El codigo Givenchy
Capítulo 45
Tardamos treinta minutos en llegar. Entramos con cautela y Stryker fue comprobando todos los rincones de la planta baja, e hizo otro tanto en el pasillo que llevaba a mi apartamento y también una vez estuvimos dentro.
Cuando se sintió seguro de que nos hallábamos solos, preguntó:
—¿Dónde están los zapatos?
Los había traído tras nuestra primera visita a casa de Todd y los había dejado en la encimera de la cocina. Los cogí y los llevé al sofá. Stryker se arrellanó junto a mí y yo le tendí un zapato. Tras examinarlos, los intercambiamos e inspeccionamos el otro con el mismo cuidado.
—Nada —concluí, decepcionada. Había estado tan segura...
—¿Y la caja? —preguntó él.
—Buena idea. —Fui al dormitorio y la hallé en el armario que compartía con Jenn. Levanté la tapa y miré el papel de seda mientras regresaba junto a Stryker.
—¿Alguna cosa? —preguntó.
—Todavía no. —Nos repartimos los dos papeles de seda, alisando con cuidado cada trozo. Todo lo que averigüé fue que el papel era eso: papel—.
El envoltorio —dije.
Las dos partes de la caja venían envueltas por separado, por lo que no había tenido que rasgar el papel de envolver para abrirla. Ahora cogí la tapa y con cuidado quité la cinta adhesiva, dejando al descubierto el logo de Givenchy y un gran rectángulo de papel de regalo rosa. Sólo eso.
—Aquí no hay nada —dije mirando a Stryker, que hacía lo propio con la caja propiamente—. ¿Y tú?
—Nada.
—Mierda.
—Aún hay otra posibilidad —señaló él arrugando la frente.
Al principio no entendí a qué se refería, pero al punto me golpeó la cruda realidad.
—Oh, no —repuse—. De eso ni hablar.
—Mel —dijo con ternura—, tenemos que hacerlo.
Asentí con lentitud. Tenía razón, por supuesto, pero yo sencillamente no podría soportarlo. Respiré hondo y le entregué ambos zapatos. Después me acerqué a la ventana.
—Creo que no miraré.
—Yo lo haré. Pero aléjate de la ventana.
Suspiré, una vez más conmocionada por la magnitud de la situación en que me habían metido. Asesinos que me perseguían, mis más preciados zapatos destruidos... ¿Qué vendría después?
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