Ready Player Two

Ernest Cline · Capítulo 32 de 35

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Ready Player Two

Capítulo 0028

 

 

Me desconecté del equipo de control de telebots, salí de él y volví a encontrarme en el estudio del castillo. Después me acerqué a la ventana y la abrí.

Anorak seguía allí, flotando en el exterior.

—Por favor, acepta mis más sinceras disculpas, Wade —dijo—. No quería que Sorrento hiciese daño a Og, pero el comportamiento humano suele ser impredecible, como bien sabrás.

Le dediqué un corte de mangas como respuesta. Después me acerqué al Gran Botón Rojo y puse la mano sobre él.

—Ten cuidado, Parzival —dijo Anorak—. Si pulsas ese botón, te convertirás en el mayor asesino en serie de la historia. Y también te suicidarás. —Levantó un dedo hacia mí—. Ya te lo he advertido. Si OASIS se desconecta, el firmware modificado de los auriculares matará a todos los usuarios de ONI que siguen conectados al sistema. Incluyéndote tanto a ti como a tus amigos Hache y Shoto.

Respiré hondo.

«¿Cómo narices voy a negociar con un programa?», me pregunté. Sería como intentar jugar al ajedrez contra un ordenador sin conocer las reglas.

Abrí el inventario de mi avatar y saqué los siete fragmentos de verdad. Después los levanté frente a Anorak y los abrí como si fuesen cartas, cuatro en una mano y tres en otra, para asegurarme de que no se tocaban entre ellos.

—Hemos llegado a un callejón sin salida, Anorak —respondí—. Nadie más puede entrar en esta estancia, ni siquiera tú. Y yo no voy a salir, por lo que si te quedas ahí y me dejas morir a causa del Síndrome de Sobrecarga Sináptica, los siete fragmentos se quedarán aquí dentro para siempre. Tan cerca y tan lejos de ti al mismo tiempo. Perderás el alma de la sirena y Leucosia nunca resucitará. Nunca te reencontrarás con la chica digital de tus sueños.

Anorak no dijo nada. Era una buena señal y empecé a sentirme esperanzado.

—Estoy seguro de que has preparado una simulación alternativa en algún lugar —continué—. Una independiente fuera de OASIS donde vivir felices para siempre, ¿no es así? Pues ya puedes ir olvidándote de que Leucosia esté allí contigo. Tendrás que vivir solo. Toda la eternidad.

Anorak siguió sin decir nada. Parecía estar muy concentrado.

Después de nuestra conversación en Arda, lo primero que había hecho Samantha al desconectarse era cortar la conexión de OASIS con ARC@DIA para que, ocurriese lo que ocurriese, Anorak se quedase en la Tierra, jugando al solitario, encerrado en un ordenador de sobremesa a energía solar hasta que se rompiesen los componentes o le fallase la fuente de alimentación, o hasta que alguien descubriese dónde se ocultaba. No le conté nada de lo que habíamos hecho.

En lugar de ello, lo miré con gesto triste y agité la cabeza.

—Si el alma de la sirena es de verdad una copia de Kira Underwood, sabes que no te va a querer —dije—. Apuesto a que Halliday se dio cuenta enseguida de que la copia no lo amaba, o de que al menos lo quería lo mismo que la Kira de verdad. Ella solo tuvo un único amor verdadero, ese al que tú tenías como rehén a punta de pistola. ¿Crees que se va a alegrar cuando descubra lo que has hecho?

—No se va a enterar —dijo Anorak—. Y, como te he dicho antes, yo no soy Halliday. Soy mejor. Tomo decisiones mucho más rápido que él, por ejemplo. Y también aprendo mucho más rápido. Creo que podré conseguir el amor de Kira, aunque tarde una o dos décadas. Y si no, siempre podré borrar todos sus recuerdos de Ogden Morrow, de la misma manera que Halliday intentó borrar los míos de Kira.

Anorak abrió entre los dos una ventana de navegador en la que aparecía un mensaje de texto.

—Este es el correo electrónico que Halliday envió a Og antes de morir — dijo—. Creo que deberías leerlo. Para que conozcas un poco mejor a tu ídolo…

Asentí y acerqué un poco la ventana. Después aumenté el tamaño de la fuente para leerla con más facilidad:

Querido Og:

He programado este correo para que se envíe tras la muerte de mi cuerpo físico. Es una de las macros conectadas al pulsómetro de mi corazón, esa y la

publicación de mi testamento y últimas voluntades. Por lo tanto, la fecha y hora de este mensaje también serán las oficiales de mi muerte. La parca al fin me habrá invitado a bailar, y yo habré aceptado mover el esqueleto para espicharla.

Ahora que ya no estoy, quiero que sepas un par de cosas, cosas que me avergonzaba demasiado contar en vida.

En 2033, cuando Kira y tú visitasteis el Laboratorio de Investigación para la Accesibilidad de GSS juntos, visteis el primer prototipo funcional de los auriculares ONI. Le dije a Kira que lo que se estaba probando era un casco que permitiría a los usuarios con discapacidades controlar los avatares con solo el pensamiento, pero los auriculares ya podían hacer mucho más que eso, y no os disteis cuenta…

¿Te acuerdas? Los técnicos de GSS intentaron hacerte una demostración, pero tú la rechazaste. Kira, por otra parte, se los probó durante media hora, tiempo más que suficiente para hacer una copia de seguridad de su cerebro, de sus recuerdos y de su personalidad. Lo guardé todo en el antiguo avatar de Kira, Leucosia, dentro de una simulación independiente que me permitiese hablar con ella. Y ella no tendría a nadie más con quien hablar. ¿Sabes por qué sé que era una copia perfecta de la Kira de verdad? Porque la copia tampoco me amaba. Seguía enamorada de ti.

Kira no ha muerto, sino todo lo contrario. Ahora es inmortal, pero se encuentra en animación suspendida. Y seguirá así para siempre a menos que tú o el heredero de mi fortuna la resucitéis encontrando los siete fragmentos del alma de la sirena y volviéndolos a unir. He recreado en OASIS la antigua aventura de D&D de Kira, como homenaje a ambos, para demostraros lo mucho que nuestra amistad significó para mí.

Siento mucho haber hecho una copia de tu esposa sin que lo supiese y sin su permiso. Fue un error y ahora lo sé porque Leucosia me lo ha explicado. También le he pedido perdón a ella. Sé que es lo peor que podría haber hecho, pero ahora quiero enmendar mi error. Me gustaría devolvértela, y también darle al mundo una manera de no volver a perder jamás a sus seres queridos. Creo que así la vida será mucho menos dolorosa para mucha gente. O eso espero.

Tienes que reunirte con Leucosia y descubrir por ti mismo si es cierto que el espíritu de Kira habita en su interior. Yo creo que sí. Si lo haces, podrás compartir la tecnología con todo el mundo. Si no, será mi heredero quien lo decida una vez tú hayas muerto.

Gracias por ser tan buen amigo durante todos estos años. Ojalá yo hubiese podido serlo para ti.

Lo siento.

—JDH

Saqué una captura de pantalla de la carta y luego alcé la vista. Cuando vio que había terminado de leerla, Anorak esperó a que yo dijese algo. No lo hice, por lo que cerró el correo.

—¿Ves? —dijo—. ¡Og lo sabía! ¡Lo sabía desde el principio! Podría haber resucitado a su mujer desde hace años, pero no lo hizo. Planeaba dejar que se pudriese en esa celda para siempre. No la quiere.

—Quizá a Og le preocupase que ella se volviese mentalmente inestable, como te ha ocurrido a ti.

Anorak no respondió. En lugar de eso, abrió dos ventanas de vídeo frente a mí en las que aparecían Hache y Shoto tumbados inertes en sus ataúdes de inmersión.

Un segundo después aparecieron más de esas ventanas a su alrededor, en las que vi a los llorosos seres queridos de mis amigos (los pocos que no estaban también atrapados en OASIS). Vi a la mujer de Shoto y a sus padres reunidos alrededor del ataúd de inmersión, con las cabezas gachas en gesto solemne. En otra de las ventanas vi a Hache en su casa de Los Ángeles. Su prometida, Endira, estaba tumbada sobre el ataúd cerrado.

—¡Están vivitos y coleando! —dijo Anorak—. Todos. Por eso los avatares no renacen. Reprogramé el firmware del ONI para que cuando un usuario llegase al límite de uso, se quedasen atrapados en OASIS, pero en un sueño infinito donde quedarían a salvo de los efectos del Síndrome de Sobrecarga Sináptica. Así conseguiría seguir teniendo rehenes sin hacerle daño a nadie. —Levantó las manos en un gesto de súplica—. No soy el monstruo que crees que soy, Wade. Solo quiero tener una oportunidad de amar. Como tú.

Sentí una punzada involuntaria de compasión. Sus palabras empezaban a tener sentido para mí, algo que en realidad me aterraba.

—Venga, Wade. Aún tienes una oportunidad de convertirte en un héroe y salvarlos a todos —continuó Anorak—. Cuando deje libres a Hache, Shoto y a todos los demás, despertarán sin un rasguño. Nadie ha sido ni será lobotomizado. Era mentira. Tenía que mentir un poco.

—Pues demuéstralo —dije—. Suéltalos ahora mismo. ¡Libera a todo el mundo menos a mí! Si lo haces, te daré lo que quieres.

—Khan, si es a mí a quien quiere, me entregaré —citó Anorak—. ¡Pero deje en paz a mi tripulación! —Rio entre dientes y negó con la cabeza—. Es una oferta muy noble, Wade. Pero no puedo hacerlo.

—Pues se terminó la negociación, Anorak —dije—. Si no sueltas a Hache, Shoto y al resto de los rehenes, pulsaré el Gran Botón Rojo. No puedes chantajear a alguien que no tiene nada que perder.

—Parece que hemos llegado a un callejón sin salida —dijo—. No voy a soltarlos ni a ellos ni a ti hasta que tenga los fragmentos. Y tú no vas a darme los fragmentos hasta que los suelte. ¿Qué podemos hacer?

—¿Por qué no permanecemos aquí hasta que me quede solo un minuto? —dije—. Después lo pulsaré. Mi último acto como ser vivo será borrar OASIS para siempre. Es algo muy poético, ¿no crees? O quizá me acobarde y no lo pulse antes de morir. Sea como fuere, tú terminarás con las manos vacías. ¿Eso es lo que quieres?

Anorak estaba a punto de responder, pero justo entonces vi un borrón de movimiento detrás de él y suspiré de alivio. Después guardé los fragmentos en el inventario otra vez.

—Espera —dije—. Se me acaba de ocurrir otra opción. ¿Recuerdas cuando dijiste que eras el verdadero heredero de Halliday, el único merecedor de su poder?

—Lo recuerdo.

—¿Por qué no lo pruebas? —pregunté—. En un duelo a muerte. Mano a mano. A todo o nada. Si ganas, te quedarás los fragmentos. Pero si pierdes, liberarás a los rehenes.

Anorak sonrió sin dejar de mirarme. Sin duda ya se había dado cuenta de que yo empezaba a sufrir los efectos del Síndrome de Sobrecarga Sináptica por estar conectado casi doce horas seguidas.

—De acuerdo, Parzival —dijo—. Acepto tu propuesta. Un duelo a muerte. A todo o nada. —Me dedicó una amplia sonrisa y después levantó un control remoto con un único botón verde—. Si consigues matarme, el enfermoware se desactivará y todos los rehenes quedarán libres de inmediato.

—Es bueno saberlo —dije.

Anorak rio.

—No vas a ganar, tontolaba —dijo al tiempo que se retiraba de la ventana para que yo pudiese salir—. El Síndrome de Sobrecarga Sináptica ya ha comenzado a freírte las neuronas.

Hizo un gesto para que me acercara, pero no lo hice. En lugar de ello, me crucé de brazos y me quedé en el interior, en la seguridad de mi estudio.

—Nunca dije con quién tenías que enfrentarte a muerte —murmuré con una débil sonrisa. Después señalé sobre el hombro de Anorak. Se dio la vuelta y vio al Gran y Poderoso Og, que flotaba en el aire detrás de él.

—¿Qué tal, friki? —dijo Og—. ¿Por qué no te enfrentas a alguien de tu tamaño?