El codigo Givenchy
Capítulo 71
Lynx detuvo el taxi cerca de la tumba de Peter Trent, aparcó y se apeó.
Aún no podía creer que aquel taxista capullo les hubiese dejado escapar.
¿Un Buick que no podía alcanzar a un Ford Aspire? Menudo imbécil.
Palpó su pistola y dirigió una mirada ceñuda al maletero. Bueno, aquel taxista no volvería a fastidiar a ningún cliente. Ahora sólo esperaba que ese fallo no le saliese demasiado caro. Podría haber acabado con aquella maldita puta, había estado muy cerca de ella... y del dinero.
Pero se le había escurrido entre los dedos, y ahora no le quedaba más remedio que volver a rastrearla. La solícita empleada del cementerio le había indicado la tumba visitada por Mel y Stryker, señalándola con un círculo en el plano. Ahora Lynx se encontraba allí, tratando de descifrar otra maldita pista para dar con su presa antes de que ésta resolviera la siguiente.
Temblaba ligeramente, presintiendo que el tiempo se acababa. Se sobrepuso. No le gustaba el morbo y tampoco solía flaquear en los momentos difíciles. Ganaría, por supuesto que sí. El siempre ganaba.
Siempre lo había hecho, siempre lo haría. La duda no tenía cabida en su carácter. Era sólo cuestión de cómo y cuándo.
El cuándo llegaría pronto, estaba seguro.
Caminó alrededor de la tumba, resiguiendo las huellas que había en la tierra blanda. La lápida había sido removida y maldijo para sus adentros. Si allí abajo había habido algo oculto... No. Sin duda la pista seguía allí, tenía que estar allí; lo contrario resultaba inaceptable para su mente.
Pero ¿dónde?
Tocó el encendedor que guardaba en su bolsillo, girándolo entre los dedos antes de sacarlo para encender un cigarrillo. Retrocedió un paso y examinó el suelo. Su abuelo lo había adiestrado en la caza y después él había perfeccionado al máximo el arte de rastrear, y ahora le estaba sacando buen partido. Siguió las huellas hasta la tumba de enfrente.
Thomas Reardon.
El nombre no le dijo nada, pero observó que su presa había pasado algún tiempo allí, moviéndose en derredor de la tumba. Después habían regresado al coche.
«Thomas Reardon», pensó.
¿Se trataba de la siguiente pista? ¿Alguien a quien ver? ¿Con quién encontrarse?
Sacó su PDA y se conectó a Internet. Sin embargo, el navegador se paralizó y apareció la señal intermitente de mensaje recibido.
Lynx frunció el ceño. Había configurado sus opciones de Internet de forma muy explícita. Cuando se encontraba en otro programa, el único e-mail que debía recibir prioridad era uno enviado por el objetivo de un juego JSG en curso.
Y el único juego en curso en ese momento era...
Abrió el mensaje. No procedía de Melanie Prescott, sino que había sido generado por el juego mismo. Era el último mensaje que esperaba recibir.
EL JUEGO HA TERMINADO.
EL OBJETIVO HA SOBREVIVIDO.
CATEGORÍA DEL ASESINO: REVOCADA.
«No.»
No. Sacudió la cabeza. No. No podía ser.
¡¡No!! Hizo un ademán con el brazo y casi lanzó su PDA por los aires, pero se contuvo.
Se trataba de un error. Un mero error. Él siempre ganaba.
Y este juego no iba a ser diferente de los anteriores.
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