La miseria del intervencionismo: 1929-2008

Axel Kaiser · Capítulo 9 de 41

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La miseria del intervencionismo: 1929-2008

7. La paranoia deflacionista

 

Más allá de la indispensable baja de precios en un proceso recesivo, es necesario enfatizar que, en términos generales, no hay razón alguna para que en una economía que crece sanamente los precios deban subir. Es más, en una economía sana los precios en general debieran bajar, pues es precisamente la baja de los precios de bienes y servicios lo que permite un aumento en la calidad de vida de la población. Si los precios subieran permanentemente no habría mejora en la calidad de vida de la población, puesto que acceder a los nuevos bienes producidos exigiría más trabajo y recursos en lugar de menos trabajo y recursos.

Es la acumulación de capital, como hemos visto en un capítulo anterior, lo que permite aumentar la productividad y por tanto la cantidad y calidad de los bienes producidos, lo que a su vez se traduce en menores precios para las consumidores. Esto es lo que ocurre con los ordenadores, los teléfonos celulares, automóviles y otros bienes que todos los años son más sofisticados y se ofrecen a menores precios. Por cierto sería absurdo decir que porque Toshiba ha desarrollado un ordenador más barato y de mejor calidad está perjudicando a la sociedad, o que la empresa se encuentra en riesgo de quebrar por ser más eficiente, pues la verdad es todo lo contrario: como Toshiba ha producido ordenadores más baratos y de mejor calidad, la sociedad se ha beneficiado en su conjunto, ya que más personas tendrán acceso a más ordenadores, con lo cual a su vez incrementarán su productividad. Para Toshiba, en tanto, el desarrollo de ordenadores mejores y más baratos es un excelente negocio, pues por una parte podrá aumentar sus márgenes y reducir costes, y de otra parte podrá incorporar segmentos del mercado que antes estaban excluidos. Así, la empresa obtendrá beneficios más altos que el año anterior, aun cuando el precio pagado por unidad sea menor.

En este punto debemos recordar la distinción entre dinero y riqueza realizada en un capítulo anterior. Cuando hablamos de que un salario ha aumentado, normalmente nos referimos a su valor en términos de unidad monetaria. Sin embargo, esto no significa en caso alguno que el trabajador esté mejor que antes, pues si es el caso que el reajuste de salario es de un 20% y la inflación —el aumento de precios derivado del incremento en la masa monetaria— es de un 25%, entonces el trabajador será un 5% más pobre que antes, aun cuando nominalmente su ingreso sea más alto. Ahora bien, si por el contrario el sueldo del trabajador permanece estable nominalmente pero la productividad de la economía, gracias a la acumulación de capital, aumenta en un 20%, y asumimos que los precios bajan en similar proporción debido a la mayor abundancia, entonces el poder adquisitivo o ingreso real de nuestro trabajador ha aumentado en un 20%.