El codigo Givenchy
Capítulo 74
No esperé a comprobar que me equivocaba. Cerré la puerta del cuarto de baño de un golpe y eché el pestillo. Pero éste era frágil y no iba a mantener a Lynx fuera por mucho tiempo. No resultaría nada difícil volar la cerradura de un disparo, o embestir simplemente con el hombro.
De hecho podía considerarme muerta.
Miré alrededor buscando algo pesado para colocar delante de la puerta, o una ventana por donde escabullirme. No hubo tanta suerte. Me precipité hacia el teléfono, sólo para constatar que había sido arrancado de la pared.
El ventanuco no era suficientemente grande para mi cabeza, mucho menos para mis caderas. Y todos los elementos pesados —el retrete, la bañera, el bidet— estaban sujetos al suelo.
«¡Piensa, maldita sea, piensa!»
No podía escapar, lo cual significaba que sólo podía tratar de defenderme. Contuve la respiración al tiempo que examinaba todo el baño.
Las palabras de Stryker resonaban en mi cabeza: «Cualquier cosa puede convertirse en un arma.»
De acuerdo. Pero ¿qué?
Miré la barra de las toallas y fruncí el ceño. Tal vez...
Le di un pequeño tirón y los extremos salieron del soporte con facilidad.
La esgrimí para sopesarla. No era un tubo de acero, pero serviría. O, más bien, tendría que servir.
No se oía ningún ruido procedente de la habitación, y deseé aferrarme a la mínima esperanza de que los nervios me habían jugado una mala pasada
y de que haría el ridículo cuando Stryker apareciera y preguntase qué demonios hacía encerrada en el baño blandiendo un toallero.
Vale, conservaría esa esperanza, pero no pretendía apostar por ella.
Y hablando de apuestas, deseaba de verdad aumentar la mía. Por desgracia, los elementos a mi alcance resultarían inservibles en el terreno de la autodefensa. Eché un nuevo vistazo alrededor y vi el jabón con aroma a lavanda en el mármol del lavabo.
No sería un arma letal pero tal vez funcionase...
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