El codigo Givenchy

Julie Kenner · Capítulo 64 de 77

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El codigo Givenchy

Capítulo 63

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BIENVENIDO AL CENTRO DE INFORMES

INFORME JUGADOR:

INFORME NÚM. A-0004

Archivado por: Lynx

Asunto: Evolución del juego

Informe:

· Objetivo rastreado hasta zona Quinta Avenida. Incapaz de fijar localización exacta.

· Objetivo huido sin incidentes.

· Pista localizada, pero ininterpretable.

· Dispositivo de rastreo demasiado esporádico para resultar eficaz. Un inconveniente, no insalvable.

· Ayuda necesaria; localizada posible fuente de ayuda. Se utilizarán tácticas persuasivas.

>>>Finalizar informe<<<

¿Enviar informe a adversario? >>>Sí<<< >>> No<<< ; El apartamento carecía de toda categoría: paredes que olían a moho; ropa sucia por el suelo; ventanas desnudas; olor de platos grasientos en la

pila.

Carecía de dignidad, pensó Lynx. A eso llevaban los devaneos intelectuales. Warren Voight carecía de clase. Tenía cerebro, tal vez. Eso estaba por verse. Pero ¿clase?, ¿dignidad?

Ni una pizca.

Bien, un hombre que vivía así —que no respetaba su apartamento, sus pertenencias y su entorno—, un hombre así resultaba fácil de controlar.

Lynx sólo debía esperar.

Sacudió el polvo del sofá con la mano y esparció una miríada de migajas de galleta. Vaya mierda. Fue hasta el armario de la ropa, encontró una toalla limpia y la colocó sobre el asiento del sofá. Luego se sentó a esperar.

Estaba preparado para esperar toda la noche, en ese sofá delante de la puerta. Al fin y al cabo, no tenía alternativa. Las alternativas se habían acabado.

Había rastreado a su presa hasta la catedral, pero la intermitencia del GPS lo hizo llegar un poco tarde. No importaba. Había utilizado sus propias destrezas y seguido el rastro de Stryker y aquella puta. Calle abajo hasta Tiffany's.

Sí, sencillamente había hecho lo que mejor sabía. Seguir el juego. Hacer de tipo encantador para sonsacar información a la vieja bruja de la iglesia y a la putilla carnosa de Tiffany's.

Así de fácil.

Sin embargo, la pista en sí...

Desplegó el papel en que escribía sus notas, extendiéndolo sobre las rodillas. ¿Urn secret roi? ¿Rebecca? ¿Las series de números?

Las referencias no le sugerían nada y, en cuanto volvió a encontrarse en la Quinta Avenida, supo que sólo le quedaba una alternativa. Tendría que esperar a que el sistema GPS volviese a conectarse. Resultaba inoportuno, y podría perder unas horas preciosas, pero no le quedaba elección. Señalaría la localización del objetivo, se trasladaría allí y la mataría. A la tercera iba la vencida. En el fondo ya había ganado la partida, pero debía coronarlo con la guinda final.

Sin embargo, el destino no colaboraba.

El sistema se había conectado y Lynx había localizado la posición del objetivo. Se había desplazado a toda prisa al sitio, consultando el ordenador en el asiento trasero de un taxi que seguía sus indicaciones. Su presa no se había movido en ningún momento.

Él no estaba familiarizado con aquel sitio. ¿Se trataba de un hotel? ¿Un restaurante? Ninguno de los dos. El ordenador no había mostrado una localización precisa, por supuesto, pues eso haría el juego demasiado fácil.

Pero él tenía cierta noción de los alrededores y había dado una batida por toda la manzana. Nada. Y el ordenador había insistido en que se encontraban allí.

La verdad es que casi lo pasó por alto: una nota sujeta con cinta adhesiva a un poste.

Lynx:

Demasiado tarde.

Y ahora cazas a ciegas.

Y allí, sujeto bajo el texto, un diminuto microchip gris, el dispositivo GPS.

No había reaccionado maldiciendo ni montando en cólera. Simplemente había llamado un taxi y dejado que le condujese a través de Central Park.

Los árboles le proporcionaban alivio. Y en ese momento él necesitaba alivio.

En el parque, se sentó en una mesa solitaria cerca de la caseta de las barcas y llamó a la Universidad de Nueva York. Su historia fue simple : estaba comprobando las referencias de Melanie para un puesto de trabajo.

Habló con uno de sus antiguos profesores, que le remitió a una tesis que había escrito ella, que a su vez remitió a otra que había redactado en colaboración con Warren Voight.

Reunió todos los datos en menos de dos horas.

Había hecho bien en no perder los nervios. Ya estaba de vuelta en el juego y sólo necesitaba a alguien que le ayudase. Y ahora se encontraba allí, en el apartamento del compañero de aquella furcia, esperando a que llegase la ayuda.

Warren lo ayudaría.

Sin duda que lo haría.

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