La Atlántida

Jürgen Spanuth · Capítulo 21 de 54

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La Atlántida

3. EL «Mar del limo»

 

Que la Basileia de Platón y la Basileia del relato de Piteas son idénticas es

indudable. Platón narra que, después de la destrucción de la Atlántida, toda la región

vecina quedó transformada en una extensión fangosa, «inexplorable por el obstáculo

de los fondos limosos y muy bajos que la isla, hundiéndose, depositó» (Timeo, 25).

En Critias (108), insiste: «Hoy, que ha sido sumergida por terremotos, no queda más

que un fondo limoso infranqueable, obstáculo difícil para los navegantes que cruzan

de aquí hacia el gran mar».

El adjetivo «inexplorable» no ha de valer más que para la época en que vivía

Platón; es, verosímilmente, un comentario de su imaginación. Además, ¿cómo podía

saber que la extensión marina, próxima a Basileia, era difícil e inexplorable para los

navegantes de su época?

Piteas había regresado de su viaje de exploración antes de la muerte de Platón, o

sea antes de la redacción del diálogo de Critias. Él también escribe que «en estas

regiones el mar es una mezcla de agua, limo y aire» y demuestra que esta región, por

sus condiciones, no puede ser atravesada ni a pie ni en barco.

¿Es preciso deducir que Platón tuvo conocimiento de las referencias

suministradas por Piteas? ¿Se basa en el testimonio de Piteas cuando cuenta que los

pasajes de Basileia son «inexplotables»? ¿Debemos deducir que en la Edad del

Hierro la bahía estaba ocupada por grandes bancos de limo que cubrían la llanura,

antiguamente fértil, de Basileia? ¿Sólo la colina dónde se elevaban antes el templo y

palacio había quedado sobre las aguas? Es igualmente posible que esta región

presentara el mismo aspecto que hoy. En efecto, a lo largo de la costa de Schleswig-

Holstein, se descubren, en bajamar, los vestigios de aglomeraciones y surcos de

campos hace tiempo desaparecidos. Es el caso de Rundholt; cerca de un pueblo

inundado en 1361, después de seiscientos años se distinguen todavía las huellas

dejadas por la reja de los arados.

Otra prueba de la identidad de la Basileia de Platón y de la de Piteas es la

indicación suministrada por Platón: «No queda más que un terreno limoso

infranqueable, obstáculo difícil para los navegantes que cruzan de aquí hacia el gran

mar» (Critias, 108).

Se trata de una alusión a la vía de agua del Eider, que de todos los tiempos ha

permitido a los hombres pasar del Mar del Norte al Báltico. La isla cuya destrucción

cerró este pasaje estaba bien situada delante de la desembocadura del Eider. Hablando

de la Basileia de Piteas, Diodoro la sitúa también en el lugar donde el Erídano (Eider)

desemboca en el mar.

La vía que recorre el valle del Eider era utilizada al final de la Edad del Bronce;

las numerosas sepulturas y los descubrimientos arqueológicos hechos en esta región

dan fe de ello. En su tiempo, el Eider corría hacia el oeste; costeando el litoral

meridional de la isla de Basileia, desembocaba en el Mar del Norte, al sur de Heligoland.