La Atlántida
Introducción
Sería difícil encontrar otro tema, entre los concernientes a la historia y a la geografía
antiguas, cuyo estudio sea a la par tan ingrato y tan agradecido como el de la
Atlántida.
Ingrato por la razón de que con los dos mil y pico de libros, sin contar
innumerables folletos y artículos, que según una estadística francesa se han publicado
sobre la Atlántida, parecería que se hubiera llegado a un agotamiento del tema.
Repetidamente, algunos eruditos de fama han creído haber zanjado la cuestión
enigmática de la Atlántida de una manera definitiva y han afirmado que no es posible
decir ya nada más sobre ello. Con mucha más frecuencia, otros sabios han declarado
que todos los trabajos y escritos relativos a este tema eran pura entelequia y los han
clasificado, sin más, como «una contribución a la historia de la humana locura». Bien
es verdad que al lado de investigadores dignos de crédito se ha juntado tal retahíla de
ilusos, de «atlantomaníacos», de charlatanes y de farsantes (por no hablar de los
etimómanos encarnizados en descubrir verdades donde no las hay, que también se
han preocupado del mismo problema), que todo aquel que hoy intenta desbrozar
camino en el tema de la Atlántida corre el riesgo de ser inmediatamente clasificado
entre las filas de estos elementos dudosos.
Es comprensible que si se tiene en cuenta este escollo sean muchos los
investigadores que gozan de autoridad que siempre que se menciona este problema de
la Atlántida se retraigan y dejen el campo libre a los que gustan de quimeras y a los
que hemos llamado «atlantomaníacos».
Y este hecho es tanto más sensible por cuanto la Atlántida no solamente es uno de
los temas más agradecidos de la historia y de la geografía antiguas, sino que su
estudio ayuda a esclarecer las tinieblas que reinan en una de las épocas más
misteriosas y más preñadas de consecuencias de toda la historia de Occidente.
La leyenda atlántica podría compararse, en cierta manera, a aquella cámara
secreta del tesoro en la tumba de Tutankhamon del valle de los Reyes.
Durante siglos y siglos, incontables investigadores y arqueólogos han excavado a
diestro y siniestro por todo este valle. Se consideraba fuera de toda duda que ya no
quedaba nada nuevo por descubrir. Cuando lord Carnavon resolvió, a pesar de todo,
emprender nuevas excavaciones en este valle, fue objeto de bromas, y hasta los
especialistas, sus propios colegas, declaraban que la expedición estaba condenada al
fracaso. Era una empresa inconcebible. Parecía que ningún otro trabajo arqueológico
sé le podía comparar por lo ingrato y falto de perspectivas.
Pero cuando lord Carnavon, pese a todos los inconvenientes, descubrió entre estas
arenas tan removidas la entrada de la tumba de Tutankhamon, quedó al descubierto el
paso a una cámara del tesoro llena de incalculables riquezas y con ellas se hizo luz en
la vida cotidiana de los reyes egipcios que habían vivido hacía más de tres mil años.
Análogamente están las cosas en lo que hace referencia a la cuestión de la Atlántida. El manto constituido por muchas falsas interpretaciones, quimeras,
fantasías, precoces juicios y absurdos escepticismos, así como el amontonamiento de
errores cronológicos y de identificaciones falsas que se han ido acumulando en el
curso de dos milenios y medio sobre este relato que Solón trajo consigo de Egipto,
llegan a colmar y rebasar esta cámara del tesoro de tal modo que cualquiera que
intenta exhumar dicho relato se coloca en el sitio ideal para ser el blanco de los
sarcasmos de los especialistas.
Pero si entre todo este amontonamiento de hipótesis y elucubraciones sobre la
Atlántida se llega a descubrir la justa interpretación del relato de Platón, entonces se
abre el camino a una sala del tesoro que nos abrirá insospechados horizontes
científicos y sorprendentes puntos de vista acerca de todo lo que constituyó la manera
de vivir, creer, pensar, luchar y sufrir de aquellos antepasados nuestros que vivieron
sobre el globo hace unos tres mil años. Y al propio tiempo penetraremos en los
secretos de una de las más grandes y más conmovedoras épocas de la historia de la
humanidad.
El acceso a la justa y correcta interpretación de este relato atlántico está
constituido por el establecimiento cronológico de los principales acontecimientos que
tienen lugar dentro de él y de la comprobación de la fidelidad histórica de este propio
relato. A ello está consagrada la primera parte de la presente obra.
En la segunda se intentará exhumar los tesoros que encierra este relato. Se
precisará el emplazamiento de la isla Real y la magnificencia y organización del reino
atlántico. Los datos del relato atlántico sobre la vida y las costumbres, sobre el culto y
las creencias, sobre la riqueza y el poder de los atlantes, serán minuciosamente
comparados con nuestros conocimientos actuales de aquellos tiempos pasados. E
investigaremos el contenido de verdad que en él haya.
En la tercera parte se expondrá lo que el más grande poeta de todos los tiempos,
Homero, ha cantado acerca de la Atlántida y lo que a su vez nos ha legado la saga,
esta vieja y fiel guardiana de los hechos históricos.
Por último, damos cuenta del redescubrimiento de la Atlántida en el verano de
1952. Añadimos una traducción de las narraciones platónicas sobre la Atlántida
contenidas en los diálogos Timeo y Critias.
Con ello aprenderemos a conocer un linaje de la humanidad que ha sabido
realizar grandes hechos, ha sufrido en grande y ha concebido también en grande.
Deseamos que este trabajo sirva para alentar a los sabios especialistas de las
distintas disciplinas científicas a reconciliarse con esta leyenda atlántica, provista
ahora de las mismas armas, pero vueltas a forjar. Seguramente entonces nos revelará
muchos y nuevos tesoros y podrán esclarecerse muchos de los problemas de la
historia antigua que hasta ahora se han venido dando por insolubles.