La Atlántida

Jürgen Spanuth · Capítulo 32 de 54

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La Atlántida

3. El sacrificio del toro

Esta concepción de la columna sosteniendo la bóveda cósmica renace más tarde

en las religiones germánicas y en el culto del árbol que soporta el universo; derribarlo

era provocar la caída del cielo. Más tarde, en la época de la evangelización de las

costas de Germania, San Wulfram hace todavía alusión al mismo; lo describe «como

estando magníficamente decorado». Asimismo al final de la Edad Media, en Frisia, la

«columna que sostenía el mundo orientado hacia el norte» desempeñaba un papel

importante en la legislación frisia. En resumen, el antiguo culto atlante rendido a la

columna del mundo se perpetúa hasta la época en que el cristianismo se implantó en

Germania.

De todas formas, el hecho de que veamos el irminsul representado sobre un vaso

filisteo prueba que jugaba un gran papel en la vida religiosa de los hiperbóreos

atlantes. El Antiguo Testamento llama ai kaphthor (isla de las columnas) la patria de

los filisteos; ellos mismos son llamados «caphtoritas» (adoradores de las columnas).

Estos nombres son una alusión precisa a la columna que se levantaba en el centro de

la isla de Basileia y confirman, si todavía era necesaria, la identidad de los atlantes y

filisteos de las Sagradas Escrituras.

Todo hace pensar que el irminsul, la columna de Basileia, tenía unas dimensiones

colosales; Rudolf von Fulda (855 d. C.) narra que fueron precisos tres días de trabajo

a los obreros encargados de destruirla. La Crónica imperial romana narra que Simón

el Mago subía sobre una columna para ser visto de todos los espectadores que asistían

a sus trucos mágicos. Se encuentran igualmente en las crónicas germánicas las

palabras irmansuli pyramides, lo que parece indicar que las columnas objeto del culto

de los antiguos germanos se levantaban en la cima de pirámides escalonadas,

semejantes a los «zigurats» babilónicos. La decoración característica de las

«columnas del cielo» está mencionada en una crónica que data de 772 d. C.; su autor

precisa: «Estaba magníficamente adornada con esculturas y espléndidas

decoraciones». Por último, los sacrificios ofrecidos en la columna, lo mismo que la

costumbre de administrar justicia al pie del monumento, fueron practicados hasta la

evangelización de Germania. Se puede, pues, suponer, y eso nada tiene de

inverosímil, que el monumento de Basileia sirvió de modelo a todas las columnas del

cielo, a todos los irminsul de la antigüedad.

 

3. EL SACRIFICIO DEL TORO

Platón narra que la inmolación de un toro formaba parte del culto rendido en la

columna del cielo; en el recinto del templo pacían los animales consagrados a

Poseidón:

 

Se soltaban toros en el cercado sagrado de Poseidón. Los diez reyes, solos, después de haber rogado al dios que les hiciese capturar la víctima que le sería agradable, emprendían la caza, sin armas de hierro, sólo con venablos de madera y con redes.

Cuando cogían un toro, lo conducían a la columna y lo degollaban en su cima, como estaba prescrito. Después de haber efectuado el sacrificio con arreglo a sus leyes y consagrado todas las partes del toro, llenaban de sangre una crátera y rociaban con un coágulo de sangre cada uno de ellos; el resto lo arrojaban al fuego, después de haber hecho unas purificaciones alrededor de la columna (Critias, 119, 120).

 

La manera como cumplían este sacrificio prueba que este culto se remonta a la

prehistoria; que, para matar el animal, los reyes se sirvieran no de las armas

contemporáneas, sino del venablo y de la redecilla, atestigua su alta antigüedad. Que

la captura estuviese reservada únicamente a los reyes es un detalle muy interesante:

este rito se remonta a la lejana época en que los jefes de clan eran todavía

intermediarios entre el hombre y la divinidad. Al principio la caza tenía por objeto la

captura de los animales salvajes destinados a ser inmolados en sacrificio; hasta

mucho más tarde los hombres no criaron especialmente los animales sagrados.

Este culto se remonta a un período y a un área de civilización anteriores a los que

describe Platón. «Los atlantes eran campesinos y pastores»; ahora bien, el sacrificio

del toro, tal como era practicado en Basileia, es característico de una época en que el

hombre, exclusivamente cazador, no sabía todavía cultivar la tierra. Ya en tiempos del

imperio atlante, esta ceremonia no tenía lugar más que cada cinco o seis años, y el

honor de participar en ella estaba reservado únicamente a los «reyes». Es la prueba de

que se trata allí de una tradición muy antigua, que se remonta a la Edad de Piedra, y

aún era respetada en la Edad del Bronce.

Hauer fue el primero en sospechar que el sacrificio del toro practicado entre los

atlantes no era otro que un rito indogermánico. Era paralelo al culto de la columna del

mundo, que el cristianismo abolió en la época histórica.

Jung explica, a propósito de esto: «Impregnando de sangre la columna, los

antiguos creían contribuir a la conservación del universo y apaciguar a los dioses».

Encontramos este mismo culto entre cimbrios y teutones, y quizás igualmente entre

los filisteos. En el primer libro de Samuel (VI, 10) el Antiguo Testamento menciona,

en efecto, un sacrificio ofrecido por los filisteos que inmolaban vacas a sus dioses.