La Atlántida

Jürgen Spanuth · Capítulo 5 de 54

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La Atlántida

III. Solón estuvo efectivamente en Sais

 

La primera y muy repetida afirmación de Platón es la siguiente: Solón, en

persona, vio los papiros e inscripciones en los que estaba contenido el relato atlántico,

en ocasión de su viaje a Sais, en el Bajo Egipto. Los sacerdotes egipcios que los

habían recogido y estudiado se los tradujeron y comentaron.

Esta aseveración se halla repetida en diferentes pasajes de la narración. «Platón se

ha tomado la molestia de insistir sobre la evidencia de las fuentes que sustentan el

relato de la Atlántida», sostiene Brandenstein. Con este objeto, el de dejar bien

sentada la exactitud de sus fuentes egipcias, Platón explica que los sacerdotes

egipcios tomaron los papiros «con su mano», que Solón tomó nota de la narración

que le hicieron los susodichos sacerdotes, con el fin de componer luego un poema.

Proyecto éste que tuvo que descartar a su regreso debido a los trastornos que halló en

su ciudad. Y finalmente, Platón nos explica a través de qué intermediarios llegó hasta

el relato atlántico. Platón añade que dicho relato, concebido inicialmente en lengua

atlante, fue traducido en lengua egipcia y luego al griego, precisamente para Solón

(Critias, 113), que él posee «concluyentes pruebas» (Critias, 107) de su validez y «ha

comprobado minuciosamente» (Critias, 107).

¿Y por qué no haríamos nosotros lo mismo?

Que Solón estuvo efectivamente en Egipto no cabe duda alguna. Muchos

escritores y cronistas de la antigüedad confirman este dato. Solón, después de dar a

Atenas sus previsoras leyes, que aún llevan su nombre, emprendió un viaje que duró

diez años, para «recoger información sobre los tiempos pasados». Su primer objetivo

fue la ciudad de Sais, la antigua ciudad residencial de los faraones, en la que los

sacerdotes habían coleccionado y estudiado las viejas inscripciones y documentos de

su país y «en lo relativo al saber de lo pasado eran los más sabios» (Timeo, 22).

Esta afirmación es absolutamente cierta. Solón tuvo que empezar necesariamente

su viaje en Egipto por Sais, ciudad situada en la desembocadura del Nilo y en aquella

época residencia de los faraones. Psamético I (663-609 a. C.) había creado en las

cercanías de su ciudad y capital una colonia de mercaderes griegos a los que había

concedido privilegios especiales. En los tiempos de Solón regía efectivamente en Sais

el rey Amasis (570-525 a. C.), citado por Platón, el cual favoreció tanto a los griegos

que llegó a despertar las suspicacias de sus súbditos. Solón se inspiró en la legislación

promulgada por este rey para algunas de sus leyes, como por ejemplo aquélla de que

«cada ciudadano ha de dar cuenta anualmente al gobernador de los medios con que

cuenta». Hemos de dar fe a Platón cuando nos dice que Solón estuvo en Sais, en

donde fue cordialmente acogido y tenido en gran consideración (Timeo, 22).

¿Es cierto, como nos afirma Platón en sus diálogos, que los sacerdotes de Sais

habían recogido los documentos, inscripciones y papiros del pasado y los estudiaban?

Éste era precisamente en aquellos tiempos el trabajo principal de los sacerdotes

de Sais, cuyos afanes se cifraban en el estudio del pasado. Breasted, el gran experto de la historia de Egipto, nos dice acerca de los sacerdotes de Sais,

independientemente de cualquier relación con lo afirmado en el relato atlántico, lo

siguiente: «Los escritos y antiguos rollos sagrados recubiertos con el polvo de los

siglos pasados eran buscados afanosamente, compilados, clasificados y ordenados. El

pasado volvía a reinar. Una tal ilustración retrotraía a los sacerdotes (de Sais) a un

mundo pasado, cuya sabiduría —como ocurre entre los chinos y los mahometanos—

constituía el máximo exponente de la ley moral… El mundo había envejecido y por

ello y con especial predilección la gente se dedicaba al estudio de la pasada juventud.

Con razón se ha calificado este período saita con su característica mirada hacia el

pasado como un tiempo de restauración».

La afirmación de Platón de que los sacerdotes de Sais habían recopilado y

estudiado los viejos documentos de su país, y que por ello «eran los más sabios en

todo lo que concernía al saber del pasado», queda confirmada por uno de los más

expertos especialistas de la historia egipcia, en sus más pequeños detalles. En cuanto

a esta cuestión, Platón no nos ha contado una fábula, sino hechos comprobados

históricamente.

Así pues, corresponde plantear la siguiente pregunta: ¿Existían en Sais, tal como

afirma Platón, documentos e inscripciones en los que se relataran hechos de los

acaecidos durante la campaña bélica de los atlantes, o bien de aquellas terribles

catástrofes naturales ocurridas en aquellos tiempos, así como del modo como los

egipcios habían rechazado la invasión de los atlantes? Proclo, el comentador de

Platón, da cuenta de que los sacerdotes de Sais también mostraron a Crantor de Solos

(330-270 a. C.), autor del primer comentario sobre el Timeo, los mismos papiros e

inscripciones que a Solón. Estos documentos históricos han existido, pues, realmente,

y suscitase la cuestión de si estas inscripciones o cuando menos una parte de ellas se

han conservado o si han sufrido la suerte de gran parte de los documentos egipcios

que se han perdido en el curso de los tiempos.