El codigo Givenchy

Julie Kenner · Capítulo 55 de 77

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El codigo Givenchy

Capítulo 54

Hasta que nos hallamos en el taxi no me di cuenta de que me había dado. O, más bien, de que había dado a Kate.

Había un limpio orificio de bala en el lateral de mi bonito bolso de Kate Spade. El mero hecho de mirarlo me daba náuseas. Tanto porque Kate acabaría en el cubo de la basura como porque unos centímetros más a la izquierda y el orificio habría estado en mi vientre.

Pero, gracias a Stryker, estaba ilesa. Me deslicé por el asiento hacia él.

Quería que su fuerza continuase protegiéndome, en esta ocasión del miedo por haber estado tan cerca.

Stryker le indicó al taxista que nos llevase al Crowne Plaza. En cuanto llegamos y nos registramos, subimos a la habitación. Lancé la chaqueta a una silla, me quité los pantalones y me quedé sólo con la camiseta y el conjunto interior. Me gustaría decir que mi única motivación era la comodidad, pero mentiría. Estábamos en un hotel, disponíamos de tiempo y yo quería una segunda vuelta con mi ángel de la guarda. Lo deseaba de verdad.

En el Plaza había sentido exactamente la misma ansia, pero se había tratado de una necesidad de sexo, de acoplamiento físico. Stryker había estado ardiente y sexy y me excitaba por completo, pero él no había sido la carga explosiva sino el detonador. Yo sólo quería echar un polvo.

Pero ahora...

Bueno, ahora deseaba al hombre. Quería que me abrazara y me besara y se riera conmigo. Quería que me acariciara todo el cuerpo. Quería su lengua

en mi boca y su polla dentro de mí. Y lo quería tan ávidamente como para dejar de lado todas las sutilezas.

Stryker había observado mi pequeño striptease y ahora se acercó, me tumbó sobre la cama y me colocó boca abajo. Se sentó a horcajadas sobre mí y sus grandes manos se aplicaron en quitarme toda la tensión de los hombros.

Sentí su erección contra mis nalgas, seguida de la presión de su cálida boca contra mi oreja. Gemí, ya desesperada y dispuesta.

No pronunció una palabra, y yo tampoco. Se limitó a tocarme y acariciarme los hombros, me volvió sobre la espalda y atrapó mis pechos por debajo de la camiseta. Brutalmente, empujó la tela de ésta hacia arriba, inclinó la cabeza y su lengua jugueteó con mi pezón izquierdo.

Sus dedos reptaron hacia abajo y se escurrieron en mis bragas. Y

cuando comenzó a explorarme profundamente, me estremecí de placer y supe que, a pesar de todo, iba a ser una tarde fabulosa.

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