El codigo Givenchy
Capítulo 6
Dos orgasmos tremendos más tarde, me hallaba completamente despierta y pensaba con mucha más claridad. Unas horas antes tal vez me había preguntado qué podía ir mal si me acostaba con Todd, pero ahora mi menos aturullada mente había revisado todas las posibilidades y había dado con una larga lista.
En primer lugar, Todd podría pensar que proporcionar orgasmos también le proporcionaba algún tipo de visado para permanecer en mi vida más allá de esa noche. En segundo lugar, yo podría entrar en ese estado de inconsciencia en que suelo pensar que el sexo de primera constituye una base perfecta para una relación. (Respecto a eso, ya debería saberlo bastante bien.) Mantuve unas relaciones sexuales alucinantes con Todd durante cuatro meses, pasé otro mes dándome cuenta de que nuestra relación no llevaba a ninguna parte, y después perdí un mes más de mi vida reuniendo el valor para romper con él a pesar de experimentar un orgasmo demoledor tras otro. Finalmente conseguí hacerlo, y ahora cuento con un vibrador estupendo. Eso, sin embargo, es otra historia.
Y en tercer lugar —desde mi perspectiva actual, el más importante—
estaba la falta de sueño. Había olvidado sus brutales ronquidos que hacían temblar las paredes, aunque cómo, no lo sé. Sin duda ahora no podría olvidarlos. «Ignóralo y desaparecerá» sencillamente no constituía una opción.
Me revolví unas cuantas veces más, haciendo un esfuerzo extra con cada vuelta para que la cama oscilara y temblara. Sin efecto. Me puse la almohada sobre la cabeza, dando toda la impresión de una mujer que se
asfixia a sí misma. Ni ahogué el ruido ni fallecí por falta de oxígeno.
Demasiado para mí.
Con un gemido muy audible que no despertó al Bello Durmiente, me recosté sobre el codo y le miré fijamente. Las persianas no se hallaban bajadas, de modo que podía contemplar su rostro en la bruma de las luces de la ciudad. Tenía la boca entreabierta y la mandíbula relajada. Me merezco algún tipo de premio por no meter mis dos dedos índices en sus fosas nasales.
En lugar de eso, cogí mi almohada, agarré el edredón y me encaminé al cuarto de baño. Puede que no fuese cómodo, pero al menos sería tranquilo.
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