Ready Player Two
Capítulo 0007
Contemplé el fragmento con gesto de sorpresa y sentí una extraña combinación de emoción y decepción. Al fin había descubierto el lugar donde se escondía el primero, pero había sido incapaz de hacerlo por mi cuenta, a pesar de haber estado más de tres años intentándolo. Me habían llevado hasta él, como un noob que usa una guía. Había tenido que comprar esta victoria como un sixer que no tenía ni idea, en lugar de conseguirlo por mi cuenta o con la ayuda de mis amigos…
Pero la vergüenza no fue capaz de hacerme olvidar el alivio y la certeza. Los fragmentos eran reales. Aún no estaba seguro de qué era lo que buscábamos ni por qué, pero ahora sabía que no se trataba solo de un acertijo sin sentido. Era otra competición creada por Halliday. Y, fuese cual fuese el premio, tenía que ser importante.
Vi un borrón de movimiento con el rabillo del ojo mientras L0hengrin extendía la mano hacia el fragmento, que no había dejado de rotar. Su mano lo atravesó como si fuese un holograma.
—He intentado cogerlo una docena de veces y de muchas formas diferentes —dijo—. Da igual lo que intente, mi mano lo atraviesa. No creo que nadie pueda tocarlo excepto tú, el heredero de Halliday. Para conseguirlo, tendrás que «pagar un tributo», signifique lo que signifique.
«Para conseguir que vuelva a estar entera, tributos mi heredero pagará por su sino».
—Solo hay una manera de averiguarlo —dije mientras extendía el brazo hacia el fragmento.
Mis dedos no lo atravesaron, sino que se cerraron alrededor. Y mientras lo hacían…
Aparecí al instante en otro lugar. Estaba en un aula llena de antiguos BBC Microcomputers. No había nadie más a mi alrededor. Me encontraba sentado en uno de los ordenadores y vi mi reflejo en el monitor. Pero no era yo. Era el rostro de Kira Underwood el que me miraba desde la pantalla. Ella… o yo, mejor dicho, parecía tener unos nueve o diez años. ¡Me sentía emocionado! Notaba un hormigueó en la piel y en el cuero cabelludo y también lo acelerado que tenía el pulso y cómo el corazón me latía desbocado en el pequeño pecho. En la pantalla, admiraba una ilustración que acababa de terminar: un unicornio pixelado alzado sobre las patas traseras y recortado contra una luna creciente.
Reconocí la imagen. Era famosa. Era la primera ilustración digital que Kira Underwood había creado jamás. Y al parecer acababa de revivir el momento posterior a terminarla…
Y después volví a aparecer en mi cuerpo, de pie en el dormitorio de Kira, en la habitación de invitados de Middletown.
De alguna manera, había pasado unos instantes en el pasado de Kira.
No había terminado de recuperarme, pero una multitud de repiqueteos empezaron a sonar en mis oídos y un mensaje apareció en mi HUD:
«¡Felicidades, Parzival! ¡Has encontrado el primero de los siete fragmentos del alma de la sirena!».
—¿Qué ha pasado? —dijo L0hengrin—. Te has quedado sin conocimiento un segundo. ¿Estás bien?
Miré el fragmento de cristal luminoso que tenía en la mano.
—He tenido una especie de visión —dije—. Como un flashback momentáneo. Supongo que ese era el «tributo» que tenía que pagar.
—¿Un flashback? —repitió ella despacio—. ¿A qué te refieres?
—Sentí como si estuviese en una grabación del ONI —dije—, pero solo duró unos pocos segundos. Era Kira Underwood y reviví el momento en el que creó ese unicornio en un ordenador de la escuela cuando tenía diez años.
—¿El Unicornio de la Luna Creciente? —preguntó L0 con los ojos muy abiertos a causa de la sorpresa—. Pero tuvo que ser una simulación, ¿no? Los auriculares ONI no existían en los años ochenta. Y Kira murió años antes de que se inventasen siquiera.
Asentí. Yo había pensado lo mismo.
—Está claro que no podía tratarse de una grabación ONI de verdad —dije —, pero era muy parecido. Seguro que se trataba de una simulación creada por Halliday. Aunque no tengo ni idea de cómo puede haber conseguido que parezca tan convincente…
—Ni «por qué» —añadió L0 al tiempo que agitaba la cabeza—. ¿Por qué crear una simulación de uno de los recuerdos de infancia de Kira, desde su punto de vista? Eso sería una noche entera de programación, una demasiado complicada incluso para Halliday…
Me hice la misma pregunta, pero en ese momento apareció en mi HUD el aviso de una notificación urgente. Era un icono que no había visto en años, una alerta del Marcador. Cuando la seleccioné, se abrió una ventana de navegador delante de mi avatar en la que aparecía la antigua página web de Halliday, el lugar donde en el pasado se encontraba el Marcador de la competición. Unos segundos después de haber encontrado el Huevo y ganado la competición, el Marcador había desaparecido y sido reemplazado por mi avatar ataviado con la túnica de Anorak, así como el mensaje: ¡PARZIVAL GANA!
La imagen había desaparecido, y en su lugar reapareció un nuevo Marcador. Pero en vez de tener una lista de los diez mejores jugadores, este solo tenía el nombre de un avatar, el mío. Y en lugar de una puntuación numérica, junto a mi nombre aparecía un icono con forma de fragmento azul seguido por seis huecos vacíos.
—Vaya —susurró L0hengrin mientras se pasaba la mano por el pelo corto y rubio. Señaló el icono del fragmento azul que brillaba en el Marcador—. Ahora todo el mundo sabe que acabas de conseguir el primer fragmento. Los canales de noticias tienen que estar a tope.
Giré el fragmento en mis manos y luego lo levanté para examinarlo más de cerca. Había una inscripción grabada en la superficie cristalina:
Unos y ceros, sus pinturas y lienzos son
La primera campeona degradada a campeón
—«La primera campeona degradada a campeón» —repitió L0hengrin, que se había colocado a mi lado de improviso—. ¡Joder! Creo que sé a qué…
—¡No, por favor! —dije, y silencié su avatar antes de que terminase la frase—. Aprecio tu ayuda, pero puedo hacerlo yo solo a partir de ahora.
—Oh —dijo ella en voz baja—. Vale. Entiendo.
—Te lo agradezco —dije al tiempo que guardaba el fragmento en mi inventario para ocultarlo.
—Si te quedas atascado, no dudes en llamarme —dijo L0—. ¡He hecho una búsqueda completa de esta versión de Middletown en 1989 y visto miles de cosas que no creerías! ¡Pistas que seguro serán útiles! Y son cosas que no sabe nadie más…
—Agradezco la oferta —repetí—, pero creo que vas a estar muy ocupada durante los próximos meses… gastándote la recompensa. Ha llegado la hora de cobrar, Billie Jean.
Se le iluminó el rostro.
—Un momento. ¿Qué? ¿Ahora mismo?
Extendí el brazo hacia el HUD de mi avatar y vi cómo ella contenía el aliento. Abrí el menú de transacciones financieras, seleccioné su avatar en la pantalla y toqué una serie de iconos. Y ya está. Transferí mil millones de dólares de mi cuenta de OASIS a la de L0.
Me dio la impresión de que había estado a punto de desmayarse al ver la transferencia en su cuenta.
—Felicidades, L0 —dije—. Te lo has ganado con el sudor de tu frente. No te lo gastes todo de una vez.
Le ofrecí la mano y ella la estrechó. Abrió y cerró la boca varias veces, pero no dijo nada. Después se abalanzó hacia mí con los brazos abiertos y me quedé allí de piedra unos segundos hasta que le devolví el abrazo.
—No sabes cuánto significa para mí —dijo cuando me soltó al fin—. Esto va a cambiar mi vida. Y la de todos mis amigos. Podremos comprar una casa en Columbus en la que vivir juntos.
—Eso me parece un plan fantástico —comenté, con la voz un poco quebrada—. Cuando os hayáis mudado todos, espero que me invitéis a pasar el rato alguna que otra vez. También podéis venir a mi casa. No me vendría mal tener más amigos en el mundo real.
—Bueno, ya veremos… —rio ella con nerviosismo—. Aún te quedan seis fragmentos más que encontrar… Y yo tengo… muchas cosas que hacer…
Frunció el ceño mientras reflexionaba sobre toda la logística necesaria para usar su recién adquirida riqueza en hacer realidad sus sueños. Sabía por experiencia lo abrumador que resultaba.
Abrí una ventana frente a mi avatar en la que volvió a aparecer el contrato.
—Recuerda. Aceptaste no decirle a nadie cómo encontrar el fragmento ni compartir ninguno de los detalles de nuestra interacción hasta que haya encontrado los siete. Si lo haces, anularé el acuerdo.
Me miró con gesto nervioso.
—No pasa nada —dije—. Sé que es probable que le hayas contado a alguno de tus amigos cómo lo encontraste y que tenías pensado ponerte en contacto conmigo. Eso da un poco igual…
—Oye —dijo al tiempo que alzaba un dedo para señalarme—. ¿Nos estabas espiando en nuestra sala de chat? ¿Si, verdad? ¡Igual que hizo Og contigo y tus amigos durante la competición!
Ignoré la acusación.
—Limítate a asegurarte de que nadie sabe dónde ni cómo encontrar el fragmento, ¿vale? —dije—. Al menos hasta que encuentre los siete. Después, como si quieres escribir un libro con tus memorias.
Ella asintió despacio y se mordió el labio inferior.
—Entendido —dijo al fin—, pero haznos un favor a todos tus fans incondicionales, como yo, y no vuelvas a hacer cosas que nos avergüencen. ¿Te parece?
Antes de tener tiempo para responder, L0 levantó ambas manos, me dedicó una sonrisa avergonzada y siguió hablando muy rápido.
—Te lo digo con todo el respeto, claro. Porque te admiro, tanto a ti como todo lo que has conseguido. Es solo que has perdido un poco las formas. Lo que tiene todo el sentido del mundo… ¡te hiciste rico y famoso de la noche a la mañana! ¿Sabes lo que decía Bill Murray al respecto? «Cuando te haces famoso, te pasas un año o dos comportándote como un gilipollas integral. Es inevitable. Le pasa a todo el mundo. Y tienes dos años para resolverlo o te quedas así para toda la vida».
Fruncí el ceño.
—Yo he sido famoso durante más de tres años.
—¡Lo sé! —aseguró ella con tono animado—. Pero nunca es tarde para cambiar las cosas.
Asentí e intenté que no se notara lo mucho que sus palabras habían herido mi orgullo.
Bajó las manos y soltó el aire.
—Lo siento. Tenía que decirlo. Ya lo he dicho. Hora de cerrar el pico, L0.
Hizo el gesto de la cremallera en sus labios. Demasiado tarde, en mi opinión. No estaba seguro de si me sentía conmovido, dolido o enfadado por lo que acababa de decirme. Quizá las tres cosas al mismo tiempo.
—¿Quieres saber cuál es mi cita favorita de Bill Murray? —pregunté.
Ella asintió.
—«Siempre le digo lo mismo a la gente que quiere ser rica y famosa: “intenta hacerte rico primero, porque a lo mejor eso es lo único que quieres”».
L0 rio y negó con la cabeza.
—No tengo ni idea de cómo ser millonaria, y mucho menos milmillonaria. Esto es una locura…
Me dedicó una sonrisa nerviosa, y reconocí la mirada abrumada de su rostro. La había visto en el espejo la mañana después de ganar la competición de Halliday.
—Mira, L0 —dije mientras escribía un breve mensaje de texto en mi HUD—, voy a pedir a uno de mis ayudantes de GSS que se ponga en contacto contigo. Un tipo llamado Marvin. Es buena persona. Será tu ayudante durante las próximas semanas, ¿te parece? Puede asesorarte con la mudanza a Columbus. Contratar a un buen abogado y a un contable. Encontrar una inmobiliaria y una empresa de mudanzas para ti y tus amigos. Lo que necesites. Y también me gustaría ponerte una escolta de seguridad hasta que lo hayas hecho todo. Prometo que no te molestarán. ¿Qué me dices?
Ella asintió, y las lágrimas que se le habían acumulado en los ojos empezaron a resbalarle por las mejillas.
—Gracias, señor Watts —dijo—. Wade.
—Gracias, L0 —dije yo.
Le di una de mis tarjetas de visita, diseñadas para parecerse a un antiguo cartucho de Adventure de la Atari 2600.
—Llámame si necesitas algo —dije—. Cualquier cosa.
Miró la tarjeta. Después me la arrancó de las manos y se apresuró a darme una de las suyas. Estaba diseñada para parecerse a una copia en VHS de La leyenda de Billie Jean. La añadí de inmediato a mi inventario.
—Gracias de nuevo por la ayuda —dije al tiempo que le dedicaba un breve saludo—. Cuídate, ¿vale?
Me teletransporté a mi fortaleza de Falco antes de que pudiese decir nada.
Me sentí agotado de repente. Y ya casi había gastado mi límite de uso diario de ONI de doce horas. Solo me quedaban unos cuarenta y cinco minutos. Algunos usuarios podían conectarse la totalidad de las doce horas cada día sin sufrir efectos secundarios, pero yo no era uno de ellos. Siempre intentaba desconectarme antes de que empezase a contar la última media hora para evitar el riesgo de tener convulsiones o migrañas. Decidí esperar al día siguiente para empezar a buscar el segundo fragmento.
Vi que tenía llamadas perdidas tanto de Hache como de Shoto, pero estaba demasiado cansado como para devolverlas. Decidí que sería lo primero que haría la mañana siguiente.
Cuando me desconecté de OASIS, mis auriculares ONI me despertaron del estado onírico en el que me inducían y reconectaron mi mente con mi cuerpo físico. El proceso siempre tardaba unos minutos. Era muy parecido a despertar de un sueño muy vívido. Cuando volví a abrir los ojos, vi que me encontraba en mi ataúd de inmersión, acurrucado en la silla reclinable de viscogel.
Pulsé un botón del panel de control y el cristal blindado de la cabina se abrió con un siseo neumático. Me impulsé al exterior tarareando y cantando entre murmullos una vieja canción de Soul II Soul de los años ochenta. Back to life. Back to real-it-y.
Mi propia piel me resultaba muy pesada. Me arrastré hasta el otro extremo de la casa, subí las escaleras a duras penas y me derrumbé en la cama. Caí rendido unos minutos después de apoyar la cabeza en la almohada.
La mayoría de los usuarios diarios de ONI pierden la capacidad de recordar sus sueños, aunque sigan entrando en fase REM todas las noches. Por desgracia, yo seguía recordándolos o, mejor dicho, recordándolo. Tenía un único sueño recurrente que llevaba agobiándome una o dos veces por semana durante los últimos años.
Y esa noche lo volví a tener a pesar de la emoción por obtener uno de los fragmentos.
Los detalles siempre eran los mismos…
Me encontraba en el estudio de Anorak, junto al Gran Botón Rojo. A veces tenía la mano derecha colocada sobre él y otras, como era el caso de hoy, lo había pulsado. Siempre atisbaba mi reflejo en la superficie de plástico espejada del botón. Veía mi rostro, el rostro de Wade, en lugar del de mi avatar Parzival, aunque llevaba puesta la túnica de Anorak.
Tan pronto como descubría el lugar en el que me encontraba, dos torres de amplificadores dorados Marshall aparecían mágicamente a cada lado del áureo Huevo de Pascua de Halliday y una canción inquietantemente familiar empezaba a sonar por ellos a un volumen atronador: Push It de Salt-N-Pepa.
Después, las raperas Salt y Pepa salían de detrás de la torre de amplificadores con micrófonos dorados y con el aspecto que tenían en el videoclip musical de 1986. Luego, DJ Spinderella surgía por detrás del Huevo de Halliday y escracheaba un par de discos de oro que estaban en un tocadiscos también dorado.
Al cabo, sin que yo me hubiese movido aún y con la mano puesta todavía en el Gran Botón Rojo, Salt-N-Pepa cantaban sin parar el estribillo de la canción durante lo que siempre se me antojaban horas:
Ah, push it, push it good
Ah, push it, push it real good
Oooh, baby, baby! Baby, baby!
Oooh, baby, baby! Baby, baby!
Lo cierto es que, para ser una pesadilla recurrente, no era tan horrible. Pero limitarme a decir que la canción se me había quedado grabada en la cabeza era quedarse cortísimo. Tenía cada letra de todas y cada una de las palabras grabada a fuego en las neuronas de mi cerebro. Estuviera conectado o desconectado, despierto o dormido, la imagen de mi rostro reflejado en la superficie del Gran Botón Rojo siempre acechaba en las profundidades de mi mente mientras la canción se reproducía en un bucle infinito, diciéndome una y otra vez «¡púlsalo!», pero no solo eso, sino que además lo hiciese «hasta el fondo».
El sueño solía terminar así, pero esa noche me armé de valor y seguí el consejo de Salt-N-Pepa…
«A jugar», recuerdo pensar justo antes de pulsar el Gran Botón Rojo con la palma abierta de la mano derecha. Se iluminó y empezó a oírse la alarma de la Estrella de la Muerte en la distancia. Después el botón comenzó a iluminarse cada vez más rápido y brillante a medida que el color cambiaba de rojo a blanco.
Cuando me di la vuelta, Salt-N-Pepa habían desaparecido, y en su lugar se encontraban los integrantes de Men at Work cantando el estribillo de su éxito de 1983: It’s a Mistake.
Corrí al exterior, al balcón. Pero ya no estaba rodeado por el paisaje simulado de Chthonia. Me encontraba en las Torres de Portland Avenue en Oklahoma City, el lugar donde crecí. Y la caravana de mi tía Alice estaba frente a mí, sostenida de manera precaria en lo alto de una torre. Mi tía se encontraba en la ventana de su dormitorio y me miraba con amarga resignación.
Bajé la vista hasta la caravana de la señora Gilmore y la vi también, en la ventana, donde daba de comer a algunos de sus gatos. Me vio y sonrió. Las bombas que IOI había plantado en el exterior detonaron cuando empezaba a levantar la mano para saludarme, y la torre al completo estalló y se convirtió en una columna de fuego apocalíptica…
Y en esta ocasión no pude echarle la culpa de sus muertes a Sorrento. Yo era quien había pulsado el botón. Yo era el culpable…
Pero no tendría que vivir con esa angustiosa culpabilidad durante más que unos segundos, porque la infraestructura de la base de la torre llameante de caravanas empezó a agitarse y a derrumbarse en mi dirección.
No intenté correr. Ni siquiera me moví. Me quedé allí y dejé que la justicia hiciese su trabajo.