Ready Player Two

Ernest Cline · Capítulo 26 de 35

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Ready Player Two

Capítulo 0023

 

Cuando todos los miembros de nuestro grupo atravesaron las puertas, se activó un giradiscos y comenzó a sonar la canción Thieves in the Temple. Se levantó una neblina roja que serpenteó entre nuestras piernas y cubrió en poco tiempo todo el suelo del patio. Hache nos llevó al centro y después nos indicó que nos detuviésemos allí.

—¡Las tres cadenas de oro nos protegerán de sus ataques por un tiempo limitado! —nos gritó a Shoto y a mí—. Tenemos que aprovechar ese tiempo para pegarles una buena tunda. ¿Entendido?

Antes de que nos diera tiempo a responder, se oyó un trueno y unos relámpagos púrpura empezaron a extenderse por los cielos.

—¡Preparaos para la batalla! —gritó Hache a todo el grupo—. Los Siete se encuentran en diferentes partes de Más allá y se van a teletransportar a este lugar de un momento a otro.

Después Hache dijo lo que siempre solía decir cada vez que nos enfrentábamos a una situación de vida o muerte:

—Encantado de haberle conocido, doctor Verkman.

Siempre me hacía reír entre dientes, pero lo cierto es que en esta ocasión me afectó mucho.

—Nos veremos en el otro barrio —respondí al tiempo que agarraba el mástil de la Cloud Guitar como si fuese el cañón de la mochila de protones.

Siete grandes cilindros de cristal se alzaron del suelo entre la neblina roja y formaron un círculo a nuestro alrededor. Cada uno de ellos tenía una cobertura de metal por encima y por debajo, como un fusible gigantesco, y en el interior se perfilaba la silueta de una de las encarnaciones de su regia malignidad. Todas tenían un peinado diferente para representar cada una de las diferentes fases estilísticas de la carrera de Prince.

Antes de tener ocasión de fijarme en ellos a través de la niebla, los siete cilindros se abrieron y los siete Prince salieron de ellos al mismo tiempo, dando un paso al frente para caer en la arena. Justo en ese momento comenzó a sonar a un volumen atronador el amenazante riff de guitarra de When Doves Cry. La batería estalló unos segundos después, y las siete encarnaciones de Prince extendieron los brazos al unísono y comenzaron a flotar sobre el suelo despacio. Alcé la cabeza y los vi flotando justo sobre nosotros, mirándonos como siete iracundos dioses kryptonianos listos para darnos una buena paliza superheroica.

¡Era una visión aterradora!

—¡No los miréis directo a los ojos! —oí gritar a Hache—. ¡A ninguno de sus ojos! ¿Entendido?

Desvié la mirada de inmediato y vi que Shoto hacía lo mismo. Hache nos vio mirando al suelo.

—¡A ver, no os he dicho que no los miréis! —gritó—. Solo evitad mirarlos a los ojos durante más de un segundo o dos o entrarán en modo berserker. ¿Entendido?

Asentí y volví a mirarlos. Aún levitaban a nuestro alrededor y habían empezado a rotar formando un círculo.

El que más me imponía sin duda era Purple Rain Prince. Llevaba unas gafas espejadas, una camisa blanca de cuello alto, pantalones rojos y una chaqueta púrpura y brillante con tachuelas en el hombro izquierdo. Parecía el más enfadado de todos, por alguna razón que yo no llegaba a comprender. También fue el primero en hablar. Nos señaló desde las alturas con un dedo acusador.

—¡Ahí están! —gritó con una voz que reverberó a nuestro alrededor—. ¡Esos son los herejes que han allanado nuestra casa, destrozado nuestra moto y robado nuestra nave espacial! ¡Y ahora pretenden mancillar nuestro templo sagrado!

Las otras seis encarnaciones de Prince dieron un respingo al unísono, pusieron mala cara e intercambiaron miradas ofendidas entre ellos. Después todos atacaron al mismo tiempo, como si tuviesen poderes telepáticos.

Purple Rain Prince tomó la delantera. Cayó hacia nosotros con su chaqueta púrpura y reluciente batiendo detrás de él como si fuesen las alas de un ángel y mientras disparaba ráfagas ensordecedoras de estruendos funk hacia nosotros a través de la pala de su reluciente guitarra H. S. Anderson Mad Cat. Los proyectiles se transformaron en unas pelotas de energía púrpura que explotaban al impactar. Recibí varios golpes en el torso de mi avatar, pero por suerte la cadena de oro hizo lo que tenía que hacer y evitó que recibiese daño.

Después se oyó un estallido sonoro, y Purple Rain Prince volvió a flotar sobre nosotros. Alzó ambas manos y gritó con su ensordecedora voz:

—¡Majestad! ¡Divinidad!

Dos palomas surgieron por detrás de él y flotaron sobre su cabeza. Ambas abrieron el pico y nos dispararon sendos graznidos.

Después de que Purple Rain Prince y sus dos palomas terminaran de atacar, Cloud Suit Prince descendió de los cielos. Esa encarnación llevaba un traje azul cerúleo cubierto por nubes blancas. Y al parecer tenía la capacidad de cambiar de fase y hacer que su traje fuese invisible, lo que lo hacía inmune a nuestros ataques.

Cloud Suit Prince parecía muy molesto conmigo en particular y centró todos sus ataques vocales en mi avatar. Me llevó varios minutos descubrir la razón: tenía en mis manos su Cloud Guitar y quería recuperarla.

Cloud Suit Prince cantaba una canción de 1984 llamada I Would Die 4 U, pero cambió un poco la letra del estribillo y lo que oí venía a decir algo así como: «Morirás. Por. Mí. ¡Sí! ¡Eso es lo que va a ocurrir!». Cada acorde rápido que rasgueaba en su Mad Cat lanzaba otra ráfaga sónica en mi dirección, como un pistolero que vacía el cañón de su revolver.

Hache comentó que el siguiente Prince en atacar era Gett Off Prince. Iba ataviado con un traje de encaje ceñido con dos círculos recortados en la parte de atrás que dejaban al descubierto sus nalgas. Por suerte no lanzó por ellas ningún ataque sónico, sino que lo hizo a través de su guitarra amarilla, que parecía ser idéntica en todo a la mía menos en el color.

Cuando descendió el siguiente Prince creí que estaba alucinando. Hache lo llamó «Gemini». Shoto, «Partyman». Y mi programa de reconocimiento me indicó a duras penas que se trataba de «Batdance Prince». A mí se me parecía a Dos Caras, pero la parte de la izquierda era Batman y la de la derecha un Joker con el pelo verde. Lanzó bombas de risa con una mano y batarangs con la otra, pero después volvió a las alturas para evitar nuestros contraataques.

No estoy seguro de cuál era el nombre correcto para la próxima encarnación que nos atacó, pero yo lo llamé Microphone Gun Prince. Llevaba un traje negro del todo, un pañuelo negro en la cabeza y unas gafas de sol enormes. También tenía un par de micrófonos dorados que en realidad eran armas de fuego y que guardaba en unas cartucheras de cuero negro a cada lado de la cadera. Parecían pistolas, pero los cañones tenían la forma de dos micrófonos antiguos que lanzaban andanadas rápidas de ondas sónicas funk. Después de lanzar el ataque, sopló el humo que salía de cada uno de los micrófonos, los volvió a enfundar en las cartucheras y regresó a las alturas.

La siguiente encarnación me puso los pelos de punta. Third Eye Prince tenía un afro enorme y redondo y unas gafas de sol con tres lentes. La tercera estaba centrada sobre las otras dos y disparaba un haz sónico devastador a través del tercer ojo que incineraba todo a su paso.

Después de que Third Eye Prince terminara el bombardeo, Purple Rain Prince se abalanzó para atacar por segunda vez a pesar de que acababa de atacar hacía seis segundos. Por mi parte, yo no había conseguido lanzar un solo ataque y sabía que la cadena de oro no iba a durar para siempre. Era terrible y me hizo darme cuenta de lo sobrepasados que estábamos.

Mesh-Mask Prince, la séptima y última encarnación, fue el único que no descendió para atacar. Parecía estar desarmado, y siguió flotando sobre nosotros, inerte y en silencio mientras veía cómo se desarrollaba la batalla con un gesto impertérrito en el rostro (al menos en el rostro que se veía tras la máscara).

Conseguí recuperar la compostura al fin y empecé a devolver los ataques con la Cloud Guitar, con la que di dos golpes directos a Cloud Prince. Pareció quedar muy debilitado y dejó de atacar para quedarse flotando sobre nosotros, junto a Mesh-Mask Prince.

Mientras, Hache había abierto el encantamiento de activación de secuaces de los 7te Originales en su HUD. Lo leyó en voz alta mientras se enfrentaba a Morris y su banda. Antes de cada frase, chasqueaba los dedos:

¡Chas!

Yo, Stella! If you think I’m afraid of you…

¡Chas!

Grace, if you so much as think I can’t do the do…

¡Chas!

Girl, if you dream I came to jerk around, you better wake up…

¡Chas!

—and release it!

Tan pronto como Hache terminó de recitar las dos últimas palabras del encantamiento, Morris Day and the Time se activaron y empezaron a tocar una canción de la película Graffiti Bridge llamada Release it.

El cantante Morris Day dio un paso al frente y un micrófono apareció en su mano. Se lo llevó a los labios, ladeó la cabeza, alzó la vista para mirar a sus siete oponentes y dijo:

—¿Tenéis algún problema?

Nada más decirlo, un par de cuernos demoníacos le crecieron de la frente y los ojos se le pusieron de un rojo intenso. Unos relámpagos rojos chisporrotearon en sus cuernos para luego salir despedidos a las alturas y desviar los ataques de relámpagos púrpura que llovían sobre nosotros.

Después lanzó su ataque «¡Guac!», que consistía en soltar un graznido ensordecedor en plan «¡Gua-a-a-ac!» que estaba a medio camino entre grito y carcajada y que tenía un área de efecto sónica que hizo daño a todas las encarnaciones al mismo tiempo.

Pero lo que convertía a Morris en un oponente aún más terrible era su mano derecha, Jerome «Hombre Espejo» Benton, que llevaba un espejo de marco dorado enorme que usaba para desatar su propio ataque guac.

El resto de los 7te Originales también se unió a la batalla. Jimmy Jam y Monte Moir portaban sendos keytar AXIS-1 de Roland modificados que disparaban andanadas sónicas funk por un extremo cada vez que se tocaba un acorde. Jesse Johnson disparaba rayos sónicos por las clavijas de su Fender Voodoo Stratocaster, mientras que Terry Lewis hacía lo propio con su bajo y Jellybean Johnson, detrás de ellos, disparaba rayos rojos al cielo con sus baquetas, que sostenía como si fuesen dos varitas mágicas. Cada uno de los miembros de la banda también podía lanzar una ráfaga sónica y mortal de energía directamente desde sus bocas, gritando la palabra «¡Yeah!» una y otra vez.

Morris soltaba ataques vocales igual de devastadores entre uno y otro de sus ataques guac. Y, por alguna razón, cuando los otros integrantes de la banda repetían lo que acababa de decir, el poder de sus ataques sónicos se incrementaba y hacía más daño incluso.

Morris gritaba:

—¡No puedes enfrentarte a mí, hijo! ¡Aún te meas en la cama!

Y el grupo repetía:

—¡Aún te meas en la cama!

Morris Day y los Time eran todo un espectáculo. Pero eso no fue suficiente para salvarlos, ni a ellos ni a nosotros. Porque los Prince también invocaron a sus secuaces.

Purple Rain Prince invocó a su banda: The Revolution. Todos llevaba atuendos de gala con cuellos altos, como él.

Microphone Gun Prince invocó a New Power Generacion. Eran muchos y todos estaban armados hasta los dientes con todo tipo de instrumentos.

Y Third Eye Prince invocó a su banda 3RDEYEGIRL (que se escribía todo en MAYÚSCULAS, como bien me aseguró mi HUD).

Las tres bandas aparecieron en el suelo y nos rodearon. Después empezaron a atacarnos desde abajo mientras seis de los Prince seguían haciéndolo desde arriba.

En ese momento, Hache gritó algo a Jimmy Jam y Terry Lewis, les comentó que activasen sus «poderes de producción». Sonrieron, asintieron y chasquearon los dedos al unísono, lo que invocó al instante a dos docenas de secuaces uniformados más:

Janet Jackson y Rhythm Nation.

Hache parecía muy sorprendida cuando los vio acercarse.

—¡Hostia puta! —dijo—. ¡No me puedo creer que haya funcionado!

Y después estalló una guerra sónica.

No sé con exactitud lo que ocurrió a continuación ni cómo se desarrollaron los acontecimientos.

Pero cuando todo se tranquilizó, los siete miembros de los Time habían muerto, incluyendo a Morris Day y todos sus clones. (Purple Rain Prince había usado sus gafas espejadas de alguna manera para romper el espejo de Jerome, por lo que ya no podía usarlo para crear más clones de Morris. Creo que eso había sido el principio del fin).

Pero antes de que muriesen todos, los 7te Originales consiguieron acabar con las tres integrantes de 3RDEYEGIRL, todos los de New Power Generation y también los de The Revolution, menos Wendy y Lisa, a quien destruí yo gracias a las ráfagas de mi Cloud Guitar.

También habíamos acabado con cuatro encarnaciones de Prince, pero otras tres habían sobrevivido a la batalla: Microphone Gun, Third Eye y Mesh-Mask. Los tres parecían estar malheridos y también muy enfadados.

Disparé otra ráfaga con la Cloud Guitar y conseguí acertar a Third Eye Prince directo en el tercer ojo. Al parecer era su punto débil, porque desapareció en una lluvia de purpurina violeta. Las últimas dos encarnaciones dieron un respingo, y Hache hizo lo propio.

Sentí un rayo de esperanza. Me dio la impresión de que podíamos vencer a pesar de todo.

Me estaba dando palmaditas en la espalda a mí mismo, cuando la Cloud Guitar empezó a sobrecalentarse en mis manos y terminó por explotar, lo que me causó varios cientos de puntos de daño más. Mi barra de vida parpadeó en rojo. Mi avatar estaba a punto de morir. El destino había querido que me quedase con siete puntos de vida.

Y aún no había terminado el combate. Quedábamos nosotros tres y dos Prince.

—¡Sí! —gritó Shoto—. ¡Ahora somos más que ellos! Han caído cinco. ¡Quedan dos!

Y ese fue el momento en el que lo perdimos. Shoto soltó una risa histérica, una clara señal de que estaba comenzando a sufrir los síntomas del SSS. Después firmó la sentencia de muerte de su avatar.

—One-two princes kneel before you —canturreó mientras seguía riendo a carcajadas debido a la sobrecarga sináptica—. Princes! Princes who adore you!

Hache me miró con gesto horrorizado y después echó la cabeza hacia atrás y miró al cielo. Un instante después, un rayo púrpura descendió de las alturas, golpeó a Shoto y lo mató en un abrir y cerrar de ojos.

Hache y yo vimos aterrados como el avatar de nuestro amigo desaparecía poco a poco y dejaba tras de sí los objetos apilados en el suelo. El instinto de supervivencia me hizo abalanzarme sobre ellos y guardarlos en mi inventario. Hache corrió hacia mí para protegerme.

Mesh-Mask Prince había descendido hasta el suelo y estaba detrás de nosotros. Nos encaraba dando la espalda a los escalones que llevaban al Templo de los Siete. Dio un paso amenazador al frente y, al hacerlo, la piedra negra del suelo que pisaba y del que tenía por delante se convirtió en oro, lo que creó un sendero dorado que iba desde la entrada hasta el centro. Cuando el sendero dorado llegó hasta la carretera que se encontraba en el desierto, el asfalto también comenzó a transformarse en oro.

Miré a Hache y vi que miraba el oro bajo sus pies con gesto maravillado y reflexivo. Después volvió a girar la cabeza hacia Mesh-Mask Prince. Una mujer con un vestido dorado y reluciente había aparecido junto a él. Bailaba y giraba en círculos, con una espada enorme equilibrada sobre la cabeza. El HUD me informó de que se trataba de la primera mujer de Prince: Mayte García.

Flotando en el aire entre Mesh-Mask Prince y Mayte había una luz dorada y resplandeciente que parecía una estrella pequeña. Era demasiado luminosa como para mirarla directamente sin encandilarse, por lo que aparté los ojos. Pero Hache no lo hizo, la miró con fijeza e ignoró todo lo demás.

—¡Es como en el videoclip de Seven! —gritó.

—¿Eso nos va a ayudar en algo? —pregunté también entre gritos. Alcé la vista y vi que Microphone Gun Prince también parecía haberse quedado prendado con la luz dorada. Dejó de atacar y se centró en mirarla, y el lugar quedó en silencio por primera vez desde que habíamos llegado.

Un segundo después, oí que una mujer empezaba a cantar con voz nítida y maravillosa. Siguió cantando unos segundos más antes de que me diese cuenta de que se trataba de Hache. A capela. La letra pertenecía a una canción que no había oído antes.

All seven and we’ll watch them fall

They stand in the way of love

And we will smoke them all…

One day all seven will die

Mientras cantaba, las dos encarnaciones restantes de Prince se unieron a ella. Las voces consiguieron resucitar a las otras cinco encarnaciones y todos se pusieron a cantar al unísono.

Cuando terminó la canción, los siete Prince bajaron flotando y unieron las manos delante de Hache, quien parecía muy sorprendida. Y eufórica.

Después, los siete Prince se transformaron y unieron en una única encarnación de Prince, la que llevaba la máscara. Y, casi de inmediato, se convirtió en un símbolo de Prince brillante que luego se fundió hasta convertirse en el quinto fragmento, un cristal púrpura que se quedó flotando en el aire.

No me sentí victorioso, porque no tenía ni idea de lo que acababa de pasar. Solo sentía asombro y cansancio a partes iguales. Me acerqué el fragmento y lo agarré con la mano derecha mientras me preparaba para revivir otro momento de la vida de Kira Underwood…

 

Volvía a ser Kira y estaba junto a un Ogden Morrow de mediana edad que me sostenía la mano. Estábamos en una especie de teatro pequeño o garito de rock, delante de un escenario oscuro y vacío cubierto por una nube de niebla o humo blanco que seguro estaba creado por una máquina de humo o un generador de hielo seco a un lado del escenario. Sobre el lugar había un equipo de iluminación con una banderola que colgaba de él con el mensaje: ¡FELIZ CUARENTA CUMPLEAÑOS, KIRA!

Con el rabillo del ojo vi a James Halliday vestido con un esmoquin que le quedaba fatal y sentado solo en una esquina, mirándome con gesto abatido. También oí lo que parecía una multitud de personas emocionadas que no dejaba de susurrar detrás de mí, pero quedaban fuera de mi campo de visión y Kira no giró la cabeza para mirarlas.

Un segundo después, sentí que Og me apretaba la mano y vi que se encendían unos focos muy brillantes y violetas en el escenario que apuntaban a una figura solitaria que teníamos justo delante. Era Prince ataviado con su traje púrpura de lentejuelas. Noté que el corazón de Kira latía desbocado al verlo y me preocupé por si terminaba por desmayarse. Sentí que su cuerpo empezaba a bambolearse un poco y cómo le temblaban las piernas, y antes de que me diese cuenta, el Púrpura se acercó hacia mí. Después se arrodilló en el escenario, a unos metros de donde me encontraba.

Levantó un micrófono dorado y me cantó Feliz cumpleaños. O se lo cantó a Kira.

 

Y después volví a encontrarme en Más allá, en el centro del patio que había frente al Templo de los Siete y con el quinto fragmento en la mano abierta. Reprimí las ganas de buscar una inscripción, porque Shoto era más importante. Abrí el HUD y llamé a Faisal, después añadí a Hache a la llamada antes de que el rostro de Faisal apareciese frente a nosotros. Lo acosamos a preguntas sobre el estado de salud de Shoto. Cuando consiguió tranquilizarnos, nos dijo que Shoto estaba bien, o eso parecía.

—Le ha pasado lo mismo que a los demás —explicó—. Sus constantes vitales están perfectas y sigue conectado a OASIS, pero no conseguimos localizar su avatar en la simulación.

Faisal negó con la cabeza y se encogió de hombros.

—Parece que está en ese limbo, como el resto de los rehenes del ONI cuyos avatares han muerto.

—¿Qué ocurrirá cuando llegue al límite de uso del ONI? —pregunté—. ¿Empezará a sufrir los efectos del Síndrome de Sobrecarga Sináptica?

Faisal asintió.

—Sí. O eso es lo que creen los ingenieros. Parece que Anorak programó su enfermoware para asegurarse de que todos los rehenes del ONI permaneciesen cautivos incluso al morir sus avatares.

—Pero ¿por qué no deja que renazcan? —preguntó Hache—. Seguirían siendo rehenes igual.

—No estamos seguros —respondió Faisal—. Puede que sea para asustarnos, y conmigo lo ha conseguido. Ha dejado a todos los rehenes conectados a pesar de que sus avatares ya han muerto.

Faisal nos dijo que Kiki, la esposa embarazada de Shoto, y el resto de su familia vigilaban por fuera del AMIT en su casa de Hokkaido. Veían el cuerpo durmiente a través de las cámaras interiores del ataúd, ya que estaban conectadas a un monitor que tenía en la pared. Los ingenieros de GSS no podían hacer nada por él. Tampoco habían intentado sacarlo del AMIT porque sabían que no iba a dar tiempo. Y, aunque lo consiguiesen, daba igual. Mientras Shoto siguiese conectado a OASIS, los auriculares ONI seguirían ceñidos a su cráneo. Y hasta que no consiguiésemos sacar su mente de OASIS, su cuerpo comatoso seguiría dentro del AMIT, a unos metros de su familia, pero lejos al mismo tiempo.

Cuando Faisal terminó de responder todas nuestras preguntas sobre Shoto, fue incapaz de aguantar más y empezó a preguntarnos con voz constreñida cuánto nos quedaba para encontrar el sexto fragmento. Le colgué sin responder. Después cerré el HUD y miré el quinto fragmento, que aún sostenía con la mano derecha. Lo giré hasta hallar una inscripción en una de sus facetas y después lo levanté para que Hache también lo viese.

Con una hazaña propia de novela su amor conseguirás

Los dos últimos fragmentos en la corona de Morgoth encontrarás

Me quedé muy sorprendido al ver las palabras «corona de Morgoth» en la inscripción.

Intenté imaginar un lugar peor en el que ocultar los dos últimos fragmentos, pero no se me ocurrió ninguno. Halliday los había dejado en la fortaleza mazmorra más profunda, oscura y mortífera de todo OASIS, en posesión de uno de los PNJ más poderosos y malvados que jamás se habían creado en la simulación. Un PNJ inmortal, casi invulnerable y capaz de matar avatares de nivel noventa y nueve con un mero suspiro.

Era como si los dos últimos fragmentos se encontrasen en las profundidades del infierno, engastados en la corona del mismísimo Satán.

Empecé a reír.

Al principio fue una risilla apresurada, pero fui incapaz de parar y terminó por convertirse en las carcajadas escandalosas y descontroladas de una persona cuerda que se encuentra al borde de la locura y que el destino está a punto de tirar por un precipicio.

Comprobé la cuenta atrás de mi límite de tiempo del ONI y vi que me quedaba más de una hora, por lo que no se trataba de un ataque de SSS. Aún no. Simplemente, había empezado a volverme loco.

Hache me miró con gesto indeciso hasta que conseguí recuperar la compostura.

—Vale, risitas —dijo—. ¿Me vas a decir qué te hace tanta gracia? Supongo que sabes adónde tenemos que ir ahora, ¿no?

Respiré hondo. Después me enjugué las lágrimas de los ojos y asentí.

—Sí —respondí—. Por desgracia, Hache.

—¿Y bien? —dijo ella—. No me hagas buscarlo. ¿Quién narices es Morgoth?

Examiné su rostro y vi que no bromeaba. No lo sabía de verdad. Darme cuenta de ello estuvo a punto de hacerme perder el control de nuevo, pero conseguí mantener la risa a raya.

—Morgoth Bauglir —dije—. El Señor Oscuro anteriormente conocido como Melkor.

Hache abrió los ojos de par en par.

—¿Melkor? —repitió—. ¿El avatar de Vin Diesel? ¿Ese al que le puso el mismo nombre que su antiguo personaje de D&D?

—Vin sacó el nombre de El Silmarillion —expliqué—. Melkor, quien después sería conocido como Morgoth, era el ser más poderoso y malvado de Arda. Lugar que también recibe el nombre de Tierra Media…

Hache inhaló con fuerza al oír las palabras «Tierra Media».

—¿Me estás diciendo que tengo que pasarme la última hora de mi vida rodeada de unos putos hobbits, Zeta?

Negué con la cabeza.

—Todos los PNJ hobbits viven en Arda III. —Señalé el nombre grabado en el quinto fragmento—. Morgoth solo vivió en Arda durante la Primera Edad de la Tierra Media, lo que significa que tenemos que teletransportarnos a Arda I, un planeta en el que no hay ni un solo hobbit.

—¿Ni un solo hobbit? —preguntó—. ¿En serio?

—Ni uno —respondí—. Solo elfos, humanos y enanos.

—Déjame adivinar. Y son todos blancos, ¿verdad? Elfos blancos. Humanos blancos. Y enanos blancos. Apuesto a que todos a los que nos encontremos en ese planeta Tolkien van a ser blancos, ¿no? ¡Menos los tipos malos, claro! Esos orcos de piel negra.

—¡Saruman el Blanco también era malo! —respondí. Me había hecho perder un poco la compostura—. Mira, no tenemos tiempos para críticas literarias, Hache. Por muy cierto que sea. ¿Vale?

—Vale, Zeta —respondió al tiempo que levantaba ambas manos—. No veas. Para el carro, ¿eh? Ya terminaremos la discusión en otro momento.

Respiré hondo y solté el aire poco a poco.

—Lo siento —dije—. Es que estoy muy cansado. Y asustado. Por Shoto. Y Og… Y todo el mundo.

—Lo sé —dijo ella—. Yo también lo estoy. No pasa nada, Zeta.

Me apretó un poco el hombro y luego asintió. Yo respondí con otro cabeceo.

—¿Sabes algo de L0hengrin? —preguntó Hache—. ¿O de Arty?

Miré los mensajes y negué con la cabeza.

—Aún no.

Hache respiró hondo.

—Vale, estoy lista —dijo—. Terminemos con esto.

Asentí. Después nos teletransporté a la superficie de Arda I, a la Primera Edad de la Tierra Media de J. R. R. Tolkien.