La miseria del intervencionismo: 1929-2008

Axel Kaiser · Capítulo 24 de 41

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La miseria del intervencionismo: 1929-2008

3. El desplome del ahorro privado, el incremento del consumo y la devaluación del dólar

 

La mayoría de los economistas cree que el déficit comercial es beneficioso para un país, dado que incrementa el influjo de capitales, pues, como vimos, para financiar los bienes producidos en el extranjero debe importarse el capital que permita comprarlos. Con ese capital, aseguran, se crearían puestos de trabajo, empresas y dinamismo económico. Esto es cierto solo si efectivamente el capital importado es aplicado a fines productivos, pero no cuando este es usado para financiar consumo o gasto fiscal. En ese caso lo que hay es una destrucción neta de riqueza. Y eso ha sido exactamente lo que ha ocurrido con Estados Unidos, donde el 70% de la importación de capital hacia el 2008 se destinó a instrumentos financieros y no a la así llamada «inversión directa», que es la que crea puestos de trabajo, empresas y

productividad.[124] Lejos de ser una señal de la solidez de la economía norteamericana como afirmó Bernanke en una ocasión entonces, la importación de capital, en la práctica, significa todo lo contrario: que el consumo norteamericano ha existido a expensas del trabajo de otros porque ellos no son capaces de mantener su calidad de vida con sus propios ahorros y productividad. De ahí también que sea una falacia, como suelen afirmar muchos economistas, que Estados Unidos con su alto consumo exporte bienestar al mundo. Eso es como decir que los ahorrolandeses tienen trabajo y prosperidad gracias a los despilfarrolandeses, cuando la verdad es que, si los primeros no transfirieran parte de su producción a cambio de promesas a los segundos, estarían mucho mejor, al poder consumir sus propios productos. Este es exactamente el caso de China con Estados Unidos, en el que los primeros se sacrifican, ahorran y trabajan duro para recibir a cambio papeles verdes llamados dólares que les son inútiles y cuyo valor ha caído sostenidamente durante décadas.

El creciente déficit comercial de los Estados Unidos tiene otras dos consecuencias que son cruciales desde el punto de vista económico. La primera es que un exceso de gasto privado —y público— inevitablemente conlleva la devaluación de la moneda. Esto es lógico y es exactamente lo que ha venido pasando con el dólar en el mundo.

El Gráfico 2 muestra la trayectoria del valor del dólar frente a las monedas de sus principales socios comerciales. Como se observa, esta es claramente descendente, lo cual significa que el dólar ha perdido poder adquisitivo frente

a las demás divisas contra las que se mide.[125] Sin embargo, esto no habla de la devaluación del dólar en toda su dimensión, pues los demás países del mundo también han expandido la masa monetaria al devaluar sus propias monedas. La diferencia es que Estados Unidos lo ha hecho de manera más rápida que los demás. Pero sobre esto volveremos más adelante. Por ahora, hay que decir que el déficit comercial crónico de los norteamericanos tiene un impacto relevante sobre el valor del dólar porque para mantener el sobreconsumo son cada vez necesarios más instrumentos financieros denominados en dólares que permitan importar el capital con el que los estadounidenses financian su vida de excesos. Esto implica que, con el transcurso del tiempo, más y más dólares se van acumulando en manos de acreedores extranjeros haciendo caer su precio. Eventualmente, esta dinámica, a la que se suma un astronómico gasto público, puede derivar en el fin del dólar como moneda de reserva internacional.

Otra consecuencia del déficit comercial es el desplome del ahorro privado en Estados Unidos. Tal como en el caso de los despilfarrolandeses, que empezaron a trabajar mucho menos cubriendo la diferencia con lo que enviaban los ahorrolandeses, los norteamericanos comenzaron a ahorrar menos al asumir que el subsidio de los demás países del mundo les iba a permitir vivir sobre sus posibilidades eternamente. Los siguientes gráficos expresan de manera dramática cómo un pueblo que fue conocido por su trabajo duro y capacidad de ahorro se convirtió en uno de consumidores desbocados y deudores.

Como se ve en el Gráfico 3, que mide la proporción de los ingresos personales después de impuestos destinados a ahorros, la curva se ha desplomado de un rango de entre 7,5%-12% promedio en que se encontraba hasta la década de los 70 a un rango de 0%-2% en las décadas que siguen al 2000. Como correlato de esta tendencia, la curva del Gráfico 4, que refleja la evolución del consumo de los norteamericanos, se disparó y subió sostenidamente a partir de los 70.