Como la sombra que se va
Nota de lecturas, agradecimientos
L A primera noticia sobre los días en Lisboa de James Earl Ray la tuve, hace unos años, leyendo un libro de Hampton Sides sobre el asesinato de Martin Luther King, Hellhound on His Trail. Aunque se publicó en 1998, el libro más completo y mejor escrito sobre la vida de Ray, su crimen y su huida sigue siendo Killing the Dream, de Gerald Posner, que además examina con mucho detalle las teorías conspirativas que no han dejado de proliferar en todos estos años, muchas de ellas alentadas por el propio Ray desde la prisión. The Making of an Assassin, de George McMillan, y He Slew the Dreamer, de William Bradford Huie, tienen la ventaja de haber sido escritos con una gran cercanía a los hechos y un conocimiento personal de algunos de sus protagonistas.
Sobre la vida de Martin Luther King y el movimiento de los derechos civiles, mi lectura predilecta, por su ambición, su rigor y su calidad narrativa, son los tres volúmenes de Taylor Branch, America in the King Years, 1954-1968. En España este movimiento admirable despierta sin duda gran simpatía, aunque poco interés, porque casi ninguno de los relatos históricos fundamentales, que yo sepa, está traducido a nuestro idioma. Numerosos documentales de muy alta calidad son accesibles en YouTube, y me han sido muy útiles mientras escribía. Quizás el panorama más completo lo ofrece la serie en doce capítulos «Eyes on the Prize».
En 1989, en una autobiografía titulada And the Walls Came Tumbling Down, Ralph Abernathy reveló que Martin Luther King se había encontrado con una amante en el Lorraine Motel, la noche del 3 al 4 de abril de 1968. Seis años más tarde, en 1995, Georgia Davis, una senadora estatal de Kentucky, contó en un libro de memorias, I Shared the Dream, su historia clandestina de amor con King, y confirmó que era ella la amante a quien Abernathy había mencionado sin nombrarla.
Aparte de dar innumerables entrevistas en prensa y televisión, muchas de ellas remuneradas, James Earl Ray escribió dos autobiografías, Tennessee Waltz, en 1987, y Who Killed Martin Luther King?, en 1992. Hasta el final siguió contando, con numerosas variaciones, la historia de «Raoul». No se ha encontrado nunca ni un rastro cierto de este personaje. Ray murió en prisión en 1998, mientras esperaba un trasplante de hígado.
Una cantidad asombrosa de fuentes primarias sobre el asesinato de Luther King y la búsqueda de James Earl Ray está disponible en internet. En la página web de la Mary Ferrell Foundation, www.maryferrell.org, se pueden consultar sin ninguna dificultad los archivos del FBI relacionados con el caso y las actas de la Comisión del Congreso, que volvió a investigar el asesinato en 1978. En el archivo del condado de Shelby, al que pertenece Memphis (www.register.shelby.tn.us), se encuentran todas las primeras averiguaciones de la policía de la ciudad, recién cometido el asesinato, incluidos los interrogatorios de testigos y de sospechosos, así como el registro de cada día y cada hora que James Earl Ray pasó allí detenido. Para un defensor de las virtudes prácticas de la democracia es una satisfacción comprobar que gracias a una de las más valiosas, la transparencia, le ha sido posible obtener materiales decisivos para la escritura de una novela.
En Lisboa, Pilar Soler hizo acopio para mí de todo tipo de datos valiosos sobre movimientos y nombres de buques, carteleras cinematográficas, noticias de periódico y clubes nocturnos durante los días que Ray pasó en la ciudad. Y gracias a Pilar conocí a Vladimiro Nunes, el periodista que en 2007 entrevistó a Maria I. S., la prostituta a la que conoció Ray en el Texas Bar. A Pilar y a Vladimiro les tengo que agradecer algunos pormenores cruciales de esta novela.
Elvira Lindo viajó conmigo a Lisboa y a Memphis, haciendo fotos de todo, señalándome cosas, alentándome en la búsqueda y en la escritura. Cuando leyó el primer borrador completo me hizo observaciones luminosas que me ayudaron a descubrir lo que le faltaba todavía a la novela. Miguel, Antonio, Elena y Arturo fueron, como otras veces, lectores cordiales y sagaces. Por razones evidentes me importaba mucho lo que ellos pensaran de un libro que algo tiene que ver también con sus vidas.
La novela está dedicada a ellos cuatro, y a Elvira.
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Páginas que venían con esta edición, guardadas aquí como referencia.