La Atlántida
3. EL «Mar del limo»
Que la Basileia de Platón y la Basileia del relato de Piteas son idénticas es
indudable. Platón narra que, después de la destrucción de la Atlántida, toda la región
vecina quedó transformada en una extensión fangosa, «inexplorable por el obstáculo
de los fondos limosos y muy bajos que la isla, hundiéndose, depositó» (Timeo, 25).
En Critias (108), insiste: «Hoy, que ha sido sumergida por terremotos, no queda más
que un fondo limoso infranqueable, obstáculo difícil para los navegantes que cruzan
de aquí hacia el gran mar».
El adjetivo «inexplorable» no ha de valer más que para la época en que vivía
Platón; es, verosímilmente, un comentario de su imaginación. Además, ¿cómo podía
saber que la extensión marina, próxima a Basileia, era difícil e inexplorable para los
navegantes de su época?
Piteas había regresado de su viaje de exploración antes de la muerte de Platón, o
sea antes de la redacción del diálogo de Critias. Él también escribe que «en estas
regiones el mar es una mezcla de agua, limo y aire» y demuestra que esta región, por
sus condiciones, no puede ser atravesada ni a pie ni en barco.
¿Es preciso deducir que Platón tuvo conocimiento de las referencias
suministradas por Piteas? ¿Se basa en el testimonio de Piteas cuando cuenta que los
pasajes de Basileia son «inexplotables»? ¿Debemos deducir que en la Edad del
Hierro la bahía estaba ocupada por grandes bancos de limo que cubrían la llanura,
antiguamente fértil, de Basileia? ¿Sólo la colina dónde se elevaban antes el templo y
palacio había quedado sobre las aguas? Es igualmente posible que esta región
presentara el mismo aspecto que hoy. En efecto, a lo largo de la costa de Schleswig-
Holstein, se descubren, en bajamar, los vestigios de aglomeraciones y surcos de
campos hace tiempo desaparecidos. Es el caso de Rundholt; cerca de un pueblo
inundado en 1361, después de seiscientos años se distinguen todavía las huellas
dejadas por la reja de los arados.
Otra prueba de la identidad de la Basileia de Platón y de la de Piteas es la
indicación suministrada por Platón: «No queda más que un terreno limoso
infranqueable, obstáculo difícil para los navegantes que cruzan de aquí hacia el gran
mar» (Critias, 108).
Se trata de una alusión a la vía de agua del Eider, que de todos los tiempos ha
permitido a los hombres pasar del Mar del Norte al Báltico. La isla cuya destrucción
cerró este pasaje estaba bien situada delante de la desembocadura del Eider. Hablando
de la Basileia de Piteas, Diodoro la sitúa también en el lugar donde el Erídano (Eider)
desemboca en el mar.
La vía que recorre el valle del Eider era utilizada al final de la Edad del Bronce;
las numerosas sepulturas y los descubrimientos arqueológicos hechos en esta región
dan fe de ello. En su tiempo, el Eider corría hacia el oeste; costeando el litoral
meridional de la isla de Basileia, desembocaba en el Mar del Norte, al sur de Heligoland.