El codigo Givenchy
Capítulo 33
Cerré la puerta y me apoyé contra la hoja, con todo el cuerpo tenso y presa de un cosquilleo. Quería darme una ducha, pero no sola. Quería a Stryker. Quería que entrase por la puerta, me empujase de espaldas contra la pared y me hiciera el amor hasta agotarme. No sentía la menor culpa por desearlo. Contaba con unas doce horas para encontrar un antídoto misterioso y me había topado con un muro. No tenía ni idea de adonde ir o qué hacer a continuación. Lo único que sabía era que ésta podía ser mi última noche y durante unos minutos quería entregarme al placer. Al puro placer, hedonista e instintivo.
Si iba a palmarla, quería hacerlo a lo grande.
Abrí el grifo y dejé que el vapor llenara el baño. Me desaté las zapatillas y me quité los calcetines; por último me saqué la camiseta y los vaqueros y los colgué detrás de la puerta, debajo de la bata cortesía del hotel. Después cogí la toalla y me envolví. Coloqué la mano en el pomo de la puerta y tomé aire en busca de valor. Normalmente no soy tan lanzada, pero no disponía de tiempo para andarme con remilgos.
Bajo la toalla, mis pezones se endurecieron. Él se encontraba justo ahí; no nos separaba más que un simple trozo de madera. Abrí la puerta y...
Él estaba de pie en medio de la habitación, su cuerpo prieto y enjuto completamente desnudo, tieso y preparado. Tragué saliva, pero no logré articular palabra. Afortunadamente no necesité hacerlo. Avanzó hacia mí y yo me derretí entre sus brazos.
—Mel —susurró con un tono ardoroso que me hizo flaquear las rodillas.
—Stryker... Matthew... —Aspiré su aroma, embriagada, y le rogué que se duchase conmigo—. Sé que no tenemos mucho tiempo, pero quiero...
necesito...
El me colocó un dedo en los labios.
El agua nos fustigó con fuerza, pero el calor de la ducha no era nada comparado con las llamas que ardían entre nosotros.
—Lo sé —dijo, al tiempo que cogió uno de mis pechos entre sus manos
—. Seré rápido. Pero créeme, Mel, también seré cuidadoso. Ahora, acércate.
Con un suave suspiro, presioné mi cuerpo contra el suyo con avidez.
¿Por qué no iba a hacerlo? Después de todo, eso era lo que yo deseaba. Y, la verdad, ¿qué mujer podría haberse resistido?
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