos del altar que tenía frente a mí y los guardé en el inventario. Después extendí el brazo y cogí el séptimo de la mano de la estatua. Al hacerlo, experimenté el último de los flashbacks…
Kira estaba sentada en una silla en el Laboratorio de Investigación para la Accesibilidad de GSS, antes de que Halliday lo cerrara. Reconocí el lugar gracias a unos vídeos y fotos de archivos que había visto.
James Halliday estaba justo frente a ella y sostenía lo que parecía ser un prototipo primerizo de los auriculares de la Interfaz Neural de OASIS. Era mucho más grande y enrevesado que los modelos que se habían puesto a la venta. Abultaba tanto que más bien parecía un yelmo en lugar de unos auriculares.
Og estaba a unos metros de distancia y contemplaba la escena con gesto nervioso.
—Este dispositivo permitirá a la gente controlar los movimientos de sus avatares de OASIS con la mente —dijo Halliday mientras bajaba el prototipo con mucho cuidado hacia mi cabeza, o la de Kira—. Solo tardaré un minuto en calibrarlo.
Después Halliday extendió la mano y pulsó un botón que había en un panel de control. Vi un breve resplandor.
Al terminar el flashback, volví a encontrarme en Chthonia, frente al Santuario de Leucosia y con el séptimo fragmento en la mano. Lo añadí de inmediato al inventario de mi avatar. Miré los siete fragmentos, uno al lado del otro. Después volví a leer las palabras grabadas en el altar que tenía delante: «Tributos mi heredero pagará por su sino».
Recordé todos y cada uno de los «tributos» que había tenido que pagar, los siete flashbacks que había experimentado.
En Middletown, vi cómo Kira creaba su primera ilustración digital en el colegio.
En Kodama, el momento en el que Og le dijo que la quería por primera vez.
En Shermer, Og apareciendo en su casa de Londres para rescatarla y llevarla a Ohio.
En Halcydonia, el momento en el que Kira le había enseñado a Og el logo que había diseñado para la nueva empresa.
En Más allá, a Prince dando un concierto el día de su cumpleaños, un regalo de Og.
En Arda, había revivido el momento en el que Og le enseñó la réplica de Rivendel que había construido para ella.
Y ahora, aquí en Chthonia, los últimos siete segundos de los recuerdos de Kira que había grabado Halliday, el día que había copiado su mente sin permiso y sin que nadie lo supiese.
¿Cómo debía de haberse sentido Halliday al experimentar en su piel esos recuerdos? Al sentir el amor de Og y Kira de primera mano y verse a sí mismo como un extraño triste y obsesionado. Como el amigo brillante pero inútil a quien ambos toleraban por pena. ¿Había elegido esos momentos para castigarse? ¿O quizá para asegurarse de que quienquiera que despertase a Kira comprendiese los crímenes que él había cometido contra ella y lo inmoral de todos sus actos?
Sin duda, ahora yo sentía más empatía por Kira y era más consciente de su persona, tanto como ser humano como por artista. Y también conocía mucho mejor a James Donovan Halliday. Un genio, sin duda, pero hasta el día anterior lo tenía por uno benevolente cuya brillantez e inventiva habían servido para hacer mejor a la humanidad. En ese momento, lo cierto era que tenía claro que había sido una persona horrible. Inmoral. Trastornada. Emocionalmente inepta. Un tecnohermitaño que había traicionado la confianza de sus dos mejores amigos.
Había decidido dejar de idolatrarlo.
Era posible que no sirviese de mucho porque puede que yo estuviese a punto de morir… pero lo hice de igual manera.
Alcé la vista hacia la estatua de la sirena Leucosia e incliné la cabeza para darle las gracias. En ese momento fue cuando vi que el Brazalete de Detección de mi muñeca empezaba a emitir un brillo azul e intenso. Un segundo después, oí el familiar sonido de la teletransportación justo detrás de mí, el mismo de la antigua serie de dibujos animados de Dragones y mazmorras que siempre anticipaba la llegada de Anorak.
—¡Lo has vuelto a conseguir! —lo oí decir—. ¡Felicidades, Parzival!
Me di la vuelta y vi que Anorak estaba a mi espalda, con una amplia sonrisa en el gesto.
—¡Y encima te han sobrado más de diez minutos! —dijo mientras señalaba su Swatch.
—Anda, si es el Programa de Control Maestro, que ha venido a cobrarse el rescate.
Anorak ignoró el insulto y sonrío aún más.
—Es impresionante, Wade —dijo—. Había calculado que tus probabilidades de conseguirlo eran bajísimas.
—Mis amigos me ayudaron mucho —dije—. Y no todos han sobrevivido.
La sonrisa de Anorak se borró de su cara y luego extendió el brazo.
—Combina los siete fragmentos y dame el alma de la sirena —dijo—. Después te liberaré a ti, a tus amigos y al resto de los rehenes, tal y como había prometido.
Me dieron ganas de desenfundar una de mis espadas vorpalinas y cortarle la puta cabeza de un tajo. Pero no lo hice. Me mantuve frío y me ceñí al plan.
Abrí el inventario de mi avatar y saqué los siete fragmentos. Pero no eran los mismos siete fragmentos que acababa de recolectar después de doce horas, sino unas imitaciones idénticas. Eran artefactos nuevos que yo mismo había solicitado crear a nuestros programadores de OASIS en GSS. Las falsificaciones tenían la misma apariencia y las mismas propiedades mágicas que los fragmentos reales, que dejé a buen recaudo en mi inventario.
Coloqué los siete fragmentos falsos sobre el altar, uno junto al otro. Después los fui encajando uno a uno como si fuesen las piezas de un rompecabezas tridimensional. Al terminar surgió de ellos otro resplandor y se unieron aún más para formar una joya multifacetada grande y de una perfección simétrica que cogí y dejé sobre la palma de mi mano abierta. Latía con un resplandor azul que se parecía y sonaba como el latido de un corazón.
Miré la maravillosa joya con sorpresa durante unos instantes y luego se la tendí a Anorak, que ya había empezado a acercarse para cogerla. Cuando su mano tocó la joya, el objeto se transfirió desde el inventario de mi avatar al suyo. Pero en ese momento se me permitió elegir un objeto del inventario de Anorak y transferirlo al mío. Todo porque él había cometido el error de aceptar un nuevo artefacto mágico diseñado por mí. Lo llamé la Joya de Adquisición. Cuando otro avatar o PNJ te lo quitaba, te permitía coger un objeto de su inventario a cambio. Por lo que cuando Anorak la tocó, apareció en mi HUD una lista con todos los que él tenía en su inventario. Estaba lleno de objetos mágicos y artefactos poderosos. Más de los que había visto jamás. La lista estaba en orden alfabético, por lo que continué bajando por ella hasta llegar al objeto que me interesaba: la túnica de Anorak.
Cuando seleccioné el artefacto en mi HUD, el objeto desapareció de inmediato del avatar de Anorak, lo que le devolvió su apariencia anterior, la de un James Halliday de mediana edad ataviado con unos vaqueros ajados y una camiseta desteñida de Space Invaders.
Por primera y única vez en mi vida, vi que Anorak reaccionaba con lo que parecía auténtica sorpresa. Pero no me dio tiempo de saborearla, ya que justo cuando la túnica de Anorak apareció en mi inventario, me la puse de inmediato y la usé para teletransportarme a la ubicación de todo OASIS a la que ningún PNJ podía seguirme: la pequeña biblioteca de la torre más alta del Castillo de Anorak…
La estancia donde se encontraba el Gran Botón Rojo.