La miseria del intervencionismo: 1929-2008

Axel Kaiser · Capítulo 11 de 41

Páginas del PDF

La miseria del intervencionismo: 1929-2008

II. La verdad sobre la Gran Depresión

Capítulo II

 

LA VERDAD SOBRE LA GRAN DEPRESIÓN

 

Ninguna otra serie de eventos de la historia moderna se

encuentra rodeada de más mitología que el New Deal.

Paul Johnson

 

1. Política monetaria, el boom de los 20 y el crash de 1929

 

Hasta ahora hemos visto que la idea según la cual el capitalismo es intrínsecamente inestable y que requiere de la acción del Estado para ser corregido es un mito derivado de una falsa comprensión de cómo funciona la economía, y en particular de un desconocimiento acerca del rol que desempeñan los bancos centrales en esta. Hemos explicado cómo la manipulación de las tasas de interés genera el ciclo de negocios y las burbujas que terminan colapsando con una amplia destrucción de riqueza. También vimos que la recesión es el proceso que purga la economía de las malas inversiones realizadas en tiempos del boom y que los intentos por contenerla solo pueden empeorar las cosas. Dejamos también en claro qué son la deflación y la inflación y sus efectos sobre el bienestar de las personas. Ahora corresponde entrar a la gestación del crash de 1929 y la depresión de los 30, haciéndose cargo de los demás mitos enunciados al comienzo de este libro.

Escribiendo sobre la depresión cuando Hoover todavía estaba en el gobierno, Hayek advirtió: «En lugar de aceptar la inevitable liquidación de los desajustes causados por el boom durante los últimos tres años, todos los

medios concebibles han sido usados para prevenir el reajuste».[39]

El reclamo de Hayek debe ser entendido a la luz de la teoría austriaca del ciclo de negocios que hemos explicado en capítulos anteriores. Para economistas como Hayek la Gran Depresión, que había sido predicha por Mises, fue el inevitable resultado del boom de la década previa, que a su vez fue una consecuencia de la manipulación monetaria realizada por la Reserva Federal. En efecto, entre 1921 y 1929, el banco central norteamericano incrementó la masa monetaria de 45,3 mil millones de dólares a 73,26 mil millones de dólares, lo que significó una expansión de un 61,8%,

esencialmente en forma de crédito.[40] El arquitecto de esta política monetaria artificialmente laxa fue Benjamin Strong, presidente de la Reserva Federal de Nueva York. Bajo la influencia de la obra de Keynes Tract on Monetary Reform, publicada en 1923, Strong y el presidente del Banco de Inglaterra, Montague Norman, coordinadamente inflaron la masa monetaria durante la década del 20 con el fin de lograr «científicamente» un mayor progreso y apoyar la libra esterlina. Tiempo después, el mismo Keynes describirá la «exitosa manipulación del dólar por parte de la Reserva Federal de 1923 a

1928» como un «triunfo».[41]

Mientras tanto, tal como la teoría austriaca del ciclo de negocios predice, un boom ocurría en el sector de producción de bienes de capital. Los precios de las acciones —títulos sobre bienes de capital— se cuadruplicaron mientras la producción de bienes durables como hierro y acero —esenciales para la producción de bienes de capital— aumentó un 160% comparado con un aumento de un 60% en la producción de bienes de consumo. Los salarios siguieron una lógica similar: en el área de producción de bienes de consumo estos aumentaron menos de un 8% comparado con un rango de un 12% a un

25% en las industrias dedicadas a la producción de bienes de capital.[42]

Y también, tal como señala la teoría austriaca del ciclo de negocios, una gigantesca burbuja se desarrollaba en el mercado inmobiliario a través del país. Si el monto total en dólares de lo gastado en construcción de inmuebles residenciales en Estados Unidos fue de menos de 500 millones de dólares en 1921, entre 1925 y 1926, en el peak del boom, el monto total destinado al mismo efecto había alcanzando la astronómica cifra de 10 mil millones de

dólares.[43] Simultáneamente, la deuda hipotecaria como porcentaje de la riqueza de cada hogar norteamericano experimentó un dramático aumento de

un 10,2% en 1920, a un 27,2% en 1929.[44]

A pesar de tan desfasados y dramáticos cambios en los indicadores económicos, tal como ocurrió en la crisis de 2008, prácticamente nadie advirtió que el boom era insostenible y llegaría a su fin tan pronto la Reserva Federal aumentara las tasas de interés. Según Krugman, la Gran Depresión «golpeó desde un cielo despejado y azul, con la mayoría de los expertos

prediciendo la continuación del [45] boom ». Entre ellos se encontraba Irving Fisher, profesor de la Universidad de Yale, defensor de la planificación monetaria y precursor de la economía matemática. Fisher, conocido como uno de los economistas más influyentes en la historia de Estados Unidos, declaraba en 1929, un par de semanas antes del crash, que las acciones había alcanzado «un permanente y alto nivel» en su valor, esperando que este mercado estuviera «bastante más alto de lo que se encuentra hoy en un par de