La Atlántida
2. La Atlántida y la isla de los feacios
El triunfo de Schliemann fue al mismo tiempo el triunfo de Homero. Al día
siguiente se había convertido en el «grande, el único, el inolvidable Homero», el
«más grande poeta de todos los tiempos».
Consideradas hasta entonces como invenciones, productos de la fantasía y de la
ficción, sus obras se revelaron como documentos históricos. El cambio de opinión fue
tan completo que uno de los principales historiadores contemporáneos, Friedrick
Schachermeyr, declaró: «Las epopeyas homéricas pueden y deben ser utilizadas
como fuentes; aparte de los episodios inventados o de acontecimientos más o menos
deformados, contienen preciosas referencias sobre lo que fue la civilización
micénica».
En el presente capítulo nos confiaremos al saber y a los escrúpulos de Homero y
pondremos en él toda nuestra confianza. Haciéndolo así, seguiremos las huellas de
Schliemann, el primero en demostrar que las descripciones de Homero correspondían
efectivamente a la realidad.
2. LA ATLÁNTIDA Y LA ISLA DE LOS FEACIOS
Ya el arqueólogo sueco Clof Rudbeck había notado la extraordinaria similitud
entre la descripción de la ciudad real de los atlantes debida a Platón y la pintura que
Homero hacía de la isla de los feacios. Después, algunos sabios, entre ellos el
norteamericano I. Donelly y los alemanes Borchardt, Schulten, Hennig y Kluge, han
insistido sobre esta analogía.
Hennig constata: «Las correspondencias entre los relatos de Homero y Platón,
uno referente a la isla de los feacios, el otro a Basileia, son demasiado numerosas
para que se trate de una simple casualidad. Al contrario, todo lleva a creer que las dos
relaciones tienen un origen común».
Según Hennig, este origen común se hallaría en las condiciones existentes en
Gades (Tartessos). Como Schulten, Hennig cree que la Atlántida estaba situada en la
España meridional e identifica Basileia con Tartessos. Como ya hemos visto, esta
opinión es manifiestamente errónea. La Basileia de Platón, la misma que la de Piteas,
se encontraba en la desembocadura del Eider. Por ello, sin detenernos en la
interpretación de Hennig, formularemos la hipótesis siguiente: el origen de las
relaciones de Platón y de Homero era Basileia, capital del imperio atlante. La
enumeración y la yuxtaposición de los pasajes relativos a la isla de los feacios y a Basileia muestra hasta qué punto las descripciones de Platón y de Homero
concuerdan en múltiples aspectos.
Atlántida País de los feacios:
1 La Atlántida se encuentra en el océano El país de los feacios se encuentra en el
(Timeo, 24; Diodoro, III, 56). océano. (Odisea, V, 275 y ss.).
2 La Atlántida está situada al norte (Critias, El país de los feacios está situado en el norte.
118). Dejando el cabo al nordeste, Ulises surca el
océano durante 17 días y 17 noches antes de
alcanzar las costas de los feacios (Odisea, V, 273; VII, 267).
3 Los atlantes habitan «las extremidades del Los feacios habitaban «las extremidades de la
mundo»; son «los hombres más extremos» tierra»; son «las persona más extremas»
(Diodoro, III, 56; Breasted, IV, 38). (Odisea, VI, 8; 203, 205, 280, etc).
4 Muy cerca de la costa de la isla atlante hay en Frente a la costa de la isla de los feacios, se
el mar una isla la cual tiene «el suelo muy eleva en el mar una isla que por todos lados
elevado sobre el nivel del mar, y las orillas de está cortada a pico sobre el mar (Odisea, V, la isla cortadas a pico» (Critias, 118). 400 y ss.).
5 En la costa de la Atlántida se encuentran En la costa del país de los feacios se
colinas y dunas «que se prolongaban hasta el encuentran colinas y dunas «cerca del mar»
mar» (Critias, 118). (Odisea, V, 470 y 475).
6 Detrás de las dunas se extiende una llanura Detrás de las colinas y las dunas se extiende la
fértil (Critias, 118). llanura fértil del país de los feacios, «los
ricos» (Odisea, VI, 259 y XIII, 322).
7 Basileia no se encuentra inmediatamente en el La ciudad real de los feacios se encuentra
litoral, sino a 50 estadios (9,2 km) en el bastante lejos, en el interior de las tierras
interior de las tierras (Critias, 115, 117). (Odisea, VI, 317).
8 Basileia está rodeada de altos diques y de La ciudad real de los, feacios está rodeada de
anchos fosos (Critias, 115 y ss). altos diques y anchos fosos (Odisea, VI, 264;
VI, 8, VII, 44 y ss.).
9 Los diques están construidos con tierra y son Los diques están edificados con tierra y son
tan altos que un barco puede pasar por debajo tan altos que un barco puede pasar debajo
(Critias, 115). (Odisea, VI, 264; VII, 44 y ss.)
10 Delante y detrás de los diques se encuentra un Delante y detrás de los diques se encuentran
puerto, pero la entrada es tan estrecha que puertos abiertos a sus dos lados y sus canales
permite pasar un solo barco. (Critias, 115). estrechos (Odisea, VI, 264)
11 Un canal a nivel cruza los diques, hasta llegar Un canal a nivel cruza los diques, hasta llegar
a la capital. (Critias, 115). a la capital. (Odisea, VI, 264; VIII, 5).
12 Los edificios son de piedra, extraída de una Los edificios están construidos «con piedras
isla rocosa próxima. (Critias, 116). remolcadas» (Odisea, VI, 267).
13 En el centro de Basileia hay un magnífico En el centro de la Ciudad Real hay un
templo de Poseidón y el palacio del Rey magnífico templo de Poseidón y el palacio del
Supremo de la Atlántida (Critias, 115, 116) Rey Supremo de los feacios (Odisea, VI, 266;
VII, 85 y ss.; VII, 135 y ss.).
14 El palacio está recubierto de oro, plata y cobre En el palacio «hay un resplandor como de sol
precioso y ofrece «una apariencia asombrosa» o de luna […]; a ambos lados se extienden
(Critias, 115). «El ámbito de esta isla, los muros de bronce desde el umbral hasta el
recintos y el puerto, todo estaba rodeado por fondo y alrededor un azulado friso; puertas de
un muro de piedra» (Critias, 116). oro cierran por dentro la sólida estancia»
(Odisea, VII, 85 y 135). Está rodeado por un muro (Odisea, VI, 303; VII, 113).
15 En el templo «se veían estatuas de oro» En el templo había estatuas de oro (Odisea,
(Critias, 116). VII, 91).
16 También hay una enorme estatua de Poseidón Poseidón en la Ilíada es descrito así:
(Critias, 116). Poseidón se muestra allí «Poseidón […] en las profundidades del mar,
«envuelto en oro, rodeado de cien nereidas tenía palacios magníficos, de oro, sentadas sobre delfines» (Critias, 116). resplandecientes a indestructibles. […] subió
al carro y lo guió por encima de las olas.
Debajo saltaban los cetáceos» (Ilíada, XIII, 21 y ss.).
17 Los reyes de la Atlántida sacrifican grandes El rey de los feacios sacrifica toros a
toros a Poseidón, dirigiendo ellos mismos los Poseidón, llevando él mismo los animales
sacrificios (Critias, 119) (Odisea, XIII, 24, 182 y ss.).
18 En el santuario hay una espléndida arboleda En el santuario hay una espléndida arboleda
sagrada y un jardín con árboles frutales sagrada y un jardín con árboles frutales
deliciosos (Critias, 117). deliciosos (Odisea, VI, 295, 321; VII, 112 y
ss.).
19 También surgen «dos fuentes, una caliente, También hay allí dos fuentes (Odisea, VII,
otra fría, abundantes e inagotables» (Critias, 129) 117).
20 A los atlantes les encanta bañarse en agua tibia «A nosotros, los feacios nos encantan los
(Critias, 117). baños calientes» (Odisea, VIII, 249).
21 Alrededor del palacio de los reyes están Alrededor del palacio de los reyes están
dispuestos numerosos templos, jardines y dispuestos numerosos templos, jardines y
gimnasios (Critias, 117). gimnasios (Odisea, VI, 266; VIII, 5 y 110).
22 Los atlantes practican en estos lugares Los feacios practican en estos lugares
ejercicios de gimnasia de todo tipo (Critias, «pugilato, lucha, saltos y carrera» (Odisea, 117) VIII, 100 y ss.).
23 Poseidón es el progenitor de la familia real Poseidón es el progenitor de la familia real
Atlante (Critias, 114 y 120). feacia (Odisea, VII, 56 y ss.).
24 Poseidón trajo aquí a los Atlantes, los reunió Poseidón trajo aquí a los feacios, los reunió en
en una ciudad y la rodeó de muros. Les una ciudad y cercó la ciudad con muros. Les
inculcó las leyes y les enseñó como cultivar enseñó las leyes, a construir casas y templos y
sus alimentos (Diodoro, III, 56). a cultivar la tierra (Odisea, VI, 7 y ss.).
25 El Rey de la Atlántida es el rey supremo de un El Rey de los feacios es el rey supremo sobre
total de 10 reyes (Critias, 114) 12 reyes. (Odisea, VIII, 41, 390, 391).
26 El Rey Supremo es también el primer El Rey Supremo es el sumo sacerdote y ofrece
sacerdote y ofrece los sacrificios de los toros, los sacrificios de los toros, que son quemados
que son quemados (Critias, 120) (Odisea, XIII, 24 y ss.).
27 Los atlantes son todos descendientes de Los feacios son todos descendientes de
Poseidón (Critias, 114 y 120). Poseidón (Odisea, VII, 205 y ss.; XIII, 130 y
ss.)
28 Los atlantes eran excelentes marineros; su Los feacios eran los mejores navegantes, con
orgullo era una gran flota de 1200 rápidos las naves más rápidas; «tienen barcos rápidos
trirremes de guerra siempre listos (Critias, y ágiles, que vuelan sobre el mar, ya que esto
117,119). les fue dado por Poseidón» (Odisea, VII, 34,
320).
29 Los atlantes tenían «casas flotantes» (Critias, Los feacios tenían «casas flotantes» (Odisea,
116). VI, 265).
30 Los atlantes eran los favoritos de los dioses; Los feacios son amados por los dioses: son de
en ellos se reconocía la esencia divina esencia divina (Odisea, VI, 241; XIII, 130). (Critias, 120).
31 No estaban «cruzados con otros elementos «Ningún mortal ha tenido relación social con
mortales» (Critias, 121). nosotros» (Odisea, VI, 205).
32 El clima de la Atlántida es muy templado; un El clima del país de los feacios es dulce: «el
suave viento sopla permanentemente y los céfiro sopla sin descanso». Hay dos cosechas
atlantes hacen dos cosechas por año (Critias, al año (Odisea, VII, 118 y ss.).
115 y 118; Diodoro, V, 19).
Esta comparación entre los pasajes de los textos de Platón y de Homero prueba,
sin lugar a dudas, la identidad de la isla de los feacios y la de los atlantes. Las
analogías son tan sorprendentes, incluso en los detalles, que uno se pregunta si
Homero no se sirvió del relato original relativo a la historia y a la desaparición de la
isla de los atlantes para redactar la narración del viaje de Ulises entre los feacios.
Muchas razones, sin embargo, se oponen a ello.
La primera es que Homero menciona numerosas particularidades que no se
encuentran en el texto de Platón y que, a pesar de todo, corresponden a la realidad.
Indica, por ejemplo, la forma conveniente para llegar a la isla de los feacios por mar;
habla de los fenómenos de flujo y reflujo de marea que se producían en la
desembocadura del río que riega la isla; precisa que los diques están reforzados con
empalizadas; pero es verosímil pensar que incorporó un relato de la tradición nórdica.
De todo esto, Platón no dice palabra. Pero, precisamente, estos detalles suministrados
por Homero prueban que disponía de otras fuentes que no eran las que poseía y
utilizaba Platón.
En segundo lugar, se encuentran en el texto platónico buen número de
indicaciones que faltan en la Odisea; y que un poeta habría ciertamente aprovechado
si hubiese tenido conocimiento de ellos. Citemos simplemente el hecho de que en
Basileia se encontraban el ámbar y el cobre; que la isla próxima, utilizada como
cantera, estaba formada por rocas rojas, negras y blancas que servían para la
construcción de las murallas y monumentos de la isla real. Asimismo, Platón describe
con gran abundancia de detalles las ceremonias que precedían la reunión de los reyes
atlantes y los sacrificios sagrados. En ninguna parte Homero hace alusión a ello,
aunque también habla de las murallas, de los monumentos, de la riqueza acumulada
por los feacios, de la isla rocosa que flanquea la isla principal, de la reunión de los
reyes y del sacrificio del toro (Odisea, VIII, 11; XIII, 181).
Por último, las diferencias entre las dos narraciones, las de Platón y Homero,
atestiguan que el filósofo y el poeta utilizaron dos relatos completamente
independientes, pero que se referían a un mismo conjunto de hechos. Platón se
extiende, por ejemplo, sobre la potencia del ejército y de la flota atlante o sobre la
invasión hiperbórea en Grecia, en Asia Menor y en Egipto; Homero, en cambio, alaba
el carácter y los gustos pacíficos de los feacios; a este propósito dice (Odisea, VI,
270): «… no hables a los feacios de aljabas ni de arcos…»; nada era más contrario a
su mentalidad que una campaña guerrera. Asimismo Platón se extiende sobre las
catástrofes que acarrearon la desaparición de la Atlántida y sus consecuencias; en
cambio, Homero no habla de ello. Sin embargo, describe a los feacios como
habitantes de un país entrado en la leyenda después de la desaparición de las islas que
lo constituían. Por último, Platón canta la lucha heroica de los atenienses contra los
invasores; si Homero hubiera tenido conocimiento de ello, no sólo es probable sino seguro que habría sacado partido de este episodio.